CUANDO EL PUENTE QUEDA LIMPIO II

¡Estoy jodido!
¡Estoy tocado!
Lo dije el otro día: «El hacer calle, a veces, sólo a veces, se hace difícil»
Hoy ha vuelto a ser uno de esos días «difíciles». Y lo ha provocado otra vez la «Pensión Calatrava».
El motivo ha sido su desalojo. El segundo desalojo que Puri y yo vivimos desde que un día alguien, uno de sus inquilinos, nos invitó a entrar.
La Guardia Urbana les ha avisado de que el lunes próximo entrarán las máquinas. (Todo un detalle por parte de la urbana en avisar con antelación). Parece ser que se trata de un desalojo definitivo. Posiblemente «por obras de adecuación urbanística del entorno» o algo similar. 

A las personas allí alojadas nos las hemos encontrado preparando su marcha. Al vernos, desbocaron sobre Puri y sobre mí toda su rabia, toda su impotencia.
Se trata de un desalojo en toda regla; pero estos inquilinos no tienen «papeles» para reclamar derechos.
Sólo les queda que protestar y echar sobre nosotros toda su angustia. 

Nos utilizan. Puri y yo sabemos que en ese momento nos están utilizando y quieren manejar nuestros sentimientos. Pero es todo lo que les queda. Y con dardos envenenados nos hieren:
«No valen las palabras, ahora son los hechos».
«No se viene aquí para observarnos, necesitamos soluciones».
Y entre tanto F. nos enseña el lazo que ha colgado del puente y nos escenifica cómo se colgará de él por el cuello en el momento que le quieran echar de allí:
«Y así verán lo que ha pasado!» 

Y Puri y yo en medio, poniendo nuestra persona y nuestra comprensión como coraza. Pero sin poder ofrecer salidas. Entre otras razones, porque las salidas que podemos dar seguramente que son las mismas que ya les han ofrecido sus educadores de calle del SIS, que hacen bien su oficio, y que probablemente no las han querido:
«Prefiero dormir al raso que rodeado de gente que escupe, ronca, roba, se droga…»

Y yo, en el fondo, lo entiendo (¡o no lo entiendo! ¡Vaya usted a saber!). Pero sí sé que en estos albergues, aunque han mejorado en muchos aspectos, hay de todo menos intimidad. Pero es lo que hay. Los recursos que la Administración tiene para ofrecer a estas personas y a otras no tan similares, son dormitorios colectivos y temporales y, de vez en cuando, pensiones para unos meses; pero éste ya es un recurso excepcional y caro. Sin embargo, posiblemente, de entre los recursos que hay, la pensión es uno de los más adecuados en estos momentos primeros de salir de la calle. De hecho el Equip de Carrer de Arrels es el recurso que más hemos utilizado hasta ahora y, para algunos de los usuarios, viene a ser el definitivo. 

Y entre tanto guirigay, ¡te quedas tan solo entre ellos con sólo la relación…!
No. No quieren tus palabras. Eso está bien en otro momento.
Hoy quieren soluciones. Y tú sólo te tienes a tí.
Y te recome tu impotencia y la del otro.
Y sólo tienes palabras para asentir. Estás con ellos. Te duele su dolor.
Sabes, también, que te utilizan; pero tú sabes que, a pesar de ello, es injusta su situación y tú no tienes soluciones.
Y el lunes, para beneficio de nuestra sociedad, dejarán sin «vivienda» a unas veinte personas. Son «los daños colaterales» de todo progreso (de toda guerra de los unos contra los otros).
«Al fin y al cabo ¿qué más quieren?, ¡¿si les están ofreciendo un sitio dónde dormir y ellos no quieren utilizarlo…?!»
 
¡¿Y por qué no querrán…?!

(Y recordé la historia que se cuenta en Arrels de aquel que, «desagradecido», le tiró a la espalda el bocadillo que le acababa de dar: -¿Y qué es lo que querrá?. Fue lo que pensó entonces aquel hombre y lo que motivó que se crease Arrels, para intentar dar respuesta a la pregunta.)

Claro que, si todos los que duermen en la calle, de pronto cambiasen de opinión, no habrían recursos suficientes para alojarlos.
A lo mejor interesa mantener la situación y seguirles culpabilizando de que son ellos quienes quieren vivir entre mierda, en vez de estudiar y poner dinero en recursos adecuados, dignos y suficientes, dando respuesta a lo que ellos reclaman.
Después, los que quieran seguir en la calle, ya nos encargaremos nosotros de hacerles compañía hasta que decidan otra cosa. Porque todos los que estamos en esto sabemos que, eso de salir de la calle, es algo más complicado que la negativa a un albergue. Pero ¡a cuántos nos quitaríamos de en medio de la calle si los recursos fueran suficientes, dignos y adecuados…!

