¡Que no, que Paco vive!

imagen231bis.jpgEl otro día Alex Chifleira me hacía el siguiente comentario en el Blog:

“YO VIVIA X VIA JULIA I ACE POCO ME ENTERE QUE PACO HA MUERTO I EL LUGAR DNDE EL DORMIA TENIA EN LA PARED PITANDA DE FIRMAS DE DESPEDIDA COMO POR EJEMPLO, ESTE SIEMPRE SERA TU LUGAR TE KEREMOS ETEC.. ME DA MUXA PENA PENSAR EN ESE POBRE OMBRE COMO PUEDE AVER GENTE K AGUANTE ESO K DIOS LO TENGA ENPAZ.. I SE APIADE DE TANA GENTE COMO EL XK NO ES EL UNICO”

¡Alex, Paco vive y está bien, en una residencia!.

Le gustaría estar “en su castillo”, pero, como él mismo dice: “Aquí estoy bien hasta que me recupere”.
A Puri y a mí nos llamó la curiosidad y este martes nos acercamos al rincón en donde vivía Paco. Y cual no ha sido nuestra sorpresa cuando hemos visto escritas en la pared tantas muestras de solidaridad hacia Paco. Las fotografiamos y aquí las he querido compartir con todos vosotros.
Seguramente que tal y como estaba Paco, lo urgente y sin duda lo que se debía de hacer, es lo que se ha hecho: llevarlo al Hospital y luego a una Residencia; pero viendo tanto cariño en la pared, no me cabe la menor duda que, al darle lo urgente, algo de lo importante se le quedó a Paco en aquella plaza.
Me agrada, me agrada mucho poder constatar que no siempre la gente con la que compartimos nuestro tiempo está sola, que hay mucha gente que pasa por su lado y se quedan. Y de cosas así estas personas se van llenando de lo que para ellos, para todos, es lo importante.
Y esto me hace reflexionar que, a veces, queremos correr tanto por darles lo que nos es urgente, que podemos dejarles vacíos de lo que les es importante.

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¿Acción Social Transformadora?

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Un día de estos de Noviembre habré hecho o haré -se me perdió el día- 5 años de hacer calle con Arrels.

Y en este tiempo el discurso de Miquel Juliá no sólo me ha dado razones para trabajar, sino que ha llenado de palabras mis propias razones. Su discurso se ha ido haciendo el mío.
Por eso, cuando he leido su última aportación en su blog -¿Acción Social Transformadora?- no he podido evitar el sentirme plenamente de acuerdo con lo que dice.
Su exposición puede convencer o no al que lo lee, pero es desde la calle, también seguramente que desde Residencia o desde Hospital, que su argumentación adquiere pleno sentido.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro padece es, sobretodo, soledad.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, violencia.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, desamor, desconfianza, rechazo, olvido, desprecio…
En la calle poco hay que hablar de deberes y sí, y mucho, de ofrecimiento. Y en ese ofrecimiento -lo lleva el «paquete»-se incluye «a tí mismo».
Ya el primer encuentro, el primer saludo, no es otra cosa que «ponerte a disposición de». Y en este primer conocerte admites hasta el rechazo, que será correspondido días después con un nuevo saludo. Hasta, si puedes, conseguir la aceptación del que en un principio te rechazó. Todo será cuestión de paciencia…
En la calle no puedes pedir el intercambio: Te das gratuitamente y no esperas la moneda de cambio, porque a lo que aspiras no es propiamente a integrar, sino a que la soledad del otro se sienta acompañada.
Así, la casa descapotable que dice tener por cobijo nuestro bien querido Juan José, que no tiene ni tejado, ni ventanas, ni puertas, no la quiere cambiar. No está dispuesto a perder 40 años de vivir en la calle por una pensión. Y tú no lo entiendes, pero lo aceptas, aunque no puedes evitar el pensar que es injusto que Juan José viva así. Y te preguntas qué habrá pasado en su vida para que Juan José quiera seguir viviendo de esta manera; pero no te planteas nada a cambio, sólo piensas en su derecho a que Juan José pueda vivir bien. Tú, entonces, te pones a su lado a escuchar, a esperar, a incitar…
Juan José no da nada a cambio y tú no le pides nada a cambio, pero al cabo del tiempo notas que él sí ha cambiado.
Cada martes Juan José nos espera, a Puri y a mí, para contarnos de su vida. A veces se empeña y hasta nos dejamos que nos invite a un cortado…

