PEQUEÑOS MILAGROS DE LA RELACIÓN

A Ángel le conocemos desde hace bastantes años (al menos 7).
Durante algún tiempo, Arrels incluso le ayudó a tener en donde dormir y en donde comer.
Luego, de pronto,  desapareció.
Le localizamos. Nos enteramos que dormía en Montjuic.
Volvió a venir a ducharse algunos martes y, sobre todo, el equipo de calle seguía en contacto con él.
Hace dos meses apareció en Riereta mal, muy mal.
“¡Ayudadme!”.
Enseguida se le acompañó a urgencias desde donde le trasladaron al Hospital del Mar. Entró en la U.C.I.
Puri fue un día a visitarlo y, hablando con él, le comentó: “¡Qué bien que viniste a Arrels!” A lo que Ángel respondió: “¿Y a dónde iba a ir?”.
Este es el fruto del acompañar, del afecto, de la confianza, de la espera. Son los pequeños milagros de la relación.

La semana pasada murió en el Hospital.
Isabel, la coordinadora del equipo de Hospitales de Arrels nos decía:
«En momentos así, uno se da cuenta del privilegio de nuestro país. La atención  por parte de todos los médicos y enfermeras de la U.C.I. del Mar ha sido fantástica. Han luchado hasta el final como para cualquier otro paciente.
No es un comentario porque sí. Esto en otros paises y muy avanzados no pasa.
Vale la pena pagar impuestos, si, entre otras cosas, sirven para esto.»

Enrique

EL EFECTO LLAMADA

Aprovecharemos que éste es
el Año Europeo de la lucha contra la Pobreza
y la Exclusión Social,
para ir echando nuestra leña al fuego.

«El Efecto Llamada»…
Cuántas veces hemos oído la frase.
Es el argumento definitivo, el último para convencernos de que están en peligro nuestros propios privilegios.
Aquí ya sí hay habichuelas a repartir. Y, cuantos más seamos en el reparto, a menos habichuelas tocaremos por persona. La lógica parece irrefutable. Somos más y a menos tocamos. (¡Como si el reparto siempre fuese equitativo!).

El argumento también se utiliza en la exclusión:
Barcelona se llenaría de gente sin techo y de “sin papeles”, si levantamos la mano y mejoramos los recursos y la atención: Seríamos un oasis en medio de tanto desierto, nos dicen.
Y siguen llevando razón.
¿Sus derechos frente a los nuestros? No hay color. La cuerda siempre se rompe por el más débil. Cuando chocan derechos, siempre prevalecen los nuestros, los que tenemos la sartén por el mango.
Y es normal, “los otros”… son advenedizos. Y hasta lo puedo comprender…

Pero lo que a mí me pasa es que, cuando paseo las calles y me fijo, me encuentro con que aquel que está en el banco, con bolsas, sucio, sin nada que hacer, es Amir y yo le conozco y él me conoce a mí. Y aunque vive y se mueve en la indignidad de la calle, es persona que tiene una historia, una vida, una esperanza…
Pero resulta que, porque no tiene “papeles”, me dicen que no tiene derecho a ser. Y le llamamos “ilegal”, ¡como si alguna persona pudiese tener ese atributo por el hecho de nacer!
No sé si mi acercamiento, si mi reclamar derechos para Amir, si el exigir darle asistencia social y seguimiento como al resto de los mortales, estará, estaremos provocando el “efecto llamada”.
No lo sé, a lo peor sí, pero ¿qué hago?, ¿qué hacemos con Amir?
Puedo y comprendo al político de turno… Sé, conozco personalmente a personas (buenas y honradas), con responsabilidades políticas en este campo de la acción social y entiendo de sus propias contradicciones que le generan lo que serían sus deseos y su propia limitación de intereses y preferencias partidista, presupuestarias o de acción. Siempre hay alguien más arriba que impide realizar lo que al final terminan por convertirlo en utopía.
Lo siento; yo entiendo, pero que nadie me pida entrar en su juego.
Que no me quieran utilizar ni utilicen a Amir y su vulnerabilidad como chivo expiatorio de las incoherencias del sistema.
Que nadie me pida que no atienda a Amir, ni a tantos otros que su única culpa es no tener los “papeles” que les imponemos los demás, nosotros, los ricos.
Mientras  haya un Amir, habrá que seguir exigiendo justicia y atención en la igualdad.
Y si eso genera que vengan más, tendremos que reclamar soluciones globales que no beneficien a los de siempre, ni provoquen el dolor y la miseria en los otros, también los de siempre.
¿Demagogo? ¿Utópico? No lo sé. Lo único que puedo decir es que yo, cuando paseo las calles y me fijo, me encuentro con Amir y con tantos otros que su única culpa es no tener los papeles que, a nosotros, los ricos, no nos lo piden en su país, aunque vayamos en plan de multinacional a esquilmar sus riquezas o en forma de ejército de “paz” para salvarlos hipócritamente ¿de…?

