Cuando buscas en la línea de la calle al que más necesita y menos pide, siempre encuentras que hay uno que se coloca en la última posición.
Anoche estuve con uno de éstos. Su olor, su mal olor, inundaba la estancia y, por momentos, se me hacía insoportable y se lo hacía al resto de personas que, como él, se preparaban para pasar la noche en aquel recinto techado.







