LA MIRADA QUE NO MIRA

TIOVIVO

Sí…, no…, vale…, Puri y yo hemos dejado de ir por la plaza. Está vacía.

Hace algunos meses se reunían hasta 5, 6 y 8 personas que vivían la calle.

Ahora la plaza está vacía.

Poco a poco todos han ido aceptando pasar por Arrels.

Ahora, unos están en pisos, otros en pensión, alguno murió…

El último en irse fue Raul: Le ayudamos a marchar a su país.

Antes, sólo unos días antes, marchó Gerardo: Está en pensión.

Si vuelve a la plaza -él lo hace con frecuencia- se encontrará sin nadie.

Hoy le he visto en Riereta. Y me he fijado en su mirada.

– ¡¿Qué tiene mi mirada, Enrique?!

– ¡Que no mira, Gerardo!, ¡que no mira!

El último día que le vi en la plaza, borracho, me habló de su soledad.

Hoy, sobrio, en pensión, comiendo en Navas y sin tener que rebuscar bocadillos para cenar, que ya también -hoy me lo ha dicho- lo tiene resuelto en la Llar Pere Barnés, su mirada me habla de la misma tristeza, de la misma soledad…

¡Y ves tantas miradas que no miran!…

La plaza seguirá vacía, pero yo no puedo sino preguntarme:

¿cuál, cómo, dónde está el éxito?, ¿en la plaza vacía?…

El éxito sólo empieza cuando son capaces de cambiar la mirada…

Y eso no depende, muchas veces, de lo que nosotros les demos, sino de lo que ellos encuentren…

Enrique

Hoy escribe Gabriel (3)

COMPROMISO

Hablando con un compañero, le afirmaba que la sociedad no es que no haya alcanzado la madurez, sino que tan sólo llegaba a la edad  infantil.
Me basaba en que debía de haber un compromiso entre la sociedad y el individuo en el que ambos guardasen la seguridad de su existencia.
Venía a cuento esto porque hablábamos de los que, como yo, nos hemos visto automarginados y vivido sin techo.
«No tengo yo -me decía- por qué pagar los platos rotos de quien se ha pasado la vida tonteando hasta acabar con un cartón de vino, mientras yo me pasaba toda la vida trabajando.»
Estaba de acuerdo con él en que era la respuesta a un problema de lo más a la ligera y sencilla que podía dar. Ya que esa forma de vida es perpetua desde que el mundo es mundo.
No hay ni existe diferencia alguna en los perfiles de los que hemos vivido en la calle de los que llevan una vida más cómoda. Personas que han convivido o trabajado juntas, han visto separados sus caminos porque el cuerpo de uno se ha visto cogido entre los tentáculos del vino, las drogas o el juego, mientras el otro ha sabido navegar -a veces sin saber cómo-, sin verse afectado.
¿Por qué?. Unos, quizás, buscando el punto para atreverse a ser más deshinibido, más lanzado, creándose un mundo aparte, hasta que llega un día que ese punto le sobrepasa… en el trabajo, en su casa, con los amigos… Y busca fuerzas y ánimos en lo que, cada vez más lejos, lo separa de la sociedad.
Si es una soledad buscada, lo pasa mal, pero sin quejarse en demasía, ya que no encuentra apego en quienes lo han dejado separarse de ellos a veces por miedo o tan sólo por no verse acompañado de un borracho.
Eso crea un callo en su ánimo que lo endurece. Que lo resabia si es violento o lo deprime si su manera es pasiva o noble. Pero en ambos casos se quejan de la soledad sin querer compañía. Siendo duro, para quien intenta alejarlos de la calle, hacerles vivir de nuevo sensaciones grises y blancas hasta alejarles del negro, que no vemos por ser demasiado grande.
Por ello la sociedad debe de tener el compromiso de velar no tan sólo por los que producen, sino por los que en el camino han tenido una o mil caidas.
«Eso está bien, pero no con mi dinero, diría mi compañero»
No es con tu dinero, sino con el conjunto de la sociedad, porque, como yo, se puede ver tu hermano, tu padre o tu amigo.
Aparte de que la verdadera sociedad del bienestar es el lema mosquetero de «uno para todos y todos para uno». ¿A caso no te cansas de ver gente durmiendo en los portales, en los bancos, en casas abandonadas, o cerca de tu misma casa?… Te dan pena y temor al mismo tiempo, sin saber que es el mismo miedo el que ellos tienen a que se orinen sobre sus cartones o les intenten robar o hacer daño o que tú mismo llames a la policía para que los echen.
¿No te satisface a caso ver que esa plaza, en la que tantas veces los ves bebiendo, se encuentre vacía, porque sabes que alguien les ha abierto una puerta? Puerta que al principio les cuesta abrir porque no se fían de nada ni de nadie. Porque seguramente lo que le pedirán será romper con esa vida, desconocida para muchos, pero en la que se encuentran libres en el mundo que se han creado.

