SIGUE ANDANDO

No sé si es aburrimiento, tozudez o estar cansado de que te echen de todos lados mirándote por encima del hombro personas cuyo cerebro tan sólo funciona al sentir las monedas en su bolsillo.
Pero hay que tener valor para creer que con tan sólo tus ganas y un poco de ayuda, si te la ofrecen porque la vean necesario, cambias, con el tiempo, ese aspecto que la mayoría toma, aunque al pasar te den lo que puedan.
No sé qué transformación tendrá lugar en tu cerebro cuando gota a gota lo cambies de color y sabor diferente. Te veas limpio -no de ropa- y claras las ideas -las tuyas no las de antes-. Pero aun siendo diferentes, serán las tuyas, ni mejores ni peores, saldrán de tí. Y si éstas te ayudan a encontrar trabajo, cerrando tras de tí una puerta, ya será la repanocha. No tienes que ser motivo de envidia, pero sí de ejemplo, no siendo la excepción que confirma la regla, sino uno más eligiendo otro camino, imaginando, soñando o, simplemente, y sin complicarte la vida, andando con pie más firme que antes.

Gabriel

MI PROBLEMA

¿De qué puede escribir una persona con la experiencia de haber vivido durante un tiempo en la calle?
Si le gusta hacerlo -escribir- y esa vida le ha marcado de alguna manera, lo hará recordando esas vivencias.
Si alguien las lee, porque ha tenido la oportunidad de hacerlas públicas, tiene el derecho de pensar, con toda la razón, que todos hemos tenido o tenemos problemas más graves, para él, que el de dormir en la calle.
Es como a aquel que le duelen las muelas y al otro la rodilla. ¿A quién le duele más? El propio es el dolor más grande, aunque te sensibilices con el dolor del otro.

Por ello y sin necesidad de ser un quejica, es bueno compartir el daño o el problema, porque, ¿por qué no?, el que te escuchen y te acompañen te muestra la solidaridad de la que son capaces la gente que te rodea.
A cada dolencia, a cada problema le hacen falta respuestas. Como en todo, habrá quienes ante aquellas dolencias y aquellos problemas se muestran indiferentes, pero, al hacerlos públicos, primero se hace constancia de que existen y que, el que las sufre, no está solo y, por tanto, que la presión que se puede hacer en quienes pueden aliviar el problema es mayor.
No ha de escucharse el «tú tienes lo que te mereces», sino el «¿por qué lo has hecho?».
Nadie es santo en esta vida. Hay buenos y hay menos buenos y malos y muy malos. Eso es real. Por ello, cada vez que alguien escucha tu dolor o tu problema y te lo cura o alivia, es digno de respeto y ejemplo si lo quieres seguir.

Gabriel
¿Quién es Gabriel?

SIN PAPELES

Erase que se era la historia de un señor que, como únicas pertenencias, un macuto a la espalda llevaba.
Recorriendo la ciudad, después de todo el día caminando, un portal encontró y que, según su idea, a nadie molestaría si, por el tiempo que en la ciudad estuviera, lo tuviera por morada.
Era la entrada de un parking que tenía el suficiente espacio como para no suponer obstáculo alguno para la salida de vehículos.
He te aquí que, pasados los días de tener de huésped a quien nadie había llamado para que lo fuera, supongo que la comunidad decidió no darle papeles de residencia a quien, por lo que parece, degradaba el inmueble.
Pensaron, pues, poner puertas donde antes había hueco y expulsaron a la persona «non grata» del lugar.
Yo no dudo de que los que allí viven sean buenas personas, dando, cuando lo piden, a quien creen necesitado. Pero el problema está «en que en nuestra casa ¡no, gracias!».
¿Está bien?, ¿está mal?…, ¿actuaría yo así?…, ¿lo harías tú?…

Yo quiero que no haya gente que en la calle duerma.
La mayoría diría que: «claro que es una pena que haya personas que vivan así.»
Entonces todos estaríamos de acuerdo en las ayudas necesarias para que no tengan que echar a nadie del portal donde viven. Las mismas que darían a quien puede que conozcas.

Gabriel
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UN LARGO LAZO

Es un día más en el taller del Centro.
Entramos y ocupamos nuestros puestos cogiendo lo necesario para la ocupación que tenemos asignada.
Se acerca quien nos dirige los trabajos, comunicándonos el fallecimiento de la persona a la que hemos tratado desde que entramos a formar parte de la familia de usuarios y de quien de nosotros se ocupa.
Ha sido la tercera o cuarta persona, en lo que va de año, que nos deja y, como en cualquier otra familia, cada uno lo siente a su manera.
Quizás alguno piensa que podría ser el siguiente. O la lágrima interna de quien más cerca lo ha tratado.
Puede que ellos hayan pensado en algún momento que, a parte de la ayuda que les han prestado, va incluido un lazo fuerte, que de alguna manera se han sentido familiarmente acogidos y que, como en toda familia, es más fuerte en unos que en otros.
En ese intervalo de acogerlo, hasta saber que ya no lo verás más, quizás se ha sentido escuchado/a y tenido en cuenta… Quizás ha sentido el calor de las manos que le hicieron olvidar el frío de la calle…
Se quiere pensar que nos deja sin resentimiento, sabiendo que no estaba sola, perdurando su recuerdo en su familia.

