UN TROZO DE PAN CON ALGO…

¿Vacío o lleno?

La crisis se empieza a notar en la calle.
Gente joven que se ha quedado sin trabajo se añaden a las colas del pedir ‘un trozo de pan con algo… ‘
Al verte, se les llena el rostro de esperanza. Alguien de los veteranos les ha hablado de nosotros:  «Ellos te ayudarán».
Y te vienen a hablar…
A menudo son extranjeros, sin papeles… Son los primeros en esa lista macabra e injusta que ya empiezan a llenar nuestras calles. «Me quedé sin trabajo. Ya no tengo dinero para pagar el próximo alquiler y mi compañero de habitación me echará…» «Necesito un par de euros para comer…»
Te lanzan las demandas como sí tú tuvieses la varita mágica para solucionar sus problemas. Y te sientes mal, porque tú no eres ningún ángel benefactor, ni llevas escondida en la manga la carta ganadora.
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LA INDIGNIDAD DEL INDIGENTE (2)

Hace unos días escribía mi dolor, mi emoción,
mis sentimientos encontrados ante Alfredo
en
LA INDIGNIDAD DEL INDIGENTE(1).
Su historia tuvo continuación y hoy os la muestro.

La indignidad del indigenteHubo un día en que Alfredo accedió a ser duchado.
Miquel, Puri y yo montamos la logística correspondiente y por la tarde le llevamos a la Llar Pere Barnés en la furgoneta de Arrels.
Allí le duchamos y le cambiamos de ropa. Y es así que pudimos también comprobar y ver las llagas profundas que tenía en el escroto y en las nalgas.
Luego, bien limpio, le volvimos a subir en la furgoneta y le devolvimos a su sitio: Alfredo no consintió en ser ingresado en ningún lugar aun y a pesar de nuestra insistencia.
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INMIGRANTE, «SIN PAPELES», EXCLUIDO

Un amigo me llamó. Era viernes.
Me contó el problema:
Dos jóvenes subsaharianos, de esos que vienen a España en cayuco y que sobreviven al mar, habían llamado a su puerta y no sabía qué hacer con ellos, dónde meterlos, en dónde darles cobijo.
España les salva la vida, pero no se cuida de sus vidas.
¿Cómo han de vivir?; ¿dónde han de comer?; ¡tendrán necesidad de dormir!
España no les dejó morir, pero no le importa ni si viven, ni cómo vivan:
¡Son ilegales y no tienen derechos!
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¡QUE NO SE QUEDE SOLO CON SU MAL!

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Hay momentos oscuros. Momentos en que todo se ve negro y nos embarga la desesperanza:
¡Tantos procesos frustrados…! ¡Tantos esfuerzos tirados por la borda…! ¡Tanto fracaso! ¡Tanto volver a empezar…!
Parece como si todo se derrumbase, como si todos nuestros empeños no hubiesen servido para nada.
Los retrocesos, las injustas reacciones, la agresión, la falta de reconocimiento… -¡aunque sólo fuese una pizca de agradecimiento…!-, el no ver salida a tanta vida fracasada, violenta, desarraigada…, nos hunden en el desaliento y en la rabia: ¡Hasta aquí hemos llegado! ¡para todo hay un límite! ¡ya no podemos dar más!
Y es que las fuerzas se nos agotan, no somos súper héroes. ¡Ya está!. Y tiramos la toalla.
Hay que ser claros: muchas de estas vidas rotas no las podremos cambiar.

Y al mismo tiempo esas vidas, en cada retroceso, sienten con mayor dolor su propia impotencia de poder cambiar. Exasperadas, ven su suma de fracasos: Cuando ya lo tenía casi todo por la mano, lo rompo, lo destrozo y lo que es peor rompo y destrozo a aquel que me dió la mano. Defraudé su confianza, malversé todo lo que en mí se había depositado de bello, de sincero, de cariño…: ¡Con lo poco que he tenido en mi vida, ahora, que lo tenía regalado, lo desprecio, lo quemo, lo maltrato!… ¡Soy menos que nadie! ¡Soy nada en la nada y no merezco respeto ni consideración!

El silencio…, la no respuesta…, la duda…, la comprensión por encima de todo y a todos…
Sólo intuyo que, a pesar de todo, mi camino es el de «estar» -en la forma que pueda y que me deje-, pero ¡que no se quede solo con su mal!

Enrique

LA INDIGNIDAD DEL INDIGENTE (1)

Hacía ya unos siete años que Alfredo había dejado el parque.
Es un viejo y querido conocido de Arrels, que, entonces, le acogió.
Luego, los Servicios Sociales del Ayuntamiento le buscaron acomodo:
Primero, en un Centro de Baja Exigencia; años después, en una Residencia.

Pero hoy volvía a estar allí, en el parque, sentado en un banco, solo.
Mostrando toda su miseria.
Ofreciendo a los que por allí pasan todo un espectáculo de indignidad.
Sucio, mojado de sus propios excrementos, con la cara hinchada e irreconocible y con un cartón de vino en la mano, que alguien le trajo y él pagó.Fluye la vida
Y allí, así, sentado, lleva diez días, sin moverse. Apenas puede dar un paso aun ayudándose del andador que ya usaba en la residencia de donde se marchó: las piernas las tiene «rotas», que dice.
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JAUME

La casa de JaumeNos habían asegurado que estaba allí. De hecho pasamos varios días por su lado, pero nosotros seguíamos sin verlo.
Por fin el otro día y con un mapa más detallado, conseguimos descubrirlo.
Está allí, en un rincón, en la esquina que forma una valla rota y la pared de una casa que no tardarán en tirar por vieja. De techo, unos trozos de vigas de madera que dejan medio abierto el cielo, justo para no evitar que entre la lluvia. Al otro lado de la pared no tiene nada, hierbas que salen en un trozo de explanada abandonada y que hace esquina con la calle. De la acera la separa unos quitamiedos de esos metálicos que ponen en algunas carreteras. Es su puerta y su timbre si quieres pasar.
En total a él le quedan ¿dos metros cuadrados de espacio…?
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HABLEMOS DE DERECHOS

