Maria Teresa Dice:
24 Diciembre, 2007 en 6:29 pm e
COSAS QUE PASAN
DIT I FET (Dicho y Hecho) ESTA EN PELIGRO
Si te interesa saber cómo se encuentra la situación a fecha 30 de Junio de 2008 ver https://enriquerichard.es/2008/06/30/dit-i-fet-siguen/
TITULAR:
DIT I FET ESTÁ EN PELIGRO
o bien
¡¿A QUÉ DIANTRE SE REFERIRÁN ALGUNAS ORGANIZACIONES Y JERARQUÍAS DE LA IGLESIA CATÓLICA CUANDO HABLAN DE LA «OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES «?!
Es lo que digo: En las homilías nos hablan de pedir por los pobres. Si lo dicen será porque allí dentro no están. ¡Y es que no están!. ¡Y para una vez que están dentro quieren cambiarles de sitio y acondicionarles su espacio!…
He traducido el manifiesto que varias entidades han
firmado en contra de un desalojo que muchos consideramos abusivo. El texto original en catalán lo encontraréis en la web de Iglesia Plural http://www.esglesiaplural.cat/modules.php?name=News&file=article&sid=658
Dit i Fet es una asociación situada en el Distrito de Ciutat Vella de Barcelona que modestamente intenta dar respuesta a una de tantas formas de exclusión y marginación que hay en el barrio, la de los hombres solos que viven en la calle. Ahora viven 17 personas mayores de 65 años, que habían estado enfermos de las enfermedades sociales propias de la vida en la calle. Empezó hace más de veinte años y en este tiempo han vivido y han formado parte más de 140 personas. Está situado en el primer piso de una casa antigua, como tantas otras casas de la zona del Gótico Bajo. Hace tiempo fue donado por los propietarios a la iglesia de St.Just y Pastor. Es una de las pocas entidades sociales de atención directa que hay en este barrio Gótico, comercial y con presencia de los estamentos sociales, culturales y políticos de Barcelona.
Pero no es un “centro” tal y como se entiende habitualmente desde los Servicios Sociales, ni es tampoco una entidad asistencial. La originalidad de Dit i Fet es que los que viven forman una peculiar comunidad de pobres, de autoayuda y autoasistencia. Uno se encarga de la compra, otro de hacer la comida, otro de las cuentas, otro acompaña a sus compañeros al médico, etc. Todos hacen la limpieza. Se autoorganizan. No hay ayudas públicas. Es un grupo de gente muy pobre del barrio que comparten con mucha sencillez la vida, el afecto, la complementariedad, el servicio, la amistad y la oración entre ellos y con un grupo de voluntarios. La comunidad de religiosas de Lestonnac de Ciutat Vella, las Germanetes y Germanets de Sant Domènec de la parroquia de S. Jaume de la calle Ferran y otras comunidades de religiosos, entidades y amigos y amigas se reúnen para hacer oración y la eucaristía una vez a la semana, dan apoyo y ayudan, están muy presentes. Viven pobremente pero con dignidad, la mayoría cobran la pensión no contributiva. Tienen como trabajo común el ropero. Reciben ropa, la arreglan con ayuda de voluntarios y la dan gratuitamente a otros pobres de la calle. La media de visitas mensuales es de 500. Otra de las características de esta comunidad de pobres es el comedor, siempre abierto y sin preguntar a nadie quién es ni de dónde viene. A veces son más de cuarenta.El alma de este pequeño milagro es el P.Paco, de 74 años, miembro de la comunidad de S. Felip Neri. Y el alma del P.Paco es el Evangelio entendido como compartir la vida y los riesgos de ser pobre. Para el P.Paco, evangelio, pobreza y eucaristía o compartir el pan no se pueden separar. Cada jueves se dice la misa entre marginados.Siendo vicario de St Just i Pastor, el P.Paco abrió las puertas al marginado sense sostre, marcando desde el comienzo unas normas muy sencillas por los que pedían venir a dormir: voluntad de dejar el alcohol, vivir juntos y compartir los trabajos de la casa y los necesarios para ganarse la vida. De los 140, muchos se han quedado hasta morir, otros prefirieron volver a la calle, algunos de los de ahora están desde el comienzo. Costó al principio vencer las desconfianzas de los vecinos del mismo inmueble al ver entrar personas con dificultades sociales visibles. Sin embargo hay que decir que hoy la convivencia es excelente, que se han ganado mutuamente el respeto. Esto no es un elemento nada banal en la actual sociedad de agresividad social.