Martes, 20 de Noviembre de 2007

PACO

¡Por fin una brizna de alegría entre tanto clamor, entre tanta impotencia!
¡Paco está bien!. Bueno, razonablemente bien después de la embolia que tuvo. Pero como él dice: «No pierdo la esperanza de volver a mi rincón -a su castillo-. Pero, mientras, ya estoy bien aquí». Con esto Puri y yo ya nos consolamos.
Le fuimos a ver a la residencia en donde está ingresado. Anda en silla de rueda: la embolia…, pero él antes tampoco estaba para hacer los 1500. Sin barba: Lo estipula la higiene y la convivencia, pero tampoco lo lleva mal. Cuando habla, y habla mucho, se le entiende más o menos como cuando le conocimos. Está limpio y huele bien, que, según dicen los expertos, es la mejor señal de que están bien cuidados. Nos presentamos por sorpresa y nos reconoció de inmediato: «¿Nos conoces?», le dijo Puri. «Claro, yo siempre me acuerdo de las buenas personas, de las malas me olvido». Gracias, Paco, no sabes cómo nos gustó tu piropo.
Nos contó que come como nunca, vamos, que tiene la solitaria… y nos lo confirma la encargada, una señora muy amable, que habla bien de Paco, aunque dice que cuando le viene el genio… Ya está bien que de vez en cuando lo saque, pensamos para nuestros adentros. Hace ejercicios con la pierna que aún puede mover y también tiene sesiones de pronunciación. Es él quien nos lo cuenta todo.
No abusamos del tiempo y nos despedimos. Aún tengo dolorida la mano: un apretón fuerte y largo, muy largo… como de no querernos dejar ir.
Me siento bien. Volveremos
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RAUL

Desde la última vez que escribí sobre Raul, ha vuelto a estar en la calle. Simplemente dejó de ir a la pensión. Pero anoche pasó frío en el cajero y hoy nos ha pedido volver a dormir bajo techo. Hablamos con Miquel y ha reservado una habitación. El problema ahora es que se le ha acabado la autorización para comer en el comedor de la administración. Le proponemos algunas opciones, que él conoce mejor que nosotros, pero ninguna es de su satisfacción. Le cuesta moverse. Siempre tiene excusas para eludirse y a nosotros nos parece que quiere que todo se lo den hecho. Es de aquellas personas que te revelan, que te sacan de tus casillas y en las que piensas si no te estás equivocando, si no hay que exigirle un  poco más. Ya lo he comentado en alguna otra ocasión que Raul nos tiene a Puri y a mí un tanto desconcertados. Por un lado la razón te dice «¡Cuidado no caigas en el asistencialismo!», pero por otro ves que Raul es una persona joven, pero enferma y muy vulnerable y que cada vez se va deteriorando más. Pero te fastidia que siempre te esté pidiendo, que no se espabile…. Su actitud te predispone a estar en contra, a exigirle, a zarandearle…
¿Cómo ayudar a personas como Raul? ¿Cómo hacerles que luchen, que se ganen su vida? ¿Que dejen de ser dependientes, que dejen de ser personajes pasivos a la espera de que las instituciones les den las cosas masticadas? ¿Hasta dónde estamos fomentado esta dependencia?, pero también ¿hasta dónde no nos erigimos en jueces de lo que debe de ser o no debe de ser? ¿Es así como ayudamos a su dignificación?…
Dudas y dudas y más dudas…, aunque a veces parezca que tengo tantas certezas…

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JUAN JOSÉ

No sé cómo vino a cuento, pero salió en la conversación:
«¿Juan José, tú crees en Dios?». «Hombre…, algo tendrá que haber después!…»
Pues que sea mejor que lo que ahora tienes…

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Cuando sabes que sobras

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Esta mañana le vi por primera vez. Estaba dormido sobre un banco. Sucio, sin cartones. Cuando se despertó le pregunté si necesitaba algo. No hizo falta ni que me dirigiera la palabra, con la mirada entendí que sobraba de allí, vamos, que me echaba de su espacio. Yo me marché. A lo mejor otro día le veo y comenzamos una conversación.
Mientras, sólo al cruzar de la calle, estaban los políticos y un obispo comentando a los «medios» cómo se deberían hacer los túneles del AVE para que la Sagrada Familia no se cayera.
No, no los ví en el parque. Estaban muy ocupados.

