Dit i Fet. Siguen

En Diciembre escribí en este blog el manifiesto que varias entidades firmaron para evitar el desalojo de la Entidad Dit i Fet. Constituida por 17 personas que habían vivido en la calle.
Regularmente hay entradas al Blog interesándose por la situación de estas personas.
Lo he preguntado a Esglessia Plural y me han contestado que tanto por parte de la Parroquia, como por los de Sant Egidi, al final pensaron que ya encontrarían una alternativa para esta Entidad.
Lo que ahora me gustaría valorar es que:
– En aquel momento, sí había una decisión de llevar a cabo el desalojo.
– Que siempre el pobre, aun en la Iglesia, es el que pierde.
– Y que si no se ha hecho, es por lo de siempre: Por no quedar mal ante tanta avalancha de medios de comunicación y de presión popular que se les echó encima.
Pero no me fío. Las cosas se quedan paradas y es cuando se suelen relanzar.
La información está dada y actualizada a día de hoy.
Estaremos al tanto.

VACACIONES LA RUCA 2008

La diferencia entre llevar de vacaciones a 56 personas en situación de calle y las que se han hecho en la Ruca, es que en la Ruca hemos estado de vacaciones:

Antonia, María, Salvador, Miquel, Antonia, Jose, Joan, Manuel, Ignasi, Anna, Núria, Josep, Ana Mª, Luisa, Puri, Pere,  Cristina, Mariona, Miquel, Jacqueline, Enrique, Eleuterio, Enrique, Lorenzo, Gabriel, Toni, Sergio, Miquel, José, Francisco, Jaume, Francisco, Mesrop, Jose, Pere, Juan, Anna, Marta, Joana, Sonia, Pere, Jaume, Imma, José Mª, Esther, Bob, Josefina, Ramona, Stere, Pedro, Juan Carlos, Emilio, Enric, Doménech, Joaquín, Juan, Rafael, Angel, Rafa, Antonio, Juan, Miquel, Alfredo, Joan Lluis, Pedro, Arturo, Andreu, Angel, Enrique, Genaro, Josep, Juan Antonio, José, Josep Mª, Anna, Bea.

Detrás de cada una de las 76 personas no sólo hay un nombre, sino un rostro concreto. Una vida que está llena de algunos éxitos y de muchos fracasos que hemos compartido.
Y es a partir de ahí, a partir de conocernos, que sus carencias -carencias que todos llevamos sobre nuestras espaldas- las comprendo mejor y me cuesta menos aceptarlas. 

¿Dificultades? ¡Claro! ¿Y quién no las tiene en la convivencia entre personas?

¿Problemas? Algunos hubo. Normal, cuando estamos hablando de vidas machacadas.

Pero los problemas son menos y las dificultades más llevaderas cuando conoces, cuando te sientes cercano.

¡Y aprendes! ¡Y te emocionas!:
¡Ver vidas tan rotas que aún son capaces de reir y de luchar…!
¡Y que tú sabes -te imaginas- cuánto les cuesta salir…!
Pero que ves que ellos lo intentan una y otra y otra y otra vez…
Tantas como tú estés dispuesto a estar a su lado…
¡Y te sientes tan a su lado allí….!

Y es por eso que me he sentido feliz al ver feliz a Josefina.
Nunca la había visto tan locuaz.
Tiene ya los setenta cumplidos y muchos años de vivir en la calle.
Como una niña quinceañera, tuvo humor y cercanía para gastarme una broma:
¡Me quitó por sorpresa la gorra que llevaba! y se alejó corriendo a pasitos cortos con su bastón que le aguanta el equilibrio, exhibiendo una risa cómplice que a mí me cautivó.
Al día siguiente Josefina se atrevió por primera vez en su vida a bañarse en la piscina.
Por la tarde repitió ilusionada.

