LOS AHOGADOS

Hace unos días me contaban una alegoría que, aun siendo muy sabida, según me dijeron, yo desconocía. Y me gustó, pues cuestiona el trabajo que hago en Arrels.

Un hombre solía pasear por la orilla de un río siguiendo su cauce.
El río era profundo y peligroso, pues descendía en rápida corriente. Sigue leyendo

PRÉSTAME TUS OIDOS

He regresado de vacaciones y todo me parece lejano.
La desconexión ha sido «de libro»: total.
A mi vuelta, me he encontrado con este escrito que hice
de una experiencia que tuve allá por el mes de Junio.
Me ha puesto las pilas. Seguimos en la brecha. Comenzamos curso.


 

Gracias, Enrique, por prestarme tus oídos”.

Me lo dijo Juan una tarde en el Centre Obert.
Juan necesitaba hablar y yo estuve allí para escucharle.

Como tantas otras tardes, aquella me disponía a pasarla en la “Sala”.
Hacer “Sala” consiste en relacionarnos con los que vienen al Centro. Saludarlos, participar en los juegos, atenderlos…, pero, por encima de todo, escucharlos. Sigue leyendo

OTRA VEZ HABLO DE JUAN JOSÉ

Este Juan José es tan imprevisible…
Resulta que el otro día Juan José acompañó a la Llar Pere Barnés a un cura que le quería redimir y sacarlo de la calle:

–          Yo sé a dónde ir cuando quiero dormir bajo techado. Le dijo.

Con toda su buena fe, un día el sacerdote se sentó en el banco que ocupaba Juan José y se interesó por su situación, tanto espiritual como física.
Juan José le explicó que ahora dormía en un cajero y que andaba las calles buscando chatarra para poder sobrevivir.
El interlocutor se llenó de misericordia y le trajo mantas y algo para comer, que José aceptó con agradecimiento.

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SENTIRME ESTIMADO: TODO UN PLACER

El otro día vi a Antonio en el Centre Obert.
Hacía tiempo que no le veía y me alegré.
Me miró con una sonrisa grande y yo le abrí mis brazos con ganas, con una gran ilusión.
A Antonio le conocí allá en el año 2004, cuando Ester y yo “hacíamos la calle” por la zona de Sants.
Recuerdo que él fue quien más insistió para que Paco –nuestro querido “viejo de 57 años”- saliese de la calle. Luego sería Paco el que, ya estando en pensión, insistió hasta la saciedad para que Antonio hiciese lo mismo. Pero Antonio por entonces no quiso. Pasó algunas noches durmiendo en una habitación, pero al final se volvió a la calle. Sigue leyendo

ENTREVISTA DE CATALUNYA FRANCISCANA

Hace unos meses, me pidieron colaborar en la revista Catalunya Franciscana y contar mi experiencia de acompañar en la calle
Participé con dos testimonios que salieron publicados en el número 233 de Gener-Març de la mencionada revista.
También publicaron una entrevista que hoy transcribo textualmente.

Per què fas aquest voluntariat, Enrique?
Supongo que es porque forma parte de mi proyecto de vida. De mi implicación en esta sociedad. Por inmiscuirme en hacer un mundo un poco mejor. El Reino, que diría Jesús.
Pero con el convencimiento de que yo soy también parte y colaboro en la injusticia de este mundo. Por lo que no me erijo en “salvador” de nadie, sino en acompañante de otros que sufren nuestra injusticia con más escarnio.

Y concretamente en Arrels, porque Arrels me permite:
– Establecer una relación con otra persona que está en una situación más precaria que la mía y no por esto me hace sentirme superior. Una relación que no prejuzga.
– Una atención directa con la persona para cubrir, entre otras cosas, parte de su aislamiento y soledad
– Una relación que respeta a la persona y sus decisiones.
– Una relación que motiva el cambio y que tiende a que el otro consiga un máximo de autonomía en lo personal. (No quedarse en el simple asistencialismo).
– Y todo esto dentro de una organización como Arrels que nació del voluntariado y que, aún hoy, respeta y potencia el voluntariado, lo tiene en cuenta y lo valora, haciéndole incluso formar parte de los órganos de decisión y de reflexión.

