VER EL BULTO; MIRAR A LA PERSONA

Ayer Toni me recordaba que nos conocíamos desde los primeros meses del año 2003, cuando entonces él dormía en la estación de Sants:

–   … Y no has cambiado, Enrique. Cuando me ves, me saludas y te sigues interesando por mí. Hay muchos en Arrels como tú; otros no: a veces pasan como si no te conociesen.

Los comentarios de esta gente casi siempre me hacen pensar (al fin y al cabo te manifiestan cómo viven ellos la relación).

Cuando nos acostumbramos a hacer “¡tanto bien!” y los “éxitos” se nos acumulan hasta tal punto que tenemos que dar “tanda”, como si de una frutería de gran tirada se tratase, corremos el riesgo de ver más el “bulto que salvamos”, que de mirar a la persona que tenemos delante y escuchar su demanda concreta.

Se puede dar una situación en que pensemos que todo lo hacemos ¡tan bien!… ¡Hemos llegado a tal perfección en nuestros protocolos de actuación!… ¡Hemos aprendido tanto!… ¡Hemos profesionalizado tanto nuestras actuaciones!…, que podemos, sin quererlo, dejar muy poca cuerda a la excepción…, al sorprendernos…, al escandalizarnos…, al interiorizarlo…

El “bulto” se ha engullido a la persona y es, sólo a través del “bulto”, que somos capaces de verla.

Pero hay que mirarla…

El “bulto”, ¡ojo!, distorsiona la imagen. Poco nos dice de la persona concreta, de su singularidad única, ni de esa relación que mantiene conmigo y que es capaz de transformar mi/su vida.

Enrique

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