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¿Acción Social Transformadora?
Un día de estos de Noviembre habré hecho o haré -se me perdió el día- 5 años de hacer calle con Arrels.
Y en este tiempo el discurso de Miquel Juliá no sólo me ha dado razones para trabajar, sino que ha llenado de palabras mis propias razones. Su discurso se ha ido haciendo el mío.
Por eso, cuando he leido su última aportación en su blog -¿Acción Social Transformadora?- no he podido evitar el sentirme plenamente de acuerdo con lo que dice.
Su exposición puede convencer o no al que lo lee, pero es desde la calle, también seguramente que desde Residencia o desde Hospital, que su argumentación adquiere pleno sentido.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro padece es, sobretodo, soledad.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, violencia.
En la calle sabes, intuyes, interpretas que lo que el otro sufre es, sobretodo, desamor, desconfianza, rechazo, olvido, desprecio…
En la calle poco hay que hablar de deberes y sí, y mucho, de ofrecimiento. Y en ese ofrecimiento -lo lleva el «paquete»-se incluye «a tí mismo».
Ya el primer encuentro, el primer saludo, no es otra cosa que «ponerte a disposición de». Y en este primer conocerte admites hasta el rechazo, que será correspondido días después con un nuevo saludo. Hasta, si puedes, conseguir la aceptación del que en un principio te rechazó. Todo será cuestión de paciencia…
En la calle no puedes pedir el intercambio: Te das gratuitamente y no esperas la moneda de cambio, porque a lo que aspiras no es propiamente a integrar, sino a que la soledad del otro se sienta acompañada.
Así, la casa descapotable que dice tener por cobijo nuestro bien querido Juan José, que no tiene ni tejado, ni ventanas, ni puertas, no la quiere cambiar. No está dispuesto a perder 40 años de vivir en la calle por una pensión. Y tú no lo entiendes, pero lo aceptas, aunque no puedes evitar el pensar que es injusto que Juan José viva así. Y te preguntas qué habrá pasado en su vida para que Juan José quiera seguir viviendo de esta manera; pero no te planteas nada a cambio, sólo piensas en su derecho a que Juan José pueda vivir bien. Tú, entonces, te pones a su lado a escuchar, a esperar, a incitar…
Juan José no da nada a cambio y tú no le pides nada a cambio, pero al cabo del tiempo notas que él sí ha cambiado.
Cada martes Juan José nos espera, a Puri y a mí, para contarnos de su vida. A veces se empeña y hasta nos dejamos que nos invite a un cortado…
Más sobre Benjamín
En el Blog de Miquel he hecho este comentario, que ahora quiero transcribir también aquí:
¿Sabes lo que más me indigna de todo esto? Que muchos de los que se dedican a la exclusión en los servicios sociales no se creen que el vivir dignamente sea un derecho como lo es la educación o la salud (ver, si no, la polémica del Bendito dedo). Y entonces, este derecho que, como tal, sería intocable, muchos servicios sociales lo utilizan como moneda de cambio. Como un regalo que yo, que tengo la sartén por el mango, lo utilizo para que tú te comportes como te has de comportar, porque, si no, te quito el regalo que te estoy haciendo. Y así los elementos que les dan y que les deberían servir para lograr su autonomía (sin prejuicios), se convierten para el excluido en la Espada de Damocles que en cualquier momento le puede devolver allí de donde salió. No se permite la equivocación o el uso incorrecto o el comportamiento altisonante.
Cualquier hijo de vecino tiene derecho a equivocarse y a ser bueno o a ser malo; pero, ¡claro!, el hijo del vecino se gana las habichuelas, el excluido, no. A los excluidos les damos las habichuelas como reclamo para que se integren; pero si no se integran tenemos todo el poder del mundo para quitárselas. ¿Eso es lo justo? ¿Es eso creer en el derecho a vivir dignamente si resulta que para ganar este derecho debe demostrar que se lo merece?