Què has après?
¡Bufff!!! ¡Tantas cosas…!
– Lo primero a relativizar mis necesidades. Hay tantas cosas de las que poseo que no me son realmente necesarias… Para vivir no se necesitan tantas cosas.
– A no apegarme a las cosas. No quejarme por lo que no tengo, valorar lo que sí tengo y disfrutarlo y compartirlo mientras lo tenga. Yo no soy dueño, en todo caso soy el administrador de lo que poseo.
– El ser feliz no depende tanto de lo que tienes, como de lo que eres.
– A mirar de otra manera mucho más comprensiva a las personas que están en la exclusión.
– Humildad: Yo no tengo la solución del problema del otro.
– Escuchar sin prejuicios, ni condiciones.
– Valorar, aceptar y respetar al otro en sus decisiones, aunque yo no las comparta ni las entienda.
– A no imponer, sino a acompañar con afecto, sin “caridad”.
– A esperar contra toda esperanza.
– A sentirme afortunado y a no quejarme por “mis malas suertes”
– Lo injusto del sistema que crea tanta desigualdad y los pocos medios que pone para evitarla y, sobre todo, prevenirla.
– ……

Què sents quan estàs amb els teus amics del carrer?
– Me siento bien; muy bien con ellos.
– Afecto. Nunca lástima (o casi nunca).
– A veces rabia por un mundo injusto que lleva a estas situaciones.
– Aceptación de la situación, aunque ni la comparta, ni la entienda.
– Humildad e impotencia. No siempre puedo dar respuesta.
– Lo hago por justicia, no por limosna.

Què aconsellaries a algú que vulgui contactar amb els teus amics?
Es complicado aconsejar. Cada uno tiene sus propias maneras de acercarse a las personas y seguramente que todas son buenas, si hay respeto y afecto.
¿Cuál es mi experiencia?
– Lo primero, fijarse en él cuando pasamos por su lado. Verlo y mirarlo como persona que tiene una historia, una vida, una esperanza igual que tú.
– Está como está por alguna razón, seguramente que muy dolorosa, pero que tú desconoces y que quizás nunca llegues a saberla.
– Tú no eres superior, ni eres nadie para “salvarlo”. Sólo él podrá “salvarse”, si cree que ha de “salvarse” y cuando él quiera “salvarse”.
– Tú sólo le puedes dar tu afecto y tu compañía, que, con el tiempo, puede que se transforme en confianza y respeto hacia ti.
– Se ha de tener en cuenta que ellos se buscan la vida como pueden y entre ello está la mentira e incluso provocarte la compasión.
– De la calle y de su situación personal, no le vas a enseñar más de lo que él ya sabe. Es un auténtico superviviente de la calle.
– En la calle hay gente buena y gente que se ha equivocado muchas veces. Pero todas están en la misma situación de injusticia. Por lo que todas merecen nuestra atención.
– No insistas en lo que a ti te preocupa de su situación. A él seguramente le preocupan otras cosas.
– Nunca tirar la toalla, porque no hace lo que nosotros quisiéramos que hiciese o por volver a caer en la misma piedra de la que por algún tiempo salió. Lo que yo llamo “Los setenta veces siete” de Arrels.
– Cuando él quiera cambiar, si has ganado su confianza y “estás”, acudirá a ti.
– No des tú las soluciones. Busca entidades, fundaciones especializadas en este terreno o a la administración, que para eso están y saben cómo moverse.

