Cuando vemos a una persona que está tirada en la calle, tenemos dos opciones para enfocar nuestra intervención:
Una: Aquella persona es un problema… -social-.
Dos: Aquella persona tiene un problema.
Si solucionamos el problema social, no es muy probable que aquella persona de solución a su problema.
Si, por el contrario, nos preocupamos por su problema, es seguro que, si logra superarlo, se abrirán grandes posibilidades de que se dé solución al problema social que aparentemente aquella persona generaba.
Yo apuesto por la segunda opción.
Ya sé: es más larga, más complicada y te arriesgas al aparente fracaso. Pero no es verdad: los éxitos están, aunque no sean los que socialmente se esperan; pero son en el interior de la persona y es ella quien los vive (¡y tú los disfrutas!).
Pero, eso sí, hay que disponer de recursos para tenerlos a su disposición para cuando la persona decida.
No ofrecemos caridad, ni regodearnos en lo buenos que somos…
Buscamos y damos soluciones… para la persona…
