ANTONIO, DESCANSA EN PAZ

P.D.:
El 25 de Septiembre escribía sobre Antonio: «Volver a Empezar» . Aún Arrels no disponía de la Llar Pere Barnés. Ahora con más razón que nunca me llena de alegría el que la Llar haya funcionado para Antonio.

Hace tres días que murió Antonio.
Hoy era su entierro y allí hemos estado algunos pocos de los que le hemos querido y, muchas veces, aguantado.
Antonio era una de esas personas difíciles que te encuentras en la vida (tengan o no tengan techo bajo el que dormir): Estaba enfadado con el mundo y él nunca pretendió ocultarlo.
Antes de la risa, era el gruñido.
El saludo no entraba en sus normas de urbanidad -si es que alguna vez tuvo alguna-.
Y entre sus facultades destacaba la de «siempre pedir»: Hoy una gorra, mañana un sombrero, el pañuelo, la manta, la colonia, la bufanda, los guantes, el peine, los zapatos, la chaqueta, el chándal, el chaquetón y otra gorra y otro sombrero y la manta que olvidó y los zapatos que le robaron y el tabaco…
Antonio era grande, y, cuando entraba en Riereta, se hacía notar casi siempre por sus gritos; pero no eran necesarios, su sola presencia bastaba para tropezarte con él.
Se notaba que estaba y, expectante, esperabas: ¿Estará de buenas hoy?
Pero cuando faltaba, le echabas de menos.
Era como un chicarrón, gruñón, que se hacía el valiente. Pero detrás no había nada: soledad. Sólo soledad.
Y le dejabas que se hiciese el fuerte. Hasta que se pasaba y, entonces, te enfadabas y vuelta a empezar…
Porque siempre volvía.
Es una de esas cosas buenas que tiene Arrels: Sus puertas siempre quedan abiertas y «los Antonios» vuelven a entrar: «Aquí estoy». «¿Qué tal?, ¿Cómo estás?». «Como decíamos ayer…»

Y Antonio murió en la Llar.
Para muchos de nosotros, un triunfo.
Porque la Llar Pere Barnés la queríamos para Antonio, para todos aquellos «Antonios» que nadie quiere.
Y Antonio allí ha tenido su espacio, su trozo de vida, de su última vida, en su hogar, con dignidad.
Y esto nos hace grandes, porque hemos abierto lo mejor para el más olvidado.
Y esto hace grandes a las personas que en la Llar estuvieron con él hasta el último momento.

Por todo esto, esta mañana, en el cementerio, no se me ha hecho extraño el rezar.
Rezar en aquel templo sagrado, que era el asfalto, entre tanta gente ya olvidada, bajo el cielo azul.
Y en ese templo -el cielo, el asfalto, la gente olvidada- que acompañó a Antonio durante tanto tiempo de su vida, hemos juntado nuestras voces invocando a nuestro Dios cristiano y hemos acompañado con nuestro silencio más sentido unos versículos del Corán que la cuñada de Antonio ha cantado con voz entrecortada…
¡Con qué sentimiento, con qué emoción nos ha trasmitido su fe y su corazón aquella mujer…!
Dos modos de rezar a un solo Dios que vela ya por Antonio allá donde sea que esté, pero que está.
¿Será posible que digan que son las religiones las que nos separan a las personas?
Al final compruebas que es en la sencillez de los sin-nadie en donde Dios se hace visible en los corazones de los hombres y mujeres.
Sin apropiaciones, ni etiquetas. Sólo un Dios que nos quiere a todos por igual.

Antonio, descansa en paz. Amén.

Enrique

 

LA PENSION CALATRAVA

“¿Y qué van a hacer con nosotros…?
Como no sea que nos tiren al mar…”

  Aquí, en el centro, estaba la TV comunitaria, al fondo a la izquierda habían varios sofás y una mesa y, al otro lado, justo allí, eran los dormitorios. Cada cual tenía su colchón que lo compartía con su pareja, quien la tuviere. Teníamos también ducha, con cortina y agua caliente -el sol nos hacía las veces de radiador-.

En el medio estaba el fuego para calentarnos y, por las noches, a eso de las seis, nos daban la luz. Hasta nevera llegamos a tener aprovechando las cajas de empalmes.

