«Normalidad» en el puente

¡Hoy he jugado a la brisca y he ganado!.
C. me ha retado y no sabía con quien se las jugaba.

«La Pensión Calatrava» sigue funcionando, y sus inquilinos siguen espectantes, pero la vida continúa. Cuando hemos llegado, había organizada una timba de cartas. Puri y yo observábamos. Cuando han terminado, C. me ha hecho sentar y entre los dos hemos jugado una partida, mano a mano. Yo no me dejo ganar, aunque no me preocupa perder. No sé si a C. le ha gustado demasiado, pero nos hemos despedido con un fuerte apretón de manos y sin rencores.

LA CUÑA

¿Que ha existido siempre la mendicidad?, poca gente lo negaría.
¿Que durará desde ahora hasta que explote el sol?, si miro la historia, cambiando motivos, matices y circunstancias, ateniéndome a la era actual, yo diría que sí, que la mendicidad o, mejor dicho, quien la practica seguirá buscando la calle como hogar.
Dudo que exista ni modo ni personas que la erradiquen al 100% de este sistema de vida.
Pero, como cuando quieres partir algo duro y abres una brecha lo suficientemente adecuada para meter una cuña y das un golpe -que lo más importante sea no parar más que la fuerza-, sabes que la cuña se irá abriendo camino. Lo importante puede que sea el material de que esté hecha y quién sea el que la golpea, que necesariamente ha de ser alguien que tenga toda la fuerza para tener todos los relevos necesarios para que el golpeo sea continuo.
No basta con una o dos manos que den con todas sus fuerzas, pues, aunque no se quiera, el esfuerzo sólo durará hasta que le falten las fuerzas. Pero una vez haya avanzado todo lo que su voluntad haya podido, llegará un momento en que gire la cabeza mirando a un lado y a otro, sin dejar de golpear, buscando un relevo.

Gabriel

SIGUE ANDANDO

No sé si es aburrimiento, tozudez o estar cansado de que te echen de todos lados mirándote por encima del hombro personas cuyo cerebro tan sólo funciona al sentir las monedas en su bolsillo.
Pero hay que tener valor para creer que con tan sólo tus ganas y un poco de ayuda, si te la ofrecen porque la vean necesario, cambias, con el tiempo, ese aspecto que la mayoría toma, aunque al pasar te den lo que puedan.
No sé qué transformación tendrá lugar en tu cerebro cuando gota a gota lo cambies de color y sabor diferente. Te veas limpio -no de ropa- y claras las ideas -las tuyas no las de antes-. Pero aun siendo diferentes, serán las tuyas, ni mejores ni peores, saldrán de tí. Y si éstas te ayudan a encontrar trabajo, cerrando tras de tí una puerta, ya será la repanocha. No tienes que ser motivo de envidia, pero sí de ejemplo, no siendo la excepción que confirma la regla, sino uno más eligiendo otro camino, imaginando, soñando o, simplemente, y sin complicarte la vida, andando con pie más firme que antes.

Gabriel

Aún siguen en el Puente

¡Sorpresa! No habían realizado el desalojo… todavía.
Las últimas lluvias lo impidieron.
Y la gente seguía allí, esperando.
La guardia urbana les ha comentado que, en cuanto se pueda, pasarán las máquinas, pero que primero habrá que fumigar (¡qué mal suena eso de fumigar cuando hay personas por medio…!).
Lo tienen todo preparado para la marcha: sus carros, sus maletas, sus bolsas…
Allí dejarán los colchones, las mantas, los sofás…, el mobiliario en general.
Poco a poco, desde el último desalojo, habían ido haciendo más habitable el espacio. ¡Sucio, eso sí!, pero habitable…
Los ánimos estaban más calmados. Supongo que todos, con el paso del tiempo, aceptamos las situaciones, aunque éstas nos sean adversas.
Algunos aún no saben a dónde irán, otros están con nosotros. Hay quienes al final usarán los recursos que les ha ofrecido el equipo de calle del Ayuntamiento y hay quienes ya se han buscado otro espacio a modo de okupas.
Pero todos están expectantes, como el pueblo israelita al salir de Egipto, a la voz de ¡ar!.
Hubo uno que explícitamente nos agradeció a Puri y a mí nuestra presencia (¡a nosotros que no hemos resuelto nada…!):
– «Porque vosotros, al menos, os habéis preocupado».
¡Y es verdad!, nos hemos preocupado…, pero ellos siguen allí…
Es ese sabor agridulce que queda cuando eres consciente de tus propias limitaciones.

