MURIÓ UN HOMBRE BUENO

Mi querido amigo y compañero, Josep Mª. Mi admirado maestro:

Me enteré que te fuiste; pero antes te las ingeniaste para poder despedirte.

Querías que pasaran todos, pero algunos se quedaron en la puerta: les daba miedo transmitirte su dolor.

Muchos disfrutamos de tu adiós.

– Nunca pensé que me quisiera tanta gente, me dijiste casi en un susurro con la mascarilla del oxígeno quitada para poderme hablar. Yo te acariciaba las manos y te miraba a los ojos:

¿Tú te sorprendías de tanto cariño?

– Te quieren, te dije, porque tú quisiste primero.

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HERIDAS QUE NO SE VEN

¿Y sigue en la calle?

Hay heridas que sólo uno mismo puede curarse.

La calle, pensamos, es su herida que hay que curar.

Pero la calle no es la herida, ni el alcohol, ni su mal olor…

La herida él sólo la sabe.

Es su herida que yo no conozco y que sólo él sabrá curarse.

Pero la calle no es su herida.

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