ENTREVISTA DE CATALUNYA FRANCISCANA

Hace unos meses, me pidieron colaborar en la revista Catalunya Franciscana y contar mi experiencia de acompañar en la calle
Participé con dos testimonios que salieron publicados en el número 233 de Gener-Març de la mencionada revista.
También publicaron una entrevista que hoy transcribo textualmente.

Per què fas aquest voluntariat, Enrique?
Supongo que es porque forma parte de mi proyecto de vida. De mi implicación en esta sociedad. Por inmiscuirme en hacer un mundo un poco mejor. El Reino, que diría Jesús.
Pero con el convencimiento de que yo soy también parte y colaboro en la injusticia de este mundo. Por lo que no me erijo en “salvador” de nadie, sino en acompañante de otros que sufren nuestra injusticia con más escarnio.

Y concretamente en Arrels, porque Arrels me permite:
– Establecer una relación con otra persona que está en una situación más precaria que la mía y no por esto me hace sentirme superior. Una relación que no prejuzga.
– Una atención directa con la persona para cubrir, entre otras cosas, parte de su aislamiento y soledad
– Una relación que respeta a la persona y sus decisiones.
– Una relación que motiva el cambio y que tiende a que el otro consiga un máximo de autonomía en lo personal. (No quedarse en el simple asistencialismo).
– Y todo esto dentro de una organización como Arrels que nació del voluntariado y que, aún hoy, respeta y potencia el voluntariado, lo tiene en cuenta y lo valora, haciéndole incluso formar parte de los órganos de decisión y de reflexión.

Què has après?
¡Bufff!!! ¡Tantas cosas…!
– Lo primero a relativizar mis necesidades. Hay tantas cosas de las que poseo que no me son realmente necesarias… Para vivir no se necesitan tantas cosas.
– A no apegarme a las cosas. No quejarme por lo que no tengo, valorar lo que sí tengo y disfrutarlo y compartirlo mientras lo tenga. Yo no soy dueño, en todo caso soy el administrador de lo que poseo.
– El ser feliz no depende tanto de lo que tienes, como de lo que eres.
– A mirar de otra manera mucho más comprensiva a las personas que están en la exclusión.
– Humildad: Yo no tengo la solución del problema del otro.
– Escuchar sin prejuicios, ni condiciones.
– Valorar, aceptar y respetar al otro en sus decisiones, aunque yo no las comparta ni las entienda.
– A no imponer, sino a acompañar con afecto, sin “caridad”.
– A esperar contra toda esperanza.
– A sentirme afortunado y a no quejarme por “mis malas suertes”
– Lo injusto del sistema que crea tanta desigualdad y los pocos medios que pone para evitarla y, sobre todo, prevenirla.
– ……

Què sents quan estàs amb els teus amics del carrer?
– Me siento bien; muy bien con ellos.
– Afecto. Nunca lástima (o casi nunca).
– A veces rabia por un mundo injusto que lleva a estas situaciones.
– Aceptación de la situación, aunque ni la comparta, ni la entienda.
– Humildad e impotencia. No siempre puedo dar respuesta.
– Lo hago por justicia, no por limosna.

Què aconsellaries a algú que vulgui contactar amb els teus amics?
Es complicado aconsejar. Cada uno tiene sus propias maneras de acercarse a las personas y seguramente que todas son buenas, si hay respeto y afecto.
¿Cuál es mi experiencia?
– Lo primero, fijarse en él cuando pasamos por su lado. Verlo y mirarlo como persona que tiene una historia, una vida, una esperanza igual que tú.
– Está como está por alguna razón, seguramente que muy dolorosa, pero que tú desconoces y que quizás nunca llegues a saberla.
– Tú no eres superior, ni eres nadie para “salvarlo”. Sólo él podrá “salvarse”, si cree que ha de “salvarse” y cuando él quiera “salvarse”.
– Tú sólo le puedes dar tu afecto y tu compañía, que, con el tiempo, puede que se transforme en confianza y respeto hacia ti.
– Se ha de tener en cuenta que ellos se buscan la vida como pueden y entre ello está la mentira e incluso provocarte la compasión.
– De la calle y de su situación personal, no le vas a enseñar más de lo que él ya sabe. Es un auténtico superviviente de la calle.
– En la calle hay gente buena y gente que se ha equivocado muchas veces. Pero todas están en la misma situación de injusticia. Por lo que todas merecen nuestra atención.
– No insistas en lo que a ti te preocupa de su situación. A él seguramente le preocupan otras cosas.
– Nunca tirar la toalla, porque no hace lo que nosotros quisiéramos que hiciese o por volver a caer en la misma piedra de la que por algún tiempo salió. Lo que yo llamo “Los setenta veces siete” de Arrels.
– Cuando él quiera cambiar, si has ganado su confianza y “estás”, acudirá a ti.
– No des tú las soluciones. Busca entidades, fundaciones especializadas en este terreno o a la administración, que para eso están y saben cómo moverse.

