LA VETA

El otro día charlaba con Richard sobre el blog intentando decirle que me sentía incapaz de seguir escribiendo porque todo lo que decía no era totalmente la verdad. Porque no sabía describir el bien y el mal de los que entramos en Arrels o en cualquier otro lugar dedicado a recibir a quien solicite o no precisa ayuda. Que él daba a leer la verdad de lo que contamos, el lugar y el modo en el momento que lo ve.
Richard comentó que no era su intención ponerse en el lugar de aquel a quien intenta ayudar. Que sabe perfectamente que la balanza no la tiene él para pesar el bien ni tampoco el mal. Él, con sus medios, da la mano, escucha e intenta sensibilizar.
Así que, supongo, que una manera será seguir ahondando en la mina, buscando una y otra vez la veta que la fe le dice que existe, con la ayuda de los comentarios de los que leen lo que se escribe que, separando alabanzas, escuche las posibles soluciones que se les ocurra a quien lee y, a quien, por lo que sea, nada dice aunque vea.

Gabriel

SE ABRE UNA NUEVA VENTANA PARA JUAN

Este es Juan y su barco que hizo con cerillas

 

 

 

Juan se ha animado a escribir las poesías que va imaginando para ponerlas aquí, en el blog. El otro día le oí recitar una y me gustó. Pero sobretodo me hace mucha ilusión que este blog se abra cada vez a más gente. Las voy a transcribir tal y como él me las escribe, con la misma métrica y la misma ortografía. Pienso que, a través de la escritura, uno también puede acercarse al «cómo» y el «qué» de la persona que escribe.

MADRE

Hoy me encuentro en la calle
y sin dinero.
Saboreando una maldita pena.
Buscando lo que no tengo, un
cigarro que distraiga las miles de malas
cosas que pienso, en la esquina
mis amigos de cuando yo tuve dinero
ni me an mirado siquiera;
Sigue leyendo

Cuando no sabes ni qué decir

En el blog de mis queridos colegas de Asís, «El Hotel de las mil estrellas», había una polémica sobre si las personas que están en la calle son culpables o no de estar así y en qué se ha fallado para que hayan personas que se encuentren en esta situación. Se me ocurrió entrar en el debate explicando mi última experiencia en la «Pensión Calatrava». He pensado que sería bueno ponerla también aquí y, de paso, animaros a que entréis en «el Hotel»

El otro día estuve por última vez en «La Pensión Calatrava» con Puri.
Estaban Enrique, Regina y Antonio.
Enrique ya es mayor y no quiere nada, pero se muere en la calle. Está mal y con temblores por el síndrome de abstinencia seguramente. Ahora no bebe porque el beber le sienta mal. Podría ir a la Llar Pere Barnés (de hecho él lo pidió y ha estado algunos días, incluso ha pagado por adelantado), pero ahora no quiere, prefiere estar con sus colegas. Yo estoy seguro que se morirá en la calle. Y tú sólo puedes que acompañar…
Regina, totalmente bebida, nos enseña sin pudor sus pechos para mostrarnos cómo Antonio le ha roto la blusa y el sujetador. Y también nos muestra los brazos que, según dice, se los ha quemado Antonio con cigarrillos. Y Antonio, mientras, gritando: «¡Ha tirado medio kilo de carne!,¡30€!». Y, efectivamente, en el suelo, hay carne rebozada de tierra. Y violentamente le quita a Regina el tabaco que mantiene escondido.
Y tú no sabes ni qué decir, ni qué hacer. Quisieras estar lejos de allí para no verte pringado en tal fregado. Pero aguantas y escuchas y acompañas y no dices nada, porque no sabes ni qué decir.
No tengo tiempo ni de pensar quién es culpable o si merece o no merece más oprtunidades o si debo de exigirle algo a cambio de…
Sólo sufro con ellos, porque ellos están sufriendo.

Donde estará el Gamusino

Gabriel también vino a la Ruca y hoy nos cuenta la anécdota del «Gamusino».
¿No sabéis qué es un «Gamusino»…?!

