LA MIRADA QUE NO MIRA

TIOVIVO

Sí…, no…, vale…, Puri y yo hemos dejado de ir por la plaza. Está vacía.

Hace algunos meses se reunían hasta 5, 6 y 8 personas que vivían la calle.

Ahora la plaza está vacía.

Poco a poco todos han ido aceptando pasar por Arrels.

Ahora, unos están en pisos, otros en pensión, alguno murió…

El último en irse fue Raul: Le ayudamos a marchar a su país.

Antes, sólo unos días antes, marchó Gerardo: Está en pensión.

Si vuelve a la plaza -él lo hace con frecuencia- se encontrará sin nadie.

Hoy le he visto en Riereta. Y me he fijado en su mirada.

– ¡¿Qué tiene mi mirada, Enrique?!

– ¡Que no mira, Gerardo!, ¡que no mira!

El último día que le vi en la plaza, borracho, me habló de su soledad.

Hoy, sobrio, en pensión, comiendo en Navas y sin tener que rebuscar bocadillos para cenar, que ya también -hoy me lo ha dicho- lo tiene resuelto en la Llar Pere Barnés, su mirada me habla de la misma tristeza, de la misma soledad…

¡Y ves tantas miradas que no miran!…

La plaza seguirá vacía, pero yo no puedo sino preguntarme:

¿cuál, cómo, dónde está el éxito?, ¿en la plaza vacía?…

El éxito sólo empieza cuando son capaces de cambiar la mirada…

Y eso no depende, muchas veces, de lo que nosotros les demos, sino de lo que ellos encuentren…

Enrique

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