MARTES, 10 de Febrero de 2009

Juan José

Hoy no puedo evitar expresar una gran satisfacción y una gran alegría.
Necesito urgentemente contarla: ¡Nuestro querido Juan José está comiendo, cenando y durmiendo (a veces) en la Llar Pere Barnés:  «Se come muy bien y se está caliente».
Hay días que después de cenar, se sienta a ver la TV y luego se va a dormir a «su casa descapotable» al otro lado de Barcelona (¡se pega unas palizas de andar…!), pero hay noches que no, que se queda y duerme en habitación.
¡Y está contento! ¡muy contento!.
¿Cuánto durará? No lo sé, pero llevamos unos días que le vemos feliz y nos explica lo bien que está.
En unos de esos días «malos» que tiene, Juan José había perdido la documentación y la cartilla y se encontraba desamparado.
Entre Puri, Miquel y yo le hemos ayudado y ya lo tiene todo.
«Uno se había acostumbrado a tener dinero».
Pero también estaba preocupado por la comida. Últimamente no se encontraba bien. Le ofrecimos comer y cenar en la Llar. Accedió y está encantado.
También quiso dormir, pero eso le cuesta más. Bueno…, sin prisas…
Hoy le he acompañado a solicitar la tarjeta rosa para el transporte urbano y le he dicho de ir al cine un día de éstos. No le ha llamado mucho la atención esta invitación: «Nunca he ido al cine», me ha dicho(¿!). Veremos a ver.
Pero hoy él estaba contento y yo también. Se admiten felicitaciones.
¿Y mañana?… Dios dirá, que se dice en estos casos.

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MI PRIMER SÍNDROME DE ABSTINENCIA

Era el año 2005 cuando escribí esta experiencia que sin duda tuvo mucho que ver en mi forma de entender y de mirar a estas personas.

En recuerdo a Paco, que tanto
me hizo cambiar por dentro.

Mi primer Síndrome de Abstinencia lo pasé va hacer, ahora, 1 año.
Y fue gracias a Paco que lo pude superar.
Estaba confuso, indefenso, avergonzado… y él me dio la fuerza para continuar.
Su angustia, su soledad, su dependencia… me dieron las razones suficientes para seguir a su lado.

Llevaba días tirado, rodando por los suelos.
Sin comer, siempre bebido.
Los compañeros sabían que aquel viejo de 57 años no aguantaría más.
Nosotros también. Pero era él quien decidía.

Una tarde, menos bebido, consintió.
Quedamos en recogerle al día siguiente, temprano, de buena mañana, sin vino.
Y allí estuvimos.
Había dormido y los efectos del alcohol del día anterior habían cedido.
Le quedaba la resaca. Una resaca convertida en temblores y espasmos…
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MARTES, 20 de Enero de 2009

Juan José

El día 24 de Diciembre Juan José se presentó en el Centre Obert. Todo hacía pensar que se quedaría a cenar.

De unos años a esta parte, en Arrels se tiene la costumbre  de hacer la cena de Nochebuena.
El intento es hacer que esta cena no sea una cena «para»,  sino una cena «con».
La verdad es que siempre ha sido un éxito y ha sobrepasado todas las expectativas.
Ya se sabe que los días de Navidad suelen ser, para todos, días de familia, de recuerdos -buenos y malos-. También lo son para estas personas.
Por eso algunos rechazan la invitación y no vienen. Otros, sin embargo, se visten sus mejores galas y parecen auténticos señores/as -¡que lo son!-. Sigue leyendo

¿GRATUIDAD? ¿ESPERAR ALGO A CAMBIO?

Hay dos aspectos para entender la gratuidad en este trabajo que hacemos con la gente que vive en la calle.
Uno de los aspectos se entiende fácilmente: Este trabajo lo haces sin esperar recibir nada a cambio. Es decir, nada de dinero, de cargo, de posición, incluso de afecto, de agradecimiento, de…
Pero hay otro aspecto de la gratuidad que es más complicado, más sutil, más doloroso: Este trabajo lo haces sin esperar que cambie nada. Ni tan siquiera que el otro cambie de vida. Este segundo aspecto es el que tal vez más nos cueste digerir y entender y muchas veces nos desespera porque nos duele tanta pasividad y nos entristece tanto sufrimiento.

