¿Cuál es el problema? (VI)

Los que estamos en esto sabemos que conseguir que una persona recupere su normalidad de vida es más fácil cuanto menos tiempo haya estado en la calle.
El ir a la calle no es una decisión que tomen voluntariamente y por capricho. Es luego que la calle se convierte en su propia celda y su refugio para ampararse de tantos sin-sabores.
Y pierden la confianza en todo y en todos. Los demás sólo les servimos en cuanto nos pueden sacar alguna cosa para seguir sobreviviendo. Por lo que es bastante normal que quieran aprovecharse de hasta nuestra buena voluntad por ayudarlos.
La suciedad, el oler mal, el dormir a la intemperie…, dejan de ser problemas para ellos.
Y sucede que nosotros no podemos concebir que haya alguien que pueda vivir así, porque “nosotros” no podríamos vivir así.
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LA DENUNCIA DE ONG PROYECTO7 (Buenos Aires)

Fuente: Pañuelos en rebeldía

«En el día de ayer, el grupo de autoconvocados por los derechos de los pibes de la calle realizó una movilización a la Municipalidad de La Plata y posterior escrache a la Comisaría 1ª para denunciar las agresiones que recibieron un grupo de chicos de la calle durante cuatro días consecutivos por parte de efectivos de dicha comisaría y con participación de bicipolicías en el brutal ataque del viernes 25, por la noche. El Estado Municipal y Provincial no da respuestas concretas.» (…)

La noticia continúa en su blog http://proyecto7bsas.blogspot.com/

Entre el éxito y el fracaso

El éxito

Normalmente nuestra medida del éxito comienza cuando se consigue que, el hasta ahora excluido, se adapte a estar en un lugar digno, bien cuidado, bien limpio, bien comido y bien bebido. Y a partir de ahí lanzarlo y auparlo hacia mayores logros de autonomía.

Y es verdad. Todos nos ponemos contentos cuando esto se consigue.
Evaluamos como éxito el hecho de que la persona llegue a la cota que para nosotros significa el mínimo de dignidad.
Es este mínimo el que creemos -¡y exigimos! con razón- que todo el mundo tiene derecho a disfrutar sin que por ello se le deba de pedir nada a cambio, del mismo modo que no pedimos certificado de buena conducta a nadie (bueno, sí, para los inmigrantes ya falta menos…) para hospitalizar o para darle escuela.
Pero se llegue o no se llegue a esta situación, en el camino se viven otros éxitos que van más allá de la apariencia externa en que se encuentre la persona y que normalmente quedan escondidos en su intimidad.

Os contaré:

Cuando hago calle, me siento bien y disfruto.
Y disfruto y me siento bien, porque veo pequeños, minúsculos, si queréis, éxitos en la gente a la que acompaño, aunque en ese momento aquella persona no quiera saber nada de todo aquello que pueda significar ni seguridad ni bienestar conforme nosotros lo entendemos. Pero sin embargo sí se manifiestan ciertos signos que abren a la esperanza.

Y así resulta que:

    Juan José, que en un tiempo primero no nos dirigía la palabra, llegó un día en que se levantó de su banco y con una sonrisa de niño travieso nos vino a recibir con la mano tendida.

    O Alfredo que, cuando le echaron del puente, al verme me dijo: «Enrique, tú eres para mí lo «más»…»

    O Cristóbal: «Me fío de vosotros y cuando os necesite, os llamaré.

    O cuando Antonio nos decía: «Porque yo no soy un perro, soy una persona y vosotros me tratáis bien».

El éxito o el fracaso están en el interior de la persona y en cómo cada uno de nosotros resolvemos nuestros conflictos internos.