Enrique

QUIEN DUERME EN LA CALLE

A los pocos días de salir los resultados del recuento que se hizo en Barcelona la noche del 12 de Marzo de 2008, los medios de comunicación se llenaron la boca diciendo que ¡hasta universitarios! podían caer en las garras de la exclusión.
Los bloggeros de Menéame se explayaron con comentarios más o menos jocosos y elevaron esta noticia a unos niveles de audiencia espectaculares.
Sin embargo la noticia real es que en esa noche, entre las personas que quisieron contestar, sólo un 8,8% declararon tener un título universitario y sólo un 10,7% habían tenido trabajos de “cuello blanco”.
Del resto, más de la mitad, tenían, como máximo, estudios primarios o inferiores y los trabajos eran manuales con alguna (15%) o ninguna (29%) cualificación.
Claro que esto es lo que ya todos podíamos deducir y, por tanto, deja de ser noticia.

No niego que todos, ¡todos!, estemos expuestos a la exclusión; pero, ¡cuidado!, no perdamos el norte, ni saquemos falsas conclusiones. La población más expuesta a la precariedad es la de siempre: Los pobres. Y cuanto más pobre se sea, más posibilidades se tiene de caer en la exclusión.
Lo dicen muy bien los autores del trabajo ¿Quién duerme en la calle?, coordinados por Pedro Cabrera:

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HAY MIRADAS QUE MIRAN COMO DIOS

El primer día que le vió, bajaba la calle rebuscando en las papeleras.
Era un hombre mayor que andaba a pasitos cortos e imprecisos.
Su barba blanca y larga le confiere el aspecto bonachón de un hombre afable y perdido.
Al cabo de unos días, Marta le volvió a ver por segunda vez.
Aquel hombre, al que había visto rebuscando en las papeleras, ahora estaba sentado en un banco del parque, que ya nunca abandonaría, convirtiéndolo en su casa al mismo tiempo que en escaparate de sus miserias y de las miserias que esta sociedad esparce. Sigue leyendo

PEQUEÑOS MILAGROS DE LA RELACIÓN

A Ángel le conocemos desde hace bastantes años (al menos 7).
Durante algún tiempo, Arrels incluso le ayudó a tener en donde dormir y en donde comer.
Luego, de pronto,  desapareció.
Le localizamos. Nos enteramos que dormía en Montjuic.
Volvió a venir a ducharse algunos martes y, sobre todo, el equipo de calle seguía en contacto con él.
Hace dos meses apareció en Riereta mal, muy mal.
“¡Ayudadme!”.
Enseguida se le acompañó a urgencias desde donde le trasladaron al Hospital del Mar. Entró en la U.C.I.
Puri fue un día a visitarlo y, hablando con él, le comentó: “¡Qué bien que viniste a Arrels!” A lo que Ángel respondió: “¿Y a dónde iba a ir?”.
Este es el fruto del acompañar, del afecto, de la confianza, de la espera. Son los pequeños milagros de la relación.

La semana pasada murió en el Hospital.
Isabel, la coordinadora del equipo de Hospitales de Arrels nos decía:
«En momentos así, uno se da cuenta del privilegio de nuestro país. La atención  por parte de todos los médicos y enfermeras de la U.C.I. del Mar ha sido fantástica. Han luchado hasta el final como para cualquier otro paciente.
No es un comentario porque sí. Esto en otros paises y muy avanzados no pasa.
Vale la pena pagar impuestos, si, entre otras cosas, sirven para esto.»

Enrique

EL EFECTO LLAMADA

Aprovecharemos que éste es
el Año Europeo de la lucha contra la Pobreza
y la Exclusión Social,
para ir echando nuestra leña al fuego.

«El Efecto Llamada»…
Cuántas veces hemos oído la frase.
Es el argumento definitivo, el último para convencernos de que están en peligro nuestros propios privilegios.
Aquí ya sí hay habichuelas a repartir. Y, cuantos más seamos en el reparto, a menos habichuelas tocaremos por persona. La lógica parece irrefutable. Somos más y a menos tocamos. (¡Como si el reparto siempre fuese equitativo!).

