PPIE: “PERSONAS POBRES e INDIGENTES del ESTADO”

Eleuterio es una de las personas -afectadas- que en Agosto estuvo en Zaragoza participando -y me consta que de forma muy activa-  por parte de Arrels en las jornadas organizadas por la EAPN España (European Anti Poverty Network-Red Española de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social ) y cuyo título era: “V Encuentro Estatal de Personas en Situación de Pobreza y Exclusión Social”. Gabriel, que también estuvo ya escribió un post al respecto: ¡UN MUNDO SOLO BASTA!
Eleutrio no está dispuesto a que aquello  se quede convertido en ‘aguas de borrajas’, quiere actuar, implicar a la gente y me ha pedido que cuelgue este manifiesto que él ha escrito en el blog. Y lo hago con todo el gusto del mundo. Y como hoy precisamente es el último día del año 2008, pues qué cosa mejor para desear que el que todos los deseos de Eleuterio y de tantos otros que como él viven la precariedad se cumplan en el 2009.
¡Que no se acabe la esperanza!


“PERSONAS POBRES e INDIGENTES del ESTADO”

la-ventanaEL SENTIMIENTO Y LA IDEA

Hace pocos meses fuimos a unas conversaciones sobre la pobreza y la indigencia en la ciudad de Zaragoza. Cual fue mi sorpresa, cuando durante esas conversaciones una oradora de EAPN de nombre Chus, dice: «el año pasado hemos ido a Bruselas, sabiendo que no lograríamos nada», yo pregunté: «Si el resultado era nada de antemano ¿a qué habéis ido?». Supongo que lo más parecido a hacer turismo o sacarse la foto de turno.
Luego debí enfrentarme con algún político de la Seguridad Social de Aragón, quien por mi pronunciado acento sudamericano, llegó a decirme textualmente «no se cómo será en su país», a lo que debí contestar «ESTE ES MI PAIS» …. ¿discriminación????????????
Soy lo menos parecido a «racista» y, esa discriminación (oculta) me molestó, pasa que no soporto eso de las banderas, los himnos y sobre todo los alambres de espinos, que solo existen para diferenciar a los seres humanos, quitándoles la oportunidad de una vida mejor esa misma que nos brindaron a nosotros, los españoles en otros países. Sigue leyendo

LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN

Hoy Gabriel nos pone los pies en la tierra. Podemos ver mucho, acercarnos mucho, escuchar mucho, pero nunca lo que veamos, lo que escuchemos, lo que sintamos, será igual que la realidad de quien la vive.

La ficción

¡Hola!

La ficción, cosa de la mente o del cerebro que imagina una situación, es generalmente sólo eso, historias imaginadas que parten de algo real.
Lo real y lo imaginario se compenetran, porque alivian al que lee, al que escucha o al que va al cine.
Luego, si comprendes eso, has ganado parte al saber discernir lo que es real y ficción.
Problemas sociales o particulares, como siempre se escucha decir, tenemos todos.
Tú hablas de lo tuyo y yo de lo mío. Y todos hablamos. Escuchar… también. Asimilar que lo escuchado se asemeja a la realidad… es cosa de quien puede decidir.
Ficción, realidad, escuchar, oir, ver, entender cosas que se ven diariamente sin entrar en esa radio que tantas frecuencias tiene y tan pocas escuchamos, sólo aquellas que nos son cómodas al oido.
Habla, dime algo, dime lo que realmente pienses para yo entenderte.
Sé que no es posible, porque la respuesta sencilla es que la realidad supera a la ficción.

Gabriel

RECORDANDO A PÍA

Va a hacer ahora un mes que murió una mujer, Pía, de 46 años de edad.
Todo Arrels se conmovió.
Alex, su pareja, aún la duele
Y a él le hemos pedido permiso para «colgar» en el blog este sentido poema que ha escrito Gabriel.

Recuerdos.Pia
Recuerdos que vienen;
que se guardan y que quedan,
porque han de quedar.
Entro en la habitación y huelo
y, al oler, la siento.
A ella. Que se fue.
Pía me dejó.
No sé dónde, pero se fue.
Solo.
Solo creo que me encuentro;
aunque siento que está conmigo.
La siento y lo siento.
El tiempo pasa,
lo sé, es la vida.
Y tú allí
y yo aquí:
Estamos juntos.

