Pedro Cluster en su Blog Indigencia se queja:
‘Siempre que los doctos especialistas en luchar contra la exclusión, hablan de la gente de la calle dicen frases como: “es un proceso muy largo y complejo. Para reinsertarse se necesita mucho tiempo, un proceso largo y difícil”.
Esta es la gran excusa y a la vez la gran mentira.
Para justificar su trabajo, sus sueldos, sus subvenciones e, incluso en algunos casos, hasta la utilidad de sus oficios, defienden con ahínco esta teoría.’
porque Pedro considera, y no sin razón, que ese deterioro se debe a que ‘nunca se recibe la atención adecuada en el momento adecuado, es decir al principio del proceso.’
Pero a mi entender se olvida de un dato obvio: las personas deterioradas son, están en las calles, y son precisamente ellas -las más deterioradas- las que más padecen la violencia de la calle.
Un dato: La noche que se hizo el recuento en Barcelona, se constató que más del 45% (en Madrid es cerca del 62%) de las personas que esa noche pernoctaban en la calle llevaban más de un año haciéndolo. Tiempo suficiente para que la calle ya les haya pasado factura y necesiten algo más que un trabajo y una casa. Efectivamente podemos quejarnos -y desde aquí lo venimos haciendo enérgicamente- de que estas personas no han recibido seguramente el trato adecuado en el momento adecuado. Sigue leyendo
arrels
NUEVOS VÍDEOS
He colgado tres nuevos vídeos en el blog:
– «La filosofía de la calle». Nuestro amigo Esteban vive en un banco y tiene su propia filosofía de la vida, de la calle. Hablaré de él. Su idea no se puede generalizar, pero está ahí, es la suya.
– «Manuel». Es un viejo conocido de Arrels. Estaba en la calle, ahora tiene su trabajo, su casa, su familia. Se siente feliz y agradecido a las personas que, en su día, le echaron una mano para salir. Pero yo siempre le digo que el mérito es suyo que quiso comenzar de nuevo. ¡Encontró «razones» para vivir…!
– «Sense embuts». TV3 emitió una serie sobre diferentes problemáticas. Hubo un capítulo dedicado a las personas que viven en la calle y que duraba 25 minutos. Para hacerlo más asequible en el blog, de todo el documento, he seleccionado sólo la parte en donde salen Miguel Virto y Miquel Fuster, que, de entre los 8 protagonistas del cápitulo, son las dos únicas personas que están vinculadas a Arrels.
Espero que una mirada valga más que mil palabras escritas.
LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN
Hoy Gabriel nos pone los pies en la tierra. Podemos ver mucho, acercarnos mucho, escuchar mucho, pero nunca lo que veamos, lo que escuchemos, lo que sintamos, será igual que la realidad de quien la vive.

¡Hola!
La ficción, cosa de la mente o del cerebro que imagina una situación, es generalmente sólo eso, historias imaginadas que parten de algo real.
Lo real y lo imaginario se compenetran, porque alivian al que lee, al que escucha o al que va al cine.
Luego, si comprendes eso, has ganado parte al saber discernir lo que es real y ficción.
Problemas sociales o particulares, como siempre se escucha decir, tenemos todos.
Tú hablas de lo tuyo y yo de lo mío. Y todos hablamos. Escuchar… también. Asimilar que lo escuchado se asemeja a la realidad… es cosa de quien puede decidir.
Ficción, realidad, escuchar, oir, ver, entender cosas que se ven diariamente sin entrar en esa radio que tantas frecuencias tiene y tan pocas escuchamos, sólo aquellas que nos son cómodas al oido.
Habla, dime algo, dime lo que realmente pienses para yo entenderte.
Sé que no es posible, porque la respuesta sencilla es que la realidad supera a la ficción.
Gabriel
UNA PERSONA ‘ATESA’ (Una persona atendida)
Me llegó a casa una revista de Cáritas.
Había muchas fotos.
De entre todas, me llamó la atención ésta.
Era la única en donde salía en primer plano una de las muchas personas que Cáritas atiende.
Y me llamó la atención porque no pusieron su nombre.
