En la Plaza Real

 

Plaza Real 1Llevaba un rato hablando con José a un lado de la Plaza Real, cuando un hombre, que también lo conocía, se acercó al grupo y nos interrumpió la conversación que manteníamos. Su objetivo era vendernos información de restaurantes en donde podríamos comer a buen precio y de hoteles y pensiones en donde lograr dormir, siempre, claro, con calidad garantizada. Posiblemente aquel hombre nos había tomado a Puri y a mí por turistas recién llegados a la ciudad.

—No; gracias. Estamos aquí porque conocemos a José y suelo venir con frecuencia a visitarlo y a estar un rato con él.
—¿Es que sois de alguna ONG?

Antes de que yo pudiera contestarle, José ya se me había adelantado:

—¡Enrique es mi amigo!

El hombre, mientras, no dejaba de insistir:

—Pero sois de alguna ONG.

Y José no se cansaba de repetirle:

—¡Es mi amigo! — y me guiñaba el ojo en gesto de complicidad.

Al final, el hombre se marchó cansado y sin recibir otra explicación que la que José le daba.

Resulta que a José no le gustan las “MARCAS”.
No se conforma con que le venga a ver una organización.
Él prefiere relacionarse con personas, con alguien a quien pueda llamar amigo.

Yo también, José; yo también…

Enrique

Estamos en campaña

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Sí; estamos en campaña:

Los medios de comunicación se llenan de tertulianos: son profesionales de la (des) información, convertidos en marionetas de aquellos partidos con cuya ideología coinciden. Como verduleras en un mercado de abastos, más que informar, cada participante pasa a ser un defensor fanático de un partido concreto, convirtiendo lo que debería ser un coloquio para la información del oyente/espectador, en un insulto a su capacidad intelectual. El debate lo transforman en un guirigay que nadie entiende, es un intercambio a la defensiva de horteradas seudopolíticas y partidistas, que no consigue dar más conocimiento ideológico y político a los que honradamente buscamos una información que nos ayude a tomar decisiones.

Y, mientras, la mayoría de nuestros políticos lucen en estos días sus mejores atuendos y esconden sus (vergüenzas) verdaderos propósitos mintiendo con su falsa palabrería y prometiendo aquello que saben que nunca van a cumplir, porque sería ir en contra de sus propios intereses particulares, pero que suena bien a los gobernados.

En sus exposiciones se descubre su propia ignorancia (¡o no!) de la realidad en que viven millones de personas. Durante su mandato las han ninguneado y, ahora, buscan sus  votos con falsas promesas. Sus propuestas, a modo de globos sondas, buscan la aquiescencia del mayor número de votantes, sondean, indagan, exploran… y, si no gustan, las retiran, se excusan, se justifican… y vuelta a empezar.

Con los pobres, no se enteran (¡o sí!). ¿Cómo van a enterarse si están allí, tan arriba…? Ellos son sinceros: no podrían vivir con 400 € (¡nadie puede vivir con 400 €!), pero parece que no les importe que haya centenares de miles de personas que malvivan con parecidos sueldos de miseria (incluso con menos). Y hay quienes se permiten banalizar el tema culpabilizando al que no tiene nada, o porque hace feo al paisaje urbano, o porque molesta al turismo y estropea el negocio, o porque no se entera que hay servicios asistenciales para que (mal) vivan mejor…

La desfachatez y el cinismo con que se expresan algunos políticos/cas considerando como daños colaterales inevitables las desigualdades que este sistema genera, pero que a ellos les beneficia, no tiene nombre. El político, apoltronado en su sillón,  lucha por mantener este sistema, porque este sistema ya le está bien así. Cualquiera que intente derribarlo o cambiarlo, será perseguido, vilipendiado, machacado e incluso acusado de ir contra la misma esencia de la democracia y de la libertad… ¿de quién?: de los que más tienen.

¿Cómo es posible que estos mismos políticos hayan permitido tanto desahucio, tanto abandono de la gente que no tenía ni para subsistir, mientras a ellos les parecía una exageración rebajarse sus sueldos por debajo de los 3.000 € y veían cómo la lista de parados iba creciendo?: “Si no trabajan es porque no quieren”. “Hay que perseguir al que cobra el paro y trabaja”, pero, entre tanto, la ayuda al desempleo mermaba, el número de parados sin cobrar subsidios iban creciendo, la precariedad en el empleo aumentaba… y los bancos se volvían a hacer ricos (nunca fueron pobres)…

Estar arriba para mirar abajo sin compasión y culpabilizando.

