MARTES, 1 de Diciembre de 2009

Juan José

Algunas veces invitamos a un café o compramos un bocadillo. Lo solemos hacer; pero no con demasiada frecuencia. Pensamos que tampoco con ello vamos a solucionar el problema. Pero sirve para relacionarnos, para ganar en confianza.

Con Juan José hacemos una excepción. Es bastante habitual que nos sentemos con él para compartir un «cortado».
Pero, además, lo novedoso es que, en este caso, es Juan José quien se empeña en invitarnos y no consiente en que seamos nosotros quienes paguemos.
Es tal su tozudez, que se nos hace muy difícil el negarnos. Aunque por otro lado, reconozco que, tanto a Puri como a mí, nos parece entrañable ese momento en que, estirándonos del brazo, nos dejamos llevar y, una vez sentados en el velador del bar, él solicita al camarero nuestras demandas, vigilando, al mismo tiempo, que ninguno de nosotros nos adelantemos a pagar.
– Enrique, ¿va un «carajillo»?. Sigue leyendo

MARTES, 2 de Junio de 2009

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Paco

Hacía tiempo que debería haberlo dicho: Nuestro amigo Paco, «el dueño de su castillo», nos dejó.
Murió un día de Marzo, con 73 años de vida a sus espaldas ya cansadas de tanto batallar.
Murió en la residencia en donde vivía desde Noviembre del 2007.
No pudo volver a su esquina como era su deseo, pero estaba mejor allí, más cuidado, más mimado. Su hermano le iba a ver periódicamente y se fue acompañado de su familia.
A Puri y a mí nos deja un ‘huequito’ en el alma.
Siempre le recordaremos con cariño.

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Esteban

¡Ay, Esteban!. Sigue en su banco.
Él mismo nos dice que es banquero, porque tiene un banco para él solo, nos reimos.
Los vecinos le siguen cuidando, pero a veces surgen conflictos.
Lo hacen tan suyo «el mendigo», tan de su posesión que aparecen envidias y celos.
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MARTES, 10 de Febrero de 2009

Juan José

Hoy no puedo evitar expresar una gran satisfacción y una gran alegría.
Necesito urgentemente contarla: ¡Nuestro querido Juan José está comiendo, cenando y durmiendo (a veces) en la Llar Pere Barnés:  «Se come muy bien y se está caliente».
Hay días que después de cenar, se sienta a ver la TV y luego se va a dormir a «su casa descapotable» al otro lado de Barcelona (¡se pega unas palizas de andar…!), pero hay noches que no, que se queda y duerme en habitación.
¡Y está contento! ¡muy contento!.
¿Cuánto durará? No lo sé, pero llevamos unos días que le vemos feliz y nos explica lo bien que está.
En unos de esos días «malos» que tiene, Juan José había perdido la documentación y la cartilla y se encontraba desamparado.
Entre Puri, Miquel y yo le hemos ayudado y ya lo tiene todo.
«Uno se había acostumbrado a tener dinero».
Pero también estaba preocupado por la comida. Últimamente no se encontraba bien. Le ofrecimos comer y cenar en la Llar. Accedió y está encantado.
También quiso dormir, pero eso le cuesta más. Bueno…, sin prisas…
Hoy le he acompañado a solicitar la tarjeta rosa para el transporte urbano y le he dicho de ir al cine un día de éstos. No le ha llamado mucho la atención esta invitación: «Nunca he ido al cine», me ha dicho(¿!). Veremos a ver.
Pero hoy él estaba contento y yo también. Se admiten felicitaciones.
¿Y mañana?… Dios dirá, que se dice en estos casos.

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MARTES, 20 de Enero de 2009

Juan José

El día 24 de Diciembre Juan José se presentó en el Centre Obert. Todo hacía pensar que se quedaría a cenar.