Gabriel

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Hoy escribe Gabriel(12)

VIVA EL DINERO

Tengo en mí un contrasentido permanente.
Soy un cincuentañero y echo, ¡cómo no!, de menos aquellas sensaciones de buscar y de andar lo desconocido, de pisar y ver cosas que de joven me llamaron la curiosidad. Por otra parte me alegro o me conformo, según se mire, porque, al sentirme cada día más cerca de lo absoluto, me es más sencillo ver lo que para mí es verdad y lo que es teatro.
Verdad es que todos tenemos derecho a expresar nuestros sentimientos sin herir o dañar a los demás, circular libremente por todo nuestro entorno planetario, creer y practicar nuestra fe sin influenciar en los que no tienen ninguna o es diferente.
La parte teatral es la que hace funcionar la actual civilización, la economía. Sabido es que, salvo una minoría de personas, todas  necesitan tener un incentivo para que la producción no pare. Pero todo es para mí ficticio, puesto que lo único conseguido ha sido desproporcionar los niveles de supervivencia de paises y continentes enteros.
Es demagogia, lo sé, pero es una ventaja que tenenos los que ya estamos cerca del último tren. Vemos que la materia prima necesaria para hacer de este planeta no un paraíso de dibujos animados, pero sí un «hábitat»  con todas las necesidades cubiertas, está al alcance de la mano. ¡Que sí, que hay que trabajarla! Tan sólo modificando la forma de ver la vida diferente.
El poder en la Política, en la Iglesia, en la Industria es lo único buscado, desencaminando un camino que entre todos es posible, pero que ninguno sueña en realizar.

Gabriel

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Hoy escribe Gabriel (11)

EL GRAN RIO

El río, como nosotros, tiene su nacimiento y su muerte cuando desemboca.

En ese transcurrir, todas las vivencias con frecuencia experimentan en tí una serie de cambios: unos positivos, otros negativos.

A ese río a veces se ven abocadas personas que por mil y una razones se han visto incapaces de por sí mismas alcanzar una de sus riberas.

Unos ojos los ven pasar sintiendo pena y lástima por ellos, tirándoles a lo mejor una rama u otro medio para que, sin que se pare, les sirva para no ahogarse.

Otros se mojan aceptando que en ese río podemos caer todos. Y, encadenando sus manos con otras que le apoyan, las dejan visibles para quienes a ellas quieran asirse.

Esa aceptación, sin pretender enjuiciar su modelo de vida, le hace, con sus palabras, merecedor de más confianza que aquellos que, golpéandose el pecho, lo compadecen.

El empuje para traerlo a la orilla puede ser el necesario para modificar una serie de valores olvidados -o aprenderlos si viene al caso- o simplemente para que pise tierra firme.

La aceptación de un problema y ayudar dentro de sus posibilidades a solucionarlo, no está al alcance de todos. Yo reconozco que no tengo esa capacidad -pero también sé que puedo, si me lo piden, ayudar a quien ayuda-, no por no querer mojarme, sino reconociendo que el que vale…, pues eso, ….vale.

 Gabriel

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Hoy escribe Gabriel (10)

¿Y MAÑANA, QUÉ?

Ya está el pescado vendido.
Vuelve a su casa con su bolsa, que puede contener a lo mejor comida, o vino o lo que para él le merece la pena.
Está casi seguro: Puede que haya llegado pronto allí, en donde ahora ha fijado su residencia, pues aún se oyen los ruidos de quien deposita las bolsas en contenedores y las luces de las oficinas están todavía abiertas.
Se sienta en su rincón, ajeno por completo, aunque consciente, de cuanto le rodea. En su idioma -porque cada uno de nosotros tenemos el nuestro- va maquinalmente pensando, quizás en voz alta, mientras se prepara la cama.
Cuando está bien, a su manera, coge la bolsa y revisa su contenido. Abre, si tiene o ha tenido suerte, el cartón de vino o come bebiendo. De espaldas, a veces ni quiere ver o quizás quiere ver que no le ven.
Se tiende y se abriga si hace frío. Y a su alcance, si lo tiene, enciende la radio. En su idioma, en su mundo espera que no haga frío o simplemente espera que venga el sueño. Mañana irá seguramente donde ha pensado. Eso, si no le da por levantarse y juntarse con quien, como él, habla su idioma, que «meigas ailas»…
La radio, mientras suena, queda en su oido. El se duerme. Mañana será otro día.

