Horacio Ávila: la crisis lo dejó en la calle y ahora da alojo a indigentes

Volvemos de vacaciones y nos encontramos:

A los “ilegales”, sin cartilla sanitaria; y a los españoles, habiendo perdido el derecho universal a la salud.

El IVA, por los aires, incluso en productos básicos.

Más jóvenes en el paro y familias enteras sin percibir ningún subsidio; pero, eso sí, el gobierno poniendo más trabas para cobrar el plan Prepara (400 € durante 6 meses) por aquello de que el parado no se apoltrone en la butaca de su casa sin buscar el trabajo que no hay, entre otras cosas, porque las pequeñas y medianas empresas están cerrando debido a que los bancos no sueltan ni un euro para ayudarlas a financiarse.

Esos mismos bancos que se están levantando gracias a los dineros de los contribuyentes.

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SAID, EL “ILEGAL”, HA MUERTO

Hoy ha muerto otra persona en la calle. Se la encontraron tirada en la acera. Sus compañeros de calle reclamaron una ambulancia, pero  llegó muerta al hospital.

Del hospital nos informaron: en algún rincón de sus bolsillos encontraron la dirección de Arrels.

Era Said, el “ilegal” de 49 años del que hablé el otro día. No ha esperado a que le quiten la tarjeta sanitaria y se ha muerto. Su corazón le dejó de latir.

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¿Rezar?

No sé pedir.
No sé rezar.
Y no es que piense que Dios se desentiende;
que no quiere saber nada de las cosas que pasan por el mundo.

Hoy he visto a Juan:
Mal, ebrio, sucio, abandonado; pero me ha conocido.
Ha cogido con fuerza mi mano, cuando yo se la he tendido.
Apenas balbucea, pero sonríe:
Interpreto que le ha hecho feliz el verme;
que le ha gustado que haya interrumpido mi camino y me haya acercado a saludarle:

– ¿Cómo estás, Juan? Yo no te veo demasiado bien…
Se ríe…

Y ¿qué le pido a Dios?
¿Que le ayude?
¿Que deje de beber?
¿Que le haga “normal”?
¿Que le encuentre trabajo?
¿Que el trabajo que encuentre lo quiera aceptar?
¿¡Qué te pido, Dios!?
¡Qué puedo pedirte que tú puedas/quieras concederle!
¿Que te sienta cerca?; ¿para qué?
Él seguirá en el precipicio, viviendo su angustia.
Y ¿qué quiere decir que tú estés cerca?
Tú no eres la lámpara maravillosa que concedes deseos cuando se frota…
Pero tampoco te sientes indiferente a tanto dolor.
Mas ¿qué puedo pedir?
¿Cómo debo de hacerlo para que el dolor se acabe en Juan
y en tantos otros muchos “juanes” que hay en el mundo?
Tú no quieres que haya tanto dolor, fruto de nuestra injusticia.
Tú no te acercas a Juan si yo no me acerco.
Tu mano no se tiende a Juan si no hay una mano que se tienda.
Mi sonrisa es tu sonrisa.
Mi esperanza es tu esperanza.
No hay cambio si no hay lucha y no hay lucha si yo no lucho, si él no lucha…

¡Dios, no me dejes caer en la desesperanza
para poder llevar tu esperanza a los que lo han perdido todo!

Enrique

GRÀCIES, JOAN

Ignasi es otro voluntario del equipo de calle de Arrels. El otro día estuvo con Joan y escribió sus sensaciones. Yo le pedí poner su escrito en el blog y él accedió.
Mis primeros recuerdos de Joan se remontan a cuando yo apenas acababa de aterrizar en Arrels. Él, un día me vio de novato y quiso marcar el terreno y, señalándome con el dedo índice, me avisaba: “¡Cuidado conmigo!. No te pases, que yo, de aquí, lo sé todo.”
Me dejó un poco… digamos que ‘acongojado’, la verdad. Pero con el tiempo nuestra relación se ha hecho entrañable. Ahora Joan está mal, muy mal…

Com que era 24 de Juny (Sant Joan) vaig decidir anar a la Llar a veure’l.

Habitació 205, la porta oberta i el terra mullat. Ell, en Joan, hi era estirat a sobre del llit sentint la radio. Bon dia i felicitats, li vaig dir, no vaig entendre la seva contestació però es va alegrar de veure’m.

Després d’uns 10 minuts de parlar li dic: Què Joan, anem a prendre un cafè? I com si tingués a sota una molla va saltar del llit, es va calçar i va dir !!! anem !!!.

Doncs anem, creuem el Paral·lel i ens dirigim a la terrassa del Rincón de Manolo.

El cambrer en veure’ns arribar em diu:

Este señor viene con usted?

Sí, li vaig dir.

Entonces vale.

En Joan demana un ‘trifàsic’ i es fuma una cigarreta després de treure-li el filtre…., te ganes de fumar.

En aquella estona a la terrassa es va sincerar i entre d’altres coses em va dir: Ignasi crec que em queda poc, ho sé… El veia seré, el veia agraït per aquella estona de companyia al mateix temps que jo sentia una mena d’angoixa en veure el que m’estava dient i no podia fer res, només estar amb ell.

Gràcies Joan per aquests moments i molts d’altres que he pogut compartir amb tu i que encara podrem compartir.

Ignasi Xuclà

LA PENSIÓN DE GERARDO

Gerardo tenía hasta ahora una habitación y, puntualmente, cada mes, pagaba su alquiler.
Su contrato, no escrito, le daba derecho a casi todo: a usar la cocina, a estarse en el comedor, a la ducha y, ¿cómo no?, a acceder a los aseos.

Hasta hace unas semanas, todo marchaba conforme a lo previsto: Cada noche Gerardo se llegaba al piso, un bajo a pie de calle, abría la puerta del piso con la llave que le proporcionó la persona que cobra el alquiler  -que no por ello significa que sea el dueño- y accedía a su habitación a través de su puerta. Allí tenía su cama, su armario, su TV y… su ventana también.

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La CAIXA me niega la apertura de una libreta para un “indigente”

Me ocurrió el otro día.

Era uno más de los trámites que debíamos de hacer para que Ramón pudiese acceder al Programa Interdepartamental de Rentas Mínimas de Inserción (PIRMI). Se trata de una paga social de algo más de 400€ al mes.
Ya habíamos visitado las Oficinas de Trabajo de la Generalitat (el antiguo INEM) conforme certificaran que Ramón no trabajaba. También estuvimos en la Seguridad Social para que nos confirmaran que tampoco percibía pensión alguna. Nos quedaba abrir una cuenta de ahorro para que en ella cada mes le ingresen la ayuda solicitada, una vez se la concedan.

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OTRA VEZ NAVIDAD EN LA CALLE

¡Feliz Navidad!
Es éste nuestro mejor deseo en estos días.
Es nuestro saludo enlatado para todos nuestros conocidos cuando llega Navidad.
Nos pegamos al teléfono y echamos mano de nuestra vieja agenda para recordar a nuestros amigos, a aquellos que tenemos olvidados durante todo el resto del año, que seguimos vivos:
¡Feliz Navidad!
Internet se llena de e-mails diciendo lo mismo:
¡Feliz Navidad!

Pero hoy no. Con ellos no me sale. No les puedo decir ¡feliz Navidad!
Porque la gente que vive en la calle no tiene Navidad.
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