Gabriel

LOS “BOCADILLOS” QUE NOS SIGUEN TIRANDO

Cuentan que Arrels comenzó su andadura a partir de un bocadillo que ‘un indigente’, ‘un mendigo de la calle’ lanzó con rabia sobre la espalda de la persona que se lo acababa de dar. La respuesta de esta persona no fue ni la de revolverse contra aquel ‘desgraciado’, ni la de echarle en cara su desagradecimiento, ni siquiera la de ‘lavarse las manos’: «Ya he hecho lo que tenía que hacer». Lo que aquella actitud agresiva provocó en aquella persona fue la de pensar: «Si este hombre no quiere el bocadillo, ¿qué será lo que querrá?» Y para dar respuesta a esta pregunta fue que nació ARRELS.

Desde aquel famoso bocadillo que dio razón de ser a Arrels, ¡cuántos otros «bocadillos» se nos siguen tirando a nuestras espaldas, esperando razones que den solución a sus vidas!

Nos tira su «bocadillo» Juan cuando, «jarto» de vino, se planta delante de ti y te dice cabreado:

    – ¿Qué, coño, miras tú? ¿Es que tengo monos en la cara? ¡Anda y déjame en paz!

O te lo tira José, que después de pasarse media vida en la calle, comiendo de lo que le daban y rebuscando en las papeleras aquella lata de coca cola a medio acabar, ahora, que está en la Llar, se encaraba el otro día con un voluntario gritando:

    – ¡Esta comida es una porquería! ¡No hacéis nada más que robarnos!

O Ángel, que había tardado cinco años en aceptar una pensión para dormir y, pasados unos meses, ya sin beber, se le ofreció un piso: Con sofá, TV, todo limpio, con derecho a cocina, recién pintado y alicatado. «Estarás divinamente».
Al día siguiente Ángel había dejado la pensión y nadie sabía dónde paraba.

¿Y Antonio?, ¿que había dejado de beber, que encontró trabajo, un buen trabajo, fijo, ¡más de 1200€! Y al cabo de tres meses vuelve a estar aquí, borracho perdido y culpando al dueño de que no sabe nada del oficio y que por eso se ha ido….?

¿Y Pedro?, ¿que sin venir a cuento, tiró la cafetera por la ventana…?

O aquel que un buen día roció con café con leche las paredes de toda la escalera de la Llar recién estrenada.

O el Vicente que cuando se cambia de ropa parece que esté en el Corte Inglés comprándola: Ninguna le cuadra, todas le están mal, se enfada, exige, grita, insulta… y, al final, se va con lo que traía puesto, dando un golpe de puerta.

O el otro Antonio que siempre se mosquea, porque «todo el mundo se cuela» y ha tenido que esperar esa tarde ¡media hora! para entrar en las duchas:

    – Sois todos unos ineptos y sólo sabéis que sacarnos los cuartos»…

¿Y Josep?, que le han echado del piso y no acepta nada de lo que se le ofrece, porque él ahora lo que quiere es una pensión que es lo único que en este momento no le podemos ofrecer…

Y tantos otros que nos encontramos en las calles y que renuncian a todo lo que signifique albergue o centro en donde dormir.

Los «bocadillos», cuando te los tiran, hacen daño y, a veces, te revuelves:
«¿Qué se habrán creído? Están toda su vida tirados en la calle, les acercas el pan a la boca y ¡encima te muerden…!»

Pero todos son los mismos «bocadillos» que aquel primero que motivó la pregunta de Arrels:

«¿Si no es el bocadillo, qué será lo que necesita?»

Y es esa la pregunta que constantemente me cuestiona.
La tentación de que ya hemos dado soluciones y que ahora es a ellos a los que les toca responder, acosa permanentemente. Y, sin darte cuenta, convertimos nuestra relación, que es la que les ha de dar razones para cambiar,  en un trapicheo de derechos y deberes, de ofensas y ofendidos, de culpables y benefactores.
Pero en realidad sólo se trata de «bocadillos» que nos siguen tirando y que nos deben remover por dentro. Porque detrás de cada «bocadillo» lanzado, está la rabia de una vida rota que no saben/sabemos recomponer.

