Ayer Toni me recordaba que nos conocíamos desde los primeros meses del año 2003, cuando entonces él dormía en la estación de Sants:
– … Y no has cambiado, Enrique. Cuando me ves, me saludas y te sigues interesando por mí. Hay muchos en Arrels como tú; otros no: a veces pasan como si no te conociesen.
Los comentarios de esta gente casi siempre me hacen pensar (al fin y al cabo te manifiestan cómo viven ellos la relación).
Cuando nos acostumbramos a hacer “¡tanto bien!” y los “éxitos” se nos acumulan hasta tal punto que tenemos que dar “tanda”, como si de una frutería de gran tirada se tratase, corremos el riesgo de ver más el “bulto que salvamos”, que de mirar a la persona que tenemos delante y escuchar su demanda concreta.



Acabando ya la fase de formación para pasar a colaborar plenamente en el equipo de calle, me doy cuenta de que queda mucho camino por recorrer, muchas horas de vuelo por delante y que no será fácil dejar de sentirme eternamente aprendiz. Observo las apreciaciones, las emociones y los sentimientos que provocan en mí cada una de las experiencias de calle. Percibo como poco a poco voy aprendiendo a calmar interiormente aquello que al principio parecía una urgencia improrrogable, a dar prioridad a la reflexión ante la emoción.




Manuel vive en una residencia.