Enrique

PROYECTO SOSTRE

Conocí SOSTRE.
Nos invitaron para hablar con ellos. El tema era: «Los Conflictos».
Fuimos Bob, Paco y yo de Arrels.
Me encantó ir. Se estableció enseguida una confiada relación con los voluntarios que asistieron, seguramente más de cuarenta, casi todos jóvenes, apenas alguno pasaría de los cincuenta.
Antes de la reunión, Montse, la que da la cara y coordina el proyecto, nos había contado cómo funcionaba y nos enseñó las instalaciones.

SOSTRE da cobijo cada noche a 6 personas, siempre las mismas mientras ellas quieran estar. Sigue leyendo

PROYECTO DE LEY PARA BUENOS AIRES

Como siempre desde aquí damos respaldo a las propuestas que nos hacen nuestros amigos de PROYECTO7 desde Buenos Aires

Hola a todos,
En esta oportunidad les adjuntamos la nota de presentación del Proyecto de ley para personas en situación de calle.

En este link, podran leer el Proyecto de Ley completo, para que puedan decidir su apoyo: http://proyecto7bsas.blogspot.com/

Las adhesiones por favor haganlas llegar a proyecto7bsas@gmail.com, muchas gracias

CONTAMOS CON USTEDES!!!!!!!! TODOS LOS QUE HACEMOS PROYECTO7 GENTE EN SITUACION DE CALLE

HISTORIA DE UN CAJERO, LÉASE YO

Hacía tiempo que Gabriel nos tenía abandonados.
Estaba callado, no sé si para bien o para mal, él sabrá.
Hoy resurge y aparece. Nos alegramos.

Historia de un cajero, léase yo, que mis puertas abren y cierran al cabo del año cientos de persona bien olientes que sacan, de su mucho o poco saldo, el dinero que necesitan. Las hay de todas clases y diferentes según los días de la semana. Algunos miran con recelo a quien encima de un cartón duerme, o lo hace ver, protegido del suelo. Las opiniones y gestos son desde la sensibilidad de quien le ofrece dinero para un café mañanero, a quien hace los ademanes de un olor que no le gusta, del que entra con miedo a la posible reacción del que está tendido y, ¡cómo no!,  del que, con la cara vuelta y tapado con su manta, resuena, como radio al oído, el entrar y salir, la introducción de la tarjeta y la salida del dinero a la vez que presiente la última mirada cuando se guarda el dinero.
Hecho de menos a muchos de mis anteriores inquilinos, sobre todo en estas fechas en las que el frio aprieta. Unos, seguro que habrán muerto, otros, habrán cambiado de residencia y, otros, pues la verdad no sé, pero lo que es seguro es que, mientras mantengan cajeros sin cerrar, me serán muy bien venidos e intentaré, sin nada que preguntarles, darles todo el calor que pueda.

Gabriel

MURIÓ UN DÍA DE DICIEMBRE EN LA CALLE

Un día de este mes de diciembre de 2009, murió en la calle un hombre que vivía en la calle.
Apenas nadie se hizo eco de la noticia.
Hasta aquí todo normal. La muerte de un hombre solo en la calle ya hace tiempo que dejó de ser noticia en una gran ciudad como es Barcelona.
Lo grave en este caso es que este hombre no debería haber muerto en la calle.