Sobre la Renta Mínima

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Fuente: El Economista

El comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Vladimir Spidla, se mostró hoy favorable a establecer en la UE una «renta mínima» de la que se beneficiarían los europeos que no puedan trabajar o no tengan oportunidad de encontrar un empleo. En su opinión, éste podría ser un instrumento para luchar contra la «extrema pobreza»

«Para aquellas personas que no pueden trabajar o que tienen escasas oportunidades para encontrar un empleo, los regímenes de una renta mínima son, en ocasiones, la única forma para luchar contra la extrema pobreza», dijo Spidla en rueda de prensa.

Spidla expuso estas nociones en la rueda de prensa que ofreció para presentar una comunicación del Ejecutivo comunitario titulada ‘Protección de la modernización social para una mayor justicia social y cohesión económica: adoptar la inclusión activa de las personas más alejadas del mercado laboral’, en la que anunció la propuesta de la Comisión de una «nueva estrategia» para luchar contra la marginación laboral de los más desfavorecidos y luchar contra la pobreza e integrarles en el mercado laboral «a largo plazo».
 
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¿Cuál es el problema? (III)

Hoy, 17 de Octubre, es el Día Internacional para la erradicación de la pobreza.
Este vídeo no necesita explicación. A buen entendedor…

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¿Cuál es el problema? (II)

algun-problema.gifCuando vemos a una persona que está tirada en la calle, tenemos dos opciones para enfocar nuestra intervención: 

Una: Aquella persona es un problema… -social-.

Dos: Aquella persona tiene un problema.

 

Si solucionamos el problema social, no es muy probable que aquella persona de solución a su problema.

Si, por el contrario, nos preocupamos por su problema, es seguro que, si logra superarlo, se abrirán grandes posibilidades de que se dé solución al problema social que aparentemente aquella persona generaba.

 

Yo apuesto por la segunda opción.

Ya sé: es más larga, más complicada y te arriesgas al aparente fracaso. Pero no es verdad: los éxitos están, aunque no sean los que socialmente se esperan; pero son en el interior de la persona y es ella quien los vive (¡y tú los disfrutas!).

Pero, eso sí, hay que disponer de recursos para tenerlos a su disposición para cuando la persona decida.

No ofrecemos caridad, ni regodearnos en lo buenos que somos…

Buscamos y damos soluciones… para la persona…

 

 

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¿Cuál es el problema? (I)

05-juny-0229-001b.jpgCuántas  veces, refiriéndose a las personas que están en la calle, hemos oido decir frases semejantes a ésta:

“Sí…, pero hay muchos que no se dejan ayudar y no quieren ir a ningún sitio…”

 

Y es verdad. Es como si ya estuvieran bien así…, pero…

Siempre hay un “pero” que condiciona y que, si no lo sabemos definir, como casi siempre, nos quedaremos en las apariencias.

 

Yo antes me haría una pregunta:

         Cuando el primer día en que se encontró en la calle ¿era eso lo que deseaba?

A lo mejor nos pensamos que ya desde niño, en sus fantasías de qué iba a ser cuando fuese mayor, ya soñaba en ser un indigente, que iba a dormir en la calle, sucio, buscando entre las papeleras, despreciado por todos y que, borracho, iba a ser el hazmerreír de los demás niños, además de pegado, robado y maltratado por los otros adultos.

Seguramente que es por esto que esta gente no quiere nuestra ayuda: ¡Por fin han conseguido ser lo que ya de niños soñaban ser!…

 

Qué disparate!… ¡Pues pensemos entonces más allá de las apariencias!…

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Personas, escondidas en sus miserias

Ayer me discutí con unos amigos. Resulta que no admiten que haya otros, de otros paises: Les molestan. Y pasa lo de siempre: los que menos tienen siempre compiten con los que menos tienen.

A los que tienen mucho, los que tienen poco no les molestan, porque normalmente no están. No les ocupan sus casas, ni sus médicos, ni sus cafeterías. Antes de que lleguen, ya se encargan de limpiar el sitio… de lo que sea o de quien sea.

Podemos hablar de «moros», de gitanos, de rumanos… pero también de la gente que está tirada en la calle.

Y los que tenemos menos, nos peleamos con los otros que tienen tan menos que nosotros. Y no nos enteramos de que el problema está en lo que se llevan los otros que tienen mucho más.

Lo que más me jode es que los que tenemos menos deberíamos entender mucho mejor a los otros que tienen aún menos que nosotros…. y juntar nuestros derechos para exigírselos a los que tienen más…

Nos hace falta «ver» a las personas, aunque estén escondidas en sus miserias… A lo mejor seríamos más complacientes…