Hoy me apetece hablar de una mujer que casi no se la ve. Todos los días va a buscar su bocadillo a las monjas y luego desaparece. Siempre viste igual, chaqueta verde, falda de cuadros gris y zapatillas de tela. A Puri y a mí nos despierta un cariño especial. Un día me habló de Dios, de cómo ella entendía a su Dios y a mí me cautivó. Y escribí este relato: Sigue leyendo
RELATOS
LA TENTACION DE UTILIZAR LA EXCLUSION
Las conversaciones con Juan me han hecho saltar las alarmas. Pero no es sólo por Juan, pienso que a veces estamos tan espectantes por «los éxitos», que cuando tenemos uno, corremos el riesgo de explotarlo. Me gusta pensar en que el éxito ya está cuando tratamos con personas, independientemente de en qué situación se encuentren. Y se me ha ocurrido este Relato de lo que he sentido al hablar con Juan:
EL CORAZÓN ROBADO
Cuánta gente hay en la vida a las que les quitamos el corazón…!
A las personas que no nos agradan, les quitamos el corazón.
Primero, no existen. Y, aunque pasemos a su lado, no las vemos. Y si tropezamos con ellas, no tienen ojos, ni risa, ni gesto.Tampoco oyen: Nos molestan.
Y, si por alguna de esas cosas que suceden en la vida, nos percatamos de su existencia y nos conmueve su miseria, entonces les quitamos el corazón:
Padecen en tanto que nosotros padecemos viéndonos en su lugar;
sufren en tanto que nosotros sufrimos en su sufrir;
ríen si nosotros creemos que han de reir;
lloramos cuando nosotros pensamos que deben llorar.
Pero no van más allá sus/mis sentimientos:
El frío, cuando hace frío;
lo sucio, cuando no se lava;
el mal olor que le persigue siempre…
Sus sentimientos son mis sentimientos sobrepuestos a su persona.
Pero hoy sí. Hoy he visto más allá de mis/sus sentimientos.
Me suele emocionar ver a niños de 2 y 3 años puestos en fila, vestidos todos del mismo color (colores vivos, fuertes, para que les vean) y una gorra (la misma para todos), cogidos a una cuerda (que no se pierdan), a la espera del autobús que les ha de llevar a otros lugares fantásticos, desconocidos para ellos.
Yo estaba con un grupo de personas que viven en la calle y que, como cada día, esperaban a que la monja abriese la persiana del portalón para darles el bocadillo.
Al verlos, al ver a los niños, los que esperaban en la cola se apartaban para dejarlos pasar. Y mientras pasaban les hacían gañotas de complicidad y les dedicaban sus mejores sonrisas, sonrisas de abuelos destinadas a nietos perdidos o, ¿quién sabe?, que nunca tuvieron. Y los niños, que no saben de corazones robados, pasaban entre medias sin miedos, sonriendo a sus sonrisas.
Hoy les he devuelto su corazón y lo he colocado en su lugar, donde debería haber estado desde siempre, en su sitio.
Es el corazón del que hoy es indigente, del que hoy es “sense sostre”, del que hoy no tiene nada, del que hoy está tirado, pero que no siempre lo estuvo y que tal vez, ¿por qué no?, volverá a no estarlo si le devolvemos su corazón.
Y es que hoy he visto en sus ojos la ternura.
Enrique Richard
NUESTRO VIEJO Y QUERIDO JUAN I
Hoy he visto comulgar a un borracho. Algunos le hubiesen pedido credenciales sobre qué de limpio tuviese el alma. Y no tanto de cuán de roto tuviese su corazón y su vida. A mí, al verlo, se me conmovió el alma y mis ojos se humedecieron de ternura. ¡Bienaventurados los borrachos porque de ellos es el Reino de los Cielos!.
¿QUÉ TE VOY A CONTAR QUE TÚ NO SEPAS?
Yo era novato, como lo sigo siendo ahora después de llevar casi cinco años de calle. Para Manuel yo lo debía saber todo lo que en la calle les sucede y, lo que es peor, lo que sienten. Y así hice este relato: Sigue leyendo
HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE
Es sorprendente los amores y desamores que te vas encontrando en la calle conforme vas conociendo a las personas.
María y Juan son madre e hijo que viven en la calle.
No podrían vivir el uno sin el otro.
María es la madre de cuatro hijos,
todos con discapacidades mentales, ella… también.
Sólo quiere tener con ella a Juan.
ANTONIO
Este es el primer relato que hice, nada más comenzar a hacer la calle.
Me encandiló este viejo que apenas podía moverse.