Javier, digamos que éste era su nombre, sufría la enfermedad de Corea de Huntington, también conocida como “Baile de San Vito”. Es una enfermedad neurodegenerativa y que conduce inevitablemente a la muerte.
Todos lo sabíamos, pero Javier estaba en la calle.

Puri y yo le vimos por primera vez en febrero del 2009, aunque ¡vaya usted a saber desde cuando Javier paseaba las calles!…

Todos hicimos lo que teníamos que hacer.

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OTRO CUENTO DE NAVIDAD

Desde Buenos Aires,  Horacio Ávila, Proyecto7, me envía este otro “cuento”de Navidad.

La gente está como loca!!!!!!!!, van y vienen, se atropellan, todos van cargados, con miles de bolsas…….es que llegó la navidad, y no sé por qué, pero todos los años se repite lo mismo esta locura, están como sacados, será por eso que no me ven?, y puede ser, pero en realidad ya hace muchos años que estoy acá, en este umbral, será que todo el año es navidad, jajaja, sera que me volví invisible?????, que estoy desapareciendo?????, y si sigo comiendo así salteado, en cualquier momento voy a desaparecer, yo pienso que la gente mira pero no ve, o por ahí es mas fácil no ver, bahh qué se yo, para qué complicarme, bastante tengo con lo mio, como para hacerme cargo de los mambos ajenos, ehhhh Sra, me pisó la frazada!!!, están como locos, ni me ven, y cuándo te vieron???, y sí, llegó la navidad, yo me acuerdo que en casa, en casa? yo tenia una casa? HEE AMIGO, PARA, ESCUCHA, YO TENIA UNA CASA, TENIA UNA CASA, ENTENDES?, ni me escuchó, no paró, en estas fechas todo el mundo está apurado, y ocupado, cuantas bolsas que llevan, seguro muchos serán regalos, para el arbolito, la ilusión de los pibes viste?, esta historia de Papa Noel, yo me acuerdo que con mi familia, para el arbolito, mi familia? yo tenia familia?? HEE DON, PARE, ESCUCHE, YO TENIA UNA FAMILIA, PERO NO, ESPERE, EN SERIO………..debo tener cara de loco, viste cómo me miró?, es la fecha, es así, los bares todos Sigue leyendo

FELICIDADES POR EL NIETO

Navegante trotamundos, Gabriel pensó que la vida era gratis, hasta que un día le pasó factura y se encontró en la calle

Me he enterado que alguien relacionado con Arrels ha tenido un nieto. Cosa que, bien creo que sabe, me alegro.
Antes de que tenga uso de razón ya tiene asignado una serie de derechos. Derechos que, en el transcurrir de la vida, siempre le acompañarán.
De la manera que le sean necesarios, los ira reclamando según vayan transcurriendo los avatares de la vida.
Habrá algunos de los que ni siquiera sabrá que existen, porque estará en un lado de una linea divisoria virtual en la que su vida transcurrirá de una manera, entre comillas, normal.
El hecho de ser autosuficiente, te hace obviar a quienes están al otro lado de la linea y que, sean por los motivos que sean, ellos sí necesitan de los derechos que por cuna tienen y necesitan.
El olvido de los derechos no necesitados, hace muchas veces despreciar al que le hace falta, poniéndole precio y exigencias.

Gabriel

Querido Gabriel:
En primer lugar darte las gracias por tu felicitación. El nieto es una alegría que nos ha llegado y nos ha colmado de felicidad: Te enviaré una foto.
Luego agradecerte tus palabras, porque ellas nos hacen pensar a los que estamos
«en un lado de una linea divisoria virtual en la que su vida transcurrirá de una manera, entre comillas, normal«.
Tenemos nuestros derechos tan de por la mano, que hasta algunos los ignoramos por tan asumidos que están y nos olvidamos de lo necesitados que son esos mismos derechos para otras personas.
Hablamos de las personas que están durmiendo en la calle con tanta frialdad…, como si esa situación fuese tan normal: «A éste le doy alojamiento y a éste no»: la eficiencia.
BANCO ANTI-INDIGENTE
Pero yo no me puedo (ni me quiero) hacer a la idea de que algún día mi nieto tuviese que dormir en la calle, se me revuelve el estómago, me hace daño el sólo pensarlo; pero lo cierto es que hoy, ahora, hay mucha gente que está así.
Y no se buscan sus derechos, sólo se busca tapar a las personas, porque no gustan, porque estorban: dar derechos cuesta dinero.

