
Pero no; era lunes.
Habíamos cambiado de día de hacer la calle.
Con esto de ser abuelo y los canguros correspondientes, esa semana mi nieto me necesitaba el martes. Buscamos otro día y elegimos el lunes.
Es curiosa la gente de calle. Algunas veces te parece como si no se diesen cuenta de las cosas que pasan a su alrededor; pero ahora resulta que te controlan y que saben perfectamente cuándo es el día de la semana que vas a venir.
“¡¿Estoy soñando u hoy es martes?!”