De unos años a esta parte, en Arrels se tiene la costumbre  de hacer la cena de Nochebuena.
El intento es hacer que esta cena no sea una cena «para»,  sino una cena «con».
La verdad es que siempre ha sido un éxito y ha sobrepasado todas las expectativas.
Ya se sabe que los días de Navidad suelen ser, para todos, días de familia, de recuerdos -buenos y malos-. También lo son para estas personas.
Por eso algunos rechazan la invitación y no vienen. Otros, sin embargo, se visten sus mejores galas y parecen auténticos señores/as -¡que lo son!-. Sigue leyendo

Martes, 25 de Noviembre de 2008

Hacía tiempo que no ponía nada nuevo en este apartado y no ha sido por falta de noticias. Intentaré ponerme al día.

«La señora de los ojos claros»

Un día nos la encontramos chillando y, entre sollozos, parecía que hablaba de una hija suya. No entendimos qué; pero sí nos dimos cuenta de su sufrimiento.
El equipo de salud mental del Ayuntamiento la venía observando también y se decidió ingresarla en un centro de salud. Y allí está desde entonces. Pensaron que era lo mejor para ella. Nosotros, en este caso, también. No la hemos vuelto a ver.

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Raul

Raul ingresó en la Llar Pere Barnés. Es una residencia de 30 plazas que Arrels abrió el año pasado en Noviembre. Cada residente tiene su propia habitación individual para dormir. En la Residencia también comen y cenan y tienen espacios para estar. Se trabaja la autonomía en lo que se puede y hasta dónde se puede. Algunos, desde allí han pasado a pisos compartidos. Estamos orgullosos y contentos de poder ofrecer este recurso en donde la dignidad de la persona es muy cuidada.
La transformación en Raul, ya lo conté, ha sido abismal. La relación es mucho más fluida y en la Llar se ha comprometido en hacer pequeños servicios. También por la mañana va al centro ocupacional. Se siente útil.
Pero no siempre las cosas son maravillosas. Me consta que hace poco armó follón y parece ser que perdió los papeles. Y es que Raul no ha dejado del todo la bebida y a veces se sigue pasando con él y con los demás. Lo que no nos debería sorprender. Las personas no cambiamos de la noche a la mañana y menos personas que, como Raul, han vivido tanto tiempo en la calle, que tienen sus vidas machacadas, su cuerpo lleno de alcohol y de enfermedades, algunas incurables, y que, todo unido, le hacen complicado encontrar razones para vivir.
Es por esto que no puedo sino admirar la paciencia y el buen hacer de las personas -voluntarios y profesionales- de Arrels o del Ayuntamiento o de cualquier otra organización, que día tras día, hora tras hora, tratan con ellos y que no paran de recibir «bocadillos a sus espaldas» , sin que en realidad sean culpables de los desatinos de estas vidas rotas. Y a pesar de todo seguirles mirando a la cara, sin rencores, con cariño, volviendo a empezar…, hasta setenta veces siete…, sin esperar nada a cambio… Es difícil su trabajo y por eso desde aquí mi pequeño homenaje y mi gran agradecimiento en nombre de los que no saben hacerlo.

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Gerardo

Después de las vacaciones, Gerardo regresó a la plaza. No se vio con ánimo para dormir en pensión.
Desde entonces ha estado entrando y saliendo, de la calle a la pensión y de la pensión a la calle. Él marca qué es lo que toca: «Ahora toca calle» Y cuando toca calle la arma. Tiene mala bebida. Pero cuando toca pensión se transforma en una persona entrañable, llena de matices; pero no reconoce su mal beber y eso, cuando está en la plaza, le acarrea problemas con los vecinos y con la guardia urbana.
A día de hoy está en la Llar, en una habitación que hay de dos literas para situaciones temporales.