«Hay muchos en el Raval», dicen, (siempre han sido demasiados y ahora hay más. Como era de suponer la crisis y el paro dejó más excluidos en la cuneta) «y molestan»
Y se ponen bancos «anti-indigentes» (¡manda huevos la palabra!):
«Ya en el Raval no podrán dormir». (Y se quedan tan tranquilos).
No dormirán en bancos, pero ¡digo yo que en algún lugar habrán de dormir! y lo seguirán haciendo en la calle, porque el poder adquisitivo (si es que tienen alguno) de estas personas no les llega para una pensión y en Barcelona las plazas de albergues no han aumentado y ya antes faltaban y han sido siempre insuficientes e inadecuadas.
Y tendrán que seguir meando en la calle, aunque hayan puesto artilugios para impedirlo, porque urinarios públicos no hay en Barcelona y el Ayuntamiento tampoco los ha creado ahora para dar soluciones. ¿Y quién los admite en su casa o en su establecimiento o en su bar… para usar sus aseos?
Y seguirán oliendo mal, porque en Barcelona hay duchas sólo para 60 diarias y para conseguirlo hay que hacer turnos de bien mañana o pedir tanda la tarde anterior con dobles desplazamientos.
Es cuestión de dinero; pero ruego a Dios que mi nieto no haya de caer en manos de la eficiencia de los servicios sociales.
Y un deseo: Ojalá que mi nieto, aunque no necesite de según qué derechos, sepa que los derechos son de todos y que toda persona debe tener acceso a lo que son sus derechos y que nadie, ¡¡NADIE!! debería poder quitárselos y, por último, que nunca se conforme y luche siempre por conseguir los derechos, aunque no sean los suyos.
Un abrazo.

Enrique

«ES LA CONDICIÓN MÁS BAJA»

Página 12

Este artículo me llegó de Buenos Aires de la ONG Proyecto7

Se llama Horacio Avila y se quedó sin techo y obligado a vivir en la calle en 2002, porque no podía pagar el alquiler. Alternó changas y trabajos semiestables. Es uno de los fundadores de Proyecto 7, una organización que ayuda a los que viven en la calle.

Por Gustavo Veiga

Pensó que nunca le sucedería, pero se convirtió en un mutante urbano, como el título del documental que protagoniza. Léase: mutante, persona en situación de calle, último eslabón de la escala social, desecho humano en el que nadie repara. Horacio Avila tiene 46 años y las marcas en el rostro de una vida complicada. Entre 2002 y 2007 durmió en plazas y umbrales de edificios. Alternó changas y ocupaciones estables, supo de solidaridades y maltratos, de ranchadas donde compartir todo y operativos policiales donde también se perdía todo. Sus experiencias son como capas geológicas que brotan del asfalto, ese asfalto que para él se volvió tan familiar como una cama caliente para quien descansa en su casa.

Hace dos años recuperó la posibilidad de disfrutar esa cotidianidad que para muchos ciudadanos sería insignificante. “Hoy, para mí, cerrar la puerta del baño y encender la luz, orinar, afeitarme, apagar la luz de nuevo y que mi compañera me traiga el mate a la cama es una fiesta enorme. Son cosas que antes no valoraba”, dice Avila, uno de los fundadores de Proyecto 7, la organización que ayuda a quienes viven en la calle.

–¿Podría sintetizar su historia antes de transformarse en esa persona que perdió todo, incluido el techo?

–Es la historia de una vida normal, de alguien que nació laburante. Mi viejo había sido metalúrgico y mi vieja ama de casa. Yo soy el cuarto de siete hermanos. Hice la escuela primaria bien, me crié bien, como corresponde. Pasé mi infancia en San Justo, partido de La Matanza y comencé a trabajar desde muy chico, a los once años en un taller mecánico. Yo no lo veía nunca a mi viejo porque tenía como tres laburos para mantenernos. Por eso, me empezó a picar la idea de aportar unas monedas en mi casa con el propósito de verlo más, de que estuviera más tiempo con nosotros.