El de la persona que le acompaña sí, pero el suyo: ‘Una persona atesa’.
¿Tal vez quisieron guardar su intimidad?, porque con esto de la privacidad de los datos…
¿O tal vez no sabían su nombre?…
No sé a los demás, pero a mí, al menos, una vez que me he decidido a que me vean y a que me saquen en una revista, me gustaría salir con mi nombre bien puesto que me identifique respecto a los demás.
No es mi intención hacer demagogia con una foto, ni cuestionar aquí la ingente labor que Cáritas lleva a cabo con tanta eficiencia y sin discriminación alguna hacia los que atiende. Pero me preocupa que, a veces, incluso los que más cerca y más hacen por el excluido, le demos más valor a la noticia (en este caso hacer la fotografía y presentar a ‘QUIÉN’ con ‘quién’ sale en la foto) que a las propias personas. Al final puede dar la sensación de que utilizamos su imagen para autopromocionarnos, dándonos más importancia a nosotros y a aquello que hacemos por ‘ellos’ que a ‘ellos’ mismos.
Somos los primeros -Cáritas me consta que también- en quejarnos de que la ‘sociedad’ los hace invisibles y, sin embargo, hay situaciones en que, seguramente sin quererlo, sin darnos cuenta, somos también nosotros los que les arrebatamos sus nombres: Son… ‘usuarios’…, ‘personas ateses’.
No me cabe la menor duda de que el Departamento de Comunicaciones, o asimilado, de Cáritas tendría, si se le pidiese, una buena respuesta para justificar la foto; pero a mi familia y a mí, cuando vimos la revista, fue esta foto y su pie lo que nos hizo daño. Después, todo lo que además explica sobre el buen hacer que efectivamente lleva a cabo esta entidad, se quedó en un segundo plano, tapado por lo injusto de la foto
EL CORAZÓN ROBADO
Enrique Richard
Martes, 25 de Noviembre de 2008
Hacía tiempo que no ponía nada nuevo en este apartado y no ha sido por falta de noticias. Intentaré ponerme al día.
«La señora de los ojos claros»
Un día nos la encontramos chillando y, entre sollozos, parecía que hablaba de una hija suya. No entendimos qué; pero sí nos dimos cuenta de su sufrimiento.
El equipo de salud mental del Ayuntamiento la venía observando también y se decidió ingresarla en un centro de salud. Y allí está desde entonces. Pensaron que era lo mejor para ella. Nosotros, en este caso, también. No la hemos vuelto a ver.
Para leer más sobre “La Señora de los ojos claros”
Raul
Raul ingresó en la Llar Pere Barnés. Es una residencia de 30 plazas que Arrels abrió el año pasado en Noviembre. Cada residente tiene su propia habitación individual para dormir. En la Residencia también comen y cenan y tienen espacios para estar. Se trabaja la autonomía en lo que se puede y hasta dónde se puede. Algunos, desde allí han pasado a pisos compartidos. Estamos orgullosos y contentos de poder ofrecer este recurso en donde la dignidad de la persona es muy cuidada.
La transformación en Raul, ya lo conté, ha sido abismal. La relación es mucho más fluida y en la Llar se ha comprometido en hacer pequeños servicios. También por la mañana va al centro ocupacional. Se siente útil.
Pero no siempre las cosas son maravillosas. Me consta que hace poco armó follón y parece ser que perdió los papeles. Y es que Raul no ha dejado del todo la bebida y a veces se sigue pasando con él y con los demás. Lo que no nos debería sorprender. Las personas no cambiamos de la noche a la mañana y menos personas que, como Raul, han vivido tanto tiempo en la calle, que tienen sus vidas machacadas, su cuerpo lleno de alcohol y de enfermedades, algunas incurables, y que, todo unido, le hacen complicado encontrar razones para vivir.