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Jordi

Continúa en su banco.
Nos contaba el otro día que hay una señora, Testigo de Jehová, que le trae todos los días comida y le da conversación durante un rato. Lo agradece.
Una mala noche le robaron la bolsa -la miseria que rapiña la miseria- en donde llevaba todo lo que poseía: un jersey, un pantalón, una muda y el DNI. Las gafas que lleva ya hace tiempo que las consiguió desechables en una óptica con los cristales de ‘culo de vaso’ lo más cercano a su graduación; en una caida se le rompió una patilla y la lleva sujeta con celo. También se quedó sin PIRMI (Programa de Renta Mínima de Inserción) y ahora está totalmente a expensas de lo que le den. De la operación de la cadera…, se le pasó el día… y por eso tiene una muleta que la arrastrará de por vida.
Reconoce que le han querido ayudar desde los Servicios de Inserción Social del Ayuntamiento, que ha utilizado alguno de sus recursos, pero él no ha correspondido como «se merecían las personas que me han atendido. Y así me van las cosas».
De todas maneras de un tiempo a esta parte nos ha comentado que está cansado y ya van varias semanas que nos asegura que pasará por Riereta esa misma tarde para ducharse y empezar a arreglar su situación; pero luego no viene.
Seguiremos esperando. Por nuestra parte, Puri y yo, no insistimos y cada martes hablamos de lo que nos viene en gana. Él sabe que puede dar el paso y que nosotros estaremos ahí, ya es suficiente. Lo dará cuando él decida, no cuando nosotros lo queramos. Pensamos que si le recordamos que no ha venido, es como recriminar sus debilidades, es como echarle en cara que no cumple con aquello con lo que se compromete. Y ahora, creemos, que lo que toca es reafirmar sus seguridades y no meter el dedo en la llaga. Nosotros no somos nadie para recriminarle nada.

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Gil

¡Le hemos visto!. Hace 4 martes le vimos sentado en un banco.
Nos reconoció. A Puri y a mí nos dio mucha alegría verle y que él se acordase de nosotros.
Estaba más charlatán que nunca. Nos contó que ya por fin había tramitado la pensión de jubilación, unos 700€, «no está mal», le dijimos, pero él no estaba muy conforme, pues los gastos son muchos.
Vive realquilado en una habitación, por la que paga cerca de 300€, luego tiene que comer y que vestirse y que si el tabaco y que si… Pero, bueno, en general le vimos mejor que en otras ocasiones y sobre todo mucho más extrovertido.
Desde aquel día no le hemos vuelto a ver.

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Juan José

Estuvo ilocalizado unas semanas, pero luego le venimos viendo todos los martes y también casi todos los martes por la tarde se pasa por Riereta para ducharse y cambiarse de ropa.
No; a pensión no ha vuelto. En Julio insinuó para cuando hiciese frío; pero han pasado fríos y lluvias y él sigue en su ‘casa descapotable’. «Y cuando viene la lluvia tengo un plástico grande que me cubre».
Hoy nos contaba que vino la guardia urbana a ‘su casa’ para ‘desahuciarle’. Parece ser, por lo que hemos entendido, que  quieren construir en el solar que utiliza para dormir y le debieron decir que de allí se debería de ir.
Seguimos nuestra relación y él nos la sigue aceptando.

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Martes, 8 de Julio de 2008

«La señora de los ojos claros»

Hoy no quería pronunciar palabra y nos ha hablado gesticulando con la boca y moviendo sin parar las manos.
Al acercarnos, nos ha conocido, las caras, el saber los nombres ya es otra cosa que requiere más tiempo.
Su lata de cerveza en la mano, como siempre.
Esta vez sin abrigo. Sólo una camiseta de tirantes. Es verano y hoy ella también tenía calor.
Y al despedirse un beso en la mejilla de Puri. A mí no. Le es más cercana Puri…, parece…

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Raul

Raul vino de vacaciones a la Ruca.
Estuvo contento. Disfrutó.
Ya tiene sus colegas. Otros colegas diferentes a los que tenía cuando estaba en el banco de la plaza.
Está enfermo, pero ahora, al menos, se le controla la medicación y los médicos.
Lo que a veces sigue sin controlar es el vino… Y no le hace nada de bien para todo lo que tiene.