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Navidad 2008. TU VOZ HECHA SILENCIO

Una buena amiga, de mi tierra, siempre tiene una palabra comprometida con su/nuestra fe. Hoy me ha enviado esta felicitación de Navidad y yo quiero compartirla con todos:

¡Que no se acabe la esperanza! ¡Que no se acabe la Navidad!


navidad-arrelsTU VOZ HECHA SILENCIO

Ya vienes. Te espero. Te espero con ganas.
Sé que estás cerca, muy cerca. Pero callas.
Te pregunto. Exijo tus palabras
y hasta tus soluciones,
pero callas.

En el silencio de la noche
-mía y del mundo-,  callas.
¿Callas?, ¿o es que no atisbo a encontrar tus señales,
a entender tu lenguaje o a captar tus palabras…?
«Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre»
Esta es tu Palabra y  tu lenguaje;
estas  son tus señales.
Esto es el TODO, envuelto en la nada.
¡Tu voz hecha silencio!
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PLAZA CONGRESO, BUENOS AIRES

Hace algunos días Horacio dejó este comentario.
Luego, me ha enviado más escritos. Los iré colgando también.

pza-congreso-buenos-airesSon las 9 de la noche en Buenos Aires, estoy en Plaza Congreso, y no sé muy bien por qué, o sí?, tal vez tenga que ver con que no pude pagar el alquiler del local… el mismo local donde trabajaba y vivía, y Leila con ese problema de bipolaridad, la verdad que no ayuda para nada, en realidad no sé por qué la sigo bancando si hace años que estamos separados… bueno sí es por nuestra hija, por Lucía, después de todo es su mamá, no?, y después de todo también alguna vez la quise, no?. Esto ya no da para más se me está yendo todo al diablo, pero tengo que hacer algo para resguardar a Lu y a su mamá, bueno puedo hablar con mis ex suegros y pedirles que alberguen a ellas hasta que yo logre dar vuelta la situación, qué sé yo. Trabajo día y noche y no puedo conseguir estar bien, encima cuidar a Lu también, y ocuparme de Leila, de sus crisis, de los clientes, de las cuentas,
SOCORRO!!!!
Bueno ya están en Córdoba, por fin ellas van a estar bien, y yo?
ahhhhhhh cierto, por eso estoy en Plaza Congreso, el dueño del local no me quiso esperar, así que me tuve que ir, y acá estoy, tengo un celular que no tiene batería, y el cargador quedó en el local, todo quedó en el local, ni la ropa me dejó sacar…, igual si el celular funcionara a quién voy a llamar??, vamos, viejo, quién me robó mi vida? no sean hijos de puta! devuélvanmenla, por favor!!!!, no me dejen acá, dónde voy a dormir? cómo hago para tomarme unos mates? cómo se hace para ir al baño? cómo me voy a higienizar?. Tengo hambre, pero no tengo un peso, se los di todo a ellas que lo necesitan más que yo. Estaré soñando, sí debe ser eso, pero la puta madre no me puedo despertar…POR FAVOR QUE ALGUIEN ME DESPIERTE, Y ME DIGA QUE ESTO NO ME ESTA PASANDO!!! estoy cansado ahí hay un umbral, me voy a sentar un rato, tengo que pensar… y estoy muy cansado, el alma pesa el doble, está lloviendo? a mí me cayó una gota…
no, boludo, es una lágrima… estás…estás llorando, eso es no llueve, por Dios esto no puede ser verdad, NO PUEDE SER VERDAD!!!!!!!!!qué pasa con la gente que no me ven? HEY, SEÑOR, ACÁ ESTOY!! NO VE QUE ESTOY LLORANDO!!!ACÉRQUESE PREGÚNTENME QUE ME PASA!!!!!!! NO VE QUE ESTOY LLORANDO, POR FAVOR!!!!!!. Me queda un cigarrillo esto me va a calmar, tranquilo hermano, esto no es verdad, cómo se te ocurre que una persona vaya a tener que dormir en la calle, sobre el cemento, eso sólo pasa en las películas, déjate de joder, DESPIERTA, BOLUDO, DESPIERTA!!!!!!!, POR FAVOR TERMINA CON ESTA PESADILLA, POR FAVOR, POR FAVOR, POR FAVOR…………………….

