No quiero olvidar tu nombre

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No quiero olvidar tu nombre,
ni dejarlo escrito en un papel
para que nadie —entre tantos— lo encuentre.

No quiero perder tu nombre,
ni que tu nombre no cuente.

No quiero ser importante,
no quiero hacerme tan grande,
no quiero ganar en éxitos,
si tu nombre se pierde.

Quiero, en fin, que sea tu nombre
el que, cada martes,
me haga salir a la calle
para encontrarte.

Enrique

Los hilos rotos… el fracaso

Si echásemos a Dios la culpa
de todo lo que el hombre no queremos o no podemos hacer,
estaríamos hablando de Fracaso de Dios.
Y aquí el único que fracasa es el hombre.
Lo bueno de Dios es que nunca nos deja solos, porque cree en nosotros.
El verdadero fracaso de Dios se daría
si nos dejase tirados, porque hubiese perdido la esperanza.

En el caminoMe dijeron: “Enrique, hemos de admitirlo, hemos fracasado. En el caso de Jacinto no podemos hacer más, él no nos deja hacer más, somos limitados y no podemos arriesgar a que nos haga más daño, ni a nosotros ni a las personas que atendemos.”

Tirar la toalla… Admitir el fracaso…Perder la esperanza…Admitir limitaciones…
Es complicado…
¿Por qué decimos que hemos fracasado?
¿Porque a pesar de poner todo por nuestra parte, Jacinto no ha cambiado y nos sobrepasa y no sabemos qué más hacer?
¿Es que nuestro seguimiento requiere respuestas? Yo en la calle sigo visitando a gente desde hace años y aún espero su decisión de cambio.
Personas han pasado, que incluso las hemos acompañado en la muerte, sin haber cambiado su forma de vivir.
No; ésta no puede ser la razón del fracaso.
¿Acaso sea porque este caso es más complicado, porque se trata de una persona agresiva, violenta y ya no queremos exponer más nuestra integridad física?
El miedo es humano y se puede comprender una reacción como ésta.
¿O acaso nuestro fracaso viene dado porque nadie está dispuesto a mantener con Jacinto un hilo de esperanza?
En todo caso, el no saber/no querer cambiar será el fracaso de Jacinto.
El no saber/no querer seguir estando a su lado será el nuestro.
Este sí es nuestro fracaso. El otro ya tiene bastante con su situación como para que encima le endosemos nuestro propio fracaso.
- Mira, es que no te podemos ayudar, porque tú no nos dejas hacerlo.
¿Cuándo nos ha dejado ayudarlo?
Siempre lo he dicho: somos nosotros quienes les vamos a buscar y a nadie exigimos que cambie; pero, al mismo tiempo, de todos esperamos el cambio… Quizás en algún momento… o nunca…
Como Antonio, que murió ‘puesto de vino’ y dando las mismas voces que al principio cuando entraba en el centro.
Pero ni tan si quiera con Antonio nos sentimos fracasados, porque desde el primero hasta el último momento nosotros estuvimos ahí, junto a él, esperando contra toda esperanza.
Nuestro éxito o fracaso con Antonio no se midió por los pasos y retrocesos que dio, sino por la cercanía que mantuvimos y lo atento que se estuvo a sus demandas. Su mejoría de vida -¡que la hubo!- dijimos entonces que fue éxito de Antonio que tuvo el valor de hacerlo.
¡Cuántos Antonios han pasado ya y siguen pasando por nuestras puertas…!
Con Jacinto es distinto: Hemos fracasado, porque hemos tenido miedo, hemos tirado la toalla y hemos perdido la esperanza.
Yo me niego a sentirme fracasado, me niego a tirar la toalla y no voy a renunciar a mantener con Jacinto y con tantos otros jacintos ese hilo entero de esperanza contra toda esperanza.
Es la libertad que me da el ser voluntario, sin ataduras (o sólo las mías) y tal vez…, quizás… ese puntito de fe que tengo en un Dios que jamás tira la toalla y que misteriosamente nunca abandona.
Ahí precisamente reside su éxito: En no renunciar a la esperanza de que el hombre va a ser capaz de cambiar.
Pobre Enrique… ¿aún estás en las utopías?… ¡Utopía que quiero y deseo vivir!
Por ello seguiré mi relación con Jacinto y le estaré a su lado. No podré abrirle puertas que se me tienen cerradas, pero haré mi oficio de estar, de acompañar. Sus limitaciones se unirán a las mías, mis ofrecimientos serán mermados, pero, porque aún creo en él, en Jacinto, tal y como es, con su agresividad y su violencia, buscaré nuevas estrategias que lo puedan ayudar, pero sobre todo estaré atento a lo que él pida y le daré lo que yo pueda, que será poco. Me conformaré con darle mi tiempo, mi relación, una parte de mi persona y todo eso, si soy sincero, no del todo, sólo a ratos, a trocitos.
Pero nadie me arrebatará la libertad de seguir creyendo en Jacinto y de acercarme a él con el respeto y la atención que se merece. Sin culpabilizar y reclamando sus derechos.
Seguiré cerca para que me siga viendo y volveré cuando él quiera y me deje.
No es que yo me vea más fuerte, seguramente es que aún no he experimentado su violencia. A lo peor, entonces, también tiraré la toalla y sentiré mi fracaso.