Por eso yo en la calle me siento bien cuando percibo que el otro gana en dignidad.
El éxito lo vivo en la ilusión del encuentro:
Cuando ves a Andrés y a Josep, inseparables, unos «cachondos mentales» (dicho con todo mi cariño), que no quieren nada, pero que saben, y te lo dicen, que Arrels les espera para cuando ellos quieran.
No. El éxito no está cuando nosotros quedamos tranquilos y nuestras conciencias se sienten bien (y vuelvo a repetir ¡qué gozada verlos así!).
Nuestro baremo no debería estar puesto ahí, sino en cómo él se siente y si nuestro encuentro es para él una experiencia de esperanza, de seguridad, de cariño, de «empenta» para seguir luchando y, sobretodo, si es para descubrir «razones» para volver a vivir.
Y eso se da o no se da estando limpio o sucio, bebido o sobrio, durmiendo en la calle o en una habitación de un hotel de cinco estrellas.
Con facilidad caemos en la tentación de «materializar» el éxito o, mejor dicho, convertir en éxito aquello que es material:
–  ¿Has visto qué bien se casó fulanita? Se casó con un alto ejecutivo de una importante empresa.
Pero nos callamos si con quien se casó:
– Es una buena persona, aunque es «un muerto de hambre»
Y, si lo decimos, es para consolar a quien ya se casó con «el muerto de hambre» que quizá sea una buena persona.
Esta sociedad nos arrastra y caemos de cuatro patas.
Y sigo diciendo que los derechos son los derechos y que todo el mundo tiene derecho a vivir dignamente. Y nosotros, todos, tenemos el deber de proporcionar los medios que nos permitan a todos vivir con dignidad.
Pero definir lo que son éxitos o fracasos en la vida de las personas, es otra cosa o debería de ser otra cosa.
Porque una cosa es vivir dignamente y otra muy distinta es considerar que la persona es más o menos digna en función del status en que se encuentre.
Luego vendrá, si viene, el bien comer y el bien dormir, aunque la lucha por el bien vivir continuará siempre.

Enrique

LA VETA

El otro día charlaba con Richard sobre el blog intentando decirle que me sentía incapaz de seguir escribiendo porque todo lo que decía no era totalmente la verdad. Porque no sabía describir el bien y el mal de los que entramos en Arrels o en cualquier otro lugar dedicado a recibir a quien solicite o no precisa ayuda. Que él daba a leer la verdad de lo que contamos, el lugar y el modo en el momento que lo ve.
Richard comentó que no era su intención ponerse en el lugar de aquel a quien intenta ayudar. Que sabe perfectamente que la balanza no la tiene él para pesar el bien ni tampoco el mal. Él, con sus medios, da la mano, escucha e intenta sensibilizar.
Así que, supongo, que una manera será seguir ahondando en la mina, buscando una y otra vez la veta que la fe le dice que existe, con la ayuda de los comentarios de los que leen lo que se escribe que, separando alabanzas, escuche las posibles soluciones que se les ocurra a quien lee y, a quien, por lo que sea, nada dice aunque vea.

Gabriel

SE ABRE UNA NUEVA VENTANA PARA JUAN

Este es Juan y su barco que hizo con cerillas

 

 

 

Juan se ha animado a escribir las poesías que va imaginando para ponerlas aquí, en el blog. El otro día le oí recitar una y me gustó. Pero sobretodo me hace mucha ilusión que este blog se abra cada vez a más gente. Las voy a transcribir tal y como él me las escribe, con la misma métrica y la misma ortografía. Pienso que, a través de la escritura, uno también puede acercarse al «cómo» y el «qué» de la persona que escribe.

MADRE

Hoy me encuentro en la calle
y sin dinero.
Saboreando una maldita pena.
Buscando lo que no tengo, un
cigarro que distraiga las miles de malas
cosas que pienso, en la esquina
mis amigos de cuando yo tuve dinero
ni me an mirado siquiera;
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Cuando no sabes ni qué decir

En el blog de mis queridos colegas de Asís, «El Hotel de las mil estrellas», había una polémica sobre si las personas que están en la calle son culpables o no de estar así y en qué se ha fallado para que hayan personas que se encuentren en esta situación. Se me ocurrió entrar en el debate explicando mi última experiencia en la «Pensión Calatrava». He pensado que sería bueno ponerla también aquí y, de paso, animaros a que entréis en «el Hotel»