Es por esto que no puedo sino admirar la paciencia y el buen hacer de las personas -voluntarios y profesionales- de Arrels o del Ayuntamiento o de cualquier otra organización, que día tras día, hora tras hora, tratan con ellos y que no paran de recibir «bocadillos a sus espaldas» , sin que en realidad sean culpables de los desatinos de estas vidas rotas. Y a pesar de todo seguirles mirando a la cara, sin rencores, con cariño, volviendo a empezar…, hasta setenta veces siete…, sin esperar nada a cambio… Es difícil su trabajo y por eso desde aquí mi pequeño homenaje y mi gran agradecimiento en nombre de los que no saben hacerlo.
Gerardo
Después de las vacaciones, Gerardo regresó a la plaza. No se vio con ánimo para dormir en pensión.
Desde entonces ha estado entrando y saliendo, de la calle a la pensión y de la pensión a la calle. Él marca qué es lo que toca: «Ahora toca calle» Y cuando toca calle la arma. Tiene mala bebida. Pero cuando toca pensión se transforma en una persona entrañable, llena de matices; pero no reconoce su mal beber y eso, cuando está en la plaza, le acarrea problemas con los vecinos y con la guardia urbana.
A día de hoy está en la Llar, en una habitación que hay de dos literas para situaciones temporales.
Jordi
Continúa en su banco.
Nos contaba el otro día que hay una señora, Testigo de Jehová, que le trae todos los días comida y le da conversación durante un rato. Lo agradece.
Una mala noche le robaron la bolsa -la miseria que rapiña la miseria- en donde llevaba todo lo que poseía: un jersey, un pantalón, una muda y el DNI. Las gafas que lleva ya hace tiempo que las consiguió desechables en una óptica con los cristales de ‘culo de vaso’ lo más cercano a su graduación; en una caida se le rompió una patilla y la lleva sujeta con celo. También se quedó sin PIRMI (Programa de Renta Mínima de Inserción) y ahora está totalmente a expensas de lo que le den. De la operación de la cadera…, se le pasó el día… y por eso tiene una muleta que la arrastrará de por vida.
Reconoce que le han querido ayudar desde los Servicios de Inserción Social del Ayuntamiento, que ha utilizado alguno de sus recursos, pero él no ha correspondido como «se merecían las personas que me han atendido. Y así me van las cosas».
De todas maneras de un tiempo a esta parte nos ha comentado que está cansado y ya van varias semanas que nos asegura que pasará por Riereta esa misma tarde para ducharse y empezar a arreglar su situación; pero luego no viene.
Seguiremos esperando. Por nuestra parte, Puri y yo, no insistimos y cada martes hablamos de lo que nos viene en gana. Él sabe que puede dar el paso y que nosotros estaremos ahí, ya es suficiente. Lo dará cuando él decida, no cuando nosotros lo queramos. Pensamos que si le recordamos que no ha venido, es como recriminar sus debilidades, es como echarle en cara que no cumple con aquello con lo que se compromete. Y ahora, creemos, que lo que toca es reafirmar sus seguridades y no meter el dedo en la llaga. Nosotros no somos nadie para recriminarle nada.
Para leer más sobre Jordi
Gil
¡Le hemos visto!. Hace 4 martes le vimos sentado en un banco.
Nos reconoció. A Puri y a mí nos dio mucha alegría verle y que él se acordase de nosotros.
Estaba más charlatán que nunca. Nos contó que ya por fin había tramitado la pensión de jubilación, unos 700€, «no está mal», le dijimos, pero él no estaba muy conforme, pues los gastos son muchos.
Vive realquilado en una habitación, por la que paga cerca de 300€, luego tiene que comer y que vestirse y que si el tabaco y que si… Pero, bueno, en general le vimos mejor que en otras ocasiones y sobre todo mucho más extrovertido.
Desde aquel día no le hemos vuelto a ver.
Juan José
Estuvo ilocalizado unas semanas, pero luego le venimos viendo todos los martes y también casi todos los martes por la tarde se pasa por Riereta para ducharse y cambiarse de ropa.
No; a pensión no ha vuelto. En Julio insinuó para cuando hiciese frío; pero han pasado fríos y lluvias y él sigue en su ‘casa descapotable’. «Y cuando viene la lluvia tengo un plástico grande que me cubre».