Cuando el domingo nos despedíamos, aún no sabía si José Mª esa noche volvería a dormir en la calle o pediría dormir en pensión.
Hace unas semanas, desde la calle, solicitó una plaza para venir de vacaciones.
Y vino. El martes, 17, a las nueve en punto, allí estaba como los demás.
Sólo que él esa noche venía de dormir en cualquier banco, cubierto con cartones.
Fue genial la última noche, cuando, en la última fiesta, se arrancaba con Bea por «sevillanas».

Y he vuelto a comprobar lo duro que debe de ser dejar de beber cuando tu cuerpo te lo pide y tu alma no tiene razones para impedirlo: Las noches de insomnio, los nervios, los ataques…
Pero, aún y así, las ganas de vivir, de reir, de participar, de ser alguien… aún y a pesar del vino…

Algo «importante», más allá de lo «urgente», se remueve en las personas cuando se crea una convivencia de igualdad, de participación y de respeto que les hace sentir que son alguien capaces de reir, de vivir, de transformar…

Enrique Richard

De vacaciones 2008 Arrels

Bueno, amigos, Arrels se engalana y nos vamos de vacaciones. Una semana. Entre gente en situación de calle, voluntarios y profesionales, unas 70 personas. Nos vamos una semana a la Ruca, cerca de Moiá.
Son las cuartas que hago. Y son una pasada en cuanto a convivencia de tú a tú, compartiendo espacios, comidas, tertulias, juegos, actividades… Ya os contaré el domingo.

ONG PROYECTO7. El Frazadazo

 

En el blog de ONG Proyecto7 está el video de lo que fue el El Frazadazo. Merece la pena verlo. Más de 200 personas en situación de calle se manifestaron por las calles de Buenos Aires. Pero no consiguieron que la ministra los recibiera.

Martes, 10 de Junio de 2008

Paco

Paco sigue en la residencia. Nuestros compañeros de Arrels que están en el equipo de residencias, van yendo a verle periódicamente. Ellos nos dicen que está bien y que sigue hablando por los «codos».

Para leer más sobre Paco

Gerardo

Gerardo ha seguido yendo y viniendo de la Plaza a la Llar. Ahora toca Plaza. No sabemos hasta cuándo.
Nos lo dijo un día mientras estaba sin beber: «Tengo 53 años ¿y qué hago aquí, sin hacer nada?» 
Y ves que sin beber también se siente mal, porque piensa en todo aquello que le ha roto por dentro y no es capaz de salir… Y vuelve a la Plaza a beber, a olvidar y a malvivir.
Mientras Gerardo no sea capaz de encontrar «razones», siempre volverá a la Plaza.
Y nosotros volveremos a por él.

Para leer más sobre Gerardo

LUIS HA VUELTO A LA CALLE

«Porque la calle, Enrique, es dura y se pasa muy mal;  pero al mismo tiempo me llamaba y estuve a punto de quedarme. ¿Por qué será?…»

Esto era lo que Luis me contaba hace ahora un año.
Hoy, Luis, no ha aguantado y al final se ha dejado llevar por la llamada de la calle.

Me  lo dijo el martes Ester:

– Luis ha llamado y ha dicho que ha dejado la pensión y que ya está en la calle.

Quienes conocemos a Luis, temíamos que entraba en lo probable el que esto pudiera ocurrir. Pero, ahora, el hecho no dejaba de ser una mala noticia.

Era a mediados del 2004 que Luis decidió dejar los alrededores de Sants.
Ester, yo y, sobretodo, Marisol habíamos tenido bastante que ver en ese proceso que ya venía de otro año más de seguimiento en la calle.
Y, desde entonces, Luis tenía su PIRMI, había intentado algún trabajo -con poco éxito, por cierto- y dormía en pensión.

Pero los procesos no son cuentos de hadas. Los hay que terminan mal. O, mejor dicho, terminan no de la manera que a ti te gustaría que terminasen.
Y por mucho que te pongas corazas, en este juego de las relaciones humanas o te implicas o el tema como que suena a falso. Es lo que hay.
Por eso me sabe a fracaso el que Luis ya no esté en la pensión y que se haya interrumpido un proceso en el que yo tenía puestas mis esperanzas, soñando que Luis podría crecer en autonomía hiciese falta el tiempo que hiciese falta, pero sin marchas atrás. Las marchas atrás duelen, aunque quieras hacerte el fuerte.