El otro día estuve por última vez en «La Pensión Calatrava» con Puri.
Estaban Enrique, Regina y Antonio.
Enrique ya es mayor y no quiere nada, pero se muere en la calle. Está mal y con temblores por el síndrome de abstinencia seguramente. Ahora no bebe porque el beber le sienta mal. Podría ir a la Llar Pere Barnés (de hecho él lo pidió y ha estado algunos días, incluso ha pagado por adelantado), pero ahora no quiere, prefiere estar con sus colegas. Yo estoy seguro que se morirá en la calle. Y tú sólo puedes que acompañar…
Regina, totalmente bebida, nos enseña sin pudor sus pechos para mostrarnos cómo Antonio le ha roto la blusa y el sujetador. Y también nos muestra los brazos que, según dice, se los ha quemado Antonio con cigarrillos. Y Antonio, mientras, gritando: «¡Ha tirado medio kilo de carne!,¡30€!». Y, efectivamente, en el suelo, hay carne rebozada de tierra. Y violentamente le quita a Regina el tabaco que mantiene escondido.
Y tú no sabes ni qué decir, ni qué hacer. Quisieras estar lejos de allí para no verte pringado en tal fregado. Pero aguantas y escuchas y acompañas y no dices nada, porque no sabes ni qué decir.
No tengo tiempo ni de pensar quién es culpable o si merece o no merece más oprtunidades o si debo de exigirle algo a cambio de…
Sólo sufro con ellos, porque ellos están sufriendo.

Donde estará el Gamusino

Gabriel también vino a la Ruca y hoy nos cuenta la anécdota del «Gamusino».
¿No sabéis qué es un «Gamusino»…?!

Es curiosa la forma de interpretar la salida de 6 días -excursión larga, vacaciones o como quieran llamarla- de personas con un denominador común: intentar pasar ese tiempo lo más tranquilo y relajado posible.
Están los que miran que esa tranquilidad no se rompa dentro de lo posible y los que van porque, unos: «si hay que ir se va» y otros: «vamos a ver a dónde nos llevan» o «a dónde vamos esta vez».

Dentro de lo que se puede hacer en esos días, concretamente por la noche, es ir en busca del «Gamusino». Una especie de unicornio enano que suele encontrarse cuando uno deja de ver las estrellas o bien cuando dejan de mirar a las vacas que pacientemente aguantan la presencia de extraños.
Nada obliga a adentrarse en los bosques en busca de los mágicos Gamusinos que delatan con su luz la mítica presencia para los que dicen que existen.
Y, mientras dura esa aventura, otros pueden estar durmiendo jugando al parchís o mirando a las musarañas, deporte muy extendido y en estudio para agregarlo como prueba olímpica.
Se vuelve la osada expedición sin haber capturado ningún despistado Gamusino; aunque algún intrépido asegura haber visto de reojo algún raro destello de algo brillante que se movía.

Todo está como lo dejaron. La noche arropa a quien duerme o lo intenta. Quedan las conversaciones nocturnas.
Mañana un día más o uno menos: la botella está siempre igual, a la mitad.

Gabriel

María y Juan: Mare i fill

"el caso es que yo sí creo que Dios le quiere. Porque mi Dios no está tranquilo en la desigualdad."

En Abril del 2004 escribí el relato de una madre y de un hijo que, entonces, vivían en la calle.
La primera vez que Ester y yo vimos a esta mujer, María, fue en Enero de aquel año. 
Una semana después conocimos a su hijo, Juan, que ya nunca se separaría de su lado.
Desde entonces han pasado muchas cosas.
En Octubre de aquel mismo año accedieron a venir por Arrels y, desde ese momento, Arrels ha ido apoyando y reforzando la acción de la Fundació Tomás i Canet, que ejercía la tutela de María, y se les buscó pensión, a los dos.
Luego, durante más de un año, ella estuvo en un centro de salud mental y él, todos los días, sin falta, la visitaba. 
Allí comían juntos y vivían juntos. Hasta que, llegada la noche, Juan volvía a su pensión, a dormir.
Una vez por semana Juan se pasaba por Arrels para ducharse y, a veces, «si le daba tiempo», echar una partida de ajedrez.
Hace unos meses, no sé si con alta médica o sin ella, María se marchó del centro de salud mental.
Juan dejó la pensión y, juntos, se fueron a visitar a sus vírgenes… 
Hace poco regresaron.

