
– ¡Para venir a hacer lo que estáis haciendo, mejor quedaros en vuestras casas!
Isabel, una de las vecinas de Esteban que le cuida y le ayuda, estaba muy enfadada con nosotros.
Al vernos llegar, después de estar con Esteban, nos paró en la calle. Quería hablar.
Poco a poco y conforme hablaba, se iba acelerando y su enfado y disgusto se hacía más visible.
– No hay derecho a que Esteban esté como está y que nadie haga algo por evitarlo.