Enrique

 

Martes, 20 de Mayo de 2008

Los tenía olvidados. Los martes. El último del que escribí fue en Enero. Desde entonces han pasado algunas cosas. Unas buenas y otras no tanto. Aunque esto de lo bueno y de lo malo en este tema de la gente que está en «situación de calle» (me gustó este modo de referirse a estas personas, que trajo Horacio, de la ONG argentina Proyectosiete) es, si más no, relativo.

Una de las cosas que más me han impactado, ha sido el descubrimiento del Puente de Calatrava y de qué manera se organizaban y convivían sus inquilinos. Allí he podido contactar con más crudeza cómo entre ellos mismos hacían también sus propios grupos clasistas: No se mezclan los «pastilleros» con los que no lo son y allí no se permite la entrada (es curioso, con los miedos que yo tenía al entrar) a «los drogatas que se pinchan».
Pero ya todo va a ser pasado. El próximo martes procuraré enterarme de cómo fue el desalojo. Ahora a toda esa gente que ya teníamos localizada y en seguimiento, tendremos que volverlas a buscar…

¿Cómo están las personas de las que voy escribiendo en Historias de la calle? Intentaré hacer un resumen de lo que ha pasado para cada una de ellas.

 

Juan José

  • En diciembre escribí largo y tendido; «Todo el tiempo del mundo o la historia de un proceso», pero la historia continúa.
    A mediados de Enero dejó la pensión, mejor dicho, se iba y venía: «Es que a la pensión no se puede ir si se está borracho…», decía alguna vez con dignidad.
    En febrero un día se presentó con la nariz hecha un cristo. Le habían pegado y se le habían llevado la cartilla de ahorro. Le acompañamos a la sucursal para bloquearla y a la semana siguiente se fue él solo y le hicieron otra nueva.
    Un día nos habló de su madre (pocas veces lo hace) y la recuerda como que siempre había en la casa algún hijo nuevo a quien cuidar.
    A veces se desboca hablando y Puri y yo nos embobamos con tanta charla y tanta «sabiesa» hecha en la calle. Nos contaba: «Resulta que yo pido por la calle, que es mi casa, y la policía se me lleva; pero los curas piden en las iglesias y no pasa nada: están en su casa…»
    ¡Pero, ah, sorpresa! A primeros de Marzo fue él el que quiso entrar en pensión, «pero pagando» y se puso en contacto con Ester, la trabajadora social de Arrels, y se pusieron de acuerdo en la cantidad a pagar.
    (En Arrels se intenta el copago en función de los ingresos que perciba).
    Así estuvo un mes, luego se volvió a la calle y, lo que es peor, no le hemos vuelto a ver y por Riereta no ha ido. Sabemos que está bien, pero los martes no aparece en su banco…
    Puri y yo le echamos de menos.
    A lo dicho ¿en dónde comienza y en dónde termina el éxito o el fracaso de nuestro trabajo?.

Para leer más sobre Juan José

Es tarde. Me voy a dormir. Mañana seguiré con otro martes.

CUANDO EL PUENTE QUEDA LIMPIO II

¡Estoy jodido!
¡Estoy tocado!
Lo dije el otro día: «El hacer calle, a veces, sólo a veces, se hace difícil»
Hoy ha vuelto a ser uno de esos días «difíciles». Y lo ha provocado otra vez la «Pensión Calatrava».
El motivo ha sido su desalojo. El segundo desalojo que Puri y yo vivimos desde que un día alguien, uno de sus inquilinos, nos invitó a entrar.
La Guardia Urbana les ha avisado de que el lunes próximo entrarán las máquinas. (Todo un detalle por parte de la urbana en avisar con antelación). Parece ser que se trata de un desalojo definitivo. Posiblemente «por obras de adecuación urbanística del entorno» o algo similar. 

A las personas allí alojadas nos las hemos encontrado preparando su marcha. Al vernos, desbocaron sobre Puri y sobre mí toda su rabia, toda su impotencia.
Se trata de un desalojo en toda regla; pero estos inquilinos no tienen «papeles» para reclamar derechos.
Sólo les queda que protestar y echar sobre nosotros toda su angustia. 

Nos utilizan. Puri y yo sabemos que en ese momento nos están utilizando y quieren manejar nuestros sentimientos. Pero es todo lo que les queda. Y con dardos envenenados nos hieren:
«No valen las palabras, ahora son los hechos».
«No se viene aquí para observarnos, necesitamos soluciones».
Y entre tanto F. nos enseña el lazo que ha colgado del puente y nos escenifica cómo se colgará de él por el cuello en el momento que le quieran echar de allí:
«Y así verán lo que ha pasado!» 