Enrique Richard

DIA DE ACCION BLOG ’08

 

El día 4 de Septiembre medios de comunicación de Barcelona recogieron las quejas de algunos vecinos del barrio de la  Barceloneta sobre lo que ellos llamaron:

‘Oleada de indigentes y nómadas dispara la alarma de la Barceloneta’.

La noticia se puede ver en: 

http://elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=540943&idseccio_PK=1022

 CUANDO NOS QUEDAMOS EN LAS APARIENCIAS

Siempre nos quejamos. No nos gusta convivir con la miseria. No queremos que los ‘despojos’ de nuestra sociedad ‘okupen’ nuestras puertas.
Lo feo, lo malsonante, lo que estorba, no debe molestar nuestra vista, ni nuestros oídos, ni nuestro olfato.
Y si hay que tapar, se tapa. Y si hay que reprimir, se reprime…
El caso es ‘limpiar’, conseguir que ‘mi sitio’ quede limpio de ‘gentuza’.
Lo que el otro sienta, lo que el otro sufra, lo que el otro viva, no importa un carajo.
¿Excluidos?… ¿De dónde?…
¡Ellos se lo habrán buscado!
¿Causas? ¿Soluciones para sus vidas?
¡Soy yo quien sufre sus desvergüenzas! ¡Es a mí y no a él a quien hay que dar soluciones!

Tal vez pudiésemos ir un poco más allá e intentar no quedarnos en las apariencias y en vez de barrer para esconder lo que no nos gusta, buscar soluciones para hacer que desaparezca. 

¿Podríamos evitar la exclusión? ¿Podríamos al menos mitigarla actuando en los puntos que nos llevan a ella? A lo mejor podríamos reducirla si verdaderamente pusiéramos los medios adecuados, suficientes y en el momento en que se necesitan.
Porque gran parte de la solución pasa por el dinero. Pasa por poner más medios no sólo para erradicarla, sino también para prevenirla.
Estudiar las causas y actuar sobre ellas.
Porque una persona está tirada en la calle por algún motivo, por alguna circunstancia que en su momento le superó.
Podríamos culpabilizar. Siempre lo hacemos. Pero buscar culpables no nos lleva a ninguna solución.
Hay que actuar. 

Ya sé: el tema es complejo.
Queremos que las cosas se solucionen, pero que no nos toquen el bolsillo.
Queremos que se solucionen, pero seguimos haciendo una sociedad en donde determinadas formas de hacer se quedan agazapadas entre tanta competencia, tanta productividad, tantas prisas, tanta eficacia…
Si no sirves, no cuentas, estás despachado…
Si no das la talla, si no eres competente, si no mantienes el ritmo, si no consigues objetivos, si no estás preparado, si no aguantas la presión, si no hay trabajo, si no te acoplas a la ‘realidad’…, si no…, si no…, si no….
En esta sociedad hay que ser semi-héroes para contar entre los elegidos.

Luego, además, está la rueda de los que no son ‘nadie’, porque sus padres han sido ‘nadie’, viven rodeados de ‘nadie’ y sus abuelos y sus tatarabuelos siempre han sido ‘nadies’.
Sus hijos son y serán ‘carne de cañón’.
Es verdad que todos estamos expuestos a la exclusión, tanto los ricos como los pobres, lo sabios como los ignorantes. Pero hay unos que tienen más posibilidades que otros de caer en la exclusión y de quedarse en ella.
¿Y, mientras tanto, qué hace nuestra sociedad? Poner parches.
De pronto te encuentras con grandes despilfarros en un macro-proyecto de sociabilización y a la vuelta de la esquina ya no hay nada. Las subvenciones se anulan, los proyectos se cierran y los avances… se atascan… Porque todos sabemos que este trabajo es de hormiguitas, de constancia, de ir haciendo poco a poco, pero siempre.
Pero no hay dinero. Cuando falta, nunca hay dinero para los más pobres. Y si no falta, también. 