En este sitio llegamos a vivir más de quince personas; pero nadie se metía con nadie y cada uno hacía su vida. Era… la “Pensión Calatrava”.

 

Quien así nos hablaba era el Jose. Hoy le hemos visto por primera vez. Estaba de paso. Tal vez quería recordar recuerdos. Pero hoy no había nadie más en la “pensión” y el Jose aprovechó para enseñárnosla, como cuando uno hace con el invitado que visita por primera vez nuestra casa.

Nosotros habíamos estado otras veces, pero no la conocíamos tan a fondo. El Jose se comportó con nosotros como un auténtico anfitrión.

 

         Os estoy hablando de cinco años para atrás -nos seguía explicando el Jose-.

Junto con el Sevilla y el Manuel, fuimos los primeros en establecernos aquí.

Luego fueron viniendo otros; pero, de los de entonces, sólo queda “el Sevilla”. Los demás ya no estamos, ahora quedan otros…

 

Pero hoy no hay nadie. La semana pasada los servicios de limpieza del Ayuntamiento, custodiados por dos dotaciones de la Policía Urbana, habían hecho su trabajo y todo el espacio que ocupaba “la pensión”, bajo el Puente Calatrava, había quedado limpio de sofás, de camas, de duchas, de cortinas, de neveras…, de basura…

Los servicios de limpieza del Ayuntamiento habían dejado a la “Pensión Calatrava” limpia y lista para una nueva incursión… que no tardaría mucho en producirse.

 

         Lo malo, decía el Jose, era el viento. Pero entonces te colocabas estratégicamente aquí, al lado de esta columna  -una de las que soporta el puente- y ahí estabas como Dios…

 

A la semana siguiente volvimos Puri y yo.

“La Pensión Calatrava” volvía a recobrar la vida, volvía a estar habitada…

Allí, al fondo, los sofás, el fuego en el centro y, entre columnas, los dormitorios… por aquello de lo del viento…

Y recordé lo que otro hombre de la calle, en una entrevista, le decía a la periodista:

 

 

“¿Y QUÉ VAN A HACER CON NOSOTROS…?

COMO NO SEA QUE NOS TIREN AL MAR…”

 

 

RECUENTO EN BARCELONA

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 Esta fue la zona de recuento de mi equipo 

No sé si os habíais enterado, pero anoche más de 700 voluntarios peinábamos las calles de Barcelona para detectar a las personas que esa noche iban a dormir en la calle. Barcelona se dividió en más de 100 zonas y cada una de ellas la recorría un equipo de voluntarios. En el mío estaban: Mari Carmen, mi esposa; Alex; Marisol; Casimir y Mª Dolors. Todos se habían apuntado a esta movida como voluntarios sin ninguna experiencia en este campo, movidos sólo por el interés y por una cierta sensibilización especial hacia este campo de la exclusión. También la organización había decidido que viniesen con nosotros Pedro Cabrera y María José, los sociólogos de la Universidad Pontificia de Comillas que coordinan este estudio. En el último momento se añadió también al grupo Ramón Noró, de Arrels. Así, pues, formamos un nutrido equipo que luego se demostró muy bien avenido. Comenzábamos a las 10:30 de la noche en el Líceo (no vimos salir a nadie de este lugar que sospechásemos deberíamos contabilizar) y terminábamos a las 2: 30 de la mañana.

Independientemente de los números que salgan, quisiera destacar:recuento081.jpg

1.- La gozada que significa vernos tantas personas juntas en un proyecto de acercamiento al que nada tiene.

Esta noche las personas que han dormido en las calles de Barcelona no han pasado desapercibidas. Por una noche han podido no sentirse tan «nadies». Porque esta noche más de 700 personas les han mirado con otros ojos, con ojos de respeto, de afecto, incluso de admiración…

2.- Han habido zonas en donde no se han detectado ninguna persona durmiendo al raso.

Se sabía y se había dicho en las reuniones preparatorias. Ellos se buscan sus sitios y se buscan sus seguridades, porque todos te dicen que la calle les mata y les roban y les pegan y las violan… No sé cómo se lo harán los sociólogos para sacar conclusiones, pero estoy seguro que en la calle duermen muchos más de los que ayer contamos. Y eso que nuestro equipo fue uno de los que más personas encontramos (23) y más entrevistas hicimos (unas 16)

3.- La ilusión y el buen hacer de las personas que formábamos el equipo.