Y Puri y yo en medio, poniendo nuestra persona y nuestra comprensión como coraza. Pero sin poder ofrecer salidas. Entre otras razones, porque las salidas que podemos dar seguramente que son las mismas que ya les han ofrecido sus educadores de calle del SIS, que hacen bien su oficio, y que probablemente no las han querido:
«Prefiero dormir al raso que rodeado de gente que escupe, ronca, roba, se droga…»

Y yo, en el fondo, lo entiendo (¡o no lo entiendo! ¡Vaya usted a saber!). Pero sí sé que en estos albergues, aunque han mejorado en muchos aspectos, hay de todo menos intimidad. Pero es lo que hay. Los recursos que la Administración tiene para ofrecer a estas personas y a otras no tan similares, son dormitorios colectivos y temporales y, de vez en cuando, pensiones para unos meses; pero éste ya es un recurso excepcional y caro. Sin embargo, posiblemente, de entre los recursos que hay, la pensión es uno de los más adecuados en estos momentos primeros de salir de la calle. De hecho el Equip de Carrer de Arrels es el recurso que más hemos utilizado hasta ahora y, para algunos de los usuarios, viene a ser el definitivo. 

Y entre tanto guirigay, ¡te quedas tan solo entre ellos con sólo la relación…!
No. No quieren tus palabras. Eso está bien en otro momento.
Hoy quieren soluciones. Y tú sólo te tienes a tí.
Y te recome tu impotencia y la del otro.
Y sólo tienes palabras para asentir. Estás con ellos. Te duele su dolor.
Sabes, también, que te utilizan; pero tú sabes que, a pesar de ello, es injusta su situación y tú no tienes soluciones.
Y el lunes, para beneficio de nuestra sociedad, dejarán sin «vivienda» a unas veinte personas. Son «los daños colaterales» de todo progreso (de toda guerra de los unos contra los otros).
«Al fin y al cabo ¿qué más quieren?, ¡¿si les están ofreciendo un sitio dónde dormir y ellos no quieren utilizarlo…?!»
 
¡¿Y por qué no querrán…?!

(Y recordé la historia que se cuenta en Arrels de aquel que, «desagradecido», le tiró a la espalda el bocadillo que le acababa de dar: -¿Y qué es lo que querrá?. Fue lo que pensó entonces aquel hombre y lo que motivó que se crease Arrels, para intentar dar respuesta a la pregunta.)

Claro que, si todos los que duermen en la calle, de pronto cambiasen de opinión, no habrían recursos suficientes para alojarlos.
A lo mejor interesa mantener la situación y seguirles culpabilizando de que son ellos quienes quieren vivir entre mierda, en vez de estudiar y poner dinero en recursos adecuados, dignos y suficientes, dando respuesta a lo que ellos reclaman.
Después, los que quieran seguir en la calle, ya nos encargaremos nosotros de hacerles compañía hasta que decidan otra cosa. Porque todos los que estamos en esto sabemos que, eso de salir de la calle, es algo más complicado que la negativa a un albergue. Pero ¡a cuántos nos quitaríamos de en medio de la calle si los recursos fueran suficientes, dignos y adecuados…!

Sólo hay un «pero»: Que este primer recurso es seguramente el que cuesta más en dinero y, a su vez, es el que cuenta menos en éxitos y en «resultados». 

¿No soy objetivo?… Seguramente que hoy no, pero no digo mentira.

Enrique

BASTA DE HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS VIVIENDO EN LA CALLE.

El otro día me sorprendió gratamente un comentario que un argentino hacía en el post «La Pensión Calatrava». Se llama Horacio y el comentario era éste:

«Hola mi nombre es Horacio Avila, y pertenesco a una ONG, llamada proyecto7 de argentina, creada por gente en situacion de calle y para gente en situacion de calle, el video es realmente impresionante expresa realmente el sentir de vivir en la calle, yo he estado tres años viviendo asi, y me ha emocionado hasta las lagrimas, nosotros luchamos dia a dia para que el gobierno nos de una solucion a las distintas problematicas que nos afectan. Este sabado 17 de mayo de 2008, nosotros presentamos conjuntamente con la productora STVprocucciones un corto que nos llevo 4 años de elaboracion, se presentara en el aula magna de la facultad de Psicologia de la UBA, y es para difundir el tema y tratar de que todo el mundo tome conciencia de lo inhumano de la situacion. Ojala nos sigamos comunicando y un dia logremos una convension mundial de gente en situacion de calle, (o los sin techo como algunos nos llaman), sin mas y esperando su respuesta un abrazo cordial. HORACIO AVILA ONGproyecto7, GENTE EN SITUACION DE CALLE, BUENOS AIRES ARGENTINA»