Horacio Avila.
ONG PROYECTO7 BUENOS AIRES

Martes, 25 de Noviembre de 2008

Hacía tiempo que no ponía nada nuevo en este apartado y no ha sido por falta de noticias. Intentaré ponerme al día.

«La señora de los ojos claros»

Un día nos la encontramos chillando y, entre sollozos, parecía que hablaba de una hija suya. No entendimos qué; pero sí nos dimos cuenta de su sufrimiento.
El equipo de salud mental del Ayuntamiento la venía observando también y se decidió ingresarla en un centro de salud. Y allí está desde entonces. Pensaron que era lo mejor para ella. Nosotros, en este caso, también. No la hemos vuelto a ver.

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Raul

Raul ingresó en la Llar Pere Barnés. Es una residencia de 30 plazas que Arrels abrió el año pasado en Noviembre. Cada residente tiene su propia habitación individual para dormir. En la Residencia también comen y cenan y tienen espacios para estar. Se trabaja la autonomía en lo que se puede y hasta dónde se puede. Algunos, desde allí han pasado a pisos compartidos. Estamos orgullosos y contentos de poder ofrecer este recurso en donde la dignidad de la persona es muy cuidada.
La transformación en Raul, ya lo conté, ha sido abismal. La relación es mucho más fluida y en la Llar se ha comprometido en hacer pequeños servicios. También por la mañana va al centro ocupacional. Se siente útil.
Pero no siempre las cosas son maravillosas. Me consta que hace poco armó follón y parece ser que perdió los papeles. Y es que Raul no ha dejado del todo la bebida y a veces se sigue pasando con él y con los demás. Lo que no nos debería sorprender. Las personas no cambiamos de la noche a la mañana y menos personas que, como Raul, han vivido tanto tiempo en la calle, que tienen sus vidas machacadas, su cuerpo lleno de alcohol y de enfermedades, algunas incurables, y que, todo unido, le hacen complicado encontrar razones para vivir.
Es por esto que no puedo sino admirar la paciencia y el buen hacer de las personas -voluntarios y profesionales- de Arrels o del Ayuntamiento o de cualquier otra organización, que día tras día, hora tras hora, tratan con ellos y que no paran de recibir «bocadillos a sus espaldas» , sin que en realidad sean culpables de los desatinos de estas vidas rotas. Y a pesar de todo seguirles mirando a la cara, sin rencores, con cariño, volviendo a empezar…, hasta setenta veces siete…, sin esperar nada a cambio… Es difícil su trabajo y por eso desde aquí mi pequeño homenaje y mi gran agradecimiento en nombre de los que no saben hacerlo.

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Gerardo

Después de las vacaciones, Gerardo regresó a la plaza. No se vio con ánimo para dormir en pensión.
Desde entonces ha estado entrando y saliendo, de la calle a la pensión y de la pensión a la calle. Él marca qué es lo que toca: «Ahora toca calle» Y cuando toca calle la arma. Tiene mala bebida. Pero cuando toca pensión se transforma en una persona entrañable, llena de matices; pero no reconoce su mal beber y eso, cuando está en la plaza, le acarrea problemas con los vecinos y con la guardia urbana.
A día de hoy está en la Llar, en una habitación que hay de dos literas para situaciones temporales.