Parecía mentira que no tuvieran experiencia, la adquirieron de inmediato. Y es que queda demostrado que cuando a la gente la tratas con respeto, la respuesta rara vez es de violencia. Y lo comprobamos con el primero al que entrevistamos. En un primer momento, muy educadamente, se excusó: tenía otras cosas que hacer aunque eran ya las 11 de la noche; pero no pasaron dos minutos que volvió y aceptó a ser entrevistado: «Ya que me lo ha pedido tan amablemente…» Ese respeto hacia el entrevistado fue la tónica permanente de todo el equipo.

4.- La propia experiencia que se llevó la gente de sensibilidad y de sorpresa.

Para muchos estas personas han dejado de ser unos seres extraños que viven así porque ellos quieren. Seguirán, como yo, sin acabar de entenderlo, pero estoy convencido de que a partir de ahora los aceptarán y los sentirán más cerca y los sabrán mirar con otra mirada.

5.- No puedo pasar por alto la importancia y el trabajo que ha significado el preparar esta movida y congratularme con el poder de convocatoria que han tenido las organizaciones convocantes:

Arrels, con Miquel Julià; el Ayuntamiento, con Albert, responsable del SIS y Paula, representante de un Sol Món, que han sabido engrescar al resto de la Red Social de Atención a las Personas en Situación de sin Hogar de Barcelona: Parròquia Sant Miquel del Port, Associació PRISBA, Arrels Fundació, Associació Rauxa, Congregación Siervas de la Pasión, Residencias Madre Teresa i Llar Santa Isabel, Associació Centre Acollida ASSIS, Associació Social Yaya Luisa, Alberg de Sant Joan de Deu, Obra Social Santa Lluïsa de Marillac, Centre de Convalecencia Companyia Filles de la Caritat de Sant Vicenç de Paül, Fundació Quatre Vents, Llar de Pau, Cáritas Diocesana de Barcelona, LLIGAM, L’HEURA, Creu Roja, Fundació Maria Raventós.

6.- Ojalá que este trabajo de conjunto sea provechoso para que la Red Social sea un hecho en nuestro país. Que a partir de ahora se trabaje en la coordinación y en las sinergias de los recursos por el bien de aquellos a los que en esta noche hemos visitado.

DESDE NUESTRA ATALAYA

Desde nuestra Atalaya.jpg

Ignacio es una persona mayor que, como tantos otros jubilados, cobra la PNC, aun y a pesar de haber trabajado toda su vida.
Según nos contó un día, sobrevive en un piso de alquiler gracias al precario sueldo del precario trabajo que tiene su hijo que vive con él.
No es, por tanto, una persona que en el sentido literal de la palabra, esté sin techo. Es, más bien, una más de tanta gente que nos vamos encontrando en nuestro trabajo de calle, que viven en el umbral de la pobreza (lo que ahora en Catalunya se llama Indicador de Renta de Suficiencia (IRSC) y definido por la Unión Europea como el 60% de la renta media del país: 7.470€ anuales en Catalunya y 6.860€ en el conjunto del Estado) y que su principal problema, después del de poder sobrevivir, es la soledad.
El caso es que Puri y yo, siempre que le vemos, nos paramos y nos echamos unas palabras con él. Pensamos que él lo agradece y nosotros nos sentimos bien.

El martes pasado le vimos sentado en un banco del parque. Estaba nervioso:

 

           Desde el viernes -nos decía- no tomo la medicación para la tensión y hoy ya siento que me mareo. Me quedé sin pastillas. Ayer fui al médico y me hizo la receta. Ahora estoy esperando a que llegue. En la farmacia me han dicho que en media hora me pase, que ya la tendrán. Y aquí estoy, esperando a que pase la media hora; pero noto que me mareo…, que se me va la cabeza… 

¡¿Cómo podía ser?! ¿Con lo fácil que nos es, cuando nos falta un medicamento, comprarlo en la farmacia, para que, luego, una vez tenemos la receta, canjearla por el importe que adelantamos? ¡”Todos” lo hemos hecho alguna vez! Es sumamente sencillo y práctico y las farmacias no suelen rechazar este intercambio.