Sólo hay un «pero»: Que este primer recurso es seguramente el que cuesta más en dinero y, a su vez, es el que cuenta menos en éxitos y en «resultados». 

¿No soy objetivo?… Seguramente que hoy no, pero no digo mentira.

Enrique

BASTA DE HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS VIVIENDO EN LA CALLE.

El otro día me sorprendió gratamente un comentario que un argentino hacía en el post «La Pensión Calatrava». Se llama Horacio y el comentario era éste:

«Hola mi nombre es Horacio Avila, y pertenesco a una ONG, llamada proyecto7 de argentina, creada por gente en situacion de calle y para gente en situacion de calle, el video es realmente impresionante expresa realmente el sentir de vivir en la calle, yo he estado tres años viviendo asi, y me ha emocionado hasta las lagrimas, nosotros luchamos dia a dia para que el gobierno nos de una solucion a las distintas problematicas que nos afectan. Este sabado 17 de mayo de 2008, nosotros presentamos conjuntamente con la productora STVprocucciones un corto que nos llevo 4 años de elaboracion, se presentara en el aula magna de la facultad de Psicologia de la UBA, y es para difundir el tema y tratar de que todo el mundo tome conciencia de lo inhumano de la situacion. Ojala nos sigamos comunicando y un dia logremos una convension mundial de gente en situacion de calle, (o los sin techo como algunos nos llaman), sin mas y esperando su respuesta un abrazo cordial. HORACIO AVILA ONGproyecto7, GENTE EN SITUACION DE CALLE, BUENOS AIRES ARGENTINA»

Le contesté en privado y me mandó información sobre su ONG y de los proyectos que están realizando para la reinserción laboral de todos los que participan como equipo. Es un proyecto admirable y me gustaría darle todo mi soporte.
La ONG la conforman gente que están o han estado en «SITUACIÓN DE CALLE» (como él mismo los llama).
También me envió el enlace a su blog «Proyecto siete o.n.g.», del que quiero destacar: un video «La Brecha Social (x Kike)» ; el título que encabeza este post; y esta poesía:

 

LA VIDA DESDE UN UMBRAL

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MI PROBLEMA

¿De qué puede escribir una persona con la experiencia de haber vivido durante un tiempo en la calle?
Si le gusta hacerlo -escribir- y esa vida le ha marcado de alguna manera, lo hará recordando esas vivencias.
Si alguien las lee, porque ha tenido la oportunidad de hacerlas públicas, tiene el derecho de pensar, con toda la razón, que todos hemos tenido o tenemos problemas más graves, para él, que el de dormir en la calle.
Es como a aquel que le duelen las muelas y al otro la rodilla. ¿A quién le duele más? El propio es el dolor más grande, aunque te sensibilices con el dolor del otro.

Por ello y sin necesidad de ser un quejica, es bueno compartir el daño o el problema, porque, ¿por qué no?, el que te escuchen y te acompañen te muestra la solidaridad de la que son capaces la gente que te rodea.
A cada dolencia, a cada problema le hacen falta respuestas. Como en todo, habrá quienes ante aquellas dolencias y aquellos problemas se muestran indiferentes, pero, al hacerlos públicos, primero se hace constancia de que existen y que, el que las sufre, no está solo y, por tanto, que la presión que se puede hacer en quienes pueden aliviar el problema es mayor.
No ha de escucharse el «tú tienes lo que te mereces», sino el «¿por qué lo has hecho?».
Nadie es santo en esta vida. Hay buenos y hay menos buenos y malos y muy malos. Eso es real. Por ello, cada vez que alguien escucha tu dolor o tu problema y te lo cura o alivia, es digno de respeto y ejemplo si lo quieres seguir.

Gabriel
¿Quién es Gabriel?

CUANDO LA NOTICIA NO PUEDE ESPERAR

El lunes salió mi nombre en los «papeles».
El martes anterior un periodista me estuvo intentando localizar durante toda la tarde. Al final y mientras regresaba a casa lo consiguió.
Cinco minutos. Fue una conversación de teléfono móvil de cinco minutos.
El periodista había hablado ya con expertos en el tema y había constatado que la gente que vive en la calle vive insegura: La roban, la pegan… y además nadie atiende sus denuncias cuando las hacen y si es que las hacen.
A mí me había llamado porque quería también participar de mi experiencia en este mundo de la exclusión.