–¿Cómo siguió su adolescencia?

–Yo nací en 1963 y cuando los militares dieron el golpe del 24 de marzo del ’76, hacia dos años que venía trabajando. Había pasado como ayudante por una fábrica de candados, un laburo que me había conseguido mi viejo. Ya vivía en Florida y estaba estudiando la secundaria en Villa Martelli, muy cerquita de los departamentos donde mataron a Santucho. Después formé mi primera familia, de la que nació mi hijo Nicolás. Un capo total. Sabe inglés, dibujo, está en la Facultad. Y de mi segundo matrimonio tengo una hija, Lucía, que es una princesita de nueve años.

–¿Tiene algún oficio o profesión?

–Sí, hace más de veintidós años que soy tapicero de muebles y de automóviles. Hago equipamientos, soy carrocero. Siempre había tenido mi propio local en Laferrere, donde todavía vive mi hijo con la madre, que es psicóloga y una excelente mujer, una madre mejor todavía.

–¿Cuándo percibió que podía quedarse en la calle?

–Nunca lo pensé ni lo percibí. Si a mí en aquel momento me hubieran preguntado qué era vivir en situación de calle, respondía que ni idea. Para mí existía el concepto de ciruja, de linyera.

–¿Cómo fue su último día bajo techo?

–En la casa de los padres de un amigo. Mi hija y su madre ya estaban a resguardo con los abuelos. Yo sabía que no me quedaba otra, lamentablemente no tenía dónde estar porque me era imposible pagar el alquiler. Hubo cuestiones personales o familiares que me sobrepasaron. O me endeudaba más y quedaba enterrado al punto de no poder salir, o paraba la pelota. La decisión fue la que tomé. Mi amigo Humberto y su esposa Nelly que viven en Lomas del Mirador me preguntaron si tenía adónde ir. Yo por vergüenza les dije que sí, pero la respuesta era no. Por una cuestión de instinto y de supervivencia me vine para la Capital Federal. Acá hay vida toda la noche, en la provincia no.

–¿Se fue con lo puesto?

–Sí, porque cuando uno no tiene adónde ir, ¿para qué va a llevarse sus cosas? Yo las repartí en distintos lugares. Fue como vivir una película de ciencia ficción. Imagínese que usted sale de la redacción y cuando llega a su casa lo perdió todo. Se pregunta: ¿y ahora qué hago? Mi historia en situación de calle empezó en el Congreso y terminó también en el Congreso. Increíblemente, después de haber deambulado por muchos lugares de la ciudad.

–¿Qué experiencias lo marcaron en esos cinco años de intemperie?

–Hubo dos momentos muy claros. Una mañana, en la plaza 1º de Mayo, en Yrigoyen y Pasco, fui a despertar a uno de los abuelos y se me cayó. Cuando me di cuenta, estaba muerto. Se había muerto sentado. Tenía 70 y pico de años. La otra experiencia sucedió durante la Navidad de 2004 cuando hicimos la huelga de hambre en la Plaza de Mayo. En mi vida hubiera imaginado que estaría haciendo eso para que alguien se dé cuenta de cómo tantas personas viven o mueren como perros. Unas trescientas personas de distintas ranchadas y paradores tomamos la decisión de salir a pelear.

–¿Cuándo percibió que podía comenzar a revertir su situación de calle?

–Desde un primer momento mi idea fue revertirla. Jamás pensé que me quedaría así, por eso nunca fui a un parador, ni a un comedor, que para mí son lugares donde a uno lo inducen a aceptar su condición y si la acepta lo quiebran. Esos sitios están para quebrarlo, para formalizar la situación y estancarla. Por eso, en cinco años habré ido dos veces a bañarme a un lugar así. Por una necesidad de higiene.

–¿Está en contra de ese tipo de asistencialismo?

