El interrogatorio

4Cuando vas al encuentro de las personas que viven en la calle y te sientas con ellas y hablas con ellas como lo hicieras con cualquier otra persona conocida, sin prejuicios, pero tampoco con pena o con ganas de solucionar el problema de nadie, sino porque el hacerlo te agrada y te sientes a gusto…
Muchas veces nuestra acción necesita ver que se realizan cambios palpables en el otro, y, entonces, en vez de establecer un diálogo sereno, lo que desencadenamos es un interrogatorio para intentar saber de su vida, vida que en el fondo ni nos interesa ni nos importa, porque lo que buscamos es “su bien”. Un bien que él no busca, o no quiere o no puede en este momento.

–   Enrique, ¡me preguntaban que cómo estaba! ¿Pues cómo quieren que esté?, ¿no me ven?: ¡estoy jodido! Y luego seguían insistiendo, que si mi familia, que si bebo mucho, que si tendría que ir a los servicios sociales…, y me daban la dirección ¡como si yo no la supiera!…

Todo por “su bien”.
El otro está cansado de tanto repetir su historia, sus motivos, sus causas, sus sinrazones…, y, nosotros, erre que erre. Me imagino a mis hijos, si cada día que los veo, mi encuentro se convierte en un interrogatorio de sus vidas, o en un cuestionamiento de sus actos, me echarían con cajas destempladas y no les volvería a ver el pelo.

Pues, eso, cuando nuestro encuentro es relajado, de escucha, de hablar de aquello que nos interesa a los dos y dejas de lado tus prejuicios, de cómo de mal está y qué debería cambiar para mejorar su vida, las respuestas que te encuentras son sinceras y dan motivos para sucesivos encuentros.

Le había acompañado a curarse las heridas. Sus pies están cubiertos de úlceras. Hace un tiempo le quitaron un dedo, luego fueron los demás y después le amputaron la mitad de la pierna contraria. La calle y la bebida ya le han pasado cuentas.
De pronto, sentados en la sala de espera de aquel hospital, me soltó:

–   Miquel, Puri, tú… me estáis ayudando y os portáis muy bien conmigo, y eso es peor, porque, ahora sí, me doy cuenta de lo que soy. Enrique, no tengo cojones para salir.

Enrique

La suerte del Antonio

Hoy, traigo al blog un artículo de Igansi Xuclá, un compañero de Arrels en esto de “HACER LA CALLE”. Nos lo mandó a todos los que formamos el Equipo de Calle. Me gustó y le pedí permiso para colgarlo en el blog y traducirlo al castellano. Tiene toda la sencillez y la grandeza de la calle.


Martes 5 de Mayo, Un argentino en Barcelona: “Ustedes eligieron la profesión; ahora jódanse”
Martes 26 de Mayo, Una enfermera de un CAP de Barcelona: “¡Que suerte tienes, Antonio!”
En tres semanas, dos frases que marcan nuestro trabajo en la calle.

Empezábamos nuestro trabajo como cada martes por la tarde. Con Teresa, nos dirigimos a la plaza donde están ellos. Nos rodean, nos absorben, piden … Daniel nos observa de lejos, sentado en un banco.
Nosotros seguimos atendiendo sus peticiones: “estoy mal, quiero hablar contigo, me han robado, no hagas caso a ese …”, son las frases de cada martes …. Daniel sigue en su banco, observando.
Estamos un poco agobiados por la situación. Con una mirada, nuestra mirada, decidimos marchar y poner fin al agobio. Vamos a saludar a Daniel que seguía mirando …
– Hola Daniel como estás?
– Aqui observándolos
– Bueno, ya ves ..
– Ustedes eligieron la profesion, ahora jódanse …
No tuve más remedio que reír, nos mató con aquella frase lapidaria. Tenía toda la razón del mundo. Ustedes elegieron la profesion … nosotros escogimos este voluntariado ….

Tres semanas más tarde.

