‘LIMPIANDO’ BUENOS AIRES

Este es un reportaje que me ha enviado la ONG Proyecto7 de Buenos Aires y que yo, con gusto, cuelgo.

Cruzada contra los pobres

ONG-Proyecto7
[Limpiar, borrar… puede ser tomado como matar,
al estilo de ‘limpieza étnica’]

Por Hernán Scandizzo, desde Buenos Aires.

A fines de 2008 llegaron a la prensa las agresiones sufridas por indigentes que duermen en las calles y paseos públicos de la capital argentina. El modus operandi era el mismo: por las noches llegaba un grupo de seis o más personas que sin ahorrar violencia verbal ni física instaban ‘a su objetivo’ a abandonar veredas, parques, plazas, puentes. En el caso de cartoneros -gente que recolecta de la basura materiales reciclables- o vendedores ambulantes, tiraban sus carros y mercadería en un camión de recolección de residuos; si se trataba de sin techos, sus frazadas, colchones y otras pocas pertenencias corrían igual suerte. Generalmente vestían ropa oscura, de apariencia militar, y se trasladaban en vehículos sin identificación o con logos del Gobierno de la Ciudad; algunas veces contaban con apoyo de la Policía Federal -dependiente del Estado nacional- y otras no.

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LA INDIGENCIA

Qué miedos me dan oir hablar
de guantes, de mascarillas,de desinfectantes…
para no traspasarles… ¡¡nuestras enfermedades!!…
¡¡Anda ya!!…

La calle es su casa

El otro día alguien que conozco se extrañaba de que, cuando hacemos la calle, comentamos que hay gente
¡¡que quiere seguir en la calle!!
Esta persona se pensaba que éramos a modo de héroes libertadores que buscábamos a las pobres gentes que viven en las calles de nuestra ciudad y que aquéllas, nada más vernos, se deshacían en parabienes y agradecimientos hacia nosotros: ¡Al fin alguien venía a salvarlos!
¡Qué lejos de la realidad!

Las personas nos acostumbramos a todo y sabemos adecuarnos a lo que tenemos. También a la pobreza y a la precariedad y a la indignidad y a la indiferencia y también a la explotación.
Es verdad que hay muchas personas en la calle -cada vez más por esto de la crisis- que no quieren vivir así y que buscan soluciones para salir lo antes posible del agujero en que se ven abocados. Estas personas, cuando te encuentran, se alegran de ver salidas y las aceptan enseguida, pero te das cuenta de que hay menos recursos de los que se necesitan y la ayuda, muchas veces, llega tarde y mal.
En estos días, con la crisis, las organizaciones que normalmente gestionan los recursos, están totalmente desbordadas y no llegan a toda la demanda que se les ha venido encima.
Pero hay otras personas que no.
Son vidas que en su día supieron luchar, pero que quedaron rotas y -tiradas- no supieron/pudieron levantarse. Tal vez, seguramente, son a estas personas a las que el recurso, si es que les llegó, les llegó tarde y mal en su momento.
Son éstas las que nos encontramos en nuestras calles normalmente sucias, apartadas, escondidas, humilladas, fracasadas, pero proclamando, cuando las conoces, su dignidad.
Son esas personas que al pasar a su lado sólo ves su suciedad y hueles sus malos olores. E instintivamente te apartas, porque las temes.
¡Nadie en su sano juicio puede estar escondido detrás de tanta porquería y miseria!
Alguien, de vez en cuando, le trae comida, manta, ropa… de lejos, sin tocarle, sin hablar.
Nadie le tiende la mano -¡vaya usted a saber qué de enfermedades tendrá…!-
Peleando consigo mismo y con la sociedad que no le quiere, se ha aceptado así.
Ya ni siente vergüenza cuando se levanta a mear al lado del árbol, en cualquier rincón. No le preocupa ni que le vean. Ya ni se huele.
Así está bien, no necesita más.
Y cuando te ve, espera de tí lo que la mayoría de la gente civilizada le ofrece: Desprecio, desconfianza, violencia.
Por lo que él muchas veces te devuelve aquello que permanentemente le da la sociedad que pasa junto a él: Mantener las distancias, si no el desprecio.

¿Qué otra cosa esperabas?

Enrique

¡¡Buen provecho en El Bulli!!