Yo no soy profesional, no sé cómo se ha de hacer, pero ¡nunca puede ser que nos erijamos en jueces de los derechos del otro! Si es así, nos equivocamos. Habrá que exigirle al profesional que busque otras alternativas y, ¿por qué no?, hacerle admitir que nadie es perfecto (ni tan siquiera nosotros), pero que los derechos no son moneda de cambio. Y el derecho a vivir dignamente -como el derecho a la vida-, mal que en ocasiones nos pese, lo tenemos tanto los buenos como los malos, el que es justo como el que no lo es, el que es honesto como el falso, el que es honrado como el que roba, el que utiliza bien sus recursos como el que los dilapida…
El hacer este derecho intocable seguro que hace más difícil la faena al profesional en su trabajo hacia la autonomía de la persona excluida, pero es entonces que cobra todo su sentido “los setenta veces siete” y “el todo el tiempo del mundo” de Arrels.
Benjamín vuelve a estar en la calle
Benjamín ya está otra vez en la calle. Os ruego que leáis la noticia en el Blog de Miquel, todoeltiempodelmundo.
Estaba en una Residencia. Después de muchas esperas, Benjamín decidió entrar en una Residencia. Y Arrels se la gestionó de urgencia. Benjamín tiene más de 65 años. La Generalitat tiene obligación de dársela. Y se la dió. Pero Benjamín no es un viejito tierno, agradable, que se conforme con todo. Benjamín es ciego y, desde que le conocemos, lleva una pierna de palo. ¡Pues hasta esto se lo quitaron en la residencia…! Leer, leer la noticia!!. Claro, además, Benjamín tiene una leche de perros y no es fácil su convivencia…
Benjamín se ha ido. ¿Y ahora qué?. A través de las denuncias de Marisol y de Ana Mª y del Pere y del Miquel hemos seguido cómo era tratado o, mejor dicho, no tratado y hasta maltratado en esa Residencia. Y hemos sabido de las protestas que han lanzado a la dirección. Todos esperábamos ¿lo peor?: Benjamín no aguantaría y se iría de allí. Ya le había costado entrar: menos le costaría salir. Me imagino la tranquilidad con que se habrán quedado los trabajadores de aquella Residencia…
Pero ¿y ahora, qué?. «Arrels seguirá acompañando a Benjamín». ¡Claro!, es lo que solemos hacer y sin duda es lo primero: que Benjamín no se quede solo. ¿Pero confiará en nosotros que le metimos en aquel cuchitril…?
Pero Benjamín no es el único que se ha querido marchar de la residencia que se le había proporcionado. Hay más de los que han estado en seguimiento por Arrels que también han firmado su marcha voluntaria de la residencia que le había tocado en turno. ¿Por qué?. Y no eran como Benjamín. Éstos veían y tenían pierna y no tenían tan mala leche, pero también se fueron, ¿por qué?.
¿Y ahora qué? Ya está bien que acompañemos. Ya está bien proporcionar medios para su desarrollo autonómico y darles medios como son las residencias. Pero no es suficiente. No creo que el trabajo de Arrels deba de terminarse en dejarlos en una residencia como si con ello el proceso hacia el nivel de autonomía de la persona ya se hubiese cumplido y que su situación, de la forma que le traten una vez están dentro, no deba preocuparnos -de hecho nos ha preocupado y Marisol y Ana Mª y Pere y Miquel han actuado-. Pero no podemos conformarnos con esperar a que les echen o se vayan para volver a comenzar. ¡No!. ¡Hay que denunciar!. La denuncia de situaciones injustas está recogida como tercer punto en la Misión de Arrels. Y todos sabemos que hay Residencias que no cumplen con las mínimas condiciones de respeto a la persona. Y si estas personas son aquellas a las que nadie mira, peor.