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Jordi

Continúa en su banco.
Nos contaba el otro día que hay una señora, Testigo de Jehová, que le trae todos los días comida y le da conversación durante un rato. Lo agradece.
Una mala noche le robaron la bolsa -la miseria que rapiña la miseria- en donde llevaba todo lo que poseía: un jersey, un pantalón, una muda y el DNI. Las gafas que lleva ya hace tiempo que las consiguió desechables en una óptica con los cristales de ‘culo de vaso’ lo más cercano a su graduación; en una caida se le rompió una patilla y la lleva sujeta con celo. También se quedó sin PIRMI (Programa de Renta Mínima de Inserción) y ahora está totalmente a expensas de lo que le den. De la operación de la cadera…, se le pasó el día… y por eso tiene una muleta que la arrastrará de por vida.
Reconoce que le han querido ayudar desde los Servicios de Inserción Social del Ayuntamiento, que ha utilizado alguno de sus recursos, pero él no ha correspondido como «se merecían las personas que me han atendido. Y así me van las cosas».
De todas maneras de un tiempo a esta parte nos ha comentado que está cansado y ya van varias semanas que nos asegura que pasará por Riereta esa misma tarde para ducharse y empezar a arreglar su situación; pero luego no viene.
Seguiremos esperando. Por nuestra parte, Puri y yo, no insistimos y cada martes hablamos de lo que nos viene en gana. Él sabe que puede dar el paso y que nosotros estaremos ahí, ya es suficiente. Lo dará cuando él decida, no cuando nosotros lo queramos. Pensamos que si le recordamos que no ha venido, es como recriminar sus debilidades, es como echarle en cara que no cumple con aquello con lo que se compromete. Y ahora, creemos, que lo que toca es reafirmar sus seguridades y no meter el dedo en la llaga. Nosotros no somos nadie para recriminarle nada.

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Gil

¡Le hemos visto!. Hace 4 martes le vimos sentado en un banco.
Nos reconoció. A Puri y a mí nos dio mucha alegría verle y que él se acordase de nosotros.
Estaba más charlatán que nunca. Nos contó que ya por fin había tramitado la pensión de jubilación, unos 700€, «no está mal», le dijimos, pero él no estaba muy conforme, pues los gastos son muchos.
Vive realquilado en una habitación, por la que paga cerca de 300€, luego tiene que comer y que vestirse y que si el tabaco y que si… Pero, bueno, en general le vimos mejor que en otras ocasiones y sobre todo mucho más extrovertido.
Desde aquel día no le hemos vuelto a ver.

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Juan José

Estuvo ilocalizado unas semanas, pero luego le venimos viendo todos los martes y también casi todos los martes por la tarde se pasa por Riereta para ducharse y cambiarse de ropa.
No; a pensión no ha vuelto. En Julio insinuó para cuando hiciese frío; pero han pasado fríos y lluvias y él sigue en su ‘casa descapotable’. «Y cuando viene la lluvia tengo un plástico grande que me cubre».
Hoy nos contaba que vino la guardia urbana a ‘su casa’ para ‘desahuciarle’. Parece ser, por lo que hemos entendido, que  quieren construir en el solar que utiliza para dormir y le debieron decir que de allí se debería de ir.
Seguimos nuestra relación y él nos la sigue aceptando.

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LOS “BOCADILLOS” QUE NOS SIGUEN TIRANDO

Cuentan que Arrels comenzó su andadura a partir de un bocadillo que ‘un indigente’, ‘un mendigo de la calle’ lanzó con rabia sobre la espalda de la persona que se lo acababa de dar. La respuesta de esta persona no fue ni la de revolverse contra aquel ‘desgraciado’, ni la de echarle en cara su desagradecimiento, ni siquiera la de ‘lavarse las manos’: «Ya he hecho lo que tenía que hacer». Lo que aquella actitud agresiva provocó en aquella persona fue la de pensar: «Si este hombre no quiere el bocadillo, ¿qué será lo que querrá?» Y para dar respuesta a esta pregunta fue que nació ARRELS.

Desde aquel famoso bocadillo que dio razón de ser a Arrels, ¡cuántos otros «bocadillos» se nos siguen tirando a nuestras espaldas, esperando razones que den solución a sus vidas!

Nos tira su «bocadillo» Juan cuando, «jarto» de vino, se planta delante de ti y te dice cabreado:

    – ¿Qué, coño, miras tú? ¿Es que tengo monos en la cara? ¡Anda y déjame en paz!

O te lo tira José, que después de pasarse media vida en la calle, comiendo de lo que le daban y rebuscando en las papeleras aquella lata de coca cola a medio acabar, ahora, que está en la Llar, se encaraba el otro día con un voluntario gritando:

    – ¡Esta comida es una porquería! ¡No hacéis nada más que robarnos!

O Ángel, que había tardado cinco años en aceptar una pensión para dormir y, pasados unos meses, ya sin beber, se le ofreció un piso: Con sofá, TV, todo limpio, con derecho a cocina, recién pintado y alicatado. «Estarás divinamente».
Al día siguiente Ángel había dejado la pensión y nadie sabía dónde paraba.