Hoy, ahora, vengo de enterrar a María.
De repente se complicaron las cosas y el lunes Juan nos llamaba para decirnos que su madre había muerto.
Unos días antes la había ingresado en el hospital por problemas respiratorios.
Pero él, después de comunicarnos la noticia, se dió de baja de la pensión y se fue ¿quién sabe a dónde…?
Hoy no estaba en el cementerio.
Han venido sus tìas, sus primos, …, sus otros hermanos…; pero él, que era el único que siempre la había acompañado, no estaba para despedirse.
Me preocupa, nos preocupa. Él siempre había dependido de su madre. Sin ella ¿qué hará ahora…?
Le buscaremos. Y cuando le encontremos, allí estaremos, otra vez a su lado, para acompañarle en su duelo…, si nos deja…, ¡ojalá nos deje…!

En recuerdo de esta mujer, que tanto ha debido de sufrir en la vida, os invito a que volváis a leer lo que en Abril del 2004 escribía: Hasta que el cuerpo aguante.
Por lo demás, confío plenamente en que el Dios, en el que ella también creía, ya la ha acogido para su descanso.

 

La «Pensión» quedó limpia, pero…

La

La pensión está vacía

Los técnicos toman medidas

Los técnicos toman medidas

 

«La Pensión Calatrava» la vaciaron y la limpiaron.

Hasta vimos a topógrafos tomando sus medidas. Pero no rompieron nada.
Así es que los residentes pronto volvieron. Algunos. Otros se han buscado nuevas «pensiones». Hay quienes se han ido a albergues que les ofrecieron los servicios sociales del Ayuntamiento.
En la «movida» se han establecido nuevos inquilinos.
El antiguo comedor se ha convertido en dormitorio. Los colchones se alinean en el suelo sin espacios para la intimidad. Y hay mantas revueltas que cubren colchones y personas, que aún duermen mientras nosotros estamos.
Los demás dormitorios ya no son. Cuando los servicios de limpieza del Ayuntamiento entraron, lo quitaron todo y ahora no ha habido nadie que los haya vuelto a instalar.
El sofá no está, pero el fuego sigue en medio de un espacio para la tertulia, con sillas que amablemente siempre nos ofrecen cuando llegamos.

 

Martes, 8 de Julio de 2008

«La señora de los ojos claros»

Hoy no quería pronunciar palabra y nos ha hablado gesticulando con la boca y moviendo sin parar las manos.
Al acercarnos, nos ha conocido, las caras, el saber los nombres ya es otra cosa que requiere más tiempo.
Su lata de cerveza en la mano, como siempre.
Esta vez sin abrigo. Sólo una camiseta de tirantes. Es verano y hoy ella también tenía calor.
Y al despedirse un beso en la mejilla de Puri. A mí no. Le es más cercana Puri…, parece…

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Raul

Raul vino de vacaciones a la Ruca.
Estuvo contento. Disfrutó.
Ya tiene sus colegas. Otros colegas diferentes a los que tenía cuando estaba en el banco de la plaza.
Está enfermo, pero ahora, al menos, se le controla la medicación y los médicos.
Lo que a veces sigue sin controlar es el vino… Y no le hace nada de bien para todo lo que tiene.

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Gerardo

El último día que le vimos antes de vacaciones estaba en la Plaza. Muy bebido, como casi siempre que está en la Plaza.
De todos modos le propusimos de venir con nosotros de vacaciones a la Ruca.
El año pasado ya estuvo de vacaciones y siempre nos habla muy bien de ellas.
Pero nos fuimos y él no vino.
La sorpresa fue que el jueves se presentó. Subió con Josep Mª, el educador. Nos alegramos y él realmente disfrutó.
Aunque un día nos dió un buen susto: sufrió un ataque epiléptico. Nadie de nosotros sabíamos que padeciese de esta enfermedad y él tampoco.
Por fortuna se quedó sólo en susto y gracias también a la pronta intervención de Mariona y Anna, enfermera y médica que formaban parte del equipo de voluntarios.
Al final ¡qué gozada verlo disfrutar y participar!.
En la última noche nos hizo una representación de «Cantando bajo la lluvia» emulando a Gene Kelly. ¡Una pasada!

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Jordi

Jordi un buen día volvió a aperecer en su banco.
De la operación… ni nombrarla. Todo un misterio.
Sigue ahí, sin pedir nada, durmiendo en su períodico que no pasa de página.
A veces sólo pasamos a su lado, sin decirle nada, por no molestar sus sueños…

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