Enrique Richard

MARTES, 9 de Febrero de 2010

Esteban

Esteban ya no está en el banco. Hace unas semanas se lo llevaron en una ambulancia. Está ingresado.
Lo veníamos comentando: últimamente no estaba bien, pero él seguía aguantando y no quería salir de allí.
Al final, los vecinos insistieron y se hizo un ingreso a pesar de Esteban.
Está bien. Puri y yo fuimos a verle nada más enterarnos. Está contento también allí. Los vecinos ya le han ido a ver. Buena gente.

Es difícil equilibrar las razones y los sentimientos. Hacer caso a tu corazón o acompañar respetando la voluntad del que tienes enfrente hasta sus últimas consecuencias. Acompañar desde la humildad, desde el saber que tú no eres nadie y que no vas a salvar a nadie, porque apenas nada tienes. Sólo la comprensión y el afecto que gana confianza y respeto: «Vosotros sí me entendeis», nos decía una y otra vez Esteban cuando los demás le hablaban de sacarlo de su banco para darle una mejor vida. «Me cuidan de lo material, pero hay una parte de lo espiritual…» que Esteban lo encontraba en su banco, en ver el sol cuando salía y las flores en su explendor en Primavera. ¿Y cuando hace frío? «Vendrá el verano». «Hay  que sufrir para saber gozar de lo bueno».
Toda una filosofía de vida que Esteban descubrió en su banco, rodeado de vecinos que le ayudaban a vivir. Solitario toda su vida, recaló en un banco de una gran ciudad y descubrió a las personas. Necesitaba hablar con ellas y que alguien, también por las noches, le viniese a escuchar y, sobre todo, que le escuchase. Y Esteban escuchaba y consolaba.
No sé, es complicado. A veces estamos tan en la vida, que hasta estereotipamos las cosas que nos proporcionan la felicidad y nos olvidamos de que la felicidad no está escrita, no son cosas,  son… sentimientos, valores, pequeños detalles no escritos y que cada uno siente a su manera. Y Esteban había descubierto, allí, en la calle, después de muchos años de andar por todo el mundo en solitario, que no estaba solo y que cada día salía el sol para todos.
Estoy contento, porque Esteban está cuidado y se encuentra bien. Pero me queda el sabor agridulce de que en ello Esteban ha perdido algo más profundo e intenso que ninguno de nosotros sabemos entender del todo.

Para leer más sobre Esteban, clicar aquí con el ratón
Ver también:
“VOSOTROS NO SABÉIS QUÉ ES NO PODER SONREIR”
«CUANDO LLUEVE, LLUEVE MOJADO»

‘Famosos y mendigos’, una iniciativa lamentable

Recojo y me hago eco del manifiesto que Olga ha colgado en su blog Desde la Calle:

«Queremos hacer público nuestro profundo malestar ante la iniciativa anunciada por la cadena Antena 3 Televisión de iniciar la emisión en breve del programa Famosos y mendigos.

Nos parece lamentable que se utilice la dramática realidad de las personas sin techo para producir un docu-reality con la colaboración de un reparto de personajes públicos que acceden a convertirse por unos días en personas sin hogar sin otra finalidad que ofrecer a la audiencia un producto orientado exclusivamente, una vez más, a convertir en espectáculo la realidad de la exclusión social.

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HISTORIA DE UN CAJERO, LÉASE YO

Hacía tiempo que Gabriel nos tenía abandonados.
Estaba callado, no sé si para bien o para mal, él sabrá.
Hoy resurge y aparece. Nos alegramos.

Historia de un cajero, léase yo, que mis puertas abren y cierran al cabo del año cientos de persona bien olientes que sacan, de su mucho o poco saldo, el dinero que necesitan. Las hay de todas clases y diferentes según los días de la semana. Algunos miran con recelo a quien encima de un cartón duerme, o lo hace ver, protegido del suelo. Las opiniones y gestos son desde la sensibilidad de quien le ofrece dinero para un café mañanero, a quien hace los ademanes de un olor que no le gusta, del que entra con miedo a la posible reacción del que está tendido y, ¡cómo no!,  del que, con la cara vuelta y tapado con su manta, resuena, como radio al oído, el entrar y salir, la introducción de la tarjeta y la salida del dinero a la vez que presiente la última mirada cuando se guarda el dinero.
Hecho de menos a muchos de mis anteriores inquilinos, sobre todo en estas fechas en las que el frio aprieta. Unos, seguro que habrán muerto, otros, habrán cambiado de residencia y, otros, pues la verdad no sé, pero lo que es seguro es que, mientras mantengan cajeros sin cerrar, me serán muy bien venidos e intentaré, sin nada que preguntarles, darles todo el calor que pueda.

Gabriel

MURIÓ UN DÍA DE DICIEMBRE EN LA CALLE

Un día de este mes de diciembre de 2009, murió en la calle un hombre que vivía en la calle.
Apenas nadie se hizo eco de la noticia.
Hasta aquí todo normal. La muerte de un hombre solo en la calle ya hace tiempo que dejó de ser noticia en una gran ciudad como es Barcelona.
Lo grave en este caso es que este hombre no debería haber muerto en la calle.

Javier, digamos que éste era su nombre, sufría la enfermedad de Corea de Huntington, también conocida como “Baile de San Vito”. Es una enfermedad neurodegenerativa y que conduce inevitablemente a la muerte.
Todos lo sabíamos, pero Javier estaba en la calle.

Puri y yo le vimos por primera vez en febrero del 2009, aunque ¡vaya usted a saber desde cuando Javier paseaba las calles!…

Todos hicimos lo que teníamos que hacer.

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OTRO CUENTO DE NAVIDAD

Desde Buenos Aires,  Horacio Ávila, Proyecto7, me envía este otro “cuento”de Navidad.

La gente está como loca!!!!!!!!, van y vienen, se atropellan, todos van cargados, con miles de bolsas…….es que llegó la navidad, y no sé por qué, pero todos los años se repite lo mismo esta locura, están como sacados, será por eso que no me ven?, y puede ser, pero en realidad ya hace muchos años que estoy acá, en este umbral, será que todo el año es navidad, jajaja, sera que me volví invisible?????, que estoy desapareciendo?????, y si sigo comiendo así salteado, en cualquier momento voy a desaparecer, yo pienso que la gente mira pero no ve, o por ahí es mas fácil no ver, bahh qué se yo, para qué complicarme, bastante tengo con lo mio, como para hacerme cargo de los mambos ajenos, ehhhh Sra, me pisó la frazada!!!, están como locos, ni me ven, y cuándo te vieron???, y sí, llegó la navidad, yo me acuerdo que en casa, en casa? yo tenia una casa? HEE AMIGO, PARA, ESCUCHA, YO TENIA UNA CASA, TENIA UNA CASA, ENTENDES?, ni me escuchó, no paró, en estas fechas todo el mundo está apurado, y ocupado, cuantas bolsas que llevan, seguro muchos serán regalos, para el arbolito, la ilusión de los pibes viste?, esta historia de Papa Noel, yo me acuerdo que con mi familia, para el arbolito, mi familia? yo tenia familia?? HEE DON, PARE, ESCUCHE, YO TENIA UNA FAMILIA, PERO NO, ESPERE, EN SERIO………..debo tener cara de loco, viste cómo me miró?, es la fecha, es así, los bares todos Sigue leyendo

MARTES, 1 de Diciembre de 2009

Juan José

Algunas veces invitamos a un café o compramos un bocadillo. Lo solemos hacer; pero no con demasiada frecuencia. Pensamos que tampoco con ello vamos a solucionar el problema. Pero sirve para relacionarnos, para ganar en confianza.

Con Juan José hacemos una excepción. Es bastante habitual que nos sentemos con él para compartir un «cortado».
Pero, además, lo novedoso es que, en este caso, es Juan José quien se empeña en invitarnos y no consiente en que seamos nosotros quienes paguemos.
Es tal su tozudez, que se nos hace muy difícil el negarnos. Aunque por otro lado, reconozco que, tanto a Puri como a mí, nos parece entrañable ese momento en que, estirándonos del brazo, nos dejamos llevar y, una vez sentados en el velador del bar, él solicita al camarero nuestras demandas, vigilando, al mismo tiempo, que ninguno de nosotros nos adelantemos a pagar.
– Enrique, ¿va un «carajillo»?. Sigue leyendo

22 DE NOVIEMBRE: DÍA DE LOS SIN TECHO. «LOS LUNES AL SOL»

Cada año, en Noviembre, se celebra el día de los que viven en situación de calle. Os adjunto la campaña de Cáritas y un MANIFIESTO que ha lanzado  VOCES CONTRA LA EXCLUSIÓN de Sevilla.
Desde hace algunas semanas que voy constatando en el día a día lo que hace meses ya anunciábamos y nos temíamos que pasaría a causa de esta crisis: YA HAY MÁS GENTE QUE DUERME EN LA CALLE. Y son personas que aún no están deterioradas. Son trabajadores y trabajadoras que han sido expulsadas del mundo laboral y que, sin trabajo, agotado el desempleo, sin dinero, los amigos también les han dado la espalda, solos, ya están en la calle.
Los he llamado «LOS LUNES AL SOL», pero los protagonistas de la película, al contrario de los que ahora os presento, aún mantenían sus casas…

LOS LUNES AL SOL

– ¿Pero ya te vas?
Era Óscar. Durante más de veinte minutos nos había contado sus desgracias y alguna cosa de su vida.
Le parecía poco.
Él seguramente esperaba algo más de nosotros. Algún movimiento por nuestra parte, alguna palabra que le hubiese abierto a la esperanza.
Óscar es colombiano. Vino a Barcelona hace ocho años. Le dieron trabajo y tuvo “papeles”. Luego marchó a Madrid y allí siguió trabajando.

–          ¡Eso era trabajar! Había días que tenía que renunciar a trabajos que me ofrecían. No daba abasto…

Óscar es joven y fuerte.

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MURIÓ “EL SEVILLA”, UN INDIGENTE

Agradecimiento y admiración
para todos los profesionales y voluntarios
del Ayuntamiento de Barcelona ,
de la Llar Pere Barnés y del Centre Obert d’Arrels
que en algún momento de la vida del ‘Sevilla’
le dedicaron su tiempo y su cariño
y que él siempre valoró.

El-sevilla

Ha pasado algo más de un año y aún lo recuerdo con dolor.
‘El Sevilla’ era hombre de calle.
Llevaba años, muchos años, en la calle y, otros muchos, debajo del puente de Calatrava. De hecho, según nos contaron, fue su primer inquilino, luego, vinieron y se fueron otros.

Le conocían todos los que en algún momento de sus vidas habían estado en la calle y todos le respetaban:

– Yo siempre pido las cosas con educación y con respeto y por eso a mí me respetan también -solía decir.

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