Mi querido amigo y compañero, Josep Mª. Mi admirado maestro:
Me enteré que te fuiste; pero antes te las ingeniaste para poder despedirte.
Querías que pasaran todos, pero algunos se quedaron en la puerta: les daba miedo transmitirte su dolor.
Muchos disfrutamos de tu adiós.
– Nunca pensé que me quisiera tanta gente, me dijiste casi en un susurro con la mascarilla del oxígeno quitada para poderme hablar. Yo te acariciaba las manos y te miraba a los ojos:
¿Tú te sorprendías de tanto cariño?
– Te quieren, te dije, porque tú quisiste primero.