Así es que, con la naturalidad del que lo tiene todo resuelto, le dimos lo que para nosotros hubiese sido la solución al problema:

 

  –            ¿Por qué no propusiste el canje en la farmacia el mismo sábado?

Manuel nos miró entre sorprendido, escandalizado y un tanto avergonzado:

 

  –      No tenía “los dineros”…

¡¡¡Plooooff…!!!

 

Ciertamente, en ocasiones, estaríamos más “guapos” calladitos y con la boquita cerrada…

 

A veces nos pasa… Desde nuestra Atalaya benestant (“de clase bien” en castellano), con todas nuestras seguridades cubiertas, ofrecemos remedios que resulta que no sirven a según quiénes, debido a “pequeños matices” que a nosotros nos parecen inverosímiles.

¡Total por 20€…! ¡¿Quién no dispone hoy en día de 20€ para una medicina que, además, luego, se los van a devolver…?!

Pues resulta que Ignacio, -y tantos otros, ¡y otras!, que por ahí deambulan por esos mundos de Dios- no los tiene.

A veces nuestra Atalaya está muy arriba y nos cuesta ver lo que hay allí, muy abajo. Y encima, además, muchas veces somos miopes o, lo que es peor, de vista cansada.

 

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

Mi posible TataruabueloMedio en broma, medio en serio

Os presento a mi posible tatarabuelo.
Dice la historia que nuestros antepasados tenían por buena costumbre el lavarse poco, pues –decían- la suciedad protegía el cuerpo de posibles enfermedades.

Muchas veces nuestra sociedad marca diferencias en función de las apariencias. Los unos nos sentimos más que los otros simplemente porque los unos guardamos unas mínimas normas de higiene y de salud y los otros no. A consecuencia de lo cual están sucios y huelen peor.

Y resulta que si echamos la mirada unos años hacia atrás y pensamos en personas -ahora gloriosas- de la época de mi tatarabuelo, ellas no se diferenciarían mucho en aspecto y en olor de cualquiera de esas otras personas tiradas hoy en cualquier rincón de nuestra ciudad.
Otra cosa es que el olor o el aspecto nos molesten. A mí, en concreto el olor, es a una de esas cosas a las que, aún ahora, no he podido acostumbrarme.
Pero de ahí a hacer una diferencia de valores amparándonos en lo que en definitiva son costumbres sociales y de higiene (también de salud), hay un trecho que no nos debemos permitir.
En definitiva, que, igual que el hábito no hace al monje, ni el olor ni la suciedad hacen a la persona. Así que quienes piensan que estas personas que están en situación de sin techo son menos personas, por el hecho de no lavarse, que se inventen otra excusa, que ésta no cuela: Es pura discriminación.
Y si no, que busquen una foto de su tatarabuelo y verán que no hay mucha diferencia con el mío. Y seguro que se trataba de un gran hombre… O no…

DIT I FET (Dicho y Hecho) ESTA EN PELIGRO

Si te interesa saber cómo se encuentra la situación a fecha 30 de Junio de 2008 ver https://enriquerichard.es/2008/06/30/dit-i-fet-siguen/

TITULAR:
DIT I FET ESTÁ EN PELIGRO
o bien
¡¿A QUÉ DIANTRE SE REFERIRÁN ALGUNAS ORGANIZACIONES Y JERARQUÍAS DE LA IGLESIA CATÓLICA CUANDO HABLAN DE LA «OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES «?!