 Gabriel

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Hoy escribe Gabriel (9)

QUE PARE EL MUNDO QUE YO ME BAJO

Todo, desde que naces, es aprender. A andar quizás primero. Puede que después a hablar.
Entras -si en tu país hay- en la escuela y viene el «uno más uno que son dos» empezando y luego a que la «B» va después que la «A».
Pero no tan sólo eso: Comienzas a entrever que la vida, para muchos, no será tan de rosa por según qué situaciones ves.
Aún así, es también un aprendizaje que, en cierta forma, te dice cómo sobrevivir a esa edad. Lo que no te enseñan es a dominar esa inquietud, esa sensación de ver un pastel y querer comértelo de golpe.
Son esos años de adolescencia, hasta, quizás, los diecinueve, que te hacen sentirte el dueño y el centro del mundo. Y eso a algunos no nos lo enseñaron, aunque tampoco lo hubiéramos escuchado seguramente.
Todo estaba bien porque lo hacías tú. Algunos descubrían que robar era fácil, otros que consumir «chocolate» te hacía reir, o que la bebida te daba «el punto». Vivías deprisa. En mi caso, demasiado con respecto a unos, aunque no tanto como otros que en el camino se quedaron o fueron asiduos clientes de la cárcel.
Hasta que el cuerpo dijo basta y el ritmo decayó así como las ganas de seguir siendo actor secundario de esta comedia. Y deseas cada noche que sea la última vez que sales en el guión.
No buscas ni quieres lástima, aunque agradeces las palabras y la compañía de los que quieren entrar en un mundo que intentan comprender, pero del que afortunadamente están fuera.
Es el viejo dicho: «Que pare el mundo que yo me bajo».

 Gabriel

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Hoy escribe Gabriel (8)

EL VASO ESTA LLENO

Salí del local en donde se había celebrado el Carnaval con un espectáculo de magia y después música hasta el cierre y al llegar a la pensión, no sé por qué, recordé lo que me ocurrió hace siglos en Cádiz.

Había salido de una discoteca y me dirigía en autobús ya para el barco, cuando sentí delante mío cómo un hombre, con signos de haber bebido de más, se metía con una muchacha. Yo, todavía ahora no sé por qué, me dirigí a ella como si la conociese de siempre y ella me siguió el juego, logrando que el otro hombre desistiese de seguir hablando, teniendo quizás suerte de que no tuviese mala bebida.

Después la acompañé, pero eso ya es otra historia.

El recuerdo de esa escena me hace ver que ahora es a la inversa: Yo sería ese pesado y otra persona anónima sería la que instintivamente salvaría a la chica de la película.

Siento que esto sea así; pero si siguiese siendo yo mismo y retrocediendo en el tiempo, seguramente que no cambiaría casi ningún hecho que me ha conducido a mi situación actual. He sido un vaso que -¿quién sabe cuándo?- se colmó y me hizo ser adicto, cosa que lamento más porque ya soy mayor que por la adicción en sí. Significando con ello dos cargas que, al asumirlas, te coartan y te impiden ver más allá. Aun cuando si tuviese que aconsejar a alguien lo haría con casi las mismas palabras que me dirían a mí.

Gabriel

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Hoy escribe Gabriel (7)

DRAGONES

¡Cuántos dragones sobrevuelan aún por estas tierras! y ¡qué pocos caballeros, con armadura y lanza en ristre, cabalgan por este pequeño planeta!

No es culpa de nadie y, a la vez, lo es de todos.

Si existiera alguna manera, que no fueran sueños, de invertir la forma de entender la vida que ahora llevamos, para que esos caballeros, diestros en la lucha, nos ayudaran a eliminar a esos dragones, con escamas de euros y de dólares, que escupen petróleo, aprenderíamos seguro, sin el temor de ese fuego que todo lo aniquila -amor, amistad, pueblos enteros-, entenderíamos, de la voz de esos caballeros, que casi todo puede cambiar.

Pero no nos engañemos que, si el caballero es el bien y el dragón es lo material, entre nosotros, los que nos quejamos con o sin razón, también anida el malo y el bueno tanto en el más bajo como en el que está más arriba.

Así, pues, ¿quién dará el grito de ayuda? ¿aquel que sólo mira para sí? ¿o todos aquellos que miran al frente para mejorar lo que hay detrás?

Porque leí un día: «SÓLO HAY MALOS PORQUE LOS BUENOS NO MIRAN».

Gabriel

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