Hoy nos contaba que vino la guardia urbana a ‘su casa’ para ‘desahuciarle’. Parece ser, por lo que hemos entendido, que quieren construir en el solar que utiliza para dormir y le debieron decir que de allí se debería de ir.
Seguimos nuestra relación y él nos la sigue aceptando.
RECORDANDO A PÍA
Va a hacer ahora un mes que murió una mujer, Pía, de 46 años de edad.
Todo Arrels se conmovió.
Alex, su pareja, aún la duele
Y a él le hemos pedido permiso para «colgar» en el blog este sentido poema que ha escrito Gabriel.
Recuerdos.
Recuerdos que vienen;
que se guardan y que quedan,
porque han de quedar.
Entro en la habitación y huelo
y, al oler, la siento.
A ella. Que se fue.
Pía me dejó.
No sé dónde, pero se fue.
Solo.
Solo creo que me encuentro;
aunque siento que está conmigo.
La siento y lo siento.
El tiempo pasa,
lo sé, es la vida.
Y tú allí
y yo aquí:
Estamos juntos.Gabriel
RESULTADOS DEL RECUENTO
Ayer estuve en la presentación de los resultados del recuento que se hizo en Barcelona el día 12 de Marzo de 2008 de las personas que esa noche estaban durmiendo en la calle.
«En resumidas cuentas, si queremos sintetizar los resultados en una cifra fácil de recordar, podríamos decir que en Barcelona había 1800 personas estrictamente sin hogar en la fecha de referencia. De ellas, unas 650 se encontraban literalmente durmiendo en la calle u otros espacios públicos».
¿Son pocas?, ¿son muchas?. Me agradó la respuesta que Pedro Cabrera se contestó así mismo. Vino a decir algo así:
«Son muchísimas si consideramos el drama personal de cada una de estas personas; pero no son muchas si las comparamos con los millones de la población de la ciudad.»
Si son pocas esto nos debería animar a que puede haber solución…
Ricard Gomá, Concejal de ICV-EUiA y responsable de Bienestar Social del Ayuntamiento de Barcelona, nos dió muy buenas perspectivas en este terreno.
La verdad es que de un tiempo a esta parte se ven realmente políticas de inclusión en el Ayuntamiento, apostando por nuevos recursos, más y mejores. Este estudio debería dar nuevos impulsos y nuevas pautas.
Hay que leer con calma el documento que nos entregaron. Porque me gustaría que el bosque no impidiera ver los árboles, sobre todo aquellos que más estorban y para los cuales su solución nunca puede pasar por ignorarlos o irles cambiando de sitio.
Y sobre todo -lo destacó Pedro Cabrera- ahora hay que preguntar a los afectados qué es lo que quieren, porque si algo importante queda claro en este estudio es que lo único que les une a las personas que duermen en la calle es eso, que duermen en la calle y lo que les une a los demás es que todos ellos son personas. Nosotros también.
Enrique Richard
Si quieres, puedes tener el documento completo en la web de la Fundació Mambré
QUE HI HA ALGÚ? – ¿HAY ALGUIEN?
LOS “BOCADILLOS” QUE NOS SIGUEN TIRANDO
Cuentan que Arrels comenzó su andadura a partir de un bocadillo que ‘un indigente’, ‘un mendigo de la calle’ lanzó con rabia sobre la espalda de la persona que se lo acababa de dar. La respuesta de esta persona no fue ni la de revolverse contra aquel ‘desgraciado’, ni la de echarle en cara su desagradecimiento, ni siquiera la de ‘lavarse las manos’: «Ya he hecho lo que tenía que hacer». Lo que aquella actitud agresiva provocó en aquella persona fue la de pensar: «Si este hombre no quiere el bocadillo, ¿qué será lo que querrá?» Y para dar respuesta a esta pregunta fue que nació ARRELS.
Desde aquel famoso bocadillo que dio razón de ser a Arrels, ¡cuántos otros «bocadillos» se nos siguen tirando a nuestras espaldas, esperando razones que den solución a sus vidas!