LOS SETENTA VECES SIETE DE ARRELS

Este escrito viene de lejos, de Julio del 2006. Hoy tengo especial interés en colgarlo en el blog: El protagonista de esta historia forma parte de las primeras personas que han entrado en La Llar Pere Barnés. Desde que escribí esto hasta hoy, han habido muchos otros setenta veces siete (con Manuel y con muchos otros) y espero que Arrels nunca se canse de hacerlo.

virgen_de_la_cabeza1.jpgManuel, toda una vida viajando.
Se conoce y las conoce a todas las Vírgenes de casi toda España.
Incluso conoce la de mi pueblo: La Virgen del Prado

Hoy, Manuel, me ha hecho pensar en los setenta veces siete del Evangelio.
Pero en sencillez. Sin culpar. Sin buscar que el otro se sienta humillado, angustiado, ofendido. Y que, si ha ofendido, no se sienta acusado, ni señalado, sino, al contrario, recibido, estimado, animado, comprendido. Sin necesidad de hacerle sentir que eres ¡malo!…, pero ¡malo!… ¡malo!… Y como yo soy bueno… y puedo… y estoy por encima…, te doy la absolución…; pero… (siempre, además, hay un pero que condiciona…)
Manuel es un viejo conocido de Arrels.
Viaja desde siempre. Incluso desde cuando, con Franco, la ley de vagos y maleantes le llevó varias veces a la cárcel. Eran otros tiempos.
Pero es hoy que a sus 65 años a punto de cumplir aún sigue viajando.
Hace unos meses le encontramos en la calle de regreso de uno de sus viajes.
Estaba mal. Sucio, con barba, enfermo. Y, lo que es peor, vencido.
No es normal en Manuel.
Duerme desde siempre en la calle; pero siempre acostumbra a estar limpio y a llevar unos euros escondidos para su tabaco y su vino. (¡Ahora dice que lo ha dejado!… A medias: Ahora lo toma con gaseosa).
Entonces le invitamos a dormir en pensión hasta que él quisiera.
Para nuestra sorpresa  -¡qué mal se debía encontrar!-, accedió sin apenas insistir.
Durmió en pensión algunas noches.
Hasta que se hartó: Un buen día avisaron que Manuel llevaba varias noches sin ir.
No supimos más de él…
…Hasta hoy.
Le vimos de lejos: Estaba razonablemente limpio.
Nada más vernos nos dijo: Sigue leyendo

¡Que no, que Paco vive!

imagen231bis.jpgEl otro día Alex Chifleira me hacía el siguiente comentario en el Blog:

“YO VIVIA X VIA JULIA I ACE POCO ME ENTERE QUE PACO HA MUERTO I EL LUGAR DNDE EL DORMIA TENIA EN LA PARED PITANDA DE FIRMAS DE DESPEDIDA COMO POR EJEMPLO, ESTE SIEMPRE SERA TU LUGAR TE KEREMOS ETEC.. ME DA MUXA PENA PENSAR EN ESE POBRE OMBRE COMO PUEDE AVER GENTE K AGUANTE ESO K DIOS LO TENGA ENPAZ.. I SE APIADE DE TANA GENTE COMO EL XK NO ES EL UNICO”

¡Alex, Paco vive y está bien, en una residencia!.