Navegante trotamundos, Gabriel pensó que la vida era gratis, hasta que un día le pasó factura y se encontró en la calle

Es agradable la noticia de que a un restaurador, que juega con los alimentos para satisfacer las papilas gustativas de sus clientes, que hasta esperar más de un año deben de aguantar para sentarse a la mesa para, además, pagar 200 o 300 euros, en estos días hemos oído o leído que le han concedido otro importante premio.
Sobre todo para, junto a la risa que le debe suponer que poco más de esos euros cobran cientos de miles de personas y es que, aunque parezca reivindicativo el caso, más de uno, que no luce bermudas en ningún yate, pero que hasta hace poco, siendo un obrero, presumía de haber ido a las islas griegas, tampoco le hubiera importado el experimentar sensaciones nuevas en el paladar; pero ¡hete aquí! que una serie de impedimentos, entre ellos la falta de trabajo, le ha hecho poner los pies en tierra firme y ver más de cerca los 400 euros del paro que no la comida en este templo del comer.
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SE PUEDE SALIR DE LA CALLE, Y SI TE AGRUPAS ES DIEZ VECES MAS FACIL

Hace unos días recibí un escrito de Horacio Avila Proyecto7 Gente en Situación de calle desde Argentina. En ella denuncia el uso y el abuso que unos medios de comunicación hacen de la gente que está en la calle y cómo utlizan a las personas y a las organizaciones que, como Proyecto7, luchan para sacar a la gente de la calle, desde la calle.
Aunque desde aquí no acabamos de entender bien bien los hechos, sí he querido hacerme eco de esta rabia contenida que manifiesta este escrito y la impotencia que describe ante los poderes establecidos que, prometen todo, pero al final sólo reparten migajas para el que está tirado y ante unos medios de comunicación que buscan hacer un reportaje que sirva para remover los sentimientos más intimos del espectador y al mismo tiempo acallar las conciencias de los que pasamos al lado de las personas que sufren la exclusión, sentados felizmente en nuestra butaca, porque «la administración ya hace lo que puede».
Desde aquí para Horacio y su gente, mi respeto, mi cariño y ánimos para seguir luchando.
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INMIGRANTE, «SIN PAPELES», EXCLUIDO

Un amigo me llamó. Era viernes.
Me contó el problema:
Dos jóvenes subsaharianos, de esos que vienen a España en cayuco y que sobreviven al mar, habían llamado a su puerta y no sabía qué hacer con ellos, dónde meterlos, en dónde darles cobijo.
España les salva la vida, pero no se cuida de sus vidas.
¿Cómo han de vivir?; ¿dónde han de comer?; ¡tendrán necesidad de dormir!
España no les dejó morir, pero no le importa ni si viven, ni cómo vivan:
¡Son ilegales y no tienen derechos!
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TSUNAMI

Navegante trotamundos, Gabriel pensó que la vida era gratis, hasta que un día le pasó factura y se encontró en la calleA Gabriel hoy se le ve optimista

Todo lo que sube, baja. Dice un viejo proverbio. Y al igual que las olas son debidas a varios factores, aquellas llegan, una vez pasados éstos, a mostrar su cara amable, y aun sabiendo que la resaca existe, la calma vuelve a adueñarse del entorno.
Así la crisis. Quiere ver uno que ha sobrepasado el nivel y que su cresta ha llegado a su máxima cota, bajando y esperando a que pase la resaca. Se presupone que existen reconsideraciones, acerca de los que se agregan a los que ya nada tenían, para que, primero, puedan tener medios para volver a levantarse y, segundo, puedan recordar que  gracias a ellos  subsistirán aquellos que no han podido levantar cabeza.

Gabriel

¡QUE NO SE QUEDE SOLO CON SU MAL!

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Hay momentos oscuros. Momentos en que todo se ve negro y nos embarga la desesperanza:
¡Tantos procesos frustrados…! ¡Tantos esfuerzos tirados por la borda…! ¡Tanto fracaso! ¡Tanto volver a empezar…!
Parece como si todo se derrumbase, como si todos nuestros empeños no hubiesen servido para nada.
Los retrocesos, las injustas reacciones, la agresión, la falta de reconocimiento… -¡aunque sólo fuese una pizca de agradecimiento…!-, el no ver salida a tanta vida fracasada, violenta, desarraigada…, nos hunden en el desaliento y en la rabia: ¡Hasta aquí hemos llegado! ¡para todo hay un límite! ¡ya no podemos dar más!
Y es que las fuerzas se nos agotan, no somos súper héroes. ¡Ya está!. Y tiramos la toalla.
Hay que ser claros: muchas de estas vidas rotas no las podremos cambiar.