¿Y Antonio?, ¿que había dejado de beber, que encontró trabajo, un buen trabajo, fijo, ¡más de 1200€! Y al cabo de tres meses vuelve a estar aquí, borracho perdido y culpando al dueño de que no sabe nada del oficio y que por eso se ha ido….?

¿Y Pedro?, ¿que sin venir a cuento, tiró la cafetera por la ventana…?

O aquel que un buen día roció con café con leche las paredes de toda la escalera de la Llar recién estrenada.

O el Vicente que cuando se cambia de ropa parece que esté en el Corte Inglés comprándola: Ninguna le cuadra, todas le están mal, se enfada, exige, grita, insulta… y, al final, se va con lo que traía puesto, dando un golpe de puerta.

O el otro Antonio que siempre se mosquea, porque «todo el mundo se cuela» y ha tenido que esperar esa tarde ¡media hora! para entrar en las duchas:

    – Sois todos unos ineptos y sólo sabéis que sacarnos los cuartos»…

¿Y Josep?, que le han echado del piso y no acepta nada de lo que se le ofrece, porque él ahora lo que quiere es una pensión que es lo único que en este momento no le podemos ofrecer…

Y tantos otros que nos encontramos en las calles y que renuncian a todo lo que signifique albergue o centro en donde dormir.

Los «bocadillos», cuando te los tiran, hacen daño y, a veces, te revuelves:
«¿Qué se habrán creído? Están toda su vida tirados en la calle, les acercas el pan a la boca y ¡encima te muerden…!»

Pero todos son los mismos «bocadillos» que aquel primero que motivó la pregunta de Arrels:

«¿Si no es el bocadillo, qué será lo que necesita?»

Y es esa la pregunta que constantemente me cuestiona.
La tentación de que ya hemos dado soluciones y que ahora es a ellos a los que les toca responder, acosa permanentemente. Y, sin darte cuenta, convertimos nuestra relación, que es la que les ha de dar razones para cambiar,  en un trapicheo de derechos y deberes, de ofensas y ofendidos, de culpables y benefactores.
Pero en realidad sólo se trata de «bocadillos» que nos siguen tirando y que nos deben remover por dentro. Porque detrás de cada «bocadillo» lanzado, está la rabia de una vida rota que no saben/sabemos recomponer.

Enrique Richard

BUENO, PUES DEJARÉ EL PINO

En esto de la exclusión, los milagros existen.
Conforme pasa el tiempo y te mezclas más en este mundo, podrías pensar, como que tienes más experiencia, que ya lo sabes todo, que dominas la situación… ¡Mentira!
De lo que te das cuenta es de que cada vez entiendes menos y que todavía hay reacciones que te sorprenden.
Pero ¡benditas sean las que, como hoy, han hecho que Jordi coma y duerma bajo techado!
¿Por cuánto tiempo? ¿Quién sabe? Pero como siempre digo: en esto de la exclusión hay que alegrarse por el presente, porque el futuro difícilmente podrá ser peor que su pasado.

Para Jordi aquel pino era algo más que un adorno ecológico en medio del parque.
No era sólo la sombra reparadora en los días calurosos del verano, ni el paraguas protector de cuando llueve.
Aquel pino colocado en medio de los jardines de la Sagrada Familia, era para Jordi su casa. Sus ramas amparaban desde hace tiempo todas sus pertenencias: Un colchón («y si llueve y se moja, no hay problema, le doy la vuelta»), unas mantas, unas bolsas de plástico llenas y poco más.
De vez en cuando los servicios de limpieza retiran todo y dejan el pino de Jordi limpio y vacío.
Y vuelta a empezar.

Hoy le hemos visto con la ropa mojada; todo él hecho una sopa.
«Nada, los aspersores que me han despertado y me han puesto así…»
Los artilugios de riego que se usan para que nuestros jardines estén bonitos y sean las delicias de nuestros turistas, se disparan automáticamente sin tener en cuenta lo que riegan. Su ‘chup-chup’ mecánico rocían el suelo, la hierba, las hojas… y también el colchón y las bolsas… y al Jordi -¡pobre!- que allí ose estar durmiendo.

