EL EURO DE MANUEL

¿Quién puede ponerse en la piel de aquel para quien un euro le va la vida…?

Manuel vive en una residencia.
Desde hace años que, oficialmente, dejó la calle. Y digo oficialmente, porque, aún hoy, a veces, se escapa y vuelve a su “antiguo parque” .
Lo sorprendente es que lo hace aun y a pesar de que le duelen las piernas y que, para poder desplazarse, necesita de un andador en donde apoyarse.
Por eso será que Manuel, los días que permanece en su “antiguo parque”, los pasa sentado en su “antiguo banco”, sin moverse.
Luego, cuando ya lleva algunos días/semanas allí -será también que el parque le cansa-, abandona su banco y se deja llevar otra vez a la residencia.

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EL ENTIERRO DE JUAN

Hoy, Juan, estuve en tu entierro.
No quedaste solo. Veinticinco personas te acompañamos y te dimos el último adiós en el cementerio.
Hay más gente que te aprecia, pero hoy no estuvieron. Ya sabes…, el morir no apetece. Te quieren vivo. Así, ellos piensan, te tendrán para siempre.

Subieron tu ataúd a lo más alto.
Mientras lo introducían en la oquedad eterna, junto con las flores que Lluc te llevó, y ajustaban con argamasa la losa sin nombre que tapará para siempre la luz que llega del exterior, dos nichos más abajo descubrí un letrero enganchado al cristal de la puerta, que decía:

“AVÍS DESNONAMENT”
“AVISO DESAHUCIO”

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UNA MUJER: MARIA

Mujer de carácter, a veces acoge y a veces nos echa,
pero no sé qué tiene María que, cuando la conoces,
se te desborda la “tendresa”.

María empieza a hacerse mayor -ya no cumplirá los setenta-.
De entre toda ella, destaca su mirada.
Sus ojos la delatan: azules, ¡grandes!, ¡abiertos!
Todo lo mira.
Todo lo observa.
Nada de lo que pasa a su alrededor se le escapa.
A todos conoce.
Con todos habla…
A todos y con todos los que, como ella, pisan y duermen la calle.
Con ellos se sienta, comenta, les grita…, se enfada…
Sobre todo les grita.
Los otros… la escuchan… y callan…, la vigilan…, la aguantan… Sigue leyendo

GRÀCIES, JOAN

Ignasi es otro voluntario del equipo de calle de Arrels. El otro día estuvo con Joan y escribió sus sensaciones. Yo le pedí poner su escrito en el blog y él accedió.
Mis primeros recuerdos de Joan se remontan a cuando yo apenas acababa de aterrizar en Arrels. Él, un día me vio de novato y quiso marcar el terreno y, señalándome con el dedo índice, me avisaba: “¡Cuidado conmigo!. No te pases, que yo, de aquí, lo sé todo.”
Me dejó un poco… digamos que ‘acongojado’, la verdad. Pero con el tiempo nuestra relación se ha hecho entrañable. Ahora Joan está mal, muy mal…

Com que era 24 de Juny (Sant Joan) vaig decidir anar a la Llar a veure’l.

Habitació 205, la porta oberta i el terra mullat. Ell, en Joan, hi era estirat a sobre del llit sentint la radio. Bon dia i felicitats, li vaig dir, no vaig entendre la seva contestació però es va alegrar de veure’m.

Després d’uns 10 minuts de parlar li dic: Què Joan, anem a prendre un cafè? I com si tingués a sota una molla va saltar del llit, es va calçar i va dir !!! anem !!!.

Doncs anem, creuem el Paral·lel i ens dirigim a la terrassa del Rincón de Manolo.

El cambrer en veure’ns arribar em diu:

Este señor viene con usted?

Sí, li vaig dir.

Entonces vale.

En Joan demana un ‘trifàsic’ i es fuma una cigarreta després de treure-li el filtre…., te ganes de fumar.

En aquella estona a la terrassa es va sincerar i entre d’altres coses em va dir: Ignasi crec que em queda poc, ho sé… El veia seré, el veia agraït per aquella estona de companyia al mateix temps que jo sentia una mena d’angoixa en veure el que m’estava dient i no podia fer res, només estar amb ell.

Gràcies Joan per aquests moments i molts d’altres que he pogut compartir amb tu i que encara podrem compartir.

Ignasi Xuclà

Y HAY QUIENES SE CULPAN Y SUFREN

– Manel debe de estar en algún hospital. Alguien le vió inconsciente tirado en el suelo y llamó a una ambulancia que se lo llevó.

Quien nos daba la noticia era Cristóbal, compañero de Manel que, como él, lleva en la calle ni se sabe de tiempo.

– Lo mismo ya ni le encontráis. Estaba muy enfermo.

Y es verdad. Hacía dos semanas que le habíamos visto por última vez:

– Manel, te acompañamos al médico…
– No, al médico no; pero esta tarde me llegaré por Riereta para ducharme y cambiarme de ropa. Estoy muy sucio.

No vino. Le esperamos, pero no vino.

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LA PENSIÓN DE GERARDO

Gerardo tenía hasta ahora una habitación y, puntualmente, cada mes, pagaba su alquiler.
Su contrato, no escrito, le daba derecho a casi todo: a usar la cocina, a estarse en el comedor, a la ducha y, ¿cómo no?, a acceder a los aseos.

Hasta hace unas semanas, todo marchaba conforme a lo previsto: Cada noche Gerardo se llegaba al piso, un bajo a pie de calle, abría la puerta del piso con la llave que le proporcionó la persona que cobra el alquiler  -que no por ello significa que sea el dueño- y accedía a su habitación a través de su puerta. Allí tenía su cama, su armario, su TV y… su ventana también.

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LOS MIEDOS Y LAS SEGURIDADES ANTE LOS “INCIVISMOS”

Periódicamente, a falta de otras noticias más interesantes, suelen aparecer en algunos de nuestros diarios informativos las quejas de ciertos vecinos por lo inaguantable que se les hace soportar la convivencia con personas que viven en la calle.
La noticia se trata de una forma tan poco seria, mezclando ‘churras con merinas’, que el discurso se hace trivial y sensacionalista, no aportando solución alguna al tema; aunque, por el contrario, sí se vislumbra un tendencioso culpabilizar, soliviantando con ello los instintos más xenófobos de una parte de nuestra ciudadanía hacia un colectivo que, no lo olvidemos, es el primero en sufrir la carga de una situación injusta que esta sociedad del bienestar creamos.

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