Al final nos quedamos en las apariencias: Los pobres nos molestan y no estamos dispuestos a que nos molesten.
Entonces gritamos y protestamos y los medios de comunicación se hacen eco de nuestras protestas, pero mientras, quizás, hayamos premiado con nuestro ‘voto democrático’ a aquel que nos prometió que iba a bajar más que el otro los impuestos.
¡¿Bajar los impuestos?! ¡¿Pero es que ya tenemos suficientes guarderías, escuelas, profesores?!
¡¿Es que la salud pública cubre todas nuestras expectativas?!
¡¿Es que ya hay planes que puedan reconducir los ‘daños colaterales’ que sufre una persona cuando se hace una ‘reconversión laboral’?! (Al despido masivo desde hace unos años le llaman reconversión)
¡¿Quién se preocupa del niño que sistemáticamente no va  a la escuela?!
¡¿Es que ya no hay guetos en nuestras grandes ciudades?!
¡¿Es que ya tenemos vivienda digna para todos?!
¡¿Es que ya cualquiera de los que nos ‘estorban’ podría dormir esta noche bajo techado?!
¿Y mañana…? ¿Y pasado mañana…?
¿Y al otro día…? ¿Y al otro…? ¿Y al otro…?
¿Y si, además, fuese dormir dignamente…?
¡Y sólo pido dormir, porque lo de vivir ni me atrevo a soñarlo!

 

Enrique Richard

Manuel nos dejó este comentario

Hola mellamo manuel y des de aqui quisiera da las grasia ha todas la persona que me an ayudado sobre todo a arrels que grasia a ello esalido de la calle e dejado la bebida y hoi soi una persona mui feliz me casado con una persona maravillosa que tiene una hija marravillosa tanbien que mequier como sillo fuera su padre verdadero tengo mi piso no que ante tenia cuarquier cajero que abia el primero que en comtraba hai dormia llego un momento que creia que yo moriria en la calle por que creia queno podia dejar de veve pero hoi grasia adio todo esta bien tengo un trabajo y bamos tirando para adelante solo quiero dasle todo mi agradesimiento a centro de arrels por que todo son marabilloso desde el voluntario al diresto munchas grasia perdonen por las farta de oltografia un saludo de una persona mui feliz.

El comentario lo hizo en: Entre el éxito y el fracaso

Manuel, sólo tú eres el protagonista de tu vida. Un abrazo, Enrique 

EL COLCHÓN

Desde siempre se ha admitido que existe un ‘colchón’ en la sociedad que separa a los cada vez más ricos de los cada día más pobres.
Si se encontrara el medio de hacer entender a los integrantes de esa clase intermedia de que es más fácil que caigan que no que suban, sería mucho más sencillo dar a entender que las ayudas a los que nada tienen, pueden, en su día, ser también su único sustento.
Me comentaron que hay países en donde esas ayudas se dan no como ‘caridad’ sino como un derecho que todo ciudadano tiene. Y no se trata de hacer promesas políticas para salir al paso de quien ha sido invitado a escuchar las quejas de personas que, por su economía, están incapacitadas incluso a lo más básico como es un techo, sino que, si es necesario, tachar lo que no se cumple de lo que está escrito en la Constitución.
No puedes escribir alegremente que todo ciudadano tiene derecho a una vivienda, cuando hay tantas personas viviendo en la calle, o cuando se echa de unas casas, todo legalmente ejecutado, a gente que en ellas han vivido toda su vida.
Crisis es palabra que se escucha cuando se ha terminado de llenar los bolsillos, todo hecho según y conforme a la ley, el que especula con el suelo. Crisis que se acaba cuando todo el mundo se ha vuelto a rellanar las carteras, dejando en el camino a quien ha sido menos espabilado.
Así, pues, dejados otra vez todos en sus puestos, vuelve a rodar la bola y se vuelve a jugar a las altas finanzas, retornando a ser todos meros números estadísticos, listos para consumir y para volver a rellenar ese ‘colchón’  que necesitan los pudientes para su supervivencia, desechando al otro lado a quienes no han podido aguantar la presión.

Gabriel

¿QUÉ ES LO QUE PUEDO HACER YO?

No. Los consejos pocas veces sirven. ¿Quién es nadie para dar consejos?
Uno, en todo caso, puede abrir su experiencia a los demás y, sin juzgar nada, ¡que cada cuál aguante su vela!
¿Mi experiencia?: Un grano de arena en una inmensa playa.