Pero la noticia tenía que salir ya; no podía demorarse. (Como si la violencia que padecen los excluidos fuera cosa de hoy y mañana ya no existiera…)

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SIN PAPELES

Erase que se era la historia de un señor que, como únicas pertenencias, un macuto a la espalda llevaba.
Recorriendo la ciudad, después de todo el día caminando, un portal encontró y que, según su idea, a nadie molestaría si, por el tiempo que en la ciudad estuviera, lo tuviera por morada.
Era la entrada de un parking que tenía el suficiente espacio como para no suponer obstáculo alguno para la salida de vehículos.
He te aquí que, pasados los días de tener de huésped a quien nadie había llamado para que lo fuera, supongo que la comunidad decidió no darle papeles de residencia a quien, por lo que parece, degradaba el inmueble.
Pensaron, pues, poner puertas donde antes había hueco y expulsaron a la persona «non grata» del lugar.
Yo no dudo de que los que allí viven sean buenas personas, dando, cuando lo piden, a quien creen necesitado. Pero el problema está «en que en nuestra casa ¡no, gracias!».
¿Está bien?, ¿está mal?…, ¿actuaría yo así?…, ¿lo harías tú?…

Yo quiero que no haya gente que en la calle duerma.
La mayoría diría que: «claro que es una pena que haya personas que vivan así.»
Entonces todos estaríamos de acuerdo en las ayudas necesarias para que no tengan que echar a nadie del portal donde viven. Las mismas que darían a quien puede que conozcas.

Gabriel
¿Quién es Gabriel?

ANTONIO, DESCANSA EN PAZ

P.D.:
El 25 de Septiembre escribía sobre Antonio: «Volver a Empezar» . Aún Arrels no disponía de la Llar Pere Barnés. Ahora con más razón que nunca me llena de alegría el que la Llar haya funcionado para Antonio.

Hace tres días que murió Antonio.
Hoy era su entierro y allí hemos estado algunos pocos de los que le hemos querido y, muchas veces, aguantado.
Antonio era una de esas personas difíciles que te encuentras en la vida (tengan o no tengan techo bajo el que dormir): Estaba enfadado con el mundo y él nunca pretendió ocultarlo.
Antes de la risa, era el gruñido.
El saludo no entraba en sus normas de urbanidad -si es que alguna vez tuvo alguna-.
Y entre sus facultades destacaba la de «siempre pedir»: Hoy una gorra, mañana un sombrero, el pañuelo, la manta, la colonia, la bufanda, los guantes, el peine, los zapatos, la chaqueta, el chándal, el chaquetón y otra gorra y otro sombrero y la manta que olvidó y los zapatos que le robaron y el tabaco…
Antonio era grande, y, cuando entraba en Riereta, se hacía notar casi siempre por sus gritos; pero no eran necesarios, su sola presencia bastaba para tropezarte con él.
Se notaba que estaba y, expectante, esperabas: ¿Estará de buenas hoy?
Pero cuando faltaba, le echabas de menos.
Era como un chicarrón, gruñón, que se hacía el valiente. Pero detrás no había nada: soledad. Sólo soledad.
Y le dejabas que se hiciese el fuerte. Hasta que se pasaba y, entonces, te enfadabas y vuelta a empezar…
Porque siempre volvía.
Es una de esas cosas buenas que tiene Arrels: Sus puertas siempre quedan abiertas y «los Antonios» vuelven a entrar: «Aquí estoy». «¿Qué tal?, ¿Cómo estás?». «Como decíamos ayer…»

Y Antonio murió en la Llar.
Para muchos de nosotros, un triunfo.
Porque la Llar Pere Barnés la queríamos para Antonio, para todos aquellos «Antonios» que nadie quiere.
Y Antonio allí ha tenido su espacio, su trozo de vida, de su última vida, en su hogar, con dignidad.
Y esto nos hace grandes, porque hemos abierto lo mejor para el más olvidado.
Y esto hace grandes a las personas que en la Llar estuvieron con él hasta el último momento.