Nos tira su «bocadillo» Juan cuando, «jarto» de vino, se planta delante de ti y te dice cabreado:
– ¿Qué, coño, miras tú? ¿Es que tengo monos en la cara? ¡Anda y déjame en paz!
O te lo tira José, que después de pasarse media vida en la calle, comiendo de lo que le daban y rebuscando en las papeleras aquella lata de coca cola a medio acabar, ahora, que está en la Llar, se encaraba el otro día con un voluntario gritando:
– ¡Esta comida es una porquería! ¡No hacéis nada más que robarnos!
O Ángel, que había tardado cinco años en aceptar una pensión para dormir y, pasados unos meses, ya sin beber, se le ofreció un piso: Con sofá, TV, todo limpio, con derecho a cocina, recién pintado y alicatado. «Estarás divinamente».
Al día siguiente Ángel había dejado la pensión y nadie sabía dónde paraba.
¿Y Antonio?, ¿que había dejado de beber, que encontró trabajo, un buen trabajo, fijo, ¡más de 1200€! Y al cabo de tres meses vuelve a estar aquí, borracho perdido y culpando al dueño de que no sabe nada del oficio y que por eso se ha ido….?
¿Y Pedro?, ¿que sin venir a cuento, tiró la cafetera por la ventana…?
O aquel que un buen día roció con café con leche las paredes de toda la escalera de la Llar recién estrenada.
O el Vicente que cuando se cambia de ropa parece que esté en el Corte Inglés comprándola: Ninguna le cuadra, todas le están mal, se enfada, exige, grita, insulta… y, al final, se va con lo que traía puesto, dando un golpe de puerta.
O el otro Antonio que siempre se mosquea, porque «todo el mundo se cuela» y ha tenido que esperar esa tarde ¡media hora! para entrar en las duchas:
– Sois todos unos ineptos y sólo sabéis que sacarnos los cuartos»…
¿Y Josep?, que le han echado del piso y no acepta nada de lo que se le ofrece, porque él ahora lo que quiere es una pensión que es lo único que en este momento no le podemos ofrecer…
Y tantos otros que nos encontramos en las calles y que renuncian a todo lo que signifique albergue o centro en donde dormir.
Los «bocadillos», cuando te los tiran, hacen daño y, a veces, te revuelves:
«¿Qué se habrán creído? Están toda su vida tirados en la calle, les acercas el pan a la boca y ¡encima te muerden…!»
Pero todos son los mismos «bocadillos» que aquel primero que motivó la pregunta de Arrels:
«¿Si no es el bocadillo, qué será lo que necesita?»
Y es esa la pregunta que constantemente me cuestiona.
La tentación de que ya hemos dado soluciones y que ahora es a ellos a los que les toca responder, acosa permanentemente. Y, sin darte cuenta, convertimos nuestra relación, que es la que les ha de dar razones para cambiar, en un trapicheo de derechos y deberes, de ofensas y ofendidos, de culpables y benefactores.
Pero en realidad sólo se trata de «bocadillos» que nos siguen tirando y que nos deben remover por dentro. Porque detrás de cada «bocadillo» lanzado, está la rabia de una vida rota que no saben/sabemos recomponer.
Enrique Richard
BUENO, PUES DEJARÉ EL PINO
En esto de la exclusión, los milagros existen.
Conforme pasa el tiempo y te mezclas más en este mundo, podrías pensar, como que tienes más experiencia, que ya lo sabes todo, que dominas la situación… ¡Mentira!
De lo que te das cuenta es de que cada vez entiendes menos y que todavía hay reacciones que te sorprenden.
Pero ¡benditas sean las que, como hoy, han hecho que Jordi coma y duerma bajo techado!
¿Por cuánto tiempo? ¿Quién sabe? Pero como siempre digo: en esto de la exclusión hay que alegrarse por el presente, porque el futuro difícilmente podrá ser peor que su pasado.
Para Jordi aquel pino era algo más que un adorno ecológico en medio del parque.
No era sólo la sombra reparadora en los días calurosos del verano, ni el paraguas protector de cuando llueve.