Y al mismo tiempo esas vidas, en cada retroceso, sienten con mayor dolor su propia impotencia de poder cambiar. Exasperadas, ven su suma de fracasos: Cuando ya lo tenía casi todo por la mano, lo rompo, lo destrozo y lo que es peor rompo y destrozo a aquel que me dió la mano. Defraudé su confianza, malversé todo lo que en mí se había depositado de bello, de sincero, de cariño…: ¡Con lo poco que he tenido en mi vida, ahora, que lo tenía regalado, lo desprecio, lo quemo, lo maltrato!… ¡Soy menos que nadie! ¡Soy nada en la nada y no merezco respeto ni consideración!

El silencio…, la no respuesta…, la duda…, la comprensión por encima de todo y a todos…
Sólo intuyo que, a pesar de todo, mi camino es el de «estar» -en la forma que pueda y que me deje-, pero ¡que no se quede solo con su mal!

Enrique

JAUME

La casa de JaumeNos habían asegurado que estaba allí. De hecho pasamos varios días por su lado, pero nosotros seguíamos sin verlo.
Por fin el otro día y con un mapa más detallado, conseguimos descubrirlo.
Está allí, en un rincón, en la esquina que forma una valla rota y la pared de una casa que no tardarán en tirar por vieja. De techo, unos trozos de vigas de madera que dejan medio abierto el cielo, justo para no evitar que entre la lluvia. Al otro lado de la pared no tiene nada, hierbas que salen en un trozo de explanada abandonada y que hace esquina con la calle. De la acera la separa unos quitamiedos de esos metálicos que ponen en algunas carreteras. Es su puerta y su timbre si quieres pasar.
En total a él le quedan ¿dos metros cuadrados de espacio…?
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Multas de 750 euros por hurgar en la basura

La Razón. 28 Febrero 09 – Nuria Platón

cochecitoEl Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó, entre otras, la nueva Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos y de Gestión de Residuos, que se aprobó con los votos a favor del grupo popular. Dentro de la nueva ordenanza parece ser que se incorpora el sancionar con 750€ el rebuscar en la basura. Ante las protestas de la oposición, la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella, afirmó: «yo me niego a vivir en una ciudad y en una sociedad en la que tenga que aceptar que hay personas que van a rebuscar en la basura para comer. El Ayuntamiento tiene que velar por las condiciones sanitarias de la ciudad. Desgraciadamente, la destrucción de un millón de puestos de trabajo en un año está produciendo nuevos perfiles sociales pero la red de atención social ofrece recursos para ellos».

Amén.

P.D.

¡No; si es que hay gente que no sabe ya qué hacer para fastidiar al personal… y ahora se han buscado, para hacerlo, el hurgar en los contenedores! ¡Hay que ser incívicos! La buscan, se entran, se revuelven en la basura que todos nosotros (también, y más, la señora Botella), gente bien comida y bien bebida, tiramos… ¿No tendrán otra cosa mejor que hacer en esta vida, tan «llena de oportunidades», que comerse nuestros desperdicios?

¡¡¡Qué desfachatez la de la señora Botella!!!.
También le llamaría cinismo. ¡Y más cosas!

Enrique

EL ORIGINAL

Hoy Gabriel me escribe una carta en donde me habla
de sus nostalgias y de su vida perdida.

Navegante trotamundos, Gabriel pensó que la vida era gratis, hasta que un día le pasó factura y se encontró en la calleMi estimado Enrique:

Siendo extraviado el original de lo que en su momento escribí, siento nostalgia del papel perdido. Total, es tan sólo un papel… Lástima y pena de ese papel. Es tan sólo tuyo; biografía al fin y al cabo; tinta, que no es tuya, con la que escrita está tú vida.
Sólo tú sin pena ni lástima podrás saber si hay alguna errata.
Observadores podrán intentar, según su criterio, hacer una biografía de tí, intentando, si son neutrales, querer revivir algo que tú tan solo sabes.
Tener nostalgia de cuando no eras borracho, es fácil. Vivir con la nostalgia no sé.

Quedando sss:

Gabriel