Es curiosa la forma de interpretar la salida de 6 días -excursión larga, vacaciones o como quieran llamarla- de personas con un denominador común: intentar pasar ese tiempo lo más tranquilo y relajado posible.
Están los que miran que esa tranquilidad no se rompa dentro de lo posible y los que van porque, unos: «si hay que ir se va» y otros: «vamos a ver a dónde nos llevan» o «a dónde vamos esta vez».

Dentro de lo que se puede hacer en esos días, concretamente por la noche, es ir en busca del «Gamusino». Una especie de unicornio enano que suele encontrarse cuando uno deja de ver las estrellas o bien cuando dejan de mirar a las vacas que pacientemente aguantan la presencia de extraños.
Nada obliga a adentrarse en los bosques en busca de los mágicos Gamusinos que delatan con su luz la mítica presencia para los que dicen que existen.
Y, mientras dura esa aventura, otros pueden estar durmiendo jugando al parchís o mirando a las musarañas, deporte muy extendido y en estudio para agregarlo como prueba olímpica.
Se vuelve la osada expedición sin haber capturado ningún despistado Gamusino; aunque algún intrépido asegura haber visto de reojo algún raro destello de algo brillante que se movía.

Todo está como lo dejaron. La noche arropa a quien duerme o lo intenta. Quedan las conversaciones nocturnas.
Mañana un día más o uno menos: la botella está siempre igual, a la mitad.

Gabriel

María y Juan: Mare i fill

"el caso es que yo sí creo que Dios le quiere. Porque mi Dios no está tranquilo en la desigualdad."

En Abril del 2004 escribí el relato de una madre y de un hijo que, entonces, vivían en la calle.
La primera vez que Ester y yo vimos a esta mujer, María, fue en Enero de aquel año. 
Una semana después conocimos a su hijo, Juan, que ya nunca se separaría de su lado.
Desde entonces han pasado muchas cosas.
En Octubre de aquel mismo año accedieron a venir por Arrels y, desde ese momento, Arrels ha ido apoyando y reforzando la acción de la Fundació Tomás i Canet, que ejercía la tutela de María, y se les buscó pensión, a los dos.
Luego, durante más de un año, ella estuvo en un centro de salud mental y él, todos los días, sin falta, la visitaba. 
Allí comían juntos y vivían juntos. Hasta que, llegada la noche, Juan volvía a su pensión, a dormir.
Una vez por semana Juan se pasaba por Arrels para ducharse y, a veces, «si le daba tiempo», echar una partida de ajedrez.
Hace unos meses, no sé si con alta médica o sin ella, María se marchó del centro de salud mental.
Juan dejó la pensión y, juntos, se fueron a visitar a sus vírgenes… 
Hace poco regresaron.

Hoy, ahora, vengo de enterrar a María.
De repente se complicaron las cosas y el lunes Juan nos llamaba para decirnos que su madre había muerto.
Unos días antes la había ingresado en el hospital por problemas respiratorios.
Pero él, después de comunicarnos la noticia, se dió de baja de la pensión y se fue ¿quién sabe a dónde…?
Hoy no estaba en el cementerio.
Han venido sus tìas, sus primos, …, sus otros hermanos…; pero él, que era el único que siempre la había acompañado, no estaba para despedirse.
Me preocupa, nos preocupa. Él siempre había dependido de su madre. Sin ella ¿qué hará ahora…?
Le buscaremos. Y cuando le encontremos, allí estaremos, otra vez a su lado, para acompañarle en su duelo…, si nos deja…, ¡ojalá nos deje…!

En recuerdo de esta mujer, que tanto ha debido de sufrir en la vida, os invito a que volváis a leer lo que en Abril del 2004 escribía: Hasta que el cuerpo aguante.
Por lo demás, confío plenamente en que el Dios, en el que ella también creía, ya la ha acogido para su descanso.

 

La «Pensión» quedó limpia, pero…

La

La pensión está vacía

Los técnicos toman medidas

Los técnicos toman medidas

 

«La Pensión Calatrava» la vaciaron y la limpiaron.