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Gerardo

El último día que le vimos antes de vacaciones estaba en la Plaza. Muy bebido, como casi siempre que está en la Plaza.
De todos modos le propusimos de venir con nosotros de vacaciones a la Ruca.
El año pasado ya estuvo de vacaciones y siempre nos habla muy bien de ellas.
Pero nos fuimos y él no vino.
La sorpresa fue que el jueves se presentó. Subió con Josep Mª, el educador. Nos alegramos y él realmente disfrutó.
Aunque un día nos dió un buen susto: sufrió un ataque epiléptico. Nadie de nosotros sabíamos que padeciese de esta enfermedad y él tampoco.
Por fortuna se quedó sólo en susto y gracias también a la pronta intervención de Mariona y Anna, enfermera y médica que formaban parte del equipo de voluntarios.
Al final ¡qué gozada verlo disfrutar y participar!.
En la última noche nos hizo una representación de «Cantando bajo la lluvia» emulando a Gene Kelly. ¡Una pasada!

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Jordi

Jordi un buen día volvió a aperecer en su banco.
De la operación… ni nombrarla. Todo un misterio.
Sigue ahí, sin pedir nada, durmiendo en su períodico que no pasa de página.
A veces sólo pasamos a su lado, sin decirle nada, por no molestar sus sueños…

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Martes, 10 de Junio de 2008

Paco

Paco sigue en la residencia. Nuestros compañeros de Arrels que están en el equipo de residencias, van yendo a verle periódicamente. Ellos nos dicen que está bien y que sigue hablando por los «codos».

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Gerardo

Gerardo ha seguido yendo y viniendo de la Plaza a la Llar. Ahora toca Plaza. No sabemos hasta cuándo.
Nos lo dijo un día mientras estaba sin beber: «Tengo 53 años ¿y qué hago aquí, sin hacer nada?» 
Y ves que sin beber también se siente mal, porque piensa en todo aquello que le ha roto por dentro y no es capaz de salir… Y vuelve a la Plaza a beber, a olvidar y a malvivir.
Mientras Gerardo no sea capaz de encontrar «razones», siempre volverá a la Plaza.
Y nosotros volveremos a por él.

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Martes, 3 de Junio de 2008

«La señora de los ojos claros»

  • Incorporo a «Historias de la Calle» a una señora a la que llamaremos «La señora de lo ojos claros»
    Hoy hemos hablado por primera vez con ella.
    Hace unos días nos avisaron de que por aquellos alrededores vivía y dormía una señora que, aunque en realidad no molestaba, iba muy sucia, siempre estaba bebida y hablaba sola y con todo el mundo, pero nadie se la escucha de verdad.
    Hoy estaba sentada en un banco. Llevaba un abrigo, aunque los demás vestimos ya con camisa corta de verano. Se notaba que hacía tiempo que no se duchaba ni se cambiaba de ropa.
    Puri se ha sentado a su lado y nos hemos presentado: «Alguien nos ha hablado de tí y queríamos conocerte». No ha hecho falta nada más y se ha puesto a hablar sin parar. De todo lo que decía lo que más se le entendía era el euro que nos pedía para más cerveza. Pronto acabaría las dos latas que tenía en ambas manos y no habría más remedio que sustituirlas.
    «La señora de los ojos claros» no está bien o está muy bebida, pero simpre ríe, quiere olvidar lo feo de la vida. Y tiene una obsesión: los ojos y que éstos sean claros.
    Después de un rato, nos despedimos. Le recordamos nuestros nombres y nos fuimos: «Hasta otro día».
    Será difícil la relación, pero habrá que «estar» con ella.
    «La señora de los ojos claros» es de aquellas personas por las que Arrels apuesta y sólo por ella merece que nosotros estemos ahí, en la calle, para estar y esperar, confiando, ¡cómo no!, en su capacidad de transformar.
    A mí, al menos, ya me ha empezado a cambiar por dentro. 

