A los pocos días de salir los resultados del recuento que se hizo en Barcelona la noche del 12 de Marzo de 2008, los medios de comunicación se llenaron la boca diciendo que ¡hasta universitarios! podían caer en las garras de la exclusión.
Los bloggeros de Menéame se explayaron con comentarios más o menos jocosos y elevaron esta noticia a unos niveles de audiencia espectaculares.
Sin embargo la noticia real es que en esa noche, entre las personas que quisieron contestar, sólo un 8,8% declararon tener un título universitario y sólo un 10,7% habían tenido trabajos de “cuello blanco”.
Del resto, más de la mitad, tenían, como máximo, estudios primarios o inferiores y los trabajos eran manuales con alguna (15%) o ninguna (29%) cualificación.
Claro que esto es lo que ya todos podíamos deducir y, por tanto, deja de ser noticia.
No niego que todos, ¡todos!, estemos expuestos a la exclusión; pero, ¡cuidado!, no perdamos el norte, ni saquemos falsas conclusiones. La población más expuesta a la precariedad es la de siempre: Los pobres. Y cuanto más pobre se sea, más posibilidades se tiene de caer en la exclusión.
Lo dicen muy bien los autores del trabajo ¿Quién duerme en la calle?, coordinados por Pedro Cabrera: