MI PRIMER SÍNDROME DE ABSTINENCIA

Era el año 2005 cuando escribí esta experiencia que sin duda tuvo mucho que ver en mi forma de entender y de mirar a estas personas.

En recuerdo a Paco, que tanto
me hizo cambiar por dentro.

Mi primer Síndrome de Abstinencia lo pasé va hacer, ahora, 1 año.
Y fue gracias a Paco que lo pude superar.
Estaba confuso, indefenso, avergonzado… y él me dio la fuerza para continuar.
Su angustia, su soledad, su dependencia… me dieron las razones suficientes para seguir a su lado.

Llevaba días tirado, rodando por los suelos.
Sin comer, siempre bebido.
Los compañeros sabían que aquel viejo de 57 años no aguantaría más.
Nosotros también. Pero era él quien decidía.

Una tarde, menos bebido, consintió.
Quedamos en recogerle al día siguiente, temprano, de buena mañana, sin vino.
Y allí estuvimos.
Había dormido y los efectos del alcohol del día anterior habían cedido.
Le quedaba la resaca. Una resaca convertida en temblores y espasmos…
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Navidad 2008. TU VOZ HECHA SILENCIO

Una buena amiga, de mi tierra, siempre tiene una palabra comprometida con su/nuestra fe. Hoy me ha enviado esta felicitación de Navidad y yo quiero compartirla con todos:

¡Que no se acabe la esperanza! ¡Que no se acabe la Navidad!


navidad-arrelsTU VOZ HECHA SILENCIO

Ya vienes. Te espero. Te espero con ganas.
Sé que estás cerca, muy cerca. Pero callas.
Te pregunto. Exijo tus palabras
y hasta tus soluciones,
pero callas.

En el silencio de la noche
-mía y del mundo-,  callas.
¿Callas?, ¿o es que no atisbo a encontrar tus señales,
a entender tu lenguaje o a captar tus palabras…?
«Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre»
Esta es tu Palabra y  tu lenguaje;
estas  son tus señales.
Esto es el TODO, envuelto en la nada.
¡Tu voz hecha silencio!
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NUEVOS VÍDEOS

He colgado tres nuevos vídeos en el blog:

«La filosofía de la calle». Nuestro amigo Esteban vive en un banco y tiene su propia filosofía de la vida, de la calle. Hablaré de él. Su idea no se puede generalizar, pero está ahí, es la suya.

«Manuel». Es un viejo conocido de Arrels. Estaba en la calle, ahora tiene su trabajo, su casa, su familia. Se siente feliz y agradecido a las personas que, en su día, le echaron una mano para salir. Pero yo siempre le digo que el mérito es suyo que quiso comenzar de nuevo. ¡Encontró «razones» para vivir…!

«Sense embuts». TV3 emitió una serie sobre diferentes problemáticas. Hubo un capítulo dedicado a las personas que viven en la calle y que duraba 25 minutos. Para hacerlo más asequible en el blog, de todo el documento, he seleccionado sólo la parte en donde salen Miguel Virto y Miquel Fuster, que, de entre los 8 protagonistas del cápitulo, son las dos únicas personas que están vinculadas a Arrels.

Espero que una mirada valga más que mil palabras escritas.

PLAZA CONGRESO, BUENOS AIRES

Hace algunos días Horacio dejó este comentario.
Luego, me ha enviado más escritos. Los iré colgando también.

pza-congreso-buenos-airesSon las 9 de la noche en Buenos Aires, estoy en Plaza Congreso, y no sé muy bien por qué, o sí?, tal vez tenga que ver con que no pude pagar el alquiler del local… el mismo local donde trabajaba y vivía, y Leila con ese problema de bipolaridad, la verdad que no ayuda para nada, en realidad no sé por qué la sigo bancando si hace años que estamos separados… bueno sí es por nuestra hija, por Lucía, después de todo es su mamá, no?, y después de todo también alguna vez la quise, no?. Esto ya no da para más se me está yendo todo al diablo, pero tengo que hacer algo para resguardar a Lu y a su mamá, bueno puedo hablar con mis ex suegros y pedirles que alberguen a ellas hasta que yo logre dar vuelta la situación, qué sé yo. Trabajo día y noche y no puedo conseguir estar bien, encima cuidar a Lu también, y ocuparme de Leila, de sus crisis, de los clientes, de las cuentas,
SOCORRO!!!!
Bueno ya están en Córdoba, por fin ellas van a estar bien, y yo?
ahhhhhhh cierto, por eso estoy en Plaza Congreso, el dueño del local no me quiso esperar, así que me tuve que ir, y acá estoy, tengo un celular que no tiene batería, y el cargador quedó en el local, todo quedó en el local, ni la ropa me dejó sacar…, igual si el celular funcionara a quién voy a llamar??, vamos, viejo, quién me robó mi vida? no sean hijos de puta! devuélvanmenla, por favor!!!!, no me dejen acá, dónde voy a dormir? cómo hago para tomarme unos mates? cómo se hace para ir al baño? cómo me voy a higienizar?. Tengo hambre, pero no tengo un peso, se los di todo a ellas que lo necesitan más que yo. Estaré soñando, sí debe ser eso, pero la puta madre no me puedo despertar…POR FAVOR QUE ALGUIEN ME DESPIERTE, Y ME DIGA QUE ESTO NO ME ESTA PASANDO!!! estoy cansado ahí hay un umbral, me voy a sentar un rato, tengo que pensar… y estoy muy cansado, el alma pesa el doble, está lloviendo? a mí me cayó una gota…
no, boludo, es una lágrima… estás…estás llorando, eso es no llueve, por Dios esto no puede ser verdad, NO PUEDE SER VERDAD!!!!!!!!!qué pasa con la gente que no me ven? HEY, SEÑOR, ACÁ ESTOY!! NO VE QUE ESTOY LLORANDO!!!ACÉRQUESE PREGÚNTENME QUE ME PASA!!!!!!! NO VE QUE ESTOY LLORANDO, POR FAVOR!!!!!!. Me queda un cigarrillo esto me va a calmar, tranquilo hermano, esto no es verdad, cómo se te ocurre que una persona vaya a tener que dormir en la calle, sobre el cemento, eso sólo pasa en las películas, déjate de joder, DESPIERTA, BOLUDO, DESPIERTA!!!!!!!, POR FAVOR TERMINA CON ESTA PESADILLA, POR FAVOR, POR FAVOR, POR FAVOR…………………….

Horacio Avila.
ONG PROYECTO7 BUENOS AIRES

UNA PERSONA ‘ATESA’ (Una persona atendida)

Una persona atesa

Me llegó a casa una revista de Cáritas.
Había muchas fotos.
De entre todas, me llamó la atención ésta.
Era la única en donde salía en primer plano una de las muchas personas que Cáritas atiende.
Y me llamó la atención porque no pusieron su nombre.
El de la persona que le acompaña sí, pero el suyo: ‘Una persona atesa’.
¿Tal vez quisieron guardar su intimidad?, porque con esto de la privacidad de los datos…
¿O tal vez no sabían su nombre?…
No sé a los demás, pero a mí, al menos, una vez que me he decidido a que me vean y a que me saquen en una revista, me gustaría salir con mi nombre bien puesto que me identifique respecto a los demás.

No es mi intención hacer demagogia con una foto, ni cuestionar aquí la ingente labor que Cáritas lleva a cabo con tanta eficiencia y sin discriminación alguna hacia los que atiende. Pero me preocupa que, a veces, incluso los que más cerca y más hacen por el excluido, le demos más valor a la noticia (en este caso hacer la fotografía y presentar a ‘QUIÉN’ con ‘quién’ sale en la foto) que a las propias personas. Al final puede dar la sensación de que utilizamos su imagen para autopromocionarnos, dándonos más importancia a nosotros y a aquello que hacemos por ‘ellos’ que a ‘ellos’ mismos.
Somos los primeros -Cáritas me consta que también- en quejarnos de que la ‘sociedad’ los hace invisibles y, sin embargo, hay situaciones en que, seguramente sin quererlo, sin darnos cuenta, somos también nosotros los que les arrebatamos sus nombres: Son… ‘usuarios’…, ‘personas ateses’.

No me cabe la menor duda de que el Departamento de Comunicaciones, o asimilado, de Cáritas tendría, si se le pidiese, una buena respuesta para justificar la foto; pero a mi familia y a mí, cuando vimos la revista, fue esta foto y su pie lo que nos hizo daño. Después, todo lo que además explica sobre el buen hacer que efectivamente lleva a cabo esta entidad, se quedó en un segundo plano, tapado por lo injusto de la foto

EL CORAZÓN ROBADO

Enrique Richard

RECORDANDO A PÍA

Va a hacer ahora un mes que murió una mujer, Pía, de 46 años de edad.
Todo Arrels se conmovió.
Alex, su pareja, aún la duele
Y a él le hemos pedido permiso para «colgar» en el blog este sentido poema que ha escrito Gabriel.

Recuerdos.Pia
Recuerdos que vienen;
que se guardan y que quedan,
porque han de quedar.
Entro en la habitación y huelo
y, al oler, la siento.
A ella. Que se fue.
Pía me dejó.
No sé dónde, pero se fue.
Solo.
Solo creo que me encuentro;
aunque siento que está conmigo.
La siento y lo siento.
El tiempo pasa,
lo sé, es la vida.
Y tú allí
y yo aquí:
Estamos juntos.

Gabriel

LOS “BOCADILLOS” QUE NOS SIGUEN TIRANDO

Cuentan que Arrels comenzó su andadura a partir de un bocadillo que ‘un indigente’, ‘un mendigo de la calle’ lanzó con rabia sobre la espalda de la persona que se lo acababa de dar. La respuesta de esta persona no fue ni la de revolverse contra aquel ‘desgraciado’, ni la de echarle en cara su desagradecimiento, ni siquiera la de ‘lavarse las manos’: «Ya he hecho lo que tenía que hacer». Lo que aquella actitud agresiva provocó en aquella persona fue la de pensar: «Si este hombre no quiere el bocadillo, ¿qué será lo que querrá?» Y para dar respuesta a esta pregunta fue que nació ARRELS.

Desde aquel famoso bocadillo que dio razón de ser a Arrels, ¡cuántos otros «bocadillos» se nos siguen tirando a nuestras espaldas, esperando razones que den solución a sus vidas!

Nos tira su «bocadillo» Juan cuando, «jarto» de vino, se planta delante de ti y te dice cabreado:

    – ¿Qué, coño, miras tú? ¿Es que tengo monos en la cara? ¡Anda y déjame en paz!

O te lo tira José, que después de pasarse media vida en la calle, comiendo de lo que le daban y rebuscando en las papeleras aquella lata de coca cola a medio acabar, ahora, que está en la Llar, se encaraba el otro día con un voluntario gritando:

    – ¡Esta comida es una porquería! ¡No hacéis nada más que robarnos!

O Ángel, que había tardado cinco años en aceptar una pensión para dormir y, pasados unos meses, ya sin beber, se le ofreció un piso: Con sofá, TV, todo limpio, con derecho a cocina, recién pintado y alicatado. «Estarás divinamente».
Al día siguiente Ángel había dejado la pensión y nadie sabía dónde paraba.

¿Y Antonio?, ¿que había dejado de beber, que encontró trabajo, un buen trabajo, fijo, ¡más de 1200€! Y al cabo de tres meses vuelve a estar aquí, borracho perdido y culpando al dueño de que no sabe nada del oficio y que por eso se ha ido….?

¿Y Pedro?, ¿que sin venir a cuento, tiró la cafetera por la ventana…?

O aquel que un buen día roció con café con leche las paredes de toda la escalera de la Llar recién estrenada.

O el Vicente que cuando se cambia de ropa parece que esté en el Corte Inglés comprándola: Ninguna le cuadra, todas le están mal, se enfada, exige, grita, insulta… y, al final, se va con lo que traía puesto, dando un golpe de puerta.

O el otro Antonio que siempre se mosquea, porque «todo el mundo se cuela» y ha tenido que esperar esa tarde ¡media hora! para entrar en las duchas:

    – Sois todos unos ineptos y sólo sabéis que sacarnos los cuartos»…

¿Y Josep?, que le han echado del piso y no acepta nada de lo que se le ofrece, porque él ahora lo que quiere es una pensión que es lo único que en este momento no le podemos ofrecer…

Y tantos otros que nos encontramos en las calles y que renuncian a todo lo que signifique albergue o centro en donde dormir.

Los «bocadillos», cuando te los tiran, hacen daño y, a veces, te revuelves:
«¿Qué se habrán creído? Están toda su vida tirados en la calle, les acercas el pan a la boca y ¡encima te muerden…!»

Pero todos son los mismos «bocadillos» que aquel primero que motivó la pregunta de Arrels:

«¿Si no es el bocadillo, qué será lo que necesita?»

Y es esa la pregunta que constantemente me cuestiona.
La tentación de que ya hemos dado soluciones y que ahora es a ellos a los que les toca responder, acosa permanentemente. Y, sin darte cuenta, convertimos nuestra relación, que es la que les ha de dar razones para cambiar,  en un trapicheo de derechos y deberes, de ofensas y ofendidos, de culpables y benefactores.
Pero en realidad sólo se trata de «bocadillos» que nos siguen tirando y que nos deben remover por dentro. Porque detrás de cada «bocadillo» lanzado, está la rabia de una vida rota que no saben/sabemos recomponer.

Enrique Richard

BUENO, PUES DEJARÉ EL PINO

En esto de la exclusión, los milagros existen.
Conforme pasa el tiempo y te mezclas más en este mundo, podrías pensar, como que tienes más experiencia, que ya lo sabes todo, que dominas la situación… ¡Mentira!
De lo que te das cuenta es de que cada vez entiendes menos y que todavía hay reacciones que te sorprenden.
Pero ¡benditas sean las que, como hoy, han hecho que Jordi coma y duerma bajo techado!
¿Por cuánto tiempo? ¿Quién sabe? Pero como siempre digo: en esto de la exclusión hay que alegrarse por el presente, porque el futuro difícilmente podrá ser peor que su pasado.

Para Jordi aquel pino era algo más que un adorno ecológico en medio del parque.
No era sólo la sombra reparadora en los días calurosos del verano, ni el paraguas protector de cuando llueve.
Aquel pino colocado en medio de los jardines de la Sagrada Familia, era para Jordi su casa. Sus ramas amparaban desde hace tiempo todas sus pertenencias: Un colchón («y si llueve y se moja, no hay problema, le doy la vuelta»), unas mantas, unas bolsas de plástico llenas y poco más.
De vez en cuando los servicios de limpieza retiran todo y dejan el pino de Jordi limpio y vacío.
Y vuelta a empezar.

Hoy le hemos visto con la ropa mojada; todo él hecho una sopa.
«Nada, los aspersores que me han despertado y me han puesto así…»
Los artilugios de riego que se usan para que nuestros jardines estén bonitos y sean las delicias de nuestros turistas, se disparan automáticamente sin tener en cuenta lo que riegan. Su ‘chup-chup’ mecánico rocían el suelo, la hierba, las hojas… y también el colchón y las bolsas… y al Jordi -¡pobre!- que allí ose estar durmiendo.

Un día, de esto hace ahora algo más de un año, vimos a Jordi por primera vez. Llevaba el ojo izquierdo tapado. Había ido de urgencias al hospital: Esa noche había hecho viento y su pino dejó caer sus agujas y una de ellas, al caer, le atravesó el ojo. No hubo nada que hacer. Desde entonces que Jordi quedó tuerto. Pero él siguió durmiendo allí con la tranquilidad del que lo ha perdido todo y la fatalidad del que ya nada puede ser peor.

Como tantas otras historias que te van descubriendo, hubo un tiempo en que Jordi vivía en un piso con su padre. El padre murió y él aguantó en el piso hasta que, no sabemos muy bien por qué, un buen día se quedó en la calle. Él dice que tiene esposa y dos hijas en Jaén. Que le van a dar trabajo para irse allí; pero aún ha de encontrar las oficinas que, según él, las han cambiado de lugar…

Jordi tiene sesenta años.
Y según nos ha contado en otras ocasiones, ha trabajado de todo, pero ahora no tiene de nada.
Hoy nos ha recibido, como casi siempre, con una sonrisa.
No sabe bien bien quienes somos, ni cómo nos llamamos. Se olvida de todo. Nunca ha aceptado venir por el Centre Obert; pero hoy sí, sorprendentemente hoy sí.
Estaba chorreando, con frío y le hemos dicho -como otras veces lo hemos hecho- ¿quieres venirte a cambiarte de ropa? Y así, sin más, en silencio se ha puesto en pie, ha recogido su ‘platillo’, se ha guardado las monedas que tenía de ‘gancho’ y nos ha dicho «Vamos».
Así, sin más. Y nosotros que no nos lo acabábamos de creer. ¡Ha aceptado! ¡Ha dicho que sí! ¿Y por qué precisamente hoy…?
¡Pues, vamos!
Hemos cogido el Metro y nos hemos presentado en Riereta.
Se ha duchado, se ha cambiado de ropa y le he recortado la barba, gris, larga, vieja. El pelo no, ni tocarlo todavía… Tanto tiempo…, que todo él es una ‘ras-ta’.
Mientras veníamos en el Metro y hablábamos amigablemente los tres, nos sentíamos observados por decenas de miradas que, sin pudor, nos interrogaban.
Luego Puri y yo hemos comentado sobre lo que nosotros llamamos ‘el efecto insecticida’: Todos te hacen sitio y poco a poco te ves aislado del resto de la gente que te mira como si fueses un apestado.
En el camino aprovechamos para proponerle también dormir en pensión y comer caliente hasta que él quiera. Al menos hasta que encuentre aquel trabajo del que siempre nos habla y que le van a dar en aquella oficina que aún tiene que encontrar.
El milagro continuaba: Jordi aceptaba nuestra nueva propuesta.
Sin duda, al recoger las monedas, Jordi hoy, precisamente hoy, había tomado una decisión que probablemente cambie su vida.
Y él es consciente de ello: «Bueno, pues dejaré el pino», nos dijo.
Y así, después de un año de relación, Jordi rompía con su pasado y se fiaba de nosotros: de Puri, de mí, de Miquel, de Marta, de Arrels…
¿No es un milagro?

Enrique

DIA DE ACCION BLOG ’08

 

El día 4 de Septiembre medios de comunicación de Barcelona recogieron las quejas de algunos vecinos del barrio de la  Barceloneta sobre lo que ellos llamaron:

‘Oleada de indigentes y nómadas dispara la alarma de la Barceloneta’.

La noticia se puede ver en: 

http://elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=540943&idseccio_PK=1022

 CUANDO NOS QUEDAMOS EN LAS APARIENCIAS

Siempre nos quejamos. No nos gusta convivir con la miseria. No queremos que los ‘despojos’ de nuestra sociedad ‘okupen’ nuestras puertas.
Lo feo, lo malsonante, lo que estorba, no debe molestar nuestra vista, ni nuestros oídos, ni nuestro olfato.
Y si hay que tapar, se tapa. Y si hay que reprimir, se reprime…
El caso es ‘limpiar’, conseguir que ‘mi sitio’ quede limpio de ‘gentuza’.
Lo que el otro sienta, lo que el otro sufra, lo que el otro viva, no importa un carajo.
¿Excluidos?… ¿De dónde?…
¡Ellos se lo habrán buscado!
¿Causas? ¿Soluciones para sus vidas?
¡Soy yo quien sufre sus desvergüenzas! ¡Es a mí y no a él a quien hay que dar soluciones!

Tal vez pudiésemos ir un poco más allá e intentar no quedarnos en las apariencias y en vez de barrer para esconder lo que no nos gusta, buscar soluciones para hacer que desaparezca. 

¿Podríamos evitar la exclusión? ¿Podríamos al menos mitigarla actuando en los puntos que nos llevan a ella? A lo mejor podríamos reducirla si verdaderamente pusiéramos los medios adecuados, suficientes y en el momento en que se necesitan.
Porque gran parte de la solución pasa por el dinero. Pasa por poner más medios no sólo para erradicarla, sino también para prevenirla.
Estudiar las causas y actuar sobre ellas.
Porque una persona está tirada en la calle por algún motivo, por alguna circunstancia que en su momento le superó.
Podríamos culpabilizar. Siempre lo hacemos. Pero buscar culpables no nos lleva a ninguna solución.
Hay que actuar. 

Ya sé: el tema es complejo.
Queremos que las cosas se solucionen, pero que no nos toquen el bolsillo.
Queremos que se solucionen, pero seguimos haciendo una sociedad en donde determinadas formas de hacer se quedan agazapadas entre tanta competencia, tanta productividad, tantas prisas, tanta eficacia…
Si no sirves, no cuentas, estás despachado…
Si no das la talla, si no eres competente, si no mantienes el ritmo, si no consigues objetivos, si no estás preparado, si no aguantas la presión, si no hay trabajo, si no te acoplas a la ‘realidad’…, si no…, si no…, si no….
En esta sociedad hay que ser semi-héroes para contar entre los elegidos.

Luego, además, está la rueda de los que no son ‘nadie’, porque sus padres han sido ‘nadie’, viven rodeados de ‘nadie’ y sus abuelos y sus tatarabuelos siempre han sido ‘nadies’.
Sus hijos son y serán ‘carne de cañón’.
Es verdad que todos estamos expuestos a la exclusión, tanto los ricos como los pobres, lo sabios como los ignorantes. Pero hay unos que tienen más posibilidades que otros de caer en la exclusión y de quedarse en ella.
¿Y, mientras tanto, qué hace nuestra sociedad? Poner parches.
De pronto te encuentras con grandes despilfarros en un macro-proyecto de sociabilización y a la vuelta de la esquina ya no hay nada. Las subvenciones se anulan, los proyectos se cierran y los avances… se atascan… Porque todos sabemos que este trabajo es de hormiguitas, de constancia, de ir haciendo poco a poco, pero siempre.
Pero no hay dinero. Cuando falta, nunca hay dinero para los más pobres. Y si no falta, también. 

Al final nos quedamos en las apariencias: Los pobres nos molestan y no estamos dispuestos a que nos molesten.
Entonces gritamos y protestamos y los medios de comunicación se hacen eco de nuestras protestas, pero mientras, quizás, hayamos premiado con nuestro ‘voto democrático’ a aquel que nos prometió que iba a bajar más que el otro los impuestos.
¡¿Bajar los impuestos?! ¡¿Pero es que ya tenemos suficientes guarderías, escuelas, profesores?!
¡¿Es que la salud pública cubre todas nuestras expectativas?!
¡¿Es que ya hay planes que puedan reconducir los ‘daños colaterales’ que sufre una persona cuando se hace una ‘reconversión laboral’?! (Al despido masivo desde hace unos años le llaman reconversión)
¡¿Quién se preocupa del niño que sistemáticamente no va  a la escuela?!
¡¿Es que ya no hay guetos en nuestras grandes ciudades?!
¡¿Es que ya tenemos vivienda digna para todos?!
¡¿Es que ya cualquiera de los que nos ‘estorban’ podría dormir esta noche bajo techado?!
¿Y mañana…? ¿Y pasado mañana…?
¿Y al otro día…? ¿Y al otro…? ¿Y al otro…?
¿Y si, además, fuese dormir dignamente…?
¡Y sólo pido dormir, porque lo de vivir ni me atrevo a soñarlo!

 

Enrique Richard