Hacía ya unos siete años que Alfredo había dejado el parque.
Es un viejo y querido conocido de Arrels, que, entonces, le acogió.
Luego, los Servicios Sociales del Ayuntamiento le buscaron acomodo:
Primero, en un Centro de Baja Exigencia; años después, en una Residencia.
Pero hoy volvía a estar allí, en el parque, sentado en un banco, solo.
Mostrando toda su miseria.
Ofreciendo a los que por allí pasan todo un espectáculo de indignidad.
Sucio, mojado de sus propios excrementos, con la cara hinchada e irreconocible y con un cartón de vino en la mano, que alguien le trajo y él pagó.
Y allí, así, sentado, lleva diez días, sin moverse. Apenas puede dar un paso aun ayudándose del andador que ya usaba en la residencia de donde se marchó: las piernas las tiene «rotas», que dice.
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Nos habían asegurado que estaba allí. De hecho pasamos varios días por su lado, pero nosotros seguíamos sin verlo.
El Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó, entre otras, la nueva Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos y de Gestión de Residuos, que se aprobó con los votos a favor del grupo popular. Dentro de la nueva ordenanza parece ser que se incorpora el sancionar con 750€ el rebuscar en la basura. Ante las protestas de la oposición, la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella, afirmó: «yo me niego a vivir en una ciudad y en una sociedad en la que tenga que aceptar que hay personas que van a rebuscar en la basura para comer. El Ayuntamiento tiene que velar por las condiciones sanitarias de la ciudad. Desgraciadamente, la destrucción de un millón de puestos de trabajo en un año está produciendo nuevos perfiles sociales pero la red de atención social ofrece recursos para ellos».
Mi estimado Enrique: