EL BLOG SE CONVIERTE EN LIBRO

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Bueno, pues ya está: ¡¡¡aquí tenemos el libro!! Todavía está caliente. Lo presentamos este miércoles 17 de abril a las 19h en Arrels (c/ Riereta 24b). Llevaba tras él casi dos años. Y, ahora, el cumplir los diez años de voluntario en el Equipo de Calle, me ha dado pie para lanzarlo.

Me siento emocionado y agradecido a mucha gente que me ha querido y que me ha enseñado a querer. Se lo he dicho a mis compañeros: éste es un libro especial, porque es el libro de todo el equipo. Es fruto de la reflexión hecha desde el Equipo de Calle; es el reflejo de nuestro pensar, de nuestra manera de hacer. Nada hubiese escrito yo si no lo hubiese visto en ellos y reflexionado con ellos. El Equipo de Calle de Arrels Fundació ha marcado un estilo propio de hacer, de relacionarse, de mirar, de escuchar, de estar… con las personas que viven en nuestras calles. A todo ese equipo mi agradecimiento por estar a mi lado y haberme enseñado a mirar. Porque mirando a los otros, he aprendido a mirarme a mí y a la gente que me rodea de otra manera, más humana, más cercana, más eterna.

Y mi agradecimiento a Arrels y a su gente que, con su empeño, han hecho realidad este sueño de sacar un libro abierto para que todos conozcan un poco más esa realidad de la gente que vive en los márgenes de nuestra sociedad. Un libro que quiere poner un poco de luz a toda esa oscuridad.

Porque en nuestras calles, entre cartones, viven personas.

Para los que queráis, el libro ya está a la venta en la Llibreria Claret, c/ Roger de Lluria, 5 (8€) y también el día de Sant Jordi lo podréis encontrar en el stand de Arrels (Rambla del Raval).

Enrique

EL ÚLTIMO EN LA LÍNEA DE LA CALLE

auxias marchCuando buscas  en la línea de la calle al que más necesita y menos pide, siempre encuentras que hay uno que se coloca en la última posición.

Anoche estuve con uno de éstos. Su olor, su mal olor, inundaba la estancia y, por momentos, se me hacía insoportable y se lo hacía al resto de personas que, como él, se preparaban para pasar la noche en aquel recinto techado.

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SIEMPRE ME QUEDARÁ LA CALLE

Supongo que este noviembre es especial para mí: en noviembre de 2002 comenzaba mi voluntariado en el Equipo de Calle de Arrels Fundació.

Son diez años de “hacer la calle”, paseando sus jardines, sus plazas, sus puentes…

Diez años de mirar la calle buscando a aquel que nadie ve, observando gestos y fijándome en detalles que a nadie importa…

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¿Cuál es el problema? (IX)

Desde hace tiempo Juan José me dice: “Enrique, por las noches tomo varios cafés para estar despierto”.

Jose y Cristina son pareja y tampoco duermen: durante la noche pasean las calles de Barcelona hasta que se hace de día…

Antonio, las noches las pasa en el autobús nocturno con un solo billete de ida y vuelta, hasta que amanece…

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Horacio Ávila: la crisis lo dejó en la calle y ahora da alojo a indigentes

Volvemos de vacaciones y nos encontramos:

A los “ilegales”, sin cartilla sanitaria; y a los españoles, habiendo perdido el derecho universal a la salud.

El IVA, por los aires, incluso en productos básicos.

Más jóvenes en el paro y familias enteras sin percibir ningún subsidio; pero, eso sí, el gobierno poniendo más trabas para cobrar el plan Prepara (400 € durante 6 meses) por aquello de que el parado no se apoltrone en la butaca de su casa sin buscar el trabajo que no hay, entre otras cosas, porque las pequeñas y medianas empresas están cerrando debido a que los bancos no sueltan ni un euro para ayudarlas a financiarse.

Esos mismos bancos que se están levantando gracias a los dineros de los contribuyentes.

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SAID, EL “ILEGAL”, HA MUERTO

Hoy ha muerto otra persona en la calle. Se la encontraron tirada en la acera. Sus compañeros de calle reclamaron una ambulancia, pero  llegó muerta al hospital.

Del hospital nos informaron: en algún rincón de sus bolsillos encontraron la dirección de Arrels.

Era Said, el “ilegal” de 49 años del que hablé el otro día. No ha esperado a que le quiten la tarjeta sanitaria y se ha muerto. Su corazón le dejó de latir.

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VER EL BULTO; MIRAR A LA PERSONA

Ayer Toni me recordaba que nos conocíamos desde los primeros meses del año 2003, cuando entonces él dormía en la estación de Sants:

-   … Y no has cambiado, Enrique. Cuando me ves, me saludas y te sigues interesando por mí. Hay muchos en Arrels como tú; otros no: a veces pasan como si no te conociesen.

Los comentarios de esta gente casi siempre me hacen pensar (al fin y al cabo te manifiestan cómo viven ellos la relación).

Cuando nos acostumbramos a hacer “¡tanto bien!” y los “éxitos” se nos acumulan hasta tal punto que tenemos que dar “tanda”, como si de una frutería de gran tirada se tratase, corremos el riesgo de ver más el “bulto que salvamos”, que de mirar a la persona que tenemos delante y escuchar su demanda concreta.

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SAID, “UN ILEGAL”

A Said hoy le he acompañado al médico.

Hace unos meses conseguimos que le dieran la tarjeta sanitaria.

Said es “ilegal”.

Es una de esas personas a las que nuestra sociedad del consumo y de las desigualdades le ha colgado el sambenito de “ilegal” sólo porque no nos da la gana darle unos papeles que le haga igual a nosotros y con los mismos derechos que nosotros.

Así, tildamos de “ilegales” a unas personas cuyo único pecado es el de querer mejorar su vida y la de los suyos.

No llamamos “ilegales”, sin embargo, a aquella otra persona que esconde su capital y elude sus impuestos. No es “ilegal” el españolito famoso que vende la “Marca” España viviendo y contribuyendo fuera de ella para ahorrarse impuestos. No es “ilegal” el que explota al que no tiene papeles y hace su riqueza sin pagar a la administración lo que le correspondería. No es “ilegal” el pluriempleado en diferentes consejos de administración, bancos y cargos políticos, cobrando dineros que causan escándalo. (Por cierto, ¡qué capacidad intelectual… y de influencias y de… extorsión…!). No; estas personas no son “ilegales”.

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HERIDAS QUE NO SE VEN

¿Y sigue en la calle?

Hay heridas que sólo uno mismo puede curarse.

La calle, pensamos, es su herida que hay que curar.

Pero la calle no es la herida, ni el alcohol, ni su mal olor…

La herida él sólo la sabe.

Es su herida que yo no conozco y que sólo él sabrá curarse.

Pero la calle no es su herida.

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