La ternura en la calle

Si hablo de Ángel, he de hablar de Rosa y viceversa.
Sus historias, en lo que conozco, se cruzan, se mezclan, se precipitan.
No pueden vivir separados; pero, juntos, explotan.
Ahora Rosa lleva una temporada larga en un albergue del Ayuntamiento con seguimiento social.
Se la ve bien, ¡muy bien!, para lo que nos tenía acostumbrados. Limpia, arreglada… ¡hasta pintada con no mal gusto! No bebe, o apenas bebe (Ángel un día quiso desvelarnos el secreto y ella con autoridad le ordenó silencio) Lo cierto es que la vemos como nunca había estado.
Ella también se nota bien, y eso es, de todo, lo más importante.

Ángel no; Ángel duerme en la calle, bebe sin disimulo y últimamente se ha desmejorado mucho; pero no quiere vivir lejos de Rosa.
Y ahí está: todas las mañanas la espera en el banco para pasar el día con ella. Ahora duerme en un cajero cerca de donde Rosa está y ella, siempre que nos ve, intercede por Ángel:

—Tenéis que ayudarlo. Yo estoy bien donde estoy. Pero él no puede venir conmigo al albergue. Me conozco y, un día que Ángel venga bebido, la armará y alguien querrá meterse con él. Yo, entonces, le tendré que defender. Y, claro, ese día nos echarán a los dos. Y yo no quiero que eso ocurra, pues yo estoy muy bien, aquí, donde estoy ahora.

Ángel calla, se conforma con la decisión que su compañera ha tomado. A él le preocupan las piernas de ella. Hace años la operaron de la cadera y no se ha recuperado del todo. Anda despacio, arrastrando los pies.

—El otro día se cayó y quedó tirada en mitad de la acera. Menos mal que estaba yo y la ayudé a levantarse…

Rosa nos dice que no le hagamos caso y le insulta:

—¡Cuando bebe no sabe ni quién es…!

Ángel le sonríe e intenta hacerle una carantoña, pero Rosa le rechaza con enfado:

—¡Hay que aprender a beber!, sentencia.

Hoy Puri y yo hemos acompañado a Ángel a la Llar Pere Barnés.
Hoy dejará de dormir en la calle. Arrels luego le ayudará a buscarse una habitación que pueda pagarse con los 420 € que cobra de PIRMI. También le solucionará la comida… Pero, para ver a su Rosa, Ángel tendrá que cruzar todos los días Barcelona: desde el Paralelo a la Meridiana…
No sé si lo aguantará.

Enrique

El cinismo de la clase política

El cinismo de la clase política (o al menos de alguna) raya en la desvergüenza si no en el delito.
ResultImagen534a que ahora nos sobran los dineros y el Estado se quiere permitir dejar de recaudar entre 7.700/9.000 millones de euros en un momento en que todos los indicadores socioeconómicos nos están hablando de pobreza y de pobreza extrema. Nos dicen, por ejemplo, que en España la brecha abierta entre los más ricos y los más pobres ha crecido exponencialmente; que la pobreza se ha instalado en nuestro país como pedro por su casa y que además se está haciendo crónica; que más de un millón de familias no están cobrando nada; que los comedores están llenos a rebosar y que se está pidiendo a las administraciones que los comedores escolares no cierren durante este verano porque hay desnutrición en nuestra población infantil. Sigue leyendo

En Buenos Aires 4500 niños viven en la callle

Proyecto7 y mi amigo Horacio me han enviado este vídeo http://youtu.be/OS5T4pI39kIfoto 4Merece la pena verlo.

Algunos datos que nos da el vídeo:

  • Sólo en la ciudad de Buenos Aires viven en la calle 18.000 personas.
  • 4.500, son niños.
  • 2.000, son ancianos.
  • En el año 2013 murieron 84 personas en las calles de Buenos Aires.

foto 6Proyecto7 lo componen personas que están o han estado en la calle y trabajan en la denuncia y en la reinserción. Su proyecto líder: Monteagudo. Luchan para que el gobierno federal haga políticas sociales e invierta dinero en erradicar el sinhogarismo de las calles de Buenos Aires y de Argentina, donde hay 300.000 personas en situación de calle, empezando por los niños…

 

Facilitando la inclusión

Conocimos a Antonio y Esperanza. Volvían a estar en la calle.
Habían llevado un tiempo viviendo en Can Planas (Residencia del Ayuntamiento temporal para personas en situación de calle), pero debió de pasar algo y les echaron:
“Nos portamos mal. Volvimos a beber”.
SIMG_20140123_195547e quedaron sin alojamiento, sin comida y les quitaron la PIRMI (Programa interdepartamental Renta Mínima de Inserción, unos 400€ al mes). Sigue leyendo