Le contesté en privado y me mandó información sobre su ONG y de los proyectos que están realizando para la reinserción laboral de todos los que participan como equipo. Es un proyecto admirable y me gustaría darle todo mi soporte.
La ONG la conforman gente que están o han estado en «SITUACIÓN DE CALLE» (como él mismo los llama).
También me envió el enlace a su blog «Proyecto siete o.n.g.», del que quiero destacar: un video «La Brecha Social (x Kike)» ; el título que encabeza este post; y esta poesía:

 

LA VIDA DESDE UN UMBRAL

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MI PROBLEMA

¿De qué puede escribir una persona con la experiencia de haber vivido durante un tiempo en la calle?
Si le gusta hacerlo -escribir- y esa vida le ha marcado de alguna manera, lo hará recordando esas vivencias.
Si alguien las lee, porque ha tenido la oportunidad de hacerlas públicas, tiene el derecho de pensar, con toda la razón, que todos hemos tenido o tenemos problemas más graves, para él, que el de dormir en la calle.
Es como a aquel que le duelen las muelas y al otro la rodilla. ¿A quién le duele más? El propio es el dolor más grande, aunque te sensibilices con el dolor del otro.

Por ello y sin necesidad de ser un quejica, es bueno compartir el daño o el problema, porque, ¿por qué no?, el que te escuchen y te acompañen te muestra la solidaridad de la que son capaces la gente que te rodea.
A cada dolencia, a cada problema le hacen falta respuestas. Como en todo, habrá quienes ante aquellas dolencias y aquellos problemas se muestran indiferentes, pero, al hacerlos públicos, primero se hace constancia de que existen y que, el que las sufre, no está solo y, por tanto, que la presión que se puede hacer en quienes pueden aliviar el problema es mayor.
No ha de escucharse el «tú tienes lo que te mereces», sino el «¿por qué lo has hecho?».
Nadie es santo en esta vida. Hay buenos y hay menos buenos y malos y muy malos. Eso es real. Por ello, cada vez que alguien escucha tu dolor o tu problema y te lo cura o alivia, es digno de respeto y ejemplo si lo quieres seguir.

Gabriel
¿Quién es Gabriel?

CUANDO LA NOTICIA NO PUEDE ESPERAR

El lunes salió mi nombre en los «papeles».
El martes anterior un periodista me estuvo intentando localizar durante toda la tarde. Al final y mientras regresaba a casa lo consiguió.
Cinco minutos. Fue una conversación de teléfono móvil de cinco minutos.
El periodista había hablado ya con expertos en el tema y había constatado que la gente que vive en la calle vive insegura: La roban, la pegan… y además nadie atiende sus denuncias cuando las hacen y si es que las hacen.
A mí me había llamado porque quería también participar de mi experiencia en este mundo de la exclusión.

Pero la noticia tenía que salir ya; no podía demorarse. (Como si la violencia que padecen los excluidos fuera cosa de hoy y mañana ya no existiera…)

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SIN PAPELES

Erase que se era la historia de un señor que, como únicas pertenencias, un macuto a la espalda llevaba.
Recorriendo la ciudad, después de todo el día caminando, un portal encontró y que, según su idea, a nadie molestaría si, por el tiempo que en la ciudad estuviera, lo tuviera por morada.
Era la entrada de un parking que tenía el suficiente espacio como para no suponer obstáculo alguno para la salida de vehículos.
He te aquí que, pasados los días de tener de huésped a quien nadie había llamado para que lo fuera, supongo que la comunidad decidió no darle papeles de residencia a quien, por lo que parece, degradaba el inmueble.
Pensaron, pues, poner puertas donde antes había hueco y expulsaron a la persona «non grata» del lugar.
Yo no dudo de que los que allí viven sean buenas personas, dando, cuando lo piden, a quien creen necesitado. Pero el problema está «en que en nuestra casa ¡no, gracias!».
¿Está bien?, ¿está mal?…, ¿actuaría yo así?…, ¿lo harías tú?…

Yo quiero que no haya gente que en la calle duerma.
La mayoría diría que: «claro que es una pena que haya personas que vivan así.»
Entonces todos estaríamos de acuerdo en las ayudas necesarias para que no tengan que echar a nadie del portal donde viven. Las mismas que darían a quien puede que conozcas.

Gabriel
¿Quién es Gabriel?