Es lo que digo: En las homilías nos hablan de pedir por los pobres. Si lo dicen será porque allí dentro no están. ¡Y es que no están!. ¡Y para una vez que están dentro quieren cambiarles de sitio y acondicionarles su espacio!…
He traducido el manifiesto que varias entidades han firmado en contra de un desalojo que muchos consideramos abusivo. El texto original en catalán lo encontraréis en la web de Iglesia Plural http://www.esglesiaplural.cat/modules.php?name=News&file=article&sid=658

Dit i Fet es una asociación situada en el Distrito de Ciutat Vella de Barcelona que modestamente intenta dar respuesta a una de tantas formas de exclusión y marginación que hay en el barrio, la de los hombres solos que viven en la calle. Ahora viven 17 personas mayores de 65 años, que habían estado enfermos de las enfermedades sociales propias de la vida en la calle. Empezó hace más de veinte años y en este tiempo han vivido y han formado parte más de 140 personas. Está situado en el primer piso de una casa antigua, como tantas otras casas de la zona del Gótico Bajo. Hace tiempo fue donado por los propietarios a la iglesia de St.Just y Pastor. Es una de las pocas entidades sociales de atención directa que hay en este barrio Gótico, comercial y con presencia de los estamentos sociales, culturales y políticos de Barcelona.
Pero no es un “centro” tal y como se entiende habitualmente desde los Servicios Sociales, ni es tampoco una entidad asistencial. La originalidad de Dit i Fet es que los que viven forman una peculiar comunidad de pobres, de autoayuda y autoasistencia. Uno se encarga de la compra, otro de hacer la comida, otro de las cuentas, otro acompaña a sus compañeros al médico, etc. Todos hacen la limpieza. Se autoorganizan. No hay ayudas públicas. Es un grupo de gente muy pobre del barrio que comparten con mucha sencillez la vida, el afecto, la complementariedad, el servicio, la amistad y la oración entre ellos y con un grupo de voluntarios. La comunidad de religiosas de Lestonnac de Ciutat Vella, las Germanetes y Germanets de Sant Domènec de la parroquia de S. Jaume de la calle Ferran y otras comunidades de religiosos, entidades y amigos y amigas se reúnen para hacer oración y la eucaristía una vez a la semana, dan apoyo y ayudan, están muy presentes. Viven pobremente pero con dignidad, la mayoría cobran la pensión no contributiva. Tienen como trabajo común el ropero. Reciben ropa, la arreglan con ayuda de voluntarios y la dan gratuitamente a otros pobres de la calle. La media de visitas mensuales es de 500. Otra de las características de esta comunidad de pobres es el comedor, siempre abierto y sin preguntar a nadie quién es ni de dónde viene. A veces son más de cuarenta.
El alma de este pequeño milagro es el P.Paco, de 74 años, miembro de la comunidad de S. Felip Neri. Y el alma del P.Paco es el Evangelio entendido como compartir la vida y los riesgos de ser pobre. Para el P.Paco, evangelio, pobreza y eucaristía o compartir el pan no se pueden separar. Cada jueves se dice la misa entre marginados.Siendo vicario de St Just i Pastor, el P.Paco abrió las puertas al marginado sense sostre, marcando desde el comienzo unas normas muy sencillas por los que pedían venir a dormir: voluntad de dejar el alcohol, vivir juntos y compartir los trabajos de la casa y los necesarios para ganarse la vida. De los 140, muchos se han quedado hasta morir, otros prefirieron volver a la calle, algunos de los de ahora están desde el comienzo. Costó al principio vencer las desconfianzas de los vecinos del mismo inmueble al ver entrar personas con dificultades sociales visibles. Sin embargo hay que decir que hoy la convivencia es excelente, que se han ganado mutuamente el respeto. Esto no es un elemento nada banal en la actual sociedad de agresividad social.
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Noviembre: DÍA DE LOS SIN TECHO

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Este año el lema del Día de los Sin Techo 2007 «Por una salud digna para todos» quiere denunciar las barreras que las Personas Sin Hogar (PSH) sufren en el acceso a la salud como pérdida de ciudadanía. La inexistencia de sistemas públicos adecuados de salud, la insuficiencia de los presupuestos y recursos asignados a la sanidad y las condiciones restrictivas en los servicios limitan el acceso normalizado a este derecho social a las personas sin hogar.
Ver más información en Red Nacional de Entidades que trabajan con personas sin hogar (blog enred.psh)

<!– Texto campaña 2005 Estar sin techo es una situación de grave carencia social, que se puede ver agravada hasta extremos de muerte «social» e incluso física.Las personas sin techo y sin hogar, son las más afectadas por las características que definen la exclusión:
• tienen muchas dificultades de acceso a los derechos sociales
• tienen casi perdido el mundo de las relaciones (familia, amigos)
• tienen profundas heridas en el sentido de la vida (desesperanza, frustración, desconfianza…)

Por ello, el tema central de esta Campaña gira en torno a la idea de las necesidades, no sólo materiales: de techo y alimentación; sino también las necesidades humanas: respeto, afecto, formación, seguridad, autonomía, … –>

 

Benjamín vuelve a estar en la calle

Benjamín ya está otra vez en la calle. Os ruego que leáis la noticia en el Blog de Miquel, todoeltiempodelmundo.

