Yo prefiero acompañar

015 (1) 2005

No todo el mundo entiende lo que significa acompañar, estar con la otra persona, respetar su proceso, escuchar, perder el tiempo día tras día: ¿para qué?

Nuestra sociedad entiende de cifras: de personas atendidas, de personas salvadas y de cuántas  han salido de la calle.

Es más fácil atender que acompañar. Es más fácil y supuestamente más rentable: sólo se requiere dinero para el que se deja ayudar porque no quiere seguir en la calle. Acompañar es más costoso, porque requiere tiempo, mucho tiempo y no sabes a priori cuál va ser el final, aunque sí tienes la seguridad que va ser beneficioso para la persona con la que estás y también, sin tú pretenderlo, para ti mismo.
Acompañar sólo sirve para aquella persona que está sola y siente su soledad tan adentro que le estorbamos casi todos los demás.

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Y tú ¿cómo estás?

IMG_0035—Y tú, ¿cómo estás?

Era Joseff quien así me preguntaba dando respuesta al saludo con el que yo le había recibido poco antes al abrir la puerta:

—Joseff, ¿cómo te encuentras?

—Mal. Estoy mal

Realmente Joseff estaba mal y se notaba: estaba sucio, bebido y olía mal. Seguramente llevaba varios días sin ducharse, se había defecado encima y ni tan siquiera se había cambiado de ropa.

Quedamos en silencio. Al cabo de un rato Joseff me preguntaba:

—Y tú, ¿cómo estás? Sigue leyendo

SIEMPRE ME QUEDARÁ LA CALLE

Supongo que este noviembre es especial para mí: en noviembre de 2002 comenzaba mi voluntariado en el Equipo de Calle de Arrels Fundació.

Son diez años de “hacer la calle”, paseando sus jardines, sus plazas, sus puentes…

Diez años de mirar la calle buscando a aquel que nadie ve, observando gestos y fijándome en detalles que a nadie importa…

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VER EL BULTO; MIRAR A LA PERSONA

Ayer Toni me recordaba que nos conocíamos desde los primeros meses del año 2003, cuando entonces él dormía en la estación de Sants:

–   … Y no has cambiado, Enrique. Cuando me ves, me saludas y te sigues interesando por mí. Hay muchos en Arrels como tú; otros no: a veces pasan como si no te conociesen.

Los comentarios de esta gente casi siempre me hacen pensar (al fin y al cabo te manifiestan cómo viven ellos la relación).

Cuando nos acostumbramos a hacer “¡tanto bien!” y los “éxitos” se nos acumulan hasta tal punto que tenemos que dar “tanda”, como si de una frutería de gran tirada se tratase, corremos el riesgo de ver más el “bulto que salvamos”, que de mirar a la persona que tenemos delante y escuchar su demanda concreta.

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CAMBIAR LA MIRADA

Uno de estos días de Navidad, haciendo la calle, nos llamó la atención un balcón. En su cristal, con tinta blanca, algo habían escrito para ser leído desde la calle. Nos paramos para descifrarlo: era una nueva bienaventuranza y decía:

«Bienaventurados los que saben dar sin recordarlo
y recibir sin olvidarlo».

Nos pareció una hermosa bienaventuranza que merecía la pena compartirla. Ignasi le hizo la foto.

Bienaventurados Juan José lleva muchos años viviendo y durmiendo en la calle.
Esta mañana Puri estaba hablando con él cuando un señor bien vestido se les ha acercado y se ha quedado parado delante de ellos mirando fijamente los pies de Juan José. Al cabo de un rato y sin mediar palabra le ha recriminado:
– ¡Qué has hecho con los zapatos que el otro día te di! Sigue leyendo

Hacer la calle: mis primeras impresiones

Anna es voluntaria de Arrels y nueva en estos avatares de hacer calle. Estas son sus primeras reflexiones escritas. El otro día las quiso compartir con todo el equipo de calle. Le pedí de poder escribirlas también aquí, en el blog. Ella accedió y amablemente tradujo el original al castellano a partir de su lengua materna, el catalán.

