PUERTAS QUE NO TIENEN TIMBRE

El primer encuentro, el primer saludo, es el paso que generalmente más nos cuesta dar a los que formamos el equipo de calle de Arrels.Lo hemos hablado en infinidad de ocasiones; pero no hemos encontrado soluciones tipo, porque tampoco hay situaciones tipo, ni personas tipo…

 

 Nos habían avisado que en el parque de la Guinegüeta duerme un hombre desde hace tiempo.
Puri y yo hemos hecho un hueco para acercarnos y ver si lo encontramos.
A la salida del parque hemos visto una persona que podría coincidir con la descripción que tenemos.
Nos paramos para preparar la estrategia de acercamiento.
Al fin y al cabo él está en su terreno y nosotros, unos desconocidos, pretendemos entrar en “su casa” y violentar su intimidad.
En la calle, estas “casas” no tienen tabiques ni tejados, pero hay espacios marcados que tienen dueño y que tú no tienes derecho a transgredir. 

Y así las cosas, no sabes ni qué hacer, ni qué decir…¿Cómo hacer para acercarte y que te pueda conocer sin crear violencia?… ¿sin que se sienta agredido?… 
Decidimos saludarle sin pararnos, con la naturalidad del que va por la calle repartiendo saludos a todo el que pasa por su lado. Y observaremos su reacción. (Ha habido veces que nos hemos pasado meses saludando sin recibir ningún tipo de respuesta… ¡o peor…!). 

         Adiós. Buenos días… 

Y hemos seguido nuestro paseo como si nada. 

         ¿Por qué me saludáis si yo no soy nadie? Oímos decir a nuestras espaldas con ninguna simpatía. 

Nos giramos. Hacemos un gesto de acercamiento, pero José, así nos han dicho que se llama, nos corta en seco el intento. 

         ¡Marchaos, marchaos!… Seguramente que yo soy mejor persona que vosotros. 

Nos alejamos, no sin antes volverle a desear un buen día. 

A Puri y a mí sus palabras nos hacen pensar…
En su respuesta hay rechazo y mucho de recriminación. Quizás es el resultado de experiencias de otros intentos de acercamiento, en donde ha primado más para el que llega lo que tiene para ofrecer, que el enterarse primero de lo que necesita el que recibe.
Vamos dispuestos a dar soluciones, sin apenas mirar el rostro del que tenemos delante.
Son soluciones desde nuestras fortalezas. Desde el que lo tiene casi todo y prioriza el orden de lo que serían nuestras propias angustias. Y las proyectamos sobre el resto de los mortales. Vamos con prepotencia ¡como si nosotros tuviéramos nuestra vida solucionada! y ¡pretendemos solucionar la del otro!… 

         Yo soy mejor persona que vosotros, aunque no soy nadie… 

Y les tratamos así, como si ellos fueran nadie… y nosotros lo fuéramos todo… 

Se nos hará difícil entrar. José tiene la puerta blindada. Le han debido entrar a robar, a decirle lo que tiene que hacer y que así no puede seguir viviendo (en la calle, sucio, borracho, enfermo…). Y él se ha puesto corazas. 

Se nos hará difícil entrar. Demostrarle que él sí es alguien, que sólo pretendemos estar con él y que nada haremos sin contar con él. Que nos preocupa cómo está él y cómo se siente él. Pero que sobre todo, lo que queremos, es romper un poquito de su soledad. 

Se nos hará difícil entrar. Pero volveremos a insistir intentando no violentar.

Y seguiremos llamando a su puerta, pero, antes, buscaremos si la puerta tiene timbre.

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3 comentarios en “PUERTAS QUE NO TIENEN TIMBRE

  1. Es la realidad de lo que pasa, y tendríamos que implicarnos más por esas personas, que si nos ponemos a pensar han sido como nosotros, han sido niños, muchachos, y en su madurez por algún motivo han caído en ese pozo, un pozo hondo del cual si no echan una cuerda larga para que se agarre y salga, no sobrevivirá. Besos Marola

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  2. Muy bueno. Y estaría bien que mucha gente leyera esto, porque lo corriente es no aceptar ese rechazo e incluso criminalizarlo, sin entender por qué existe y la denuncia que conlleva de forma implícita.

    Precisamente -y es curioso- me recuerda también a algo que sentí en la India como voluntaria. Allí nadie apenas te rechaza por esa posición de superioridad e imposición que muchas veces se lleva en este tipo de proyectos.

    Te aseguro que yo NECESITABA, quería que alguien me increpara, que alguien rechazara lo que estábamos haciendo, que lo criticaran. Pero allí no hay de esto. Será cuestión cultural, por su sumisión y creencia en el destino.

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