Enrique

EL DÍA DE LA MUJER

fent-la-migdiadaMi compañera del Equipo de Calle, Anna María, compartió un texto que escribió ayer con motivo del día de la mujer trabajadora. Le pedí permiso para colgarlo en el blog y aquí está. Me he permitido traducirlo del catalán y espero haber sido fiel al original.

Ayer fue el día de la mujer trabajadora .
Porque el día de la mujer trabajadora ? . No podía ser el día de la mujer ? Y me pregunto , hay un día de la mujer ? , Como es un día del padre , de la madre, de los enamorados , del sida ? Y los 364 días restantes no se debe pensar en ellos o ellas ? Sigue leyendo

Porque no quiero molestar

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Allí está. En la plaza. Como un mobiliario urbano más. Como el árbol; como el banco; como la fuente; como el cajero de una oficina de ahorros; o como la iglesia en la plaza Mayor de cualquier pueblo…

Antonio siempre está allí; apoyado en la pared de lo que fue una antigua puerta, hoy tapiada. Y, junto a él, su maleta grande llena de su casa: alguna manta, un saco de dormir, una estera que le aísla del frío… y, seguramente también, ropa limpia que le dan para cambiarse. O, a lo peor, ni eso…

Allí, sujetando la pared, se pasa el día. Alguien que se cruza le da unas monedas; otros le traen un café y hay también quien le lleva la comida; incluso hay personas que se acercan sólo para conversar con él y compartir unas cervezas… Sigue leyendo

Ceuta

Imagen extraída de: Fundació Migra Studium/El País

Uno, ante algunas cosas, no se puede callar. La hipocresía, la desfachatez y la mentira con que nuestros representantes políticos nos tratan al pueblo soberano no debe quedar en saco roto. Hay que denunciarlas en alta voz. No puede ser de recibo que cada vez más se vayan recortando todos los derechos, comenzando por los que más lo necesitan y que suele coincidir con los que menos tienen. Sigue leyendo

Yo prefiero acompañar

015 (1) 2005

No todo el mundo entiende lo que significa acompañar, estar con la otra persona, respetar su proceso, escuchar, perder el tiempo día tras día: ¿para qué?

Nuestra sociedad entiende de cifras: de personas atendidas, de personas salvadas y de cuántas  han salido de la calle.

Es más fácil atender que acompañar. Es más fácil y supuestamente más rentable: sólo se requiere dinero para el que se deja ayudar porque no quiere seguir en la calle. Acompañar es más costoso, porque requiere tiempo, mucho tiempo y no sabes a priori cuál va ser el final, aunque sí tienes la seguridad que va ser beneficioso para la persona con la que estás y también, sin tú pretenderlo, para ti mismo.
Acompañar sólo sirve para aquella persona que está sola y siente su soledad tan adentro que le estorbamos casi todos los demás.

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Presentación con Albert Om en la Biblioteca Jaume Fuster

Trancribo la referencia que la web del Centre d’Acullida Heura (http://www.centreheura.org/) escribe sobre la presentación que ayer hicimos Laia de Ahumada y yo de nuestros respectivos cuento y libro, con el periodista Albert Om como moderador. Me he permitido su traducción del catalán.
 

Cartell presentació Heura-Arrels.

Una tarde de lluvia y mucha gente atareada por la proximidad de las fiestas de Navidad: compra de regalos, celebraciones… esta realidad visible hizo más evidente aún la realidad invisible de las personas de las que ayer hablaban los libros que se presentaron: “Me llamo Pepe y vivo en la calle ” y ” Con Cartones por la calle”.
El periodista Albert Om comenzó poniendo sobre la mesa un dato desgarrador que no nos podía dejar indiferentes: “Llueve y hay 800 personas que esta noche dormirán en la calle en Barcelona…” Sigue leyendo