Ya sé. Yo mismo lo he dicho muchas veces: Hay que estar, sin prisas, sólo estar, sólo acompañar…, es él quien nos ha de marcar los pasos a dar. Pero, cuando ocurre… y el proceso se rompe… te lo sientes. Y pienso que hasta es bueno que me lo sienta.
Pero por encima del sentimiento, por encima de lo que yo pueda sentir, debe de prevalecer la voluntad del otro, de lo que el otro tenga decidido. Y ahora toca seguir esperando… y seguir estando… cerca…, para cuando él decida ir más allá…
Y, entre tanto, en esta espera, también sería bueno preguntarnos si no nos habremos equivocado en algo. Sin violentarnos ni flagelarnos; pero pensando que tampoco nosotros somos perfectos: Revisemos.
El que se haya ido no debe angustiarnos, pero tampoco nos debe dejar impasibles. Como si nos diera lo mismo que hoy Luis esté en una pensión y mañana esté tirado entre cartones: ¡Se trata de Luis! (del mismo modo que cuando se trata de Pedro o de José o de cualquier otra de las personas de las que vamos conociendo en Arrels: Como personas, ¡somos únicas!).

El martes anterior había estado en el Centre Obert y habíamos jugado una partida de ajedrez. Hablamos, pero no le noté nada que delatara de su futura decisión. Incluso habíamos quedado para tomarnos un café el martes siguiente. Lo hacíamos con cierta frecuencia. Pero se le debió olvidar. O a lo mejor llamó a Ester precisamente para que no le esperase… ¡Vaya usted a saber…!  (¡Já! ¡Y yo que me lo crea…!)

Ahora no sé donde está. Espero que venga por Riereta de vez en cuando. Al menos para ducharse. Aprovecharía para hablar con él y saber cómo se encuentra.
Mientras tanto, ahí estaremos, esperando… a lo que él decida.
Y, al mismo tiempo, ¡sin agobios!, dedicar un tiempo a preguntarnos: «¿Y qué será lo que necesita Luis?». Que no sea siempre culpabilizar al otro…

Enrique

 

ONG PROYECTO7. Buenos Aires 3 y 5 de Junio 2008

He abierto en este blog una ventana para la gente en situación de calle en Buenos Aires a través de la ONG Proyecto7.
Horacio Ávila me mandó sendos comunicados que me gustaría que leyéráis. «3 de Junio 2008» y «5 de Juni 2008» 
Es la lucha por la supervivencia y los derechos más elementales.
Espero que Horacio nos siga poniéndo al día de su lucha por cambiar la realidad de las personas que malviven en las calles de Buenos Aires.
Gracias. Y, desde aquí, un abrazo, para Horacio y para todo el equipo de ONG Proyecto7.

Enrique

 

ARRELS FUNDACIÓ SALE EN TV2

El domingo, día 8 de Junio, TV2 hizo un reportaje sobre Arrels dentro del programa Pueblo de Dios, titulado: «Arrels, raices para una nueva vida»
La verdad es que está muy bien tratado el tema y con mucha dignidad.
Del reportaje recojo en este video, el trozo que dedica a lo que Puri y yo venimos haciendo todos los martes, acompañando a la gente en las calles de Barcelona.

ACOMPAÑAR, SÍ, PERO ¿HASTA CUÁNDO?

Los «casos» se abren y se cierran.
Y, cuando se cierran,
entran en las estadísticas de los éxitos y/o de los fracasos
 y entonces cuesta volverlos a abrir.
 En realidad ya no se abre,
es otro «caso», aunque la persona sea la misma.

Acompañar significa que creemos en la persona y en sus posibilidades de cambiar.
Y que en este cambio se realiza una doble transformación:
En nosotros que nos enseña a no esperar nada, pero a confiar todo de la otra persona.
Y en el otro que sabemos que es capaz de cambiar y de cambiarse.
Pero no lo hará a nuestra manera, ni a nuestras prisas, sino a la suya.
Y eso, a veces, nos asusta.
No tenemos tiempo para esperar, ni dinero para invertir en tiempo.
Es más fácil imponer. Es más fácil hacer de la persona «un caso»:
«Caso» cerrado, éxito contabilizado o fracaso archivado. Pasemos a otro.