Por todo esto, esta mañana, en el cementerio, no se me ha hecho extraño el rezar.
Rezar en aquel templo sagrado, que era el asfalto, entre tanta gente ya olvidada, bajo el cielo azul.
Y en ese templo -el cielo, el asfalto, la gente olvidada- que acompañó a Antonio durante tanto tiempo de su vida, hemos juntado nuestras voces invocando a nuestro Dios cristiano y hemos acompañado con nuestro silencio más sentido unos versículos del Corán que la cuñada de Antonio ha cantado con voz entrecortada…
¡Con qué sentimiento, con qué emoción nos ha trasmitido su fe y su corazón aquella mujer…!
Dos modos de rezar a un solo Dios que vela ya por Antonio allá donde sea que esté, pero que está.
¿Será posible que digan que son las religiones las que nos separan a las personas?
Al final compruebas que es en la sencillez de los sin-nadie en donde Dios se hace visible en los corazones de los hombres y mujeres.
Sin apropiaciones, ni etiquetas. Sólo un Dios que nos quiere a todos por igual.

Antonio, descansa en paz. Amén.

Enrique

 

UN LARGO LAZO

Es un día más en el taller del Centro.
Entramos y ocupamos nuestros puestos cogiendo lo necesario para la ocupación que tenemos asignada.
Se acerca quien nos dirige los trabajos, comunicándonos el fallecimiento de la persona a la que hemos tratado desde que entramos a formar parte de la familia de usuarios y de quien de nosotros se ocupa.
Ha sido la tercera o cuarta persona, en lo que va de año, que nos deja y, como en cualquier otra familia, cada uno lo siente a su manera.
Quizás alguno piensa que podría ser el siguiente. O la lágrima interna de quien más cerca lo ha tratado.
Puede que ellos hayan pensado en algún momento que, a parte de la ayuda que les han prestado, va incluido un lazo fuerte, que de alguna manera se han sentido familiarmente acogidos y que, como en toda familia, es más fuerte en unos que en otros.
En ese intervalo de acogerlo, hasta saber que ya no lo verás más, quizás se ha sentido escuchado/a y tenido en cuenta… Quizás ha sentido el calor de las manos que le hicieron olvidar el frío de la calle…
Se quiere pensar que nos deja sin resentimiento, sabiendo que no estaba sola, perdurando su recuerdo en su familia.

Gabriel

¿Quién es Gabriel?

LO QUE DUELEN LAS MIRADAS

El hacer calle a veces, sólo a veces, se hace difícil.

Sobretodo cuando te cruzas con según qué mirada que, como en una gran pantalla, te deja entrever lo más profundo de su persona.
Es entonces que todas tus grandes razones y todas tus razonadas seguridades, se quiebran y se diluyen en el dolor de tus sentimientos.
Porque, detrás de la mirada, está la súplica, el desencanto, la mentira, la desesperanza, el abandono, los miedos…, la RENUNCIA…

Un día Jon, todo un técnico en informática, con el que da gusto hablar, debajo de su puente nos decía :

– Enrique, Alex, mi compañero, que duerme aquí, a mi lado, y que ha recorrido medio mundo, ahora es un INDIGENTE.
Y lo es, porque él HA RENUNCIADO.
Yo no soy un indigente, porque yo aún quiero salir…

Y nosotros estamos en la calle para que no renuncien, para que no se sientan indigentes.

Pero hoy me han mirado treinta y cinco años de desesperanza:

«¡Por favor, ayudadme…, no me dejéis…»

Y me ha costado aguantar su mirada.
Y es que cada vez que veo a Joana, me duele su mirada.
Joana tiene unos ojos azules preciosos y es madre por dos veces: Uno -según me contaron- se le murió de chiquito en un accidente, del otro… no sé si sabe…
Y en su mirada veo, o me imagino ver, toda su angustia que intenta derramar en el alcohol. Y esa angustia llena de vino, la transforma en súplica gangosa hacia quienes cree que se la pueden quitar.

Pero ¡yo no puedo quitársela!

Joana, ahora, está en un albergue. El equipo del SIS del Ayuntamiento le está haciendo el seguimiento adecuado, no la dejan. En este momento, según nos dice, espera plaza para desintoxicación… Otra más. Hace algunos años ya pasó por ello…
Es todo lo que, por ahora, podemos hacer. Hay que esperar. Lo sé, ya está.

Pero la mirada me hace herida, no lo puedo evitar.

No, Joana, no te vamos a dejar…; pero tú… NO RENUNCIES, NO TE HAGAS INDIGENTE. 