¿Y ahora qué?. Hay que denunciar y la denuncia no debe ser únicamente la que en su día hicieron Marisol, Ana Mª y Pere a la dirección de esa Residencia o la que estamos haciendo ahora desde unos insignificantes blogs Miquel o yo y todos los voluntarios de Arrels que quieran solidarizarse. Creo que hay que denunciar la inadecuación de los servicios hacia las personas que se acogen. Nunca las residencias deberían ser aparca-viejos que ya sólo esperan resignadamente que les sobrevenga la muerte. Y cuanto menos ruido hagan mejor. Residencias repartidoras de somníferos y relajantes para tener quietecito al personal y que no protesten.
La Generalitat debería saber lo mal que funcionan algunas de las Residencias concertadas y debería actuar. Y tal vez Arrels tendría algo que decir y se haya que investigar y realizar algún informe que ayuden a «denunciar situaciones injustas y aportar propuestas que tiendan a paliar o erradicar las causas que generan pobreza y exclusión social» (punto 3 de la Misión de Arrels).
Los dos Migueles
Dos amigos de Arrels, dos Migueles, hablan de sus experiencias de cuando vivían en la calle. Salió en el Telenoticies de TV3 del domingo, 21 de Octubre.
No deja de ser una mirada esperanzada hacia el futuro.
PUERTAS QUE NO TIENEN TIMBRE
El primer encuentro, el primer saludo, es el paso que generalmente más nos cuesta dar a los que formamos el equipo de calle de Arrels.Lo hemos hablado en infinidad de ocasiones; pero no hemos encontrado soluciones tipo, porque tampoco hay situaciones tipo, ni personas tipo…
Nos habían avisado que en el parque de la Guinegüeta duerme un hombre desde hace tiempo.
Puri y yo hemos hecho un hueco para acercarnos y ver si lo encontramos.
A la salida del parque hemos visto una persona que podría coincidir con la descripción que tenemos.
Nos paramos para preparar la estrategia de acercamiento.
Al fin y al cabo él está en su terreno y nosotros, unos desconocidos, pretendemos entrar en “su casa” y violentar su intimidad.
En la calle, estas “casas” no tienen tabiques ni tejados, pero hay espacios marcados que tienen dueño y que tú no tienes derecho a transgredir.
DUEÑO DE SU CASTILLO
Todavía tengo en la mente la mirada de Paco fija en mí.
Puri se había acercado y le había hablado; pero su mirada no se apartaba de mí.
Aquel no era el Paco que habíamos conocido a finales de Mayo.
Entonces vivía en su castillo con sus tres carros como almenas.
Allí era el amo de sus dos metros cuadrados en donde dejaba caer todo su cuerpo, con todas sus mantas y todas sus bolsas y todos sus olores…
Allí mandaba su autoridad.
Con su barba blanca grande y espesa, él era, allí, en su rincón, el dueño de su vida, de sus sentimientos, de sus horas, de su tiempo…
Ahora no.
En la quinta planta del Hospital del Mar, atado a un sillón, medio caido, Paco se me apareció como un fantasma, perdido, suplicante: ¡Sacadme de aquí!
COSAS A CONTAR
EL BENDITO DEDO
La historia de Karl y su Bendito dedo ha continuado después de vacaciones. Miquel Juliá explica lo sucedido en su Blog. Recomiendo su lectura.
MIGUEL VIRTO
He añadido en los enlaces el Blog de Miguel Virto, Pobreza y Luz. Miguel es un mendigo en la Catedral y fue periodista durante muchos años. Ahora está volviendo a coger la pluma y da gusto leerlo.
Cumpleaños especial
Ayer cumplió años mi compañera de equipaje, Mari Carmen. Es mayor que yo, me lleva ¡diez días!. Ella es la que trabaja. Yo soy prejubilado de Telefónica, que me ha permitido dedicarme a esto de conocer y estar con la gente que está en situación de sin hogar y me encuentro a gusto haciémdolo. Volviendo a Mari Carmen. Ella es trabajadora familiar y está en un materno en la Mina. Intentando que jóvenes madres gitanas aprendan a cómo tratar a sus bebés y qué comidas y hábitos han de adquirir. Es otro mundo, aunque hay muchos parecidos y los compartimos. Las experiencias mutuas nos ayudan a aceptar mejor la cara injusta y dura de la exclusión. Y a consolarnos….