Entonces ¿cómo, hasta cuándo acompañar?

Mi respuesta es simple:
Hasta que el otro lo necesite, mientras lo necesite y de la forma en que en cada momento lo necesite.

Seguramente -y lo es- que el modo de acompañar será cambiante en el tiempo y en la medida en que la persona vaya ganando en autonomía. Él nos debe marcar los pasos y nosotros debemos «empujar» para que sea capaz de darlos, ofreciéndole en cada situación los medios/recursos adecuados a sus posibilidades del momento en que se encuentre.

Mi manera de acompañar ha variado y sigue variando desde que ví por primera vez a Miguel en la Plaza Ibiza. Él mismo me ha ido pidiendo que cambie conforme él ha ido gestionando su propia vida. Y quizá llegue un día, porque creo en sus potencialidades, en que mi acompañamiento será casi innecesario; pero estará y seguirá estando porque mi relación se ha hecho también, como no podía ser de otra manera, afectiva.

Me imagino y hasta puedo comprender que todo esto sea un dilema tremendo para el profesional:
Por un lado están «los casos» que, aunque sólo sea por rentabilidad social, han de tener un principio y un fin. Y por otro lado está la implicación afectiva que irremediablemente se establece en toda relación sincera.

Para los que somos padre/madre lo tenemos claro: Los hijos (ya no son «casos») «nos» acompañan hasta al final.
«Es diferente…!!!»
¡Y tanto, que es diferente…!. ¡Sólo el que es padre/madre sabe del dineral que le cuesta acompañar a su hijo…! Dineral de dinero, de tiempo, de dedicación, de cariño… y de poner los medios adecuados a sus posibilidades en cada momento.

Y eso, una Institución/Administración difícilmente se lo puede permitir.

Pero no puedo imaginar qué hubiera pasado con mis hijos, si en un momento dado de su proceso, después de haberle dado mi confianza, mi cariño…, le hubiese dicho: «Basta. Hasta aquí hemos llegado. Mi tiempo (mi tiempo, mi dinero, mi afectividad…) he de dárselo a otro. Tú ya tuviste bastante.»

«Pero… si tú me pediste toda mi confianza…
Cuando tú viniste a la calle a por mí, yo estaba bien así y no quería nada. Fuiste tú el que me llamaste.
Y ahora, cuando me he acostumbrado a ti, cuando te he hecho caso y necesito de tu afectividad, cuando te he dado mi confianza, cuando al fin me fío de alguien y necesito de alguien, ¿tú dices que te vas…; que soy un caso cerrado…? (¿?)».

Enrique Richard

 

¿Cuál es el problema? (V)

– ¡Es que bebe mucho…!
– ¿Y…?
– ¡Es que huele mal…!
– ¿Y…?
– ¡Es que siempre está sucio…!
– ¿Y…?
– ¡Es que molesta a los otros…!
– ¿Y…?
– ¡Es que el recurso no es el adecuado para él…!

¿No fuimos a la calle a por él…?
¿No era a él al que buscábamos…?
¿No fue en él en quien nos fijamos porque siempre estaba bebido y olía mal y nunca se duchaba…?
¿No era él que queríamos que viniese…?
Y ahora que le tenemos…, después de tanto tiempo de estar esperando a que quisiera venir, ¿ahora no sabemos qué hacer con él?

Si cuando le vimos y le dijimos que viniese, ¡ya era así!
Si cuando le vimos y nos dijo que venía ¡no le pusimos condiciones!
¡ni que dejase la bebida, ni que fuese limpio, ni que dejase de oler…!

¡Queríamos al que nadie quería!

Y ahora que le tenemos ¿le echamos las culpas? ¿de qué?

Ver los otros ¿Cúal es el problema?