Le gustaría estar “en su castillo”, pero, como él mismo dice: “Aquí estoy bien hasta que me recupere”.
A Puri y a mí nos llamó la curiosidad y este martes nos acercamos al rincón en donde vivía Paco. Y cual no ha sido nuestra sorpresa cuando hemos visto escritas en la pared tantas muestras de solidaridad hacia Paco. Las fotografiamos y aquí las he querido compartir con todos vosotros.
Seguramente que tal y como estaba Paco, lo urgente y sin duda lo que se debía de hacer, es lo que se ha hecho: llevarlo al Hospital y luego a una Residencia; pero viendo tanto cariño en la pared, no me cabe la menor duda que, al darle lo urgente, algo de lo importante se le quedó a Paco en aquella plaza.
Me agrada, me agrada mucho poder constatar que no siempre la gente con la que compartimos nuestro tiempo está sola, que hay mucha gente que pasa por su lado y se quedan. Y de cosas así estas personas se van llenando de lo que para ellos, para todos, es lo importante.
Y esto me hace reflexionar que, a veces, queremos correr tanto por darles lo que nos es urgente, que podemos dejarles vacíos de lo que les es importante.

imagen232-comentario.jpg

Para leer más sobre Paco

¿Acción Social Transformadora?

el-cambio.jpg

Un día de estos de Noviembre habré hecho o haré -se me perdió el día- 5 años de hacer calle con Arrels.

Y en este tiempo el discurso de Miquel Juliá no sólo me ha dado razones para trabajar, sino que ha llenado de palabras mis propias razones. Su discurso se ha ido haciendo el mío.
Por eso, cuando he leido su última aportación en su blog -¿Acción Social Transformadora?- no he podido evitar el sentirme plenamente de acuerdo con lo que dice.
Su exposición puede convencer o no al que lo lee, pero es desde la calle, también seguramente que desde Residencia o desde Hospital, que su argumentación adquiere pleno sentido.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro padece es, sobretodo, soledad.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, violencia.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, desamor, desconfianza, rechazo, olvido, desprecio…
En la calle poco hay que hablar de deberes y sí, y mucho, de ofrecimiento. Y en ese ofrecimiento -lo lleva el «paquete»-se incluye «a tí mismo».
Ya el primer encuentro, el primer saludo, no es otra cosa que «ponerte a disposición de». Y en este primer conocerte admites hasta el rechazo, que será correspondido días después con un nuevo saludo. Hasta, si puedes, conseguir la aceptación del que en un principio te rechazó. Todo será cuestión de paciencia…
En la calle no puedes pedir el intercambio: Te das gratuitamente y no esperas la moneda de cambio, porque a lo que aspiras no es propiamente a integrar, sino a que la soledad del otro se sienta acompañada.
Así, la casa descapotable que dice tener por cobijo nuestro bien querido Juan José, que no tiene ni tejado, ni ventanas, ni puertas, no la quiere cambiar. No está dispuesto a perder 40 años de vivir en la calle por una pensión. Y tú no lo entiendes, pero lo aceptas, aunque no puedes evitar el pensar que es injusto que Juan José viva así. Y te preguntas qué habrá pasado en su vida para que Juan José quiera seguir viviendo de esta manera; pero no te planteas nada a cambio, sólo piensas en su derecho a que Juan José pueda vivir bien. Tú, entonces, te pones a su lado a escuchar, a esperar, a incitar…
Juan José no da nada a cambio y tú no le pides nada a cambio, pero al cabo del tiempo notas que él sí ha cambiado.
Cada martes Juan José nos espera, a Puri y a mí, para contarnos de su vida. A veces se empeña y hasta nos dejamos que nos invite a un cortado…