Hasta vimos a topógrafos tomando sus medidas. Pero no rompieron nada.
Así es que los residentes pronto volvieron. Algunos. Otros se han buscado nuevas «pensiones». Hay quienes se han ido a albergues que les ofrecieron los servicios sociales del Ayuntamiento.
En la «movida» se han establecido nuevos inquilinos.
El antiguo comedor se ha convertido en dormitorio. Los colchones se alinean en el suelo sin espacios para la intimidad. Y hay mantas revueltas que cubren colchones y personas, que aún duermen mientras nosotros estamos.
Los demás dormitorios ya no son. Cuando los servicios de limpieza del Ayuntamiento entraron, lo quitaron todo y ahora no ha habido nadie que los haya vuelto a instalar.
El sofá no está, pero el fuego sigue en medio de un espacio para la tertulia, con sillas que amablemente siempre nos ofrecen cuando llegamos.

 

Martes, 8 de Julio de 2008

«La señora de los ojos claros»

Hoy no quería pronunciar palabra y nos ha hablado gesticulando con la boca y moviendo sin parar las manos.
Al acercarnos, nos ha conocido, las caras, el saber los nombres ya es otra cosa que requiere más tiempo.
Su lata de cerveza en la mano, como siempre.
Esta vez sin abrigo. Sólo una camiseta de tirantes. Es verano y hoy ella también tenía calor.
Y al despedirse un beso en la mejilla de Puri. A mí no. Le es más cercana Puri…, parece…

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Raul

Raul vino de vacaciones a la Ruca.
Estuvo contento. Disfrutó.
Ya tiene sus colegas. Otros colegas diferentes a los que tenía cuando estaba en el banco de la plaza.
Está enfermo, pero ahora, al menos, se le controla la medicación y los médicos.
Lo que a veces sigue sin controlar es el vino… Y no le hace nada de bien para todo lo que tiene.

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Gerardo

El último día que le vimos antes de vacaciones estaba en la Plaza. Muy bebido, como casi siempre que está en la Plaza.
De todos modos le propusimos de venir con nosotros de vacaciones a la Ruca.
El año pasado ya estuvo de vacaciones y siempre nos habla muy bien de ellas.
Pero nos fuimos y él no vino.
La sorpresa fue que el jueves se presentó. Subió con Josep Mª, el educador. Nos alegramos y él realmente disfrutó.
Aunque un día nos dió un buen susto: sufrió un ataque epiléptico. Nadie de nosotros sabíamos que padeciese de esta enfermedad y él tampoco.
Por fortuna se quedó sólo en susto y gracias también a la pronta intervención de Mariona y Anna, enfermera y médica que formaban parte del equipo de voluntarios.
Al final ¡qué gozada verlo disfrutar y participar!.
En la última noche nos hizo una representación de «Cantando bajo la lluvia» emulando a Gene Kelly. ¡Una pasada!

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Jordi

Jordi un buen día volvió a aperecer en su banco.
De la operación… ni nombrarla. Todo un misterio.
Sigue ahí, sin pedir nada, durmiendo en su períodico que no pasa de página.
A veces sólo pasamos a su lado, sin decirle nada, por no molestar sus sueños…

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Dit i Fet. Siguen

En Diciembre escribí en este blog el manifiesto que varias entidades firmaron para evitar el desalojo de la Entidad Dit i Fet. Constituida por 17 personas que habían vivido en la calle.
Regularmente hay entradas al Blog interesándose por la situación de estas personas.
Lo he preguntado a Esglessia Plural y me han contestado que tanto por parte de la Parroquia, como por los de Sant Egidi, al final pensaron que ya encontrarían una alternativa para esta Entidad.
Lo que ahora me gustaría valorar es que:
– En aquel momento, sí había una decisión de llevar a cabo el desalojo.
– Que siempre el pobre, aun en la Iglesia, es el que pierde.
– Y que si no se ha hecho, es por lo de siempre: Por no quedar mal ante tanta avalancha de medios de comunicación y de presión popular que se les echó encima.
Pero no me fío. Las cosas se quedan paradas y es cuando se suelen relanzar.
La información está dada y actualizada a día de hoy.
Estaremos al tanto.

Martes, 10 de Junio de 2008

Paco

Paco sigue en la residencia. Nuestros compañeros de Arrels que están en el equipo de residencias, van yendo a verle periódicamente. Ellos nos dicen que está bien y que sigue hablando por los «codos».