Estaba en una Residencia. Después de muchas esperas, Benjamín decidió entrar en una Residencia. Y Arrels se la gestionó de urgencia. Benjamín tiene más de 65 años. La Generalitat tiene obligación de dársela. Y se la dió. Pero Benjamín no es un viejito tierno, agradable, que se conforme con todo. Benjamín es ciego y, desde que le conocemos, lleva una pierna de palo. ¡Pues hasta esto se lo quitaron en la residencia…! Leer, leer la noticia!!. Claro, además, Benjamín tiene una leche de perros y no es fácil su convivencia…
Benjamín se ha ido. ¿Y ahora qué?. A través de las denuncias de Marisol y de Ana Mª y del Pere y del Miquel hemos seguido cómo era tratado o, mejor dicho, no tratado y hasta maltratado en esa Residencia. Y hemos sabido de las protestas que han lanzado a la dirección. Todos esperábamos ¿lo peor?: Benjamín no aguantaría y se iría de allí. Ya le había costado entrar: menos le costaría salir. Me imagino la tranquilidad con que se habrán quedado los trabajadores de aquella Residencia…
Pero ¿y ahora, qué?. «Arrels seguirá acompañando a Benjamín». ¡Claro!, es lo que solemos hacer y sin duda es lo primero: que Benjamín no se quede solo. ¿Pero confiará en nosotros que le metimos en aquel cuchitril…?
Pero Benjamín no es el único que se ha querido marchar de la residencia que se le había proporcionado. Hay más de los que han estado en seguimiento por Arrels que también han firmado su marcha voluntaria de la residencia que le había tocado en turno. ¿Por qué?. Y no eran como Benjamín. Éstos veían y tenían pierna y no tenían tan mala leche, pero también se fueron, ¿por qué?.
¿Y ahora qué? Ya está bien que acompañemos. Ya está bien proporcionar medios para su desarrollo autonómico y darles medios como son las residencias. Pero no es suficiente. No creo que el trabajo de Arrels deba de terminarse en dejarlos en una residencia como si con ello el proceso hacia el nivel de autonomía de la persona ya se hubiese cumplido y que su situación, de la forma que le traten una vez están dentro, no deba preocuparnos -de hecho nos ha preocupado y Marisol y Ana Mª y Pere y Miquel han actuado-. Pero no podemos conformarnos con esperar a que les echen o se vayan para volver a comenzar. ¡No!. ¡Hay que denunciar!. La denuncia de situaciones injustas está recogida como tercer punto en la Misión de Arrels. Y todos sabemos que hay Residencias que no cumplen con las mínimas condiciones de respeto a la persona. Y si estas personas son aquellas a las que nadie mira, peor.
¿Y ahora qué?. Hay que denunciar y la denuncia no debe ser únicamente la que en su día hicieron Marisol, Ana Mª y Pere a la dirección de esa Residencia o la que estamos haciendo ahora desde unos insignificantes blogs Miquel o yo y todos los voluntarios de Arrels que quieran solidarizarse. Creo que hay que denunciar la inadecuación de los servicios hacia las personas que se acogen. Nunca las residencias deberían ser aparca-viejos que ya sólo esperan resignadamente que les sobrevenga la muerte. Y cuanto menos ruido hagan mejor. Residencias repartidoras de somníferos y relajantes para tener quietecito al personal y que no protesten.
La Generalitat debería saber lo mal que funcionan algunas de las Residencias concertadas y debería actuar. Y tal vez Arrels tendría algo que decir y se haya que investigar y realizar algún informe que ayuden a «denunciar situaciones injustas y aportar propuestas que tiendan a paliar o erradicar las causas que generan pobreza y exclusión social» (punto 3 de la Misión de Arrels).