Del dolor ajeno

Que me perdone quien haya escrito este texto, si es que lo llega a leer y no le gusta que lo haya exhibido. Lo tenía —anónimo— en el ordenador, archivado, entre otros, como TEXTOS INTERESANTES. No es mío, pero me siento tan identificado con él… 

Hablamos con una naturalidad del dolor ajeno…
Vivimos el sufrimiento ajeno con una normalidad…
Expresamos las carencias del otro con una frialdad…

Y, por otro lado, es normal. Si los que trabajamos cerca de las personas que sufren la marginación no pudiésemos alejarnos del sufrimiento, del dolor, de las carencias… que padecen, seguramente que se nos haría muy difícil convivir con nuestra propia conciencia.

Sin embargo no me deja de causar temor el familiarizarnos en demasía con tanto sufrimiento, hasta “banalizarlo”, dejarlo desposeído de dolor. Cargar tanto las tintas en que “su dolor, en su situación, no es el dolor que yo tendría en las mismas circunstancias…”. Recrearnos en que “él ya está acostumbrado a la precariedad y a ese modo de vivir y que, por otro lado, esa vida sería inaguantable para mí…”. Normalizar la desesperanza del “siempre tendremos que pensar que existirá alguien excluido…, que se quedará al borde…, que será el ‘más nadie’…

Me hace daño.

Y me hace daño, porque entonces también juego con los recursos y juego con los recursos precisamente con éstos, con los que menos esperanzas tengo de que vayan a salir de la calle. Son los menos, ¡serán los menos!, pero también los más sufrientes.

“Está en la calle, no quiere recursos, no quiere un albergue, no quiere nada, pero los días de frío duerme en un cajero, y pide que alguien le de una moneda para poder comer, y necesita hacer sus necesidades fisiológicas y necesita del cartón de vino que le sacará del mono en que hace ya mucho tiempo se metió, y de vez en cuando cambiarse de ropa y hasta ducharse…

“¡Ya se espabilará!” Es toda nuestra respuesta. “Él no quiere lo que le ofrecemos” “La calle le ha enseñado a solucionarse la vida”. Pero… cerramos cajeros…; nadie les deja entrar en sus locales para ir a los servicios…; y tendrá que pedir unas monedas para comer, para beber, para fumar…, porque tampoco nos parece bien el mal uso que puedan hacer con el dinero que le pudiésemos dar…

Texto de alguien a quien le duele el dolor ajeno

Una manta para dormir

2012-03-27 11.16.16

Esta tarde, en el Centre Obert, una mujer  me ha pedido una manta.

La busqué en el ropero y escogí aquella que a mí más me gustaba: vistosa y de colores vivos, además de gruesa, ¡claro!, para que calentase mejor.

Al dársela —yo todo satisfecho—, ella la rechazó.

La mujer quería, sí, una manta, pero ella la necesitaba oscura, discreta. No quería que llamase demasiado la atención y evitar con ello que alguien se la quitara, al menos en aquella noche.

Lo de siempre, nuestras necesidades no son las suyas. Vamos por la vida creyendo que lo sabemos todo, pero en realidad no tenemos ni puñetera idea de lo que se mueve en ese mundo oscuro de la calle.

Y con toda nuestra buena intención pretendemos darles lo que sería lo mejor para nosotros sin pensar si aquello que le damos es lo que ella realmente necesita.

Cuestión de status, de vida, de prioridades… De las cosas que son importantes y de las que sólo son urgentes…

Hay que mirar…, saber mirar…

Y hay que escuchar para aprender a mirar…

Enrique

Milagros de la Calle

P1010679

Es normal que a los que nos dedicamos a esto de acompañar y estar con aquellas personas que viven y duermen en la calle, y que allí comen y defecan y ven pasar la vida…, aquellas que nadie quiere ver, las invisibles, las que estorban, y, a veces, apalean mientras beben…, las que no quieren nada, porque así ya les está bien para seguir viviendo…, Seguir leyendo

Así, pequeño, así

Como casi todos los años, mi amiga Auxi, me manda por Navidad una reflexión que te hace bajar a la tierra para elevarte a Dios.

Navidad

Así, pequeño, así.

Así quiero que nazcas nuevamente en mi vida.
Te quiero, pequeñito -no me gusta lo grande-.
Te quiero así de débil -tengo miedo a lo fuerte-.
Te quiero así de niño -los sabiondos me aturden-. Seguir leyendo

Lo malo es la impotencia

Mientras te da igual y te amparas en el escudo de la indiferencia: “eso no va conmigo”…
Mientras el otro no te importa y no le dejas que entre en tu vida…
Mientras él no significa nada y su dolor deja de dolerte cuando doblas la esquina…Mientras su soledad no te hace sentir tu propia soledad…
Mientras él es “él” y no te implica en el “nosotros”…
Mientras su culpa no es tu culpa y su vida no remueve tu vida…, todo va bien. Seguir leyendo

Solidaridad ¿derecho de los pobres?

tancaremelcie-cartellAyer estuve delante del CIE (Centro de Internamiento para Extranjeros) junto a algunos centenares de personas, exigiendo que estos centros se cierren. Los CIE’s son lo más parecido a una cárcel para los que no tienen papeles, pero sin los derechos, las reglamentaciones y controles (ni siquiera los profesionales adecuados) que las cárceles de verdad  tienen. Son, sin duda, una de las expresiones visibles de mayor injusticia que una sociedad, que se dice de derecho, mantiene contra el más indefenso: el inmigrante pobre y sin papeles. Seguir leyendo