–Sí, porque es un negocio millonario. Hay hogares que cobran 85 mil pesos mensuales por atender a cuarenta personas. Saque la cuenta. Tener que ir a comer y hacer una cola ante todo el mundo es humillante. Eso va socavando y uno acepta que lo llamen indigente. La situación de calle es un compendio de todas las situaciones sociales. En ella y solo frente al mundo, uno pasa por lo peor. Es la condición más baja a la que puede llegar un ser humano. El simple hecho de cómo ir al baño, cómo higienizarse… de dormir con un ojo abierto. La cabeza de uno no descansa en la calle. Se duerme con la luz de mercurio, los ruidos de los autos, los colectivos, la gente que viene y va. Es muy difícil mantener un estado de coherencia viviendo en la calle. Y estar muy fuerte anímica y mentalmente.

–Usted dice que nunca durmió en los paradores del gobierno porteño. Cuando juntaba unos pesitos, ¿se alquilaba una pieza de hotel?

–Sí, una vez al mes y cuando ya tenía un laburo formal, el sábado y el domingo me quedaba en un hotel, aislado de todo. Más que nada por la intimidad, por el hecho de cerrar la puerta y que todos quedaran afuera. Era muy necesario para mí.

–Hay algo que las personas con un hogar propio o alquilado consideran indispensable en sus días de descanso: el esparcimiento. ¿Es posible recrearlo cuando se vive en la calle?

–Depende de la situación. Para mí tener la radio y pilas todos los días era un acto imprescindible. Así me evadía. Otro puede ser escribir. Hay muchos que dibujan. El fútbol en la calle es importante. Hay campeonatos zonales, por ejemplo. Yo tengo compañeros que jugaron en el Mundial de fútbol callejero para homeless. También hay un lugar que se llama Arte sin techo. No sé si llamarlo esparcimiento. Es escape.

–¿Cómo logró salir de la situación de calle?

–Trabajando, con el apoyo de la gente que después se fue sumando a Proyecto 7. Apostando a que se podía. Siempre se puede.

CUAL ES LA CUESTIÓN

Navegante trotamundos, Gabriel pensó que la vida era gratis, hasta que un día le pasó factura y se encontró en la calle

Creer o no creer.
Yo creo en mí, pero por saber quién y qué soy.
Si la experiencia es la madre  de la ciencia, debe de ser cierto que, en cierta manera, esa es una de las cuestiones.
El «yo sólo sé que no sé nada», de las cuestiones que trata la ciencia, como le da igual tratando del ser o no ser, buena parte de la verdad es mejor no saber nada; ¿para qué?.
Si tú vives feliz, lo serás trabajando o en la calle. Y si tienes ciencia y saber, sufrirás y, si no, ¿para qué sufrir?
Tú puedes aprender si de ello tienes ansia, es como faltarte algo. Si lo haces,  es tu opción, no pudiendo enseñar a quien su experiencia le dice que tú no eres igual que él, aunque sigáis siendo personas los dos.

Gabriel

¿Cuál es el problema? (VIII)

OBSERVANDO LA CALLE MÁS ALLÁ DE LO QUE SE VE

Debajo del PinoEl otro día Puri y yo, paseando por los jardines de la Sagrada Familia, observamos que debajo del pino en donde hace unos meses encontramos a Jordi había señales evidentes de que alguien volvía a dormir allí: colchón viejo, bolsas de plástico tiradas, alguna lata vacía…
Estábamos analizando la situación, cuando una señora ya entrada en años, al vernos, se paró junto a nosotros y sobre nosotros echó todo lo que pensaba referente a estas personas que «ocupan los jardines públicos para ¡¡¡dormir!!!. Fíjense ustedes, ¡¡¡duermen aquí!!! «.
Puri, con mucha tranquilidad y con la naturalidad que nos permite la experiencia de situaciones similares, le dijo: «¿A lo mejor es que no tienen otro sitio en donde dormir?»
La mujer se quedó parada, no esperaba tal contestación y sólo se le ocurrió decir: «Vol dir…?» (¿Quiere decir?).

Por la cabeza de la pobre mujer no se le había pasado esa sencilla y tan real posibilidad: que una persona duerma en la calle porque no tiene otro sitio en donde hacerlo.
Pausadamente Puri y yo nos retiramos; amablemente la saludamos y tranquilamente seguimos con nuestro paseo observando las calles y los rincones de nuestra ciudad más allá de lo que nos puedan decir las apariencias.

Ver los otros ¿Cúal es el problema?