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Raul

  • Tenía ganas de hablar ya de Raul.
    Antes de nada la buena noticia: Raul accedió a irse del banco y está en pensión.
    Después de lo último escrito, un día, en la plaza, estando hablando con él, se desplomó y cayó al suelo. Raul, entre otras cosas sufre de epilepsia. Menos mal que estábamos a su lado y yo me dí cuenta de que algo no iba bien y pude aguantarle mientras se desplomaba.
    Llamamos al 061 y la verdad es que la respuesta fue muy rápida y se lo llevaron al clínico. Luego, por la tarde, ya de noche, le dieron el alta; pero Miquel ya había movido palillos desde Arrels y los servicios sociales del Ayuntamiento le tenían reservada una plaza en el albergue de la Zona Franca. Al menos que no pasara la noche en la calle y, si quería, podía seguir allí.
    Pero Raul no quiso. Es a lo que ya nos tenía acostumbrados. A la mañana siguiente se volvió a su banco. Esto era en Enero.
    A mediados de Febrero la cosa comenzó a cambiar.
    Un día le reservamos habitación en una pensión. Dudábamos en si iría, pero esta vez fue.
    Desde entonces, y ya estamos en Junio, duerme bajo techo y come dignamente.
    Al principio le seguíamos viendo por su banco y le costaba acercarse a Riereta, pero poco a poco ha ido cambiando y se ha integrado en los juegos del Centre Obert, se ha visitado por los médicos y se está controlando. Siempre más o menos. Sigue pidiendo hasta la saciedad, pero contra el defecto de pedir, muchas veces está la virtud de no dar. Pero lo cierto es que se ha producido un cambio de actitud que todos valoramos.
    Anna, su trabajadora social de Arrels, un día nos contará sus sensaciones. Hace poco me contaba que estaba encantada de este proceso.
    Son las miradas dulces de este trabajo, después de tantos agobios y de no tener respuestas.

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Martes, 20 de Mayo de 2008

Los tenía olvidados. Los martes. El último del que escribí fue en Enero. Desde entonces han pasado algunas cosas. Unas buenas y otras no tanto. Aunque esto de lo bueno y de lo malo en este tema de la gente que está en «situación de calle» (me gustó este modo de referirse a estas personas, que trajo Horacio, de la ONG argentina Proyectosiete) es, si más no, relativo.

Una de las cosas que más me han impactado, ha sido el descubrimiento del Puente de Calatrava y de qué manera se organizaban y convivían sus inquilinos. Allí he podido contactar con más crudeza cómo entre ellos mismos hacían también sus propios grupos clasistas: No se mezclan los «pastilleros» con los que no lo son y allí no se permite la entrada (es curioso, con los miedos que yo tenía al entrar) a «los drogatas que se pinchan».
Pero ya todo va a ser pasado. El próximo martes procuraré enterarme de cómo fue el desalojo. Ahora a toda esa gente que ya teníamos localizada y en seguimiento, tendremos que volverlas a buscar…

¿Cómo están las personas de las que voy escribiendo en Historias de la calle? Intentaré hacer un resumen de lo que ha pasado para cada una de ellas.

 

Juan José

  • En diciembre escribí largo y tendido; «Todo el tiempo del mundo o la historia de un proceso», pero la historia continúa.
    A mediados de Enero dejó la pensión, mejor dicho, se iba y venía: «Es que a la pensión no se puede ir si se está borracho…», decía alguna vez con dignidad.
    En febrero un día se presentó con la nariz hecha un cristo. Le habían pegado y se le habían llevado la cartilla de ahorro. Le acompañamos a la sucursal para bloquearla y a la semana siguiente se fue él solo y le hicieron otra nueva.
    Un día nos habló de su madre (pocas veces lo hace) y la recuerda como que siempre había en la casa algún hijo nuevo a quien cuidar.
    A veces se desboca hablando y Puri y yo nos embobamos con tanta charla y tanta «sabiesa» hecha en la calle. Nos contaba: «Resulta que yo pido por la calle, que es mi casa, y la policía se me lleva; pero los curas piden en las iglesias y no pasa nada: están en su casa…»
    ¡Pero, ah, sorpresa! A primeros de Marzo fue él el que quiso entrar en pensión, «pero pagando» y se puso en contacto con Ester, la trabajadora social de Arrels, y se pusieron de acuerdo en la cantidad a pagar.
    (En Arrels se intenta el copago en función de los ingresos que perciba).
    Así estuvo un mes, luego se volvió a la calle y, lo que es peor, no le hemos vuelto a ver y por Riereta no ha ido. Sabemos que está bien, pero los martes no aparece en su banco…
    Puri y yo le echamos de menos.
    A lo dicho ¿en dónde comienza y en dónde termina el éxito o el fracaso de nuestro trabajo?.