El argumento también se utiliza en la exclusión:
Barcelona se llenaría de gente sin techo y de “sin papeles”, si levantamos la mano y mejoramos los recursos y la atención: Seríamos un oasis en medio de tanto desierto, nos dicen.
Y siguen llevando razón.
¿Sus derechos frente a los nuestros? No hay color. La cuerda siempre se rompe por el más débil. Cuando chocan derechos, siempre prevalecen los nuestros, los que tenemos la sartén por el mango.
Y es normal, “los otros”… son advenedizos. Y hasta lo puedo comprender…

Pero lo que a mí me pasa es que, cuando paseo las calles y me fijo, me encuentro con que aquel que está en el banco, con bolsas, sucio, sin nada que hacer, es Amir y yo le conozco y él me conoce a mí. Y aunque vive y se mueve en la indignidad de la calle, es persona que tiene una historia, una vida, una esperanza…
Pero resulta que, porque no tiene “papeles”, me dicen que no tiene derecho a ser. Y le llamamos “ilegal”, ¡como si alguna persona pudiese tener ese atributo por el hecho de nacer!
No sé si mi acercamiento, si mi reclamar derechos para Amir, si el exigir darle asistencia social y seguimiento como al resto de los mortales, estará, estaremos provocando el “efecto llamada”.
No lo sé, a lo peor sí, pero ¿qué hago?, ¿qué hacemos con Amir?
Puedo y comprendo al político de turno… Sé, conozco personalmente a personas (buenas y honradas), con responsabilidades políticas en este campo de la acción social y entiendo de sus propias contradicciones que le generan lo que serían sus deseos y su propia limitación de intereses y preferencias partidista, presupuestarias o de acción. Siempre hay alguien más arriba que impide realizar lo que al final terminan por convertirlo en utopía.
Lo siento; yo entiendo, pero que nadie me pida entrar en su juego.
Que no me quieran utilizar ni utilicen a Amir y su vulnerabilidad como chivo expiatorio de las incoherencias del sistema.
Que nadie me pida que no atienda a Amir, ni a tantos otros que su única culpa es no tener los “papeles” que les imponemos los demás, nosotros, los ricos.
Mientras  haya un Amir, habrá que seguir exigiendo justicia y atención en la igualdad.
Y si eso genera que vengan más, tendremos que reclamar soluciones globales que no beneficien a los de siempre, ni provoquen el dolor y la miseria en los otros, también los de siempre.
¿Demagogo? ¿Utópico? No lo sé. Lo único que puedo decir es que yo, cuando paseo las calles y me fijo, me encuentro con Amir y con tantos otros que su única culpa es no tener los papeles que, a nosotros, los ricos, no nos lo piden en su país, aunque vayamos en plan de multinacional a esquilmar sus riquezas o en forma de ejército de “paz” para salvarlos hipócritamente ¿de…?

Enrique Richard

MURIÓ UN DÍA DE DICIEMBRE EN LA CALLE

Un día de este mes de diciembre de 2009, murió en la calle un hombre que vivía en la calle.
Apenas nadie se hizo eco de la noticia.
Hasta aquí todo normal. La muerte de un hombre solo en la calle ya hace tiempo que dejó de ser noticia en una gran ciudad como es Barcelona.
Lo grave en este caso es que este hombre no debería haber muerto en la calle.

Javier, digamos que éste era su nombre, sufría la enfermedad de Corea de Huntington, también conocida como “Baile de San Vito”. Es una enfermedad neurodegenerativa y que conduce inevitablemente a la muerte.
Todos lo sabíamos, pero Javier estaba en la calle.

Puri y yo le vimos por primera vez en febrero del 2009, aunque ¡vaya usted a saber desde cuando Javier paseaba las calles!…

Todos hicimos lo que teníamos que hacer.

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