Vemos en un banco a Antonio, estirado, sucio, medio dormido, no lo habíamos visto nunca. Nos acercamos.
– Buenas tardes, ¿se encuentra bien?
– No
– ¿Qué le pasa?
– Me duele todo, soy diabético.
– ¿Quiere que llamemos a un médico?
– Si, por favor.
Llamamos al 112 y en pocos minutos aparece el personal sanitario.
– Hombre, Antonio, ¿qué te pasa? (Ya lo conocían …)
– Me encuentro mal, estoy mareado.
– Vamos a ver ……
Le toman la presión y lo llevan al CAP que está cerca. Allí lo dejan …
Antonio es un viejo conocido de la enfermera del centro. Su insuficiencia renal y respiratoria lo ha llevado a visitarse muchas veces.
– Antonio, ¡qué suerte tienes de conocerlos ….!, le espeta la enfermera.
Nos quedamos con él. Llamamos al SIS (Servei d’Inseció Social) por si lo conocen. ¡¡¡Bingo!!! Pablo lo conoce hace tiempo.
Antonio ha marchado del piso donde estaba. No le gustaba el ambiente …
Pablo hace una gestión con el CUESB (Urgencias Sociales), envían una furgoneta y se llevan a Antonio. Esa noche Antonio no dormirá en la calle …

Una vez más he visto las dos caras del voluntariado, desde el “ahora jódanse” al “¡qué suerte tienes!”. Quien no se conforma es porque no quiere. O, como dice Teresa, “la calle tiene dos caras como una moneda, la cruz de la exclusión y la cara de la esperanza, la esperanza de recuperar la dignidad.

Ignasi Xuclà

En la Plaza Real

Plaza Real 1Llevaba un rato hablando con José a un lado de la Plaza Real, cuando un hombre, que también lo conocía, se acercó al grupo y nos interrumpió la conversación que manteníamos. Su objetivo era vendernos información de restaurantes en donde podríamos comer a buen precio y de hoteles y pensiones en donde lograr dormir, siempre, claro, con calidad garantizada. Posiblemente aquel hombre nos había tomado a Puri y a mí por turistas recién llegados a la ciudad. Seguir leyendo

Estamos en campaña

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Sí; estamos en campaña:

Los medios de comunicación se llenan de tertulianos: son profesionales de la (des) información, convertidos en marionetas de aquellos partidos con cuya ideología coinciden. Como verduleras en un mercado de abastos, más que informar, cada participante pasa a ser un defensor fanático de un partido concreto, convirtiendo lo que debería ser un coloquio para la información del oyente/espectador, en un insulto a su capacidad intelectual. Seguir leyendo

Un saludo a Jordi en Sant Jordi

Es como un cuento; pero se trata de una anécdota real que esta mañana Puri y yo hemos  tenido con Jordi, una persona cercana  a los 80 años y que, desde hace tiempo, tiene instalada su casa en un banco del Parque de la Ciutadella, de donde, hasta ahora, nadie ha conseguido sacarlo, salvo cuando decide desaparecer por una temporada sin avisar a nadie. Seguir leyendo

Ataduras que encarcelan

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  –  Me han dicho que en Riereta me podría duchar y cambiar de ropa.

No le habíamos visto nunca, pero alguien le habló de lo que hacemos y, nada más vernos, se vino hacia nosotros. Éramos su tabla de salvación en medio de un océano negro e infinito.

Víctor es bastante joven y aparentemente se desenvuelve bien.

–  Soy alcohólico y tengo depresión. Yo solo, no puedo salir. Seguir leyendo

Ellos lo intentan

Luisa vive en la calle desde hace ya mucho tiempo (según ella, desde los 10 años) y pocas cosas le has de enseñar. Se le nota que es mujer luchadora y que ha tenido que sobrevivir en un mundo sobradamente machista. Quizás por eso siempre intenta ir de por libre, aunque no rehuye la compañía de los que ella previamente ha elegido a lo largo de su vida: “¡Sólo amigo!”, nos aclara. Seguir leyendo