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Es tarde. Me voy a dormir. Mañana seguiré con otro martes.

Martes, 22 de Enero de 2008

¿Verdad que el otro día dije que el éxito no estaba en la plaza vacía? ¿Verdad que lo dije?.
¡Qué respiro!. Así ahora no me tengo que desmentir!
Puri y yo volvimos a la plaza este martes. Sabíamos que Gerardo había dejado otra vez la pensión y había vuelto a la plaza «a solucionar sus cosas…» Queríamos verlo, charlar un rato con él y, de paso, saber si necesitaba algo.

Pero el «frustre» fue, cuando allí, en medio de la plaza, sentado en su banco de siempre, nos encontramos con Raul.
¡Sí, sí! El Raul al que se le gestionó un billete para irse a su país, como era su deseo.
¡Pues apenas ha durado mes y medio la alegría! ¡Vuelve a estar en España!
Estuvo con su padre y sus hermanos…
No puedo (no quiero) explicar lo que sentí en el primer momento de verle: ¡Fue muy fuerte! ¡Qué rabia! ¿Qué quiere hacer este hombre con su vida?…
Luego me fui calmando -¡qué remedio!- y con toda nuestra mejor voluntad nos acercamos a él y nos interesamos por él. Ninguna recriminación, aunque no lo entendiésemos y nos recomiese por dentro. De algo nos tiene que servir la teoría, aquello en lo que creemos profundamente: «Yo no soy salvador de nadie. Me limito a acompañar» y Raul también es dueño de sus actos a pesar de todo.
Luego nos contó:
Había pasado mes y medio en el hospital (prácticamente todo el tiempo desde que se fue). Los servicios de urgencia se lo habían encontrado en el suelo con un golpe en la cabeza (Raul, entre otras muy graves enfermedades, sufre de epilepsia desde los 15 años).
Cuando salió de allí, la trabajadora social que le atendió le aconsejó que volviera a España:
«Allí es donde tienes acreditado once años de cotización a la Seguridad Social y con las enfermedades que tú tienes, allí podrás conseguir alguna paga». Dice que le dijo.
Su padre le pagó el billete de vuelta. Y aquí está otra vez. Sentado en su banco y durmiendo en cualquier cajero que encuentra vacío. Lleva más de una semana y allí está, sentado, sin mover un dedo. De la estación de autobuses a la plaza… No ha visto ni a su hijo, ni se ha acercado a los servicios sociales del ayuntamiento. Ni siquiera a nosotros nos había dicho nada ¿por vergüenza?, no lo creo. Está ahí como siempre. Más gordo o más hinchado por la medicación que toma…
«Bueno, Raul, pásate esta tarde por Riereta para ducharte, si quieres». Aún le estamos esperando.
Me cuesta, nos cuesta. Es difícil encontrar signos positivos y esperanzadores. ¿Dónde estarán?.
No sé cómo acompañarle. Por un lado Raul puede parecer que sea un cara dura que quiere aprovecharse de la situación (¡qué pena de situación!). Pero no, no es capaz ni de eso. Aunque a veces resulte pedigüeño a pequeñas escalas (café, unas monedas…) que nosotros por definición, en nuestra forma de hacer calle, rechazamos. Es su pasividad y su inconformismo: Lo quiere todo, pero no lo busca y, cuando lo tiene, no lo sabe disfrutar.
Pero por otro lado lo ves indefenso, débil. Entre otras debilidades, está medicándose para cuatro enfermedades graves.
No sé. Me cuesta saber cómo ayudar a Raul sin paternalismos zafios.
Me subleva su actitud, pero me duele no verlo «bien».
¿Ves Gerardo?. El toma sus decisiones. Y cuando toca calle, toca calle. Pero «yo ya sé que vosotros estáis», nos dice. Y quieras que no, cada vez «estamos» más tiempo. Es su proceso, paso a paso.
Pero en Raul, no.
Seguiremos esperando, seguiremos confiando… ¿En qué?…

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