Martes, 20 de Noviembre de 2007

PACO

¡Por fin una brizna de alegría entre tanto clamor, entre tanta impotencia!
¡Paco está bien!. Bueno, razonablemente bien después de la embolia que tuvo. Pero como él dice: «No pierdo la esperanza de volver a mi rincón -a su castillo-. Pero, mientras, ya estoy bien aquí». Con esto Puri y yo ya nos consolamos.
Le fuimos a ver a la residencia en donde está ingresado. Anda en silla de rueda: la embolia…, pero él antes tampoco estaba para hacer los 1500. Sin barba: Lo estipula la higiene y la convivencia, pero tampoco lo lleva mal. Cuando habla, y habla mucho, se le entiende más o menos como cuando le conocimos. Está limpio y huele bien, que, según dicen los expertos, es la mejor señal de que están bien cuidados. Nos presentamos por sorpresa y nos reconoció de inmediato: «¿Nos conoces?», le dijo Puri. «Claro, yo siempre me acuerdo de las buenas personas, de las malas me olvido». Gracias, Paco, no sabes cómo nos gustó tu piropo.
Nos contó que come como nunca, vamos, que tiene la solitaria… y nos lo confirma la encargada, una señora muy amable, que habla bien de Paco, aunque dice que cuando le viene el genio… Ya está bien que de vez en cuando lo saque, pensamos para nuestros adentros. Hace ejercicios con la pierna que aún puede mover y también tiene sesiones de pronunciación. Es él quien nos lo cuenta todo.
No abusamos del tiempo y nos despedimos. Aún tengo dolorida la mano: un apretón fuerte y largo, muy largo… como de no querernos dejar ir.
Me siento bien. Volveremos
Para leer más sobre Paco

RAUL

Desde la última vez que escribí sobre Raul, ha vuelto a estar en la calle. Simplemente dejó de ir a la pensión. Pero anoche pasó frío en el cajero y hoy nos ha pedido volver a dormir bajo techo. Hablamos con Miquel y ha reservado una habitación. El problema ahora es que se le ha acabado la autorización para comer en el comedor de la administración. Le proponemos algunas opciones, que él conoce mejor que nosotros, pero ninguna es de su satisfacción. Le cuesta moverse. Siempre tiene excusas para eludirse y a nosotros nos parece que quiere que todo se lo den hecho. Es de aquellas personas que te revelan, que te sacan de tus casillas y en las que piensas si no te estás equivocando, si no hay que exigirle un  poco más. Ya lo he comentado en alguna otra ocasión que Raul nos tiene a Puri y a mí un tanto desconcertados. Por un lado la razón te dice «¡Cuidado no caigas en el asistencialismo!», pero por otro ves que Raul es una persona joven, pero enferma y muy vulnerable y que cada vez se va deteriorando más. Pero te fastidia que siempre te esté pidiendo, que no se espabile…. Su actitud te predispone a estar en contra, a exigirle, a zarandearle…
¿Cómo ayudar a personas como Raul? ¿Cómo hacerles que luchen, que se ganen su vida? ¿Que dejen de ser dependientes, que dejen de ser personajes pasivos a la espera de que las instituciones les den las cosas masticadas? ¿Hasta dónde estamos fomentado esta dependencia?, pero también ¿hasta dónde no nos erigimos en jueces de lo que debe de ser o no debe de ser? ¿Es así como ayudamos a su dignificación?…
Dudas y dudas y más dudas…, aunque a veces parezca que tengo tantas certezas…

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JUAN JOSÉ

No sé cómo vino a cuento, pero salió en la conversación:
«¿Juan José, tú crees en Dios?». «Hombre…, algo tendrá que haber después!…»
Pues que sea mejor que lo que ahora tienes…

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Cuando sabes que sobras

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Esta mañana le vi por primera vez. Estaba dormido sobre un banco. Sucio, sin cartones. Cuando se despertó le pregunté si necesitaba algo. No hizo falta ni que me dirigiera la palabra, con la mirada entendí que sobraba de allí, vamos, que me echaba de su espacio. Yo me marché. A lo mejor otro día le veo y comenzamos una conversación.
Mientras, sólo al cruzar de la calle, estaban los políticos y un obispo comentando a los «medios» cómo se deberían hacer los túneles del AVE para que la Sagrada Familia no se cayera.
No, no los ví en el parque. Estaban muy ocupados.

Sobre la Renta Mínima

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Fuente: El Economista

El comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Vladimir Spidla, se mostró hoy favorable a establecer en la UE una «renta mínima» de la que se beneficiarían los europeos que no puedan trabajar o no tengan oportunidad de encontrar un empleo. En su opinión, éste podría ser un instrumento para luchar contra la «extrema pobreza»

«Para aquellas personas que no pueden trabajar o que tienen escasas oportunidades para encontrar un empleo, los regímenes de una renta mínima son, en ocasiones, la única forma para luchar contra la extrema pobreza», dijo Spidla en rueda de prensa.