Un día, de esto hace ahora algo más de un año, vimos a Jordi por primera vez. Llevaba el ojo izquierdo tapado. Había ido de urgencias al hospital: Esa noche había hecho viento y su pino dejó caer sus agujas y una de ellas, al caer, le atravesó el ojo. No hubo nada que hacer. Desde entonces que Jordi quedó tuerto. Pero él siguió durmiendo allí con la tranquilidad del que lo ha perdido todo y la fatalidad del que ya nada puede ser peor.

Como tantas otras historias que te van descubriendo, hubo un tiempo en que Jordi vivía en un piso con su padre. El padre murió y él aguantó en el piso hasta que, no sabemos muy bien por qué, un buen día se quedó en la calle. Él dice que tiene esposa y dos hijas en Jaén. Que le van a dar trabajo para irse allí; pero aún ha de encontrar las oficinas que, según él, las han cambiado de lugar…

Jordi tiene sesenta años.
Y según nos ha contado en otras ocasiones, ha trabajado de todo, pero ahora no tiene de nada.
Hoy nos ha recibido, como casi siempre, con una sonrisa.
No sabe bien bien quienes somos, ni cómo nos llamamos. Se olvida de todo. Nunca ha aceptado venir por el Centre Obert; pero hoy sí, sorprendentemente hoy sí.
Estaba chorreando, con frío y le hemos dicho -como otras veces lo hemos hecho- ¿quieres venirte a cambiarte de ropa? Y así, sin más, en silencio se ha puesto en pie, ha recogido su ‘platillo’, se ha guardado las monedas que tenía de ‘gancho’ y nos ha dicho «Vamos».
Así, sin más. Y nosotros que no nos lo acabábamos de creer. ¡Ha aceptado! ¡Ha dicho que sí! ¿Y por qué precisamente hoy…?
¡Pues, vamos!
Hemos cogido el Metro y nos hemos presentado en Riereta.
Se ha duchado, se ha cambiado de ropa y le he recortado la barba, gris, larga, vieja. El pelo no, ni tocarlo todavía… Tanto tiempo…, que todo él es una ‘ras-ta’.
Mientras veníamos en el Metro y hablábamos amigablemente los tres, nos sentíamos observados por decenas de miradas que, sin pudor, nos interrogaban.
Luego Puri y yo hemos comentado sobre lo que nosotros llamamos ‘el efecto insecticida’: Todos te hacen sitio y poco a poco te ves aislado del resto de la gente que te mira como si fueses un apestado.
En el camino aprovechamos para proponerle también dormir en pensión y comer caliente hasta que él quiera. Al menos hasta que encuentre aquel trabajo del que siempre nos habla y que le van a dar en aquella oficina que aún tiene que encontrar.
El milagro continuaba: Jordi aceptaba nuestra nueva propuesta.
Sin duda, al recoger las monedas, Jordi hoy, precisamente hoy, había tomado una decisión que probablemente cambie su vida.
Y él es consciente de ello: «Bueno, pues dejaré el pino», nos dijo.
Y así, después de un año de relación, Jordi rompía con su pasado y se fiaba de nosotros: de Puri, de mí, de Miquel, de Marta, de Arrels…
¿No es un milagro?

Enrique

¿Cuál es el problema? (VII)

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Cuando hacemos la calle, nosotros no sabemos si la persona a la que nos acercamos quiere cambiar.
Lo que sí sabemos es que somos nosotros quienes deseamos que quiera cambiar.
Esto no modifica mi relación en lo que se refiere a mi respeto y a su libertad; pero sí modifica mi comportamiento y mi modo de exigir:

El ‘Interesado’ no es él, soy yo

Si esto es así, mi modo de intervenir deberá adaptarse, de manera que al final se consiga que:

El ‘Interesado’ seamos los dos

Que es lo mismo que decir:
Mi intervención estará sustentada, no tanto en la recriminación por aquello que hace mal, o en la adulación cuando se porta bien, sino en ayudarle a encontrar otras razones que le hagan querer cambiar.
Este tipo de intervención sin duda es más complicada y necesita de más tiempo. Pero es la que dignifica, porque cuenta con la persona, la valora como tal y respeta su proceso.

Ver los otros ¿Cúal es el problema?