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Gerardo

Gerardo ha seguido yendo y viniendo de la Plaza a la Llar. Ahora toca Plaza. No sabemos hasta cuándo.
Nos lo dijo un día mientras estaba sin beber: «Tengo 53 años ¿y qué hago aquí, sin hacer nada?» 
Y ves que sin beber también se siente mal, porque piensa en todo aquello que le ha roto por dentro y no es capaz de salir… Y vuelve a la Plaza a beber, a olvidar y a malvivir.
Mientras Gerardo no sea capaz de encontrar «razones», siempre volverá a la Plaza.
Y nosotros volveremos a por él.

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LUIS HA VUELTO A LA CALLE

«Porque la calle, Enrique, es dura y se pasa muy mal;  pero al mismo tiempo me llamaba y estuve a punto de quedarme. ¿Por qué será?…»

Esto era lo que Luis me contaba hace ahora un año.
Hoy, Luis, no ha aguantado y al final se ha dejado llevar por la llamada de la calle.

Me  lo dijo el martes Ester:

– Luis ha llamado y ha dicho que ha dejado la pensión y que ya está en la calle.

Quienes conocemos a Luis, temíamos que entraba en lo probable el que esto pudiera ocurrir. Pero, ahora, el hecho no dejaba de ser una mala noticia.

Era a mediados del 2004 que Luis decidió dejar los alrededores de Sants.
Ester, yo y, sobretodo, Marisol habíamos tenido bastante que ver en ese proceso que ya venía de otro año más de seguimiento en la calle.
Y, desde entonces, Luis tenía su PIRMI, había intentado algún trabajo -con poco éxito, por cierto- y dormía en pensión.

Pero los procesos no son cuentos de hadas. Los hay que terminan mal. O, mejor dicho, terminan no de la manera que a ti te gustaría que terminasen.
Y por mucho que te pongas corazas, en este juego de las relaciones humanas o te implicas o el tema como que suena a falso. Es lo que hay.
Por eso me sabe a fracaso el que Luis ya no esté en la pensión y que se haya interrumpido un proceso en el que yo tenía puestas mis esperanzas, soñando que Luis podría crecer en autonomía hiciese falta el tiempo que hiciese falta, pero sin marchas atrás. Las marchas atrás duelen, aunque quieras hacerte el fuerte.

Ya sé. Yo mismo lo he dicho muchas veces: Hay que estar, sin prisas, sólo estar, sólo acompañar…, es él quien nos ha de marcar los pasos a dar. Pero, cuando ocurre… y el proceso se rompe… te lo sientes. Y pienso que hasta es bueno que me lo sienta.
Pero por encima del sentimiento, por encima de lo que yo pueda sentir, debe de prevalecer la voluntad del otro, de lo que el otro tenga decidido. Y ahora toca seguir esperando… y seguir estando… cerca…, para cuando él decida ir más allá…
Y, entre tanto, en esta espera, también sería bueno preguntarnos si no nos habremos equivocado en algo. Sin violentarnos ni flagelarnos; pero pensando que tampoco nosotros somos perfectos: Revisemos.
El que se haya ido no debe angustiarnos, pero tampoco nos debe dejar impasibles. Como si nos diera lo mismo que hoy Luis esté en una pensión y mañana esté tirado entre cartones: ¡Se trata de Luis! (del mismo modo que cuando se trata de Pedro o de José o de cualquier otra de las personas de las que vamos conociendo en Arrels: Como personas, ¡somos únicas!).

El martes anterior había estado en el Centre Obert y habíamos jugado una partida de ajedrez. Hablamos, pero no le noté nada que delatara de su futura decisión. Incluso habíamos quedado para tomarnos un café el martes siguiente. Lo hacíamos con cierta frecuencia. Pero se le debió olvidar. O a lo mejor llamó a Ester precisamente para que no le esperase… ¡Vaya usted a saber…!  (¡Já! ¡Y yo que me lo crea…!)

Ahora no sé donde está. Espero que venga por Riereta de vez en cuando. Al menos para ducharse. Aprovecharía para hablar con él y saber cómo se encuentra.
Mientras tanto, ahí estaremos, esperando… a lo que él decida.
Y, al mismo tiempo, ¡sin agobios!, dedicar un tiempo a preguntarnos: «¿Y qué será lo que necesita Luis?». Que no sea siempre culpabilizar al otro…

Enrique