Las situaciones de exclusión, de mal vivir, me sobrepasan, están más allá de lo que yo puedo abarcar y de entender y de dar soluciones. Pero tampoco quiero pasar por la vida haciendo de lo que me rodea algo que no me afecta a mí personalmente.

Intento no culpabilizar a ninguno y menos al que padece la injusticia y tiene sus derechos enajenados.

Si he de echar la culpa a alguien, es a la sociedad y como que en ella estoy, por mucho que la critique, no dejo de ser uno de sus afortunados beneficiarios. Por lo que, en este sentido, ayudo a su sostenibilidad y no puedo excluirme de ser otro más de entre los culpables de que esta sociedad sea lo que es.

Aunque la encuentro injusta.

¿Cómo va a ser justo un sistema en donde hay ricos que lo son tanto que da vergüenza que lo sean?

¿Cómo va ser justo un sistema en donde si tienes más, más vas a poder tener y, si tienes menos, tienes todas las posibilidades de quedarte sin nada?

Ante este panorama, ¿mi postura?; ¿lo que siempre empiezo y siempre luego tengo que volver a intentar?:

    – Procurar no agobiarme ante tanto que habría que cambiar, pero que hay que cambiar.
    – Ser feliz, intentando hacer feliz al que está cerca de mí.
    – Luchar por intentar ser consecuente y ser crítico con un sistema que siempre busca «venderme la moto»
    – Denunciar y exigir los derechos de aquellos que no los tienen, aunque con ello se vean mermadas algunas/muchas de mis prebendas.

Y con este bagaje me acerco al que está en la calle. Intentando no proyectarle mis agobios y buscar entre los dos ser un poco más felices -los dos-

Ya sé; no dí solución a nada.

Enrique

PUEDES SER TÚ

Reconocemos, como personas que hemos estado o están en la calle, que no todos somos lo mismo.
La leche de unos puede ser buena, la de otros mala, puede que la de otros sea desnatada.
Los actos incívicos, como protestan muchos ciudadanos, es cierto que los hemos o han cometido todos en momentos en los que el cuerpo revienta y expulsa lo que en ese instante aprieta.
Se ha bebido y bebe en la calle, notándose más en las personas que moran en ella porque se tiende a frecuentar sitios concretos. Pero no hay que olvidar que el perfil de cada uno de ellos, es gemelo de la sociedad «pudiente»: No son marcianos o habitantes de otro planeta.
Así, pues, mirando a quien en la calle duerme, pon tu barba a remojar, pues a veces, si Santa Bárbara truena y te coge desprotegido, vienen las rebajas y puedes perfectamente ser cogido como saldo.

Gabriel

¡UN MUNDO SOLO BASTA! (ni Primero , ni Tercer, ni Cuarto)

En los últimos días de Agosto, Arrels, como Fundación, fue invitada a que una representación de usuarios, definidos como «los sin voz», la tuvieran en unas jornadas organizadas por la EAPN España (European Anti Poverty Network-Red Española de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social ), cuyo título era: «V Encuentro Estatal de Personas en Situación de Pobreza y Exclusión Social».
Se hicieron talleres en los que libremente se expusieron las opiniones de quien quiso hacerlas, todas siempre tomando como guía la gran -y cierta- cantidad de carencias de quien lleva el apellido de «pobre» o «casi pobre», pudiendo cambiar el término pobre con cualquier otro que el término lo signifique.
A mí, particularmente, lo que me quedó más grabado fueron los términos Cuarto Mundo y la propuesta generalizada de una pensión cuyo mínimo tenga como referencia el salario mínimo.
El oír Cuarto Mundo en referencia a nosotros me repelió, pues lo interpreté como aceptación de que la sociedad está coja al admitir la existencia de la pobreza y que no hay solución a corto ni a medio plazo. Y que es una pena, pero que no existe por el momento intención de inyectar fondos para que, con una paga digna, se pueda maquillar un poco los problemas de miseria que existen y que puede que se agranden cuando se incorporen a la masa de «los sin voz» de ahora, la de aquellos que han venido de otras culturas a buscarse la vida.
Inversión que, si se hiciera, a corto plazo ayudaría a que al menos la sociedad dejara el bastón, aunque se le notara que cojea.

Gabriel