¡Feliz Navidad!
Es éste nuestro mejor deseo en estos días.
Es nuestro saludo enlatado para todos nuestros conocidos cuando llega Navidad.
Nos pegamos al teléfono y echamos mano de nuestra vieja agenda para recordar a nuestros amigos, a aquellos que tenemos olvidados durante todo el resto del año, que seguimos vivos:
¡Feliz Navidad!
Internet se llena de e-mails diciendo lo mismo:
¡Feliz Navidad!
Pero hoy no. Con ellos no me sale. No les puedo decir ¡feliz Navidad!
Porque la gente que vive en la calle no tiene Navidad.
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Seguramente sea una nimiedad, ante tanta bonanza, económica y espiritual, que el Papa, con su visita, nos traerá al pueblo catalán…
Pondrán otros nuevos, más modernos; a lo peor los ponen del tipo «anti-indigentes», 

