– Manel debe de estar en algún hospital. Alguien le vió inconsciente tirado en el suelo y llamó a una ambulancia que se lo llevó.
Quien nos daba la noticia era Cristóbal, compañero de Manel que, como él, lleva en la calle ni se sabe de tiempo.
– Lo mismo ya ni le encontráis. Estaba muy enfermo.
Y es verdad. Hacía dos semanas que le habíamos visto por última vez:
– Manel, te acompañamos al médico…
– No, al médico no; pero esta tarde me llegaré por Riereta para ducharme y cambiarme de ropa. Estoy muy sucio.
No vino. Le esperamos, pero no vino.
Cuando me despedía, casi en un susurro, Rafa me espetó: “No cambies; sigue siendo la persona que eres”.



– ¡Ya te daría yo un pico y una pala para que sepas lo que es trabajar!