Acabando ya la fase de formación para pasar a colaborar plenamente en el equipo de calle, me doy cuenta de que queda mucho camino por recorrer, muchas horas de vuelo por delante y que no será fácil dejar de sentirme eternamente aprendiz. Observo las apreciaciones, las emociones y los sentimientos que provocan en mí cada una de las experiencias de calle. Percibo como poco a poco voy aprendiendo a calmar interiormente aquello que al principio parecía una urgencia improrrogable, a dar prioridad a la reflexión ante la emoción.
También he asumido la idea de que la mayoría de las personas con las que tratamos no siempre quieren dejar la calle, o por lo menos, no quieren hacerlo en las condiciones que podemos ofrecerles; han llegado a un punto en el que sólo les queda algo que perciben como libertad y a lo que no quieren renunciar ni un ápice y por lo tanto, en principio es innegociable. Sigue leyendo

¿Rezar?

No sé pedir.
No sé rezar.
Y no es que piense que Dios se desentiende;
que no quiere saber nada de las cosas que pasan por el mundo.

Hoy he visto a Juan:
Mal, ebrio, sucio, abandonado; pero me ha conocido.
Ha cogido con fuerza mi mano, cuando yo se la he tendido.
Apenas balbucea, pero sonríe:
Interpreto que le ha hecho feliz el verme;
que le ha gustado que haya interrumpido mi camino y me haya acercado a saludarle:

– ¿Cómo estás, Juan? Yo no te veo demasiado bien…
Se ríe…

Y ¿qué le pido a Dios?
¿Que le ayude?
¿Que deje de beber?
¿Que le haga “normal”?
¿Que le encuentre trabajo?
¿Que el trabajo que encuentre lo quiera aceptar?
¿¡Qué te pido, Dios!?
¡Qué puedo pedirte que tú puedas/quieras concederle!
¿Que te sienta cerca?; ¿para qué?
Él seguirá en el precipicio, viviendo su angustia.
Y ¿qué quiere decir que tú estés cerca?
Tú no eres la lámpara maravillosa que concedes deseos cuando se frota…
Pero tampoco te sientes indiferente a tanto dolor.
Mas ¿qué puedo pedir?
¿Cómo debo de hacerlo para que el dolor se acabe en Juan
y en tantos otros muchos “juanes” que hay en el mundo?
Tú no quieres que haya tanto dolor, fruto de nuestra injusticia.
Tú no te acercas a Juan si yo no me acerco.
Tu mano no se tiende a Juan si no hay una mano que se tienda.
Mi sonrisa es tu sonrisa.
Mi esperanza es tu esperanza.
No hay cambio si no hay lucha y no hay lucha si yo no lucho, si él no lucha…

¡Dios, no me dejes caer en la desesperanza
para poder llevar tu esperanza a los que lo han perdido todo!

Enrique

EL EURO DE MANUEL

¿Quién puede ponerse en la piel de aquel para quien un euro le va la vida…?

Manuel vive en una residencia.
Desde hace años que, oficialmente, dejó la calle. Y digo oficialmente, porque, aún hoy, a veces, se escapa y vuelve a su «antiguo parque» .
Lo sorprendente es que lo hace aun y a pesar de que le duelen las piernas y que, para poder desplazarse, necesita de un andador en donde apoyarse.
Por eso será que Manuel, los días que permanece en su «antiguo parque», los pasa sentado en su «antiguo banco», sin moverse.
Luego, cuando ya lleva algunos días/semanas allí -será también que el parque le cansa-, abandona su banco y se deja llevar otra vez a la residencia.

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ACOMPAÑAR, SÓLO ACOMPAÑAR


–          ¡Para venir a hacer lo que estáis haciendo, mejor quedaros en vuestras casas!

Isabel, una de las vecinas de Esteban que le cuida y le ayuda, estaba muy enfadada con nosotros.
Al vernos llegar, después de estar con Esteban, nos paró en la calle. Quería hablar.
Poco a poco y conforme hablaba, se iba acelerando y su enfado y disgusto se hacía más visible.

–          No hay derecho a que Esteban esté como está y que nadie haga algo por evitarlo.

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UNA MUJER: MARIA

Mujer de carácter, a veces acoge y a veces nos echa,
pero no sé qué tiene María que, cuando la conoces,
se te desborda la “tendresa”.

María empieza a hacerse mayor -ya no cumplirá los setenta-.
De entre toda ella, destaca su mirada.
Sus ojos la delatan: azules, ¡grandes!, ¡abiertos!
Todo lo mira.
Todo lo observa.
Nada de lo que pasa a su alrededor se le escapa.
A todos conoce.
Con todos habla…
A todos y con todos los que, como ella, pisan y duermen la calle.
Con ellos se sienta, comenta, les grita…, se enfada…
Sobre todo les grita.
Los otros… la escuchan… y callan…, la vigilan…, la aguantan… Sigue leyendo