Navidad en el puenteSiempre, en un hecho injusto, hay dos sujetos: Uno, el que padece la injusticia y, otro, el que la ocasiona. Normalmente, como es natural, nos ponemos del lado del débil, que suele ser el que sufre injustamente.
Cuanto más violento sea el hecho, más nos enoja y más en contra nos pone hacia aquel que ejecuta la acción. El débil es siempre el agredido. El otro, el que agrede, es el culpable.
Siempre buscamos culpable.
Hasta seríamos capaces de volcar sobre él, no ya todo el peso de la ley, sino la ley de nuestros sentimientos dolidos, dañados por tanto mal que el agresor ha perpetrado. Incluso llegaríamos a obviar sus derechos llegado el caso.
Pero resulta que muchas veces al que llamamos culpable, a su vez, ha sido y sigue siendo agredido y violentado, quizás de manera más sutil.

Cuando haces la calle, a veces, sin tú saberlo, te encuentras precisamente con aquel que en un momento dado perpetró violencia y te acercas a él.
Resulta que, de pronto, estás al lado del que es odiado por ‘el mundo mundial’ y que ‘cualquier bien nacido’ le debería dar la espalda por todo el mal que ha ocasionado.
La trampa de ‘los buenos’ y de ‘los malos’ es que ni los unos son tan ‘buenos’, ni los otros nacieron ya ‘malos’.

A Antonio le conocí después de que saliese de la cárcel.
No sé exactamente cómo fue su historia de violencia machista. Sé que el juez le condenó y que penó su condena en la cárcel.
Me parece bien. Es lo justo.
Pero yo a quien entonces me encontré fue a un hombre que, derrotado, vivía en la calle, con su dignidad mermada y sus derechos violentados.
Fue después que supe de sus violencias y de su cárcel.
Pero yo ya le había conocido a él, a Antonio. Y seguí con él, apoyándole en su fracaso. Porque la dignidad de la persona está por encima incluso de sus acciones y porque lo más cercano a no juzgar es creer en sus derechos.

Enrique

MI PRIMER SÍNDROME DE ABSTINENCIA

Era el año 2005 cuando escribí esta experiencia que sin duda tuvo mucho que ver en mi forma de entender y de mirar a estas personas.

En recuerdo a Paco, que tanto
me hizo cambiar por dentro.

Mi primer Síndrome de Abstinencia lo pasé va hacer, ahora, 1 año.
Y fue gracias a Paco que lo pude superar.
Estaba confuso, indefenso, avergonzado… y él me dio la fuerza para continuar.
Su angustia, su soledad, su dependencia… me dieron las razones suficientes para seguir a su lado.

Llevaba días tirado, rodando por los suelos.
Sin comer, siempre bebido.
Los compañeros sabían que aquel viejo de 57 años no aguantaría más.
Nosotros también. Pero era él quien decidía.

Una tarde, menos bebido, consintió.
Quedamos en recogerle al día siguiente, temprano, de buena mañana, sin vino.
Y allí estuvimos.
Había dormido y los efectos del alcohol del día anterior habían cedido.
Le quedaba la resaca. Una resaca convertida en temblores y espasmos…
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¿GRATUIDAD? ¿ESPERAR ALGO A CAMBIO?

Hay dos aspectos para entender la gratuidad en este trabajo que hacemos con la gente que vive en la calle.
Uno de los aspectos se entiende fácilmente: Este trabajo lo haces sin esperar recibir nada a cambio. Es decir, nada de dinero, de cargo, de posición, incluso de afecto, de agradecimiento, de…
Pero hay otro aspecto de la gratuidad que es más complicado, más sutil, más doloroso: Este trabajo lo haces sin esperar que cambie nada. Ni tan siquiera que el otro cambie de vida. Este segundo aspecto es el que tal vez más nos cueste digerir y entender y muchas veces nos desespera porque nos duele tanta pasividad y nos entristece tanto sufrimiento.

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RESPONDIENDO A PEDRO CLUSTER EN INDIGENCIA

Con EstebanPedro Cluster en su Blog Indigencia se queja:
‘Siempre que los doctos especialistas en luchar contra la exclusión, hablan de la gente de la calle dicen frases como: “es un proceso muy largo y complejo. Para reinsertarse se necesita mucho tiempo, un proceso largo y difícil”.
Esta
es la gran excusa y a la vez la gran mentira.
Para justificar su trabajo, sus sueldos, sus subvenciones e,  incluso en algunos casos,  hasta la utilidad de sus oficios, defienden con ahínco esta teoría.’

porque Pedro considera, y no sin razón, que ese deterioro se debe a que ‘nunca se recibe la atención adecuada en el momento adecuado, es decir al principio del proceso.’
Pero a mi entender se olvida de un dato obvio: las personas deterioradas son, están en las calles, y son precisamente ellas -las más deterioradas- las que más padecen la violencia de la calle.
Un dato: La noche que se hizo el recuento en Barcelona, se constató que más del 45% (en Madrid es cerca del 62%) de las personas que esa noche pernoctaban en la calle llevaban más de un año haciéndolo. Tiempo suficiente para que la calle ya les haya pasado factura y necesiten algo más que un trabajo y una casa. Efectivamente podemos quejarnos -y desde aquí lo venimos haciendo enérgicamente- de que estas personas no han recibido seguramente el trato adecuado en el momento adecuado. Sigue leyendo