P.D: Que me perdonen aquellos periodistas que intentan informar, que los hay, y aquellos políticos que luchan por cambiar las cosas, que también los hay. Para ellos mi más sincera admiración y estima.

Enrique

Un saludo a Jordi en Sant Jordi

Es como un cuento; pero se trata de una anécdota real que esta mañana Puri y yo hemos  tenido con Jordi, una persona cercana  a los 80 años y que, desde hace tiempo, tiene instalada su casa en un banco del Parque de la Ciutadella, de donde, hasta ahora, nadie ha conseguido sacarlo, salvo cuando decide desaparecer por una temporada sin avisar a nadie.

Esta mañana, de buen sol, como tantas otras mañanas, nos hemos sentado en el banco de Jordi a charlar con él. Lo hacemos siempre que lo vemos; es una tarea que nos gusta especialmente hacer: Jordi es un buen conversador y nosotros disfrutamos hablando con él.

Hoy, mientras departíamos, ha sacado de su bolsa de plástico, primero, una botella de vino a estrenar. Era un vino de Navarra y le ha costado 1,65 €, según indicaba el ticket de compra que nos ha enseñado. Jordi abrió la botella —ahora no recuerdo con qué— y nos ofreció un trago. Luego, de la misma bolsa sin fondo, sacó unas magdalenas que también había comprado, y también nos invitó. Puri y yo aceptamos una para repartírnosla como buenos hermanos y, mientras la degustábamos, él comenzó a desmigar el resto del paquete esparciendo las demás magdalenas por el suelo del parque. Como era de esperar, enseguida nos vimos rodeados por decenas de palomas, de cotorras —aquellas son de China o de India, ¡yo qué sé!, nos decía—, de gorriones y ¡de un cuervo! al que Jordi le lanzaba los trozos más grandes.
Puri le reprendió:

 —  Jordi, al cuervo no le des de comer. Es malo, vengativo y ladrón…

A lo que Jordi respondió:

 —  Y ¿por qué no he de darle de comer al cuervo? Todos tenemos derecho a comer…

Enrique

P.D: Para vuestra curiosidad y por si quedaban dudas, ni Puri, ni yo probamos el vino.

Ataduras que encarcelan

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  –  Me han dicho que en Riereta me podría duchar y cambiar de ropa.

No le habíamos visto nunca, pero alguien le habló de lo que hacemos y, nada más vernos, se vino hacia nosotros. Éramos su tabla de salvación en medio de un océano negro e infinito.

Víctor es bastante joven y aparentemente se desenvuelve bien.

–  Soy alcohólico y tengo depresión. Yo solo, no puedo salir. Seguir leyendo

Ellos lo intentan

Luisa vive en la calle desde hace ya mucho tiempo (según ella, desde los 10 años) y pocas cosas le has de enseñar. Se le nota que es mujer luchadora y que ha tenido que sobrevivir en un mundo sobradamente machista. Quizás por eso siempre intenta ir de por libre, aunque no rehuye la compañía de los que ella previamente ha elegido a lo largo de su vida: “¡Sólo amigo!”, nos aclara. Seguir leyendo

Del dolor ajeno

Que me perdone quien haya escrito este texto, si es que lo llega a leer y no le gusta que lo haya exhibido. Lo tenía —anónimo— en el ordenador, archivado, entre otros, como TEXTOS INTERESANTES. No es mío, pero me siento tan identificado con él… 

Hablamos con una naturalidad del dolor ajeno…
Vivimos el sufrimiento ajeno con una normalidad…
Expresamos las carencias del otro con una frialdad…

Y, por otro lado, es normal. Si los que trabajamos cerca de las personas que sufren la marginación no pudiésemos alejarnos del sufrimiento, del dolor, de las carencias… que padecen, seguramente que se nos haría muy difícil convivir con nuestra propia conciencia. Seguir leyendo