Spidla expuso estas nociones en la rueda de prensa que ofreció para presentar una comunicación del Ejecutivo comunitario titulada ‘Protección de la modernización social para una mayor justicia social y cohesión económica: adoptar la inclusión activa de las personas más alejadas del mercado laboral’, en la que anunció la propuesta de la Comisión de una «nueva estrategia» para luchar contra la marginación laboral de los más desfavorecidos y luchar contra la pobreza e integrarles en el mercado laboral «a largo plazo».
 
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Noviembre: DÍA DE LOS SIN TECHO

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Este año el lema del Día de los Sin Techo 2007 «Por una salud digna para todos» quiere denunciar las barreras que las Personas Sin Hogar (PSH) sufren en el acceso a la salud como pérdida de ciudadanía. La inexistencia de sistemas públicos adecuados de salud, la insuficiencia de los presupuestos y recursos asignados a la sanidad y las condiciones restrictivas en los servicios limitan el acceso normalizado a este derecho social a las personas sin hogar.
Ver más información en Red Nacional de Entidades que trabajan con personas sin hogar (blog enred.psh)

<!– Texto campaña 2005 Estar sin techo es una situación de grave carencia social, que se puede ver agravada hasta extremos de muerte «social» e incluso física.Las personas sin techo y sin hogar, son las más afectadas por las características que definen la exclusión:
• tienen muchas dificultades de acceso a los derechos sociales
• tienen casi perdido el mundo de las relaciones (familia, amigos)
• tienen profundas heridas en el sentido de la vida (desesperanza, frustración, desconfianza…)

Por ello, el tema central de esta Campaña gira en torno a la idea de las necesidades, no sólo materiales: de techo y alimentación; sino también las necesidades humanas: respeto, afecto, formación, seguridad, autonomía, … –>

 

Más sobre Benjamín

gorriones.jpgEn el Blog de Miquel he hecho este comentario, que ahora quiero transcribir también aquí:
¿Sabes lo que más me indigna de todo esto? Que muchos de los que se dedican a la exclusión en los servicios sociales no se creen que el vivir dignamente sea un derecho como lo es la educación o la salud (ver, si no, la polémica del Bendito dedo). Y entonces, este derecho que, como tal, sería intocable, muchos servicios sociales lo utilizan como moneda de cambio. Como un regalo que yo, que tengo la sartén por el mango, lo utilizo para que tú te comportes como te has de comportar, porque, si no, te quito el regalo que te estoy haciendo. Y así los elementos que les dan y que les deberían servir para lograr su autonomía (sin prejuicios), se convierten para el excluido en la Espada de Damocles que en cualquier momento le puede devolver allí de donde salió. No se permite la equivocación o el uso incorrecto o el comportamiento altisonante.
Cualquier hijo de vecino tiene derecho a equivocarse y a ser bueno o a ser malo; pero, ¡claro!, el hijo del vecino se gana las habichuelas, el excluido, no. A los excluidos les damos las habichuelas como reclamo para que se integren; pero si no se integran tenemos todo el poder del mundo para quitárselas. ¿Eso es lo justo? ¿Es eso creer en el derecho a vivir dignamente si resulta que para ganar este derecho debe demostrar que se lo merece?
Yo no soy profesional, no sé cómo se ha de hacer, pero ¡nunca puede ser que nos erijamos en jueces de los derechos del otro! Si es así, nos equivocamos. Habrá que exigirle al profesional que busque otras alternativas y, ¿por qué no?, hacerle admitir que nadie es perfecto (ni tan siquiera nosotros), pero que los derechos no son moneda de cambio. Y el derecho a vivir dignamente -como el derecho a la vida-, mal que en ocasiones nos pese, lo tenemos tanto los buenos como los malos, el que es justo como el que no lo es, el que es honesto como el falso, el que es honrado como el que roba, el que utiliza bien sus recursos como el que los dilapida…
El hacer este derecho intocable seguro que hace más difícil la faena al profesional en su trabajo hacia la autonomía de la persona excluida, pero es entonces que cobra todo su sentido “los setenta veces siete” y “el todo el tiempo del mundo” de Arrels.