Aquel pino colocado en medio de los jardines de la Sagrada Familia, era para Jordi su casa. Sus ramas amparaban desde hace tiempo todas sus pertenencias: Un colchón («y si llueve y se moja, no hay problema, le doy la vuelta»), unas mantas, unas bolsas de plástico llenas y poco más.
De vez en cuando los servicios de limpieza retiran todo y dejan el pino de Jordi limpio y vacío.
Y vuelta a empezar.
Hoy le hemos visto con la ropa mojada; todo él hecho una sopa.
«Nada, los aspersores que me han despertado y me han puesto así…»
Los artilugios de riego que se usan para que nuestros jardines estén bonitos y sean las delicias de nuestros turistas, se disparan automáticamente sin tener en cuenta lo que riegan. Su ‘chup-chup’ mecánico rocían el suelo, la hierba, las hojas… y también el colchón y las bolsas… y al Jordi -¡pobre!- que allí ose estar durmiendo.
Un día, de esto hace ahora algo más de un año, vimos a Jordi por primera vez. Llevaba el ojo izquierdo tapado. Había ido de urgencias al hospital: Esa noche había hecho viento y su pino dejó caer sus agujas y una de ellas, al caer, le atravesó el ojo. No hubo nada que hacer. Desde entonces que Jordi quedó tuerto. Pero él siguió durmiendo allí con la tranquilidad del que lo ha perdido todo y la fatalidad del que ya nada puede ser peor.
Como tantas otras historias que te van descubriendo, hubo un tiempo en que Jordi vivía en un piso con su padre. El padre murió y él aguantó en el piso hasta que, no sabemos muy bien por qué, un buen día se quedó en la calle. Él dice que tiene esposa y dos hijas en Jaén. Que le van a dar trabajo para irse allí; pero aún ha de encontrar las oficinas que, según él, las han cambiado de lugar…
Jordi tiene sesenta años.
Y según nos ha contado en otras ocasiones, ha trabajado de todo, pero ahora no tiene de nada.
Hoy nos ha recibido, como casi siempre, con una sonrisa.
No sabe bien bien quienes somos, ni cómo nos llamamos. Se olvida de todo. Nunca ha aceptado venir por el Centre Obert; pero hoy sí, sorprendentemente hoy sí.
Estaba chorreando, con frío y le hemos dicho -como otras veces lo hemos hecho- ¿quieres venirte a cambiarte de ropa? Y así, sin más, en silencio se ha puesto en pie, ha recogido su ‘platillo’, se ha guardado las monedas que tenía de ‘gancho’ y nos ha dicho «Vamos».
Así, sin más. Y nosotros que no nos lo acabábamos de creer. ¡Ha aceptado! ¡Ha dicho que sí! ¿Y por qué precisamente hoy…?
¡Pues, vamos!
Hemos cogido el Metro y nos hemos presentado en Riereta.
Se ha duchado, se ha cambiado de ropa y le he recortado la barba, gris, larga, vieja. El pelo no, ni tocarlo todavía… Tanto tiempo…, que todo él es una ‘ras-ta’.
Mientras veníamos en el Metro y hablábamos amigablemente los tres, nos sentíamos observados por decenas de miradas que, sin pudor, nos interrogaban.
Luego Puri y yo hemos comentado sobre lo que nosotros llamamos ‘el efecto insecticida’: Todos te hacen sitio y poco a poco te ves aislado del resto de la gente que te mira como si fueses un apestado.
En el camino aprovechamos para proponerle también dormir en pensión y comer caliente hasta que él quiera. Al menos hasta que encuentre aquel trabajo del que siempre nos habla y que le van a dar en aquella oficina que aún tiene que encontrar.
El milagro continuaba: Jordi aceptaba nuestra nueva propuesta.
Sin duda, al recoger las monedas, Jordi hoy, precisamente hoy, había tomado una decisión que probablemente cambie su vida.
Y él es consciente de ello: «Bueno, pues dejaré el pino», nos dijo.
Y así, después de un año de relación, Jordi rompía con su pasado y se fiaba de nosotros: de Puri, de mí, de Miquel, de Marta, de Arrels…
¿No es un milagro?