 

LA PENSION CALATRAVA

“¿Y qué van a hacer con nosotros…?
Como no sea que nos tiren al mar…”

  Aquí, en el centro, estaba la TV comunitaria, al fondo a la izquierda habían varios sofás y una mesa y, al otro lado, justo allí, eran los dormitorios. Cada cual tenía su colchón que lo compartía con su pareja, quien la tuviere. Teníamos también ducha, con cortina y agua caliente -el sol nos hacía las veces de radiador-.

En el medio estaba el fuego para calentarnos y, por las noches, a eso de las seis, nos daban la luz. Hasta nevera llegamos a tener aprovechando las cajas de empalmes.

En este sitio llegamos a vivir más de quince personas; pero nadie se metía con nadie y cada uno hacía su vida. Era… la “Pensión Calatrava”.

 

Quien así nos hablaba era el Jose. Hoy le hemos visto por primera vez. Estaba de paso. Tal vez quería recordar recuerdos. Pero hoy no había nadie más en la “pensión” y el Jose aprovechó para enseñárnosla, como cuando uno hace con el invitado que visita por primera vez nuestra casa.

Nosotros habíamos estado otras veces, pero no la conocíamos tan a fondo. El Jose se comportó con nosotros como un auténtico anfitrión.

 

         Os estoy hablando de cinco años para atrás -nos seguía explicando el Jose-.

Junto con el Sevilla y el Manuel, fuimos los primeros en establecernos aquí.

Luego fueron viniendo otros; pero, de los de entonces, sólo queda “el Sevilla”. Los demás ya no estamos, ahora quedan otros…

 

Pero hoy no hay nadie. La semana pasada los servicios de limpieza del Ayuntamiento, custodiados por dos dotaciones de la Policía Urbana, habían hecho su trabajo y todo el espacio que ocupaba “la pensión”, bajo el Puente Calatrava, había quedado limpio de sofás, de camas, de duchas, de cortinas, de neveras…, de basura…

Los servicios de limpieza del Ayuntamiento habían dejado a la “Pensión Calatrava” limpia y lista para una nueva incursión… que no tardaría mucho en producirse.

 

         Lo malo, decía el Jose, era el viento. Pero entonces te colocabas estratégicamente aquí, al lado de esta columna  -una de las que soporta el puente- y ahí estabas como Dios…

 

A la semana siguiente volvimos Puri y yo.

“La Pensión Calatrava” volvía a recobrar la vida, volvía a estar habitada…

Allí, al fondo, los sofás, el fuego en el centro y, entre columnas, los dormitorios… por aquello de lo del viento…

Y recordé lo que otro hombre de la calle, en una entrevista, le decía a la periodista:

 

 

“¿Y QUÉ VAN A HACER CON NOSOTROS…?

COMO NO SEA QUE NOS TIREN AL MAR…”

 

 

Hoy escribe Gabriel(12)

VIVA EL DINERO

Tengo en mí un contrasentido permanente.
Soy un cincuentañero y echo, ¡cómo no!, de menos aquellas sensaciones de buscar y de andar lo desconocido, de pisar y ver cosas que de joven me llamaron la curiosidad. Por otra parte me alegro o me conformo, según se mire, porque, al sentirme cada día más cerca de lo absoluto, me es más sencillo ver lo que para mí es verdad y lo que es teatro.
Verdad es que todos tenemos derecho a expresar nuestros sentimientos sin herir o dañar a los demás, circular libremente por todo nuestro entorno planetario, creer y practicar nuestra fe sin influenciar en los que no tienen ninguna o es diferente.
La parte teatral es la que hace funcionar la actual civilización, la economía. Sabido es que, salvo una minoría de personas, todas  necesitan tener un incentivo para que la producción no pare. Pero todo es para mí ficticio, puesto que lo único conseguido ha sido desproporcionar los niveles de supervivencia de paises y continentes enteros.
Es demagogia, lo sé, pero es una ventaja que tenenos los que ya estamos cerca del último tren. Vemos que la materia prima necesaria para hacer de este planeta no un paraíso de dibujos animados, pero sí un «hábitat»  con todas las necesidades cubiertas, está al alcance de la mano. ¡Que sí, que hay que trabajarla! Tan sólo modificando la forma de ver la vida diferente.
El poder en la Política, en la Iglesia, en la Industria es lo único buscado, desencaminando un camino que entre todos es posible, pero que ninguno